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La lluvia y las cofradías (I): ¿salimos o no salimos?, esa es la cuestión

Fernando Ollero | 18 de septiembre de 2008 a las 7:00

Esta entrada va sin foto, si duro es que se tenga que suspender la estación de penitencia, más lo es ver a una cofradía bajo un aguacero.

Una de las cosas que pudiera diferenciar a unas cofradías de otras es el criterio que utilizan a la hora de tomar la decisión de realizar la estación de penitencia o suspenderla cuando pintan bastos con la meteorología. Cada uno tiene su opinión a la hora de valorar una decisión que en ocasiones esta clara y en otras no lo esta tanto según se va presentando el día. Hay quienes dicen que se debe salir si llegado el momento no llueve, otros son más prudentes y prefieren no arriesgar ante partes meteorológicos más o menos inciertos.

Muchas veces somos muy críticos con aquellas cofradías que deciden no salir en cuanto hay alguna posibilidad de que llueva, pero para mi por lo menos hay mucho en juego y muchas cosas que valorar a la hora de tomar tan difícil decisión. A priori no es fácil valorar si van a caer cuatro gotas, o viene directamente el diluvio.
Es cierto que poco a poco los meteorólogos dan partes cada vez más precisos y que las cofradías van teniendo acceso bien a través del servicio especial del Instituto nacional de meteorología, bien sea mediante hermanos y amigos que puedan tener información de primera mano.

Sinceramente creo que es mucho el patrimonio material que esta en juego, ademas de que ver a una cofradía mojarse es algo deprimente, y hay que mirar por las personas.
Es cierto que hay cofradías que ven como un año tras otro se repite la misma historia, que se lo digan a los cofrades de las del Viernes Santo tarde, o a los del algunas cofradías del Jueves que se han quedado dos años seguidos en casa. No menos cierto es que hay personas que hacen malabarismos para poder realizar la estación de penitencia (o tan siquiera estar con su hermandad) por sus circunstancias personales, familiares, laborales, de lugar de residencia, los hay incluso que poco menos que vienen de la otra punta del planeta, pero el riesgo que se corre en ocasiones es desproporcionado.

La primavera en Sevilla tiene estas cosas, a buen seguro si la Semana Santa fuese en verano, nos quejaríamos del tremendo calor.

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