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Un cofrade de otra época. In memoriam Manolo Ortiz

Fernando Ollero | 8 de enero de 2014 a las 9:00

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Esta muy de moda entre algunos capillitas proclamarse rancios, guardianes de tradiciones de ayer por la mañana, cabildeando entre copas de balón en algún local de moda, cuentan que incluso alguno se cree algo en la vida por ser ayudante de consiliario decimocuarto. Quizás esté equivocado, pienso que saber de cofradías es otra cosa. Quedan pocos cofrades de la vieja escuela, en la que no se enseña, simplemente se aprende.

La vida tiene cosas muy curiosas, es posible que nada sea casual, a Manolo Ortiz, muchos años mayordomo de su hermandad de la Amargura, se lo llevó el Padre la semana que estaba celebrándose el quinario a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, su otra gran devoción.

Persona de fuerte carácter, las vivencias de varias generaciones de amarguristas están ligadas al trabajo de Manolo Ortiz al timón de la mayordomía de la hermandad de San Juan de la Palma. Ya dijo en alguna ocasión Carlos Colón “…..los azulejos de la mayordomía que para mí olerá siempre al puro interminable -¿encendido? ¿apagado?- de Manolo Ortiz”.

Quizás muchos no sepan que hizo sus pinitos en la priostía en su juventud, confesaba, medio en broma medio en serio, que fue un mal prioste.

Ahora muchos están entregados a la tecnología, y no saben llevar ni un simple traslado a un altar de cultos sin GPS y pinganillo. Es cierto que eran otros tiempos, y la Amargura tenía menos nazarenos, pero a Manolo Ortiz no le pasaba desapercibido ningún detalle con su cofradía en la calle. Sabía estar en el sitio justo, en el momento oportuno.

Su trabajo como mayordomo lo llevó a cabo de manera artesanal. Horas y horas de trabajo en tiempos en que la hermandad de la Amargura vendía participaciones para los sorteos semanales de lotería nacional, no digamos para la confección de la lista de la cofradía, trabajo que por aquellos años recaía en la mayordomía, y no en la secretaría como sucede en la actualidad. Su forma de hacer las cosas contrastaba con los primeros pasos de la informática en la gestión de la hermandad de la Amargura allá por los años ochenta del pasado siglo.

Recuerdos de aquella mirada fiscalizadora, y de aquellas tertulias improvisadas cuando Manolo Ortiz contaba historias y anécdotas, esas que se transmiten por tradición oral, y que difícilmente se pueden encontrar por escrito.

Como comentaba al principio, hoy todo es rancio; hace unos días se nos fue en San Juan de la Palma uno de los cofrades rancios, de los de verdad, de la vieja escuela.

Descanse en paz.

  • JUAN

    Chapó, Fernando.

    Y a mi que me gustaba más aquello que lo de ahora… (con sus pros y sus contras, claro)

  • Clemen

    Fernando, ¡ qué buena foto has hecho de Manolo! Lo has retratado.
    Un abrazo