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Mitos y lugares mificados

Fernando Ollero | 30 de marzo de 2016 a las 12:01

Una de las cosas que alimentan nuestras cofradías son ciertos mitos sobre sus estaciones de penitencia, preparando ciertas cosas: manta de marchas, saetas, vueltas eternas, petaladas, en algunas partes de su recorrido. El cofrade avanzado, si ese que forma parte de la elite que puede disfrutar plenamente,  sabe extraerle todo el jugo a una cofradía en la calle; El común de los mortales puede dejarse llevar por los lugares recomendados.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que el noventa por ciento del público que ve cofradías no tiene ni puñetera idea de cómo se organizan las mismas, de por qué un año tiran por una calle y al año siguiente por otra, todo lo más conocen dos o tres marchas, y le da igual detalles que a los jartibles les ponen de los nervios. Los géneros musicales cristeros los distingue si la banda toca Cristo del Amor, o Alma de Dios. Por lo general no va más allá de me gusta/no me gusta.

Visto el plan de seguridad que prepararon la delegación del gobierno y el ayuntamiento se pueden apreciar que la mayoría de los puntos calientes se concentran en la nueva carrera oficial, esto es las calles adyacentes al itinerario común que hacen todas las cofradías, que dicho sea de paso está abonado al cien por cien; esto no siempre fue así, en los tiempos en los que las sillas no eran gestionadas directamente por el consejo de cofradías existía la posibilidad de adquirir tickets para días sueltos.Este año se han visto menos sillitas de los chinos, la mayoría concentradas en puntos donde pasan varias cofradías cada jornada.

Visto en la cuesta del Bacalao el Jueves Santo de 2013.

Una de las razones por las que parte del público ve cofradías en ciertas calles es porque tocan muchas marchas, y las cuadrillas de costaleros se lucen. Parece que en esto hay cierta inercia con los lugares recomendados que aparecen en los programas de los años 70 y 80 del pasado siglo, años en los que efectivamente en muchos puntos los pasos iban a tambor, vámonos que nos vamos; las cuadrillas de costaleros tenían menos relevos, las fuerzas se reservaban para puntos clave, y las bandas mucho menos personal.

Tal vez de aquellos tiempos viene la costumbre de parte del público de concentrarse en las esquinas, dado que allí había más opciones de ver los pasos con música.

Actualmente puede ser complicado ver algunos pasos a tambor, como ver a algunas cuadrillas de costaleros cristeras hacer una chicotá entera sin cambios. Y sin embargo hay quien prefiere pegarse el plantón ante la capilla del Baratillo, delante de la de la Estrella, o pasarse toda la tarde comiendo pipas en la cuesta del Bacalao, o la del Rosario, para ver los cambios y marchas de algunos pasos. La carrera oficial paralela tiene ciertos efectos secundarios, entre ellos las incomodidades que sufren las cofradías menos bullangueras, en forma de ruido, y hasta protestas.

sillitas

Se comenta con frecuencia que se ha desaparecido el mito de la bulla sevillana, que la gente no sabe andar, del comportamiento del público, la falta de educación, etc. Esto es una verdad a medias. Hay que tener en cuenta, y así lo demuestras fotos e imágenes, que en los años post concilio Vaticano II y hasta principios de los años 80 del pasado siglo hay en general poco público viendo cofradías, calles hoy masificadas, como Orfila, eran entonces un páramo desierto, no digamos la plaza de la Encarnación. En otros tiempos con más público en las calles no es difícil datar las fotos en función de las fuerzas de orden público. Así no es raro ver a la guardia de asalto republicana rodeando los pasos en los cruces de algunas calles, tal como sucede hoy en día con la policía nacional, o a los grises en los tiempos del cuéntame formando cordones en algunas entradas multitudinarias.

No deja de tener cierta gracia que algunos cofrades estén encantados del vallado de docenas de calles, es muy cómodo estar delante y no varios metros detrás; y se guarda silencio sobre algunas cuestiones que pueden haber ayudado a esos problemas de seguridad. Es más difícil que el público arrolle a un cuerpo de nazarenos compacto que uno deshilachado con los pasos totalmente descolgados, la tendencia a recuperar itinerarios históricos con calles estrechísimas, las cofradías iban por esas calles porque no tenían antaño otro remedio. Un poco más de tambor, repertorios más clásicos, y un poquito más de frente en vez de tanto costero pueden hacer huir a ese público incómodo.

Una de las mejores medidas de seguridad que se realizan es baldear algunas de las calles y plazas de la carrera oficial paralela varias veces al día. Además de la limpieza, obliga al público sedente a levantarse y moverse. Pocas cosas hay peores que una discusión tipo “es que llevo tres horas aquí”, o abandonar a su suerte esas calles invadidas por los comedores de pipas.

No se engañen, una cofradía cuando quiere andar, anda, y vaya que si anda. No hay más que ver los videos de la Madrugá del 2013. Si, esa que la lluvia rompió al amanecer.

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