Cómic y política, Quai D´Orsay

Paco Cerrejón | 26 de julio de 2011 a las 19:04

Quai D´Orsay, de Abel Lanzac y Blain, Norma Editorial, 96 páginas, color, 17 euros.

Abel Lanzac, coguionista de este cómic, es el pseudónimo de un antiguo miembro del gabinete de Dominique de Villepin cuando éste ocupaba el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores de la República Francesa. Y sobre la experiencia de Lanzac dentro del gabinete del ministro, Christophe Blain crea este magistral cómic, a medio camino entre la sátira política y el Ala Oeste de la Casa Blanca.

Arthur Vlaminck, trasunto del real Abel Lanzac, es un joven de izquierda al que el ministro de exteriores, Alexandre Taillard de Vorms, recluta para su gabinete como encargado de redactarle los discursos. Este es el punto de partida del tebeo.

El estilo gráfico de Blain, muy cercano a la caricatura clásica francesa, puede llamar al error, a pensar que éste es un tebeo satírico, en el que se pone en solfa al político de turno, pero en realidad va mucho más allá. Es cierto que Blain exagera muchos de los gestos grandilocuentes del ministro, llevándolo a rozar el ridículo en algunos puntos, llevando la narración cerca de la sátira y la caricatura, pero marca un contraste con los personajes que componen el gabinete, dando un tono general más cercano al análisis psicológico que a la pura sátira política. El Ministro es el eje de la narración pero el objetivo principal de los dos autores son los miembros del gabinete y la relación de ellos con el jefe político.

Quai D´Orsay se compone en este su primer tomo, de varios relatos cortos, en los que se va explicando la llegada del joven Vlaminck al gabinete y su adaptación al mismo y a la arrolladora personalidad del Ministro. Uno de los puntos más destacados es la lectura de un discurso por parte del Ministro ante la ONU criticando la posible invasión de Irak, inspirado, concretamente en este discurso de Villepin.

El joven Vlaminck se deja fascinar desde el primer momento por la personalidad del Ministro, pese a los vaivenes, cambios de órdenes y palabrería (con incontables citas de Heráclito). Poco a poco se va integrando en el gabinete, conociendo al resto de miembros y es precisamente de estas relaciones es de las que se vale Blain para trazar un lienzo complejo de la vida interior de un Ministerios tan complicado como el del que estamos hablando.

Uno de los mayores méritos de Blain es navegar en equilibrio entre dos aguas, entre la sátira política y la narración política, sin caer ni en la crítica continua (no olvidemos lo fácil y cómodo que resulta criticar a un político hasta la saciedad) ni en el panegírico de una personalidad que puede resultar fascinante por su potencia y energía, y en la que cae desde el primer momento Vlaminck.

En definitiva, un tebeo magnífico de Blain, otro más.

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