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“Si las canciones las hago y las canto yo, entonces, claro, soy cantautor”

Blas Fernández | 19 de marzo de 2018 a las 5:00

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Aunque natural de Jerez, Martín León (fotografiado ahí arriba por Belén Vargas) formó parte de dos señaladas bandas del pop sevillano de los 80 y los 90, Tiernos Mancebos y Las Balas. Con los primeros grabó un álbum homónimo para la multinacional Polygram que, tras un largo retraso, apareció finalmente en 1987. La discográfica no tardó demasiado en deshacerse de aquel proyecto, a medio camino entre la urgencia new wave y la todavía inagotable herencia de la beatlemania, pero con los segundos aún facturó dos discos repletos de canciones redondas. Tuvimos que esperar hasta finales de la primera década del nuevo siglo para reencontrarlo en un proyecto propio, Maleso, que estos días pone en circulación, ahí es nada, su noveno trabajo, Bendita miopía, un disco bendecido por un singular sentido del humor y producido por Javier López de Guereña, músico habitual del desaparecido, y añorado, Javier Krahe. Charlar con él es, entre otras cuestiones, hacerlo con un testigo directo de cambios irreversibles en la industria de la música y de la necesidad vital de seguir en ella.

-¿Hacemos ejercicio de memoria?

-Pues entré en Tiernos Mancebos al principio, en el 84; sacamos el disco en el 87, aunque sonó más el año siguiente. Llegamos a actuar en la fiesta de fin de año que organizaba el Ayuntamiento en la Plaza de San Francisco, pero ahí ya íbamos sin Carlos [Díaz], que se había marchado. Al cabo de un par de meses, viendo que teníamos que volver a empezar de cero, nos cambiamos el nombre a Las Balas. Duramos hasta el 94, pero los últimos tiempos fueron difusos. Nunca dijimos “nos separamos”, porque nos seguían saliendo cosas. Incluso salimos de gira. Pero después de dos discos, uno en el 90 y otro en el 92, fuimos dejando de tocar.

-¿Por agotamiento? ¿Desinterés?

-No. Lo típico: empezamos a casarnos, a tener hijos… Aunque en mi caso eso no fue hasta más adelante. Empezamos a tener otro tipo de compromisos e historias y todo se fue haciendo cada vez más complicado. Y claro, también estábamos cansados de carretera y de pan con chope.

-¿Qué recuerdos guarda de aquella época?

-Todos buenos. Con el tiempo filtramos los recuerdos y nos quedamos con las cosas buenas. Me acuerdo de lo guay que era tocar aquí, en Sevilla, porque siempre venía gente a verte. Y nosotros, igual: íbamos a ver grupos de los que no habíamos escuchado ni una sola canción. Nadie tocaba versiones, los bares te pagaban por tocar… Algo utópico. Estábamos todo el día quejándonos de que no se nos apoyaba, de que no había infraestructura, que era una palabra que sacábamos en todas las entrevistas, pero la verdad es que sí había apoyo de los medios locales y los sellos discográficos todavía te contrataban y te sacaban discos. Eso es algo que echo de menos. La autoedición es mortal, un trabajo de chinos.

-Tras Las Balas casi se le pierde la pista…

-Estuve metido en historias muy diversas que no terminaron de cuajar. Miguel Ángel [de Dios], de Tiernos Mancebos, y yo tuvimos un proyecto con Miguel Ángel Iglesias, que tras dejar de tocar con Silvio montó con Pájaro Los Flotadores. Cuando Pájaro se fue, entramos nosotros y estuvimos un tiempo dándole vueltas al asunto y montando canciones. Pero era un tipo imposible de tratar. El problema que tenía con la bebida echaba a perder todo lo que intentaba. Una lástima, porque tenía una cabeza impresionante. Quizás no tuviera las cualidades estándar para la música, pero fue, por ejemplo, la primera persona que me sorprendió mezclando estilos que yo pensaba que no se podían mezclar. Eso que hoy ya es casi obligatorio, mezclar salsa con heavy metal o rockabilly con música africana, eso ya lo hacía él. Llegaba con sus cintas y te ponía a un músico cubano que Dios sabe quién era y te decía “esto lo vamos a mezclar con reggae“. Eso me abrió mucho la mente, la verdad.

-¿Llegaron a tocar?

-Tocamos una vez como Los Flotadores, pero aquello era demasiado errático y me desvinculé. Él, con la ayuda de un montón de gente, acabó sacando un disco como Mixto Lobo [La sopa está caliente, 1998], donde fueron a parar algunas de las canciones que Miguel Ángel y yo habíamos trabajado con él. Creo que eso fue de lo poco creativo que hice por aquella época, tras Las Balas, porque acabé metiéndome en grupos de versiones. Como Soul Mama, que duró, ufff, quince o veinte años. Hicimos también temas propios, pero vimos que así no íbamos a ningún lado: no le interesaba a ningún sello y, a la hora de tocar, lo que nos pedían eran versiones. Toqué con un montón de gente en ese plan: Los Casanovas, que hacíamos rock’n’roll; con Restless, con Los Escarabajos haciendo versiones de The Beatles… También estuve con Surpop casi diez años. Y ahí sí que no hacíamos versiones.

