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La nueva Semana Santa

Fernando Ollero | 30 de diciembre de 2014 a las 9:00

Llegaron para quedarse, al menos de momento. La nueva forma de ver cofradías, o no verlas según se mire, sentados hora y horas.

Un secreto, los abonados de las sillas, muchos, vienen y van. Aprovechan para café, cerveza, o copa, según se tercie, en cuanto asoman largos tramos de nazarenos. Ahora van a ver la salida de una cofradía, o se escapan a ver algún paso por la cuesta del Bacalao.

Que si, que todos tienen derecho a sentarse, pero vamos habría que ver que mayordomía es capaz de renunciar a los dineros de los abonados de la carrera oficial, se cuentan con los dedos de una mano, y hay lista de espera para poder pasar por Campana, digooo entrar por la puerta de San Miguel.

Hagamos que nadie se pueda mover por el centro de Sevilla cuando la primera cruz de guía asome por la esquina.
Y sí, nunca antes se vio tanta gente con problemas en las articulaciones inferiores, con dolores de espalda, etc.

Que sí, quitemos la carrera oficial, pero no para plantar campamentos, picnic incluido. Una idea, ¿se podrían acotar calles libres de sillitas?

sillitas

  • Fernando

    Hay gente a la que no le gusta la Semana Santa, pero va porque la gente, como ya se sabe, va donde Vicente… Yo me quedé impresionado el Lunes Santo. Iba camino de encontrarme con San Gonzalo, a la que vi por el asilo de la Avenida de Coria. Vi el misterio por ahí, lo estuve siguiendo hasta el Hospital Santa Isabel, volví a por el palio, lo vi por el asilo, lo seguí y lo dejé más o menos en el mismo sitio. Pues bien, cuando iba de camino hacia la Avenida de Coria, ¡¡ya vi filas de sillitas en el mismísimo Altozano con gente joven devorando pipas!! Es decir, que mientras yo vi perfectamente y seguí durante un rato a cada uno de los pasos de San Gonzalo, la gente de las sillitas no había visto absolutamente nada y pasaron como dos o tres horas ahí sentados sin ver nada. Eso lo hace sólo la gente a la que realmente no le gustan las cofradías.

  • Fernando Ollero

    Yo he llegado a la conclusión de que hay mucha gente a la que no gusta andar. Ver cofradías a pie de calle supone terminar con un impresionante dolor de pies. Puedo entender que haya gente que no este en condiciones físicas de hacerlo. Después tiene gracia que el clan de las sillitas sea capaz de esperar una cola de 3 horas a pie parado esperando que lo atiendan en unos grandes almacenes en estas fechas.