¡¡¡ACTUALIZACIÓN!!! (28/8): Aventuras domésticas ya está disponible en descarga directa en la web de Las Buenas Noches. Y visiten la página, que vale la pena.
Desde que a mediados de la pasada semana Rubén Alonso, cantante de Las Buenas Noches, me pasó el álbum del grupo, Aventuras domésticas, no he parado de escucharlo. También desde entonces he estado intentando escribir esta entrada, pero había un problema: al margen de mis palabras, consideraba que lo importante era que ustedes pudieran escuchar sus canciones sobre la marcha, y no podía ser de otro modo que subiendo algunas de esas mismas canciones al blog, pues a día de hoy difícilmente van a encontrar en la red referencias a este singular grupo sevillano.
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La primera de las tres jornadas de la IV edición del sevillano South Pop Festival tras su traslado al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo arrancó con una mala noticia: Pauline en la Playa se caía del cartel porque, literalmente, una de las hermanas Álvarez, Mar, se caía del escenario, justo tras acabar su prueba de sonido, mientras bajaba la escalera. Traslado inmediato al Virgen Macarena y diagnóstico en urgencias: fractura doble de tobillo requerida de intervención quirúrgica. Tanto la paciente como su hermana, Alicia, decidieron que lo mejor era que la operación se llevase a cabo en su ciudad, Gijón. Ambas abandonaban el centro hospitalario sobre las once de la noche y hoy partían, a las cuatro de la tarde, en vuelo directo hacia casa.
En eso quedó el susto –pudo ser peor–, en eso y en el desconcierto y la pesadumbre que pareció adueñarse de la organización durante las primeras horas del festival. El accidente no sólo provocó un retraso de cuarenta y cinco minutos respecto a la hora de inicio anunciada, las 19.30, sino también un cierto nerviosismo traducido, quizás, en la deficiente sonorización sufrida por la banda encargada de abrir el South Pop.
No. No debe de resultar nada fácil sonorizar a una formación tan numerosa y ambiciosa en sus planteamientos como Limousine, que acabó, en cualquier caso, pagando el pato: su flamante rock psicodélico quedó reducido durante buena parte del concierto a esa temible bola de sonido en la que uno, por más que se esfuerce, apenas distingue los muchos instrumentos sobre el escenario. Sólo en la última y contundente canción consiguieron desde la mesa de mezclas poner un poco de orden, sirviéndonos una imagen tardía de lo que pudo ser y no fue. Lástima, porque el grupo cordobés merecía, sin duda, mejor suerte.
Los siguientes en subir al escenario fueron A Hawk and A Hacksaw, propuesta procedente de Albuquerque, Nuevo México, y encuadrable, como la de sus paisanos Beirut, en ese singular proceso de reivindicación desde el universo pop de la música balcánica. Pero si tanto la peculiar oferta de Zach Condon como los propios discos de A Hawk and A Hacksaw mantienen ese nexo con el pop, en directo Jeremy Barnes y Heather Trost optan por prescindir de él y transcribir su repertorio para el acordeón, el violín y unas mínimas percusiones. En ese proceso, me temo, se pierde buena parte del interés que tiene su música, los muchos matices desplegados por unos metales y cuerdas aquí tan inexistentes como las hermosas melodías vocales, también borradas del mapa.
Si pintoresco resulta que un grupo de Albuquerque haga música zíngara, más paradójica le parece a quien firma esta crónica esa corriente testimonial que atraviesa el pop español cantando en francés (¿?). Más resolutivos y potentes en directo de lo que cabía esperar, uno no puede sin embargo dejar de preguntarse qué hace una banda de Pamplona como Souvenir traduciendo a ese idioma un clásico del rock nuevaolero en inglés como Hangin’ On The Telephone, de Blondie. ¿Rizar el rizo?
Así las cosas, tuvimos que esperar hasta cerca de la medianoche para sentir justificada la asistencia al festival, que encontró en el sueco-argentino José González a su redentor. Cantante y guitarrista de extraordinaria sensibilidad, como atestiguan sus dos imponentes discos, Veneer (2003) y In Our Nature (2007), González aglutina un brillante catálogo de referencias folk y pop manejadas con extraordinaria solvencia. Bebe de Nick Drake, sí, pero también de Víctor Jara –el toque percutivo, rítmico de las seis cuerdas y sus hermosos tejidos armónicos–, del primer Caetano Veloso, de la música africana y de Crosby, Stills & Nash –los juegos a dos y tres voces–. No hay trampa ni cartón, sólo los elementos tan sabiamente manejados en esos discos enormes. En solitario con la guitarra española, primero, o flanqueado luego por los coros y los detalles de percusión y teclado, José González impuso un respeto proyectado desde la fascinación que sus canciones infunden. Las suyas y, claro, también las ajenas. La magistral revisión de Teardrop de Massive Attack cayó justo al final, pero mayor aún fue la sorpresa del bis, el Love Will Tear Us Apart de Joy Division. Ovación cerrada, sentida y merecida.
Me disculparán, pero tras semejante despliegue de talento, lo de Friska Viljor, rock juerguista de alta graduación alcohólica, sonaba a broma.
PD: La foto de José González no corresponde al concierto del South Pop, es de recurso. Estos vídeos que vienen a continuación, tampoco. Pero qué bonitos son…
Inmerso en el periodismo y la crítica musical desde comienzos de los años 80, Blas Fernández ha trabajado en diversos programas de radio y televisión y firmado múltiples artículos en revistas especializadas y prensa generalista. Desde 1999 es redactor de Cultura del Grupo Joly, donde además mantiene una página semanal de crítica discográfica.