-¿Y cuándo y cómo nació Maleso?

-En 2009, con Internet ya establecido como un canal universal, vi que había gente que colgaba su música. Casi había dejado de hacer canciones porque pensaba “para qué, si nadie va a escucharlas”. Pero me animé a hacer lo mismo. Los ordenadores ya te permitían grabar en casa y poco a poco me fui haciendo con equipo, desde luego no al coste de los estudios de los 80, donde cada aparato costaba un pastizal enorme. Ahora, con poquito dinero, te haces tu estudio en casa y vas grabando y aprendiendo. Así que recopilé las canciones que había ido componiendo, las grabé y ese mismo año saqué el primer disco de Maleso, Regreso a Padre Marúriz. A partir de ahí, prácticamente he ido a uno por año.

-En principio, todos gratuitos en bandcamp.

-En principio sí, pero luego, con el paso del tiempo, no. Al margen de la música, yo tengo mi trabajo, que es de lo que vivo, así que regalar mis discos en descarga en bandcamp era algo que me daba lo mismo. Pero desde entonces me he ido cruzando con mucha gente que quiere vivir de la música y no puede, gente con preparación, con estudios o que simplemente ha hecho eso toda su vida, pero que ya no puede porque todo el mundo toca gratis en todos lados y todo el mundo se descarga música gratis. Todo es gratis. Así que hace tres años decidí poner precio a la descarga de los discos en bandcamp. Si quieres lo pagas y lo descargas y si no lo quieres pagar pues puedes escucharlo. Ésa fue la razón: por coherencia con el resto del universo, aunque sea una postura que no vaya a cambiar en nada la situación de nadie.

-¿Sólo disponibles en descarga digital?

-No. Con aquello del entusiasmo del momento hice cedés del primero, que en su mayoría aún están en casa, jajaja. También del tercero. Pensaba que con el primero el problema había sido que no había mandado copias promocionales a las radios, así que las mandé y comprobé que tampoco me ponían, jajaja, que no servía para nada, así que dejé de fabricar.

-Hasta Bendita miopía

-Sí, me daba penita después del esfuerzo que hecho y de lo contento que estoy con el resultado no sacarlo en CD. Como ahora estoy tocando bastante en directo, confío en poder venderlos en los conciertos y amortizar la tirada. Lo cierto es que desde que yo empecé ha cambiado todo tanto que nunca sabes muy bien qué es lo que la gente quiere. Cuando no hacía cedés, me decían “¿no tienes cedés?”, y cuando los hacía se quedaban con el MP3. Y ya ni eso, porque lo que escuchan es Spotify. Así estamos.

-Creo que usted mismo tira mucho de MP3…

-Tengo muchos vinilos, un montón, pero sí que tiro mucho de MP3 o incluso de Youtube. Si me pongo a escuchar vinilos, con lo desordenado que soy, en dos días tengo la casa llena de fundas… Por supuesto, me gustaría poder sacar en vinilo mis propios discos, como a cualquier músico que haya tenido alguna vez uno suyo entre las manos, pero fabricarlos es muy caro.

-Y los otros seis discos de Maleso, ¿no merecían edición física o, simplemente, no había recursos?

-Los otros también tienen su trabajo y muy buenas canciones, pero en Bendita miopía se dio la circunstancia de que me junté con Javier López de Guereña, que se interesó por lo que hacía. El hecho de tener a una persona que iba escuchando lo que yo iba haciendo me hizo subir el listón. Todo se ha trabajado mucho más, al margen de que sus aportaciones han supuesto muchos escalones hacia arriba. Las canciones han quedado mucho mejor. De hecho, he tardado dos años en grabarlo, en lugar de un año, que es lo que tardo habitualmente. Creo que ha aumentado la calidad y el nivel, y el número de colaboraciones respecto a otros discos, que prácticamente los hacía yo solo. Guitarras, bajos y pianos los toco yo, pero hay gente colaborando que ha aportado mucho. Así que veo una diferencia importante con los discos anteriores, incluso en la calidad de sonido. Lo mezclamos en un estudio profesional. Se ha hecho todo con más mimo.

