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Cuestión de metros

Fernando Ollero | 25 de enero de 2016 a las 9:00

Hablamos mucho, para no decir nada, verborrea que se lleva el viento. Se comentan minutos, se habla de acuerdo,  y abrazos celebrados con lógica alegría tras meses de desencuentros.

Repasando lo que se ha comentado estos meses atrás, y salvo un esbozo en el famoso informe encargado por el consejo a una consultoría de ingeniería, en ninguna parte he visto encenderse la luz roja de alarma sobre la longitud de los cortejos de algunas cofradías. Sí, hay quien comenta que algunas hacen un esfuerzo en comprimir su cuerpo de nazarenos para hacer más livianos cruces imposibles con plantones asegurados. Hay quien traza líneas rojas, a sabiendas de la papeleta que le está dejando al que venga detrás.

Han vuelto a ver la luz esas fotos de la manifestación de capirotes verdes vista este año en la calle Cuna. Nadie se ha atrevido a argumentar que el cortejo de esa cofradía con los nazarenos puestos en estado de revista tiene lo menos un kilometro de longitud; el cortejo de la cofradía que va delante por la carrera oficial tiene una longitud de lo menos ochocientos metros. Podemos hacer todos los chistes y chascarrillos que queramos, es lo que hay.

Llegan unas semanas, tal vez unos meses de calma, por lo menos hasta elecciones al consejo, pero aunque se use la técnica del avestruz, los minutos son los que son, y los metros no hay quien los estire.

Ya que estamos fue muy comentado el conteo de cortejos por el tema de las bandas, lo quieran o no estas ocupan espacio, en algunos casos practicamente la Campana entera. No, no son el origen del problema. Y ya que estamos, a ver si la próxima expresa de ingeniería estudia la influencia que pueden tener los cruces de la carrera oficial. Se empiezan a ver curiosas carreras de los nazarenos por recuperar los metros perdidos.

En otro orden de cosas, se habla del tema de las setas, como si no hubiésemos conocido lo que pasaba hace tiempo en la plaza de la Gavidia. No es nada que no veamos cualquier fin de semana, en una calle cualquiera. La falta de educación, de civismo, el no observar unas mínimas normas de convivencia tiene su reflejo en lo que padecemos en la noche más hermosa. Acuérdense de estas palabras cuando pongan en su casa la música a todo trapo, cuando recuerden las lecciones de bricomania un domingo a las ocho de la mañana, cuando le den al vecino con la puerta del portal en las narices, o cuando ustedes, o sus hijos y sobrinos, se dediquen una noche cualquiera a ponerlo todo como un estercolero, y a molestar a todo el que pase por la calle. Claro… que tonto se me olvidaba…aquí nadie hace nada de eso…

Llegará el otoño, volveremos a hablar de los mismos temas, a trazar las mismas líneas rojas, a comentar si son galgos, si son podencos. Hay quien ha vuelto a mentar la bicha del números clausus, nada nuevo bajo el sol, sin ver que todo es cuestión de ver como se encajan cortejos de varios cientos de metros. Hay soluciones, ¿se aprobaran algún día?

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