Coge el dinero, y corre

Fernando Ollero | 22 de febrero de 2016 a las 9:00

Aclaración antes de que alguien se tire a mi cuello: Sí, el titular es para llamar la atención; en el ciberespacio hay que vender la burra, y lo que vende es lo secundario, lo accesorio, y sobre todo lo morboso. ¿Alguien en la sala que ha preguntado por qué la telebasura es líder de audiencia indiscutible?

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Foto: Belén Vargas/Diario de Sevilla

Dicho lo anterior, aún hay muchos cofrades que están con los pelos como escarpias tras destaparse el affaire de la hermandad del Valle. Y quien más y quien menos polemiza sobre si debería denunciar la hermandad a su ex mayordomo a los tribunales de justicia.

Sin caer en esparcir mierda por todas partes creo que se hace un flaco favor tapándolo todo siempre. Más allá de lo que trasciende a la opinión pública, en más de una ocasión se han cubierto con un velo de silencio problemas que se repiten una y otra vez. También decir que no me gustaría estar en el pellejo de Lucas Maireles, y pasar de puntillas sobre algunas actitudes de algunos de los partidarios de su candidatura durante la campaña de aquellas elecciones en las que resultó elegido hermano mayor.

Aun no he leído a ningún analista cofradiero sugerir medidas para que este tipo de casos sea más difícil que se produzca. Algún lector recordará aquel hermano mayor que en los años 80 del pasado siglo repasaba semanalmente las cuentas de la mayordomía. O aquel directivo de una multinacional que propuso que su hermandad siguiese el plan contable, como si fuese una empresa.

Parece claro que hay que hacer algunas reformas en el funcionamiento de las juntas de gobierno, de tal forma que las cuentas fuesen auditadas de vez en cuando por hermanos ajenos a la junta de gobierno. Sí, seguro que salta quien dice que las cuentas están expuestas para quien quiera consultarlas X días antes del cabildo general, y que nadie va a pedir los justificantes. Me temo que maquillar unas cuentas no es demasiado difícil, y no creo que sea buena idea que el interventor lo nombre la autoridad eclesiástica.

Dejando a un lado los desfalcos, a lo largo de la historia ha sido habitual que algunas hermandades estuviesen entrampadas hasta las orejas, y se destinasen los fondos a continuas reformas y estrenos, en vez de a sufragar los gastos de la estación de penitencia. Y conocida es la anécdota de aquel orfebre al que una hermandad tuvo ocho meses “encerrado” en la casa hermandad mientras labraba la corona de oro para la Dolorosa titular, pesándose el trabajo realizado diariamente, y entregándole el oro justo cada jornada.

  • Carlos Herrador

    Totalmente de acuerdo….. menos mal que alguien habla claro y sin censura, como hicimos muchos hermanos en el cabildo de cuentas. Otra cosa es el enrocarse en una acción injustificable por parte del Hermano Mayor