-Tengo la sensación de que Bendita miopía comienza a fraguarse a partir de su participación en 2016 en el concierto de homenaje a Javier Krahe en la sala Galileo de Madrid, al año siguiente de su muerte…

-Sí, claro. Yo había hecho una canción en homenaje a Krahe estando él todavía vivo, ¡Oh, menaje! Es curioso… Lo había escuchado en aquella primera época de La Mandrágora, pero después le había perdido la pista. Lo recuperé precisamente gracias a Internet. Fui escuchando discos y me quedé asombrado de las cosas que hacía, tan diferente a aquello de La Mandrágora, tan, digamos, evolucionado. Me compré un montón de discos suyos y le hice una canción, pero el disco que estaba preparando entonces era como muy triste y no pegaba esa canción alegre dedicada a alguien que admiras. La dejé aparcada y un día se la mandé a su discográfica, 18 Chulos, a ver si podían hacérsela llegar, pero el señor se murió al mes siguiente, de forma repentina, sin que nadie se lo esperase. Me quedé planchado. Y nada, ahí se quedó la canción. Saqué otro disco, seguí adelante… Pero luego descubrí que los músicos de Krahe estaban accesibles, conseguí correos electrónicos y se la mandé a su productor, Javier López de Guereña. Le gustó mucho. Incluso me dijo que a Krahe le hubiera encantado. Me animó a sacarla. Cambié el tiempo de algunos verbos como pude y la saqué en Canción ligera (2016). Javier me contó luego lo del homenaje que le estaban preparando en la sala Galileo y me pidió que participara. Me mandaron los billetes de tren y allí que me fui a tocar la canción con ellos. Para mí fue un momento emocionante… ¡Tocar con Andreas Prittwitz, con Fernando Anguita y con Javi! Son músicos alucinantes. A partir de ahí seguimos en contacto y Javier y yo comenzamos a intercambiar canciones. Al final acabé pidiéndole que me produjera el disco. Aunque a lo largo del proceso nos vimos varias veces, lo hicimos prácticamente en la distancia, a base correos y wetransfer. Y aquí está el resultado. Él está muy contento y yo también.

-Viene del ámbito de la música pop y ahora está en un terreno limítrofe con los cantautores, sea lo que sea que esa etiqueta tan ambigua signifique…

-Mi primer disco fue pop; el segundo, superpop, aunque eso suene a expresión un tanto trasnochada, jejeje; el tercero fue de country & western… Pero creo que a partir del cuarto los textos fueron adquiriendo cada vez mayor importancia dentro de las canciones, a ser más relevantes. Al final, quizás, esa idea de que cuentes una historia, que se entienda, que la gente tenga que estar pendiente de la letra, te suena un poco a cantautor. Pero ha sido un proceso lento. No fue a raíz de conocer a Javier. Venía de antes, aunque el hecho de juntarme con esta peña me ha hecho exigirme más, cuidar más las letras. Pero, si no me equivoco, ya desde el primer disco me definía en bandcamp como cantautor pop. Si las canciones las hago yo y las canto yo, entonces, claro, soy cantautor. Aunque sigue habiendo mucha influencia pop. Yo empecé con The Beatles y siguen gustándome igual.

-Me consta que hace poco descubrió al músico uruguayo Leo Masliah y se ha hecho fan… ¿Sabe que tienen en común Javier Krahe, Leo Masliah y Maleso? El sentido del humor. Es clave en casi todas sus canciones.

-Pues me alegra escucharlo, porque eso siempre me ha dado mucho miedo. En los 80 había muchos grupos de música graciosa, como Los Inhumanos, por ejemplo, que daban un poquito de grima. Ese rollo de sonar gracioso siempre me ha echado para atrás. La comedia, el humor, es lo más difícil, porque fácilmente mete uno la pata. En Krahe hay mucho sentido del humor, para descaharrarse, pero siempre manteniendo una calidad tremenda. Y de Leo Masliah qué le voy a contar: es impresionante. Aparte de que, musicalmente, es un ser de otro mundo, el humor que desprenden sus letras es fantástico. Yo llegaré hasta donde llegue, pero creo que por ese camino vamos bien. Una de las cosas en que me insiste mucho Javi es que en la música no se puede ser ni aburrido ni pesado. Hay que aplicar el sentido del humor.

-Pero es que parece que en su caso, además, no puede evitarlo: me he reído mucho leyendo en el libreto del CD sus desopilantes introducciones a cada una de las canciones. O sea, que no sólo hay humor en éstas, sino que además le sirven de pretexto para volver a hacer humor escribiendo…

-Lo que pasa es que me gusta mucho leer sobre música y me hubiera gustado saber qué opinaban los propios autores sobre discos que me encantan. Así que decidí hacer un pequeño texto sobre cada canción aportando el punto de vista personal a la gente que las va a escuchar. Aunque algunos han resultado disparatados… Bueno, es un poco lo que ya hacía Krahe en sus conciertos. Si te fijas, te ríes tanto con sus introducciones como con sus canciones. Te cuenta una historia que te sitúa perfectamente en lo que vas a escuchar. Pero es humor con fundamento, nada de hacer el amor en un Simca 1000.

Maleso presentará Bendita miopía el próximo 20 de mayo en La Sala de Sevilla (Plaza del Pumarejo) con un concierto semiacústico. Además de en diversas tiendas de discos, Bendita miopía, en formato digipack, puede adquirirse en la web maleso.com