Como el tema de las licencias Creative Commons surge a menudo en La Ventana Pop, se me ha ocurrido rescatar un reportaje que publiqué hace ya bastante tiempo en Diario de Sevilla, concretamente en octubre de 2004. Fue el día 10 de ese mes, apenas una semana después de que dichas licencias fueran presentadas por primera vez en España. Supongo que en aquel momento yo no podía imaginar que algunos de los discos españoles que más me iban a gustar de 2008 serían editados, precisamente, con el logo CC en su contraportada…
La reciente entrevista a Kid Koala me trajo a la memoria aquel memorable espectáculo que DJ Spooky presentó en marzo de 2005 dentro de la VII edición del festival audiovisual Zemos98. Su lúcida visión de las relaciones raciales en Estados, su manera de enfrentarlas desde una perspectiva inteligente y serena, me parece de plena actualidad. De ello, y en general de la política en su país, habla en esta estupenda entrevista para Music for Democracy. Yo por mi parte les dejo la que le hice entonces con motivo de su paso por Sevilla y la crítica de aquella sorprendente propuesta.
“Ya no podemos definir al videojockey como un complemento, como un aditamento o como un simple decorador de conciertos. El VJ es un creador de imágenes manipuladas en directo que suma su creatividad a espectáculos, que a partir de ahora tienen que ser considerados siempre espectáculos audiovisuales”, dice Francisco Cruces, director de Lux 2008, Festival Internacional de Visualistas y Live Cinema de Sevilla, que desde mañana y hasta el sábado reunirá en la sede de la Fundación Tres Culturas, en Sevilla, a creadores de esta disciplina procedentes de Estados Unidos, Alemania, Holanda, Austria, Noruega y España. Leer el resto del artículo »
Festival Zemos 98. Sofa Surfers –Markus Kienzl (secuenciación y samples) y Wolfgang Frisch (bajo y guitarra)– con Timo Novotny (visuales). Sala: Teatro Alameda (Sevilla). Fecha: Viernes 28. Aforo: Lleno.
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“¿Cuál es tu sueño en la vida?”, “¿Cuál es mi sueño en la vida?”. La pupila del yonqui se dilata en primer plano y la pregunta queda sin respuesta. El único sueño del que nos deja constancia es ése que segundos después certifica su sonoro ronquido.
La primera de las dos interpelaciones es a su vez la única ocasión en que el hombre tras la cámara revela lo que ya sabemos, que está ahí, pero que olvidamos ante la conmovedora potencia de las imágenes que nos ofrece. Ese hombre es el realizador austriaco Michael Glawogger, quien en 1998 estrenó Megacities, un viaje que nos lleva de Nueva York a Bombay, de Ciudad de México a Moscú, reparando en los incómodos márgenes de las gigantescas urbes, allá donde el detritus perfila el hábitat.
Sobre las imágenes de Megacities y parte de su material descartado, otro hombre de cine, Timo Novotny, remonta Life in Loops, audiovisual con banda sonora ad hoc editado en DVD el pasado 2006 y visto ayer en vivo dentro de la cada vez más ineludible programación del festival Zemos98. Novotny se alía con dos de los miembros del cuarteto, también austriaco, Sofa Surfers para dar forma a este ejercicio de reinterpretación que usa la técnica del loop y el montaje alternativo para incidir de manera tan obvia como efectiva en aquello que pretende resaltar. Kienzl y Frisch, por su parte, sortean las previsiones esquivando la monocorde deriva que adoptó el género que les sirvió de lanzadera, el trip-hop, y proponiendo una música que, a excepción de la sórdida secuencia de la sala de striptease en el DF, remitente a las sonoridades fronterizas con el vecino del norte, huye por lo general del subrayado más o menos grueso para reforzar por el propio peso de su interés autónomo aquello que pasa ante nuestros ojos –los raterillos moscovitas recorriendo el metro a un ritmo cercano al drum&bass en su proceso de mutación al breakbeat–.
Es en episodios como ése, o en esos otros donde las palabras de los protagonistas en la pantalla configuran un premeditado speech entre el rap y el spoken word, donde la presencia de Sofa Surfers adquiere quizás mayor relevancia o, por decirlo de otro modo, se hace más evidente. En el resto del metraje, poco menos de una hora, la fuerza de las imágenes –los rastreadores de canales de Bombay, extrayendo de la inmundicia las migajas de la subsistencia– ni necesita ni toleraría despliegues de pirotecnia.
No es positivismo ni sentimentalismo, sino realidad: entre las ruinas del abandono, urbano y personal, queda espacio para el oxígeno, ése que boca a boca le insuflan al espectador la heroica pareja de viejitos que sobrevive en Ciudad de México vendiendo tacos –ella sueña con no morirse “sin conocer los Estados Unidos o Los Ángeles, California”– o aquel otro que ya al final, en una secuencia con carga poética de profundidad, nos redime a golpe de látigo: un santón hindú flagelándose al amanecer en un inmenso y humeante vertedero. Ruega por nosotros.
Inmerso en el periodismo y la crítica musical desde comienzos de los años 80, Blas Fernández ha trabajado en diversos programas de radio y televisión y firmado múltiples artículos en revistas especializadas y prensa generalista. Desde 1999 es redactor de Cultura del Grupo Joly, donde además mantiene una página semanal de crítica discográfica.