Sevilla espera a Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2018 a las 5:00

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Pablo Casado no ha pisado Sevilla como presidente del PP. La última vez que estuvo en la capital de Andalucía fue para hacer campaña en las primarias, cuando convocó un acto en la sede regional del partido. Aquel día fue recogido en la estación de Santa Justa por la presidenta provincial, Virginia Pérez. Desde su triunfo en el congreso extraordinario, Casado ha estado en Almería, Córdoba, Málaga y Algeciras. El caso es que el casadismo en Andalucía no existe de momento. Está pendiente de fundación. Y tendrá que constituirse, necesariamente, por medio de los conversos repentinos al casadismo (antiguos partidarios de Cospedal) o de neocasadistas procedentes del sorayismo que arrasó en las primarias.

El PP andaluz apoyó masivamente a Soraya Saénz de Santamaría, con Juan Manuel Moreno Bonilla y Javier Arenas como principales referencias. Los cospedalistas se pasaron al bando de Casado tras la derrota en las primarias por una cuestión de pura supervivencia. Ironías del destino, Casado se estrenará en unas elecciones en la región donde, en el inicio de su carrera a la presidencia, no contó con partidarios de peso.

El partido en Andalucía es un manojo de nervios y tensiones desde el congreso extraordinario. Esto se explica porque casi nadie puede presumir de ser al cien por cien del lider, pero todo el mundo se ve en la tesitura (incluido un histórico como Arenas) de mover ficha para estar en las listas electorales o asegurar su futuro. De entre los escasos casadistas andaluces con algún grado de relevancia están Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, pero relegada a un puesto de Defensora del Afiliado en el nuevo organigrama de Génova; el alcalde de Vejer de la Frontera, José Ortiz, elevado a secretario del Grupo Popular en el Senado y que es el único que parece aspirar a poner en marcha el casadismo andaluz; algunos diputados autonómicos como Teresa Ruiz-Sillero o Guillermo García Longoria, el presidente del PP de San Fernando, José Loaiza o el portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite. Para encontrar más casadistas ‘pata negra’ habría que descender ya a alcaldes de municipios menores.

Cómo será el casadismo andaluz dependerá mucho del resultado de las elecciones autonómicas, donde Ciudadanos apostará muy fuerte con Albert Rivera e Inés Arrimadas muy presentes durante toda la campaña. Los antiguos sorayistas aspiran, al menos, a que Moreno Bonilla salve los muebles con un resultado digno. Eso les bastaría para mantenerse vivos políticamente. Si el malagueño se pega un trastazo en las urnas, como sería perder la condición de segunda fuerza política, todo indica que esa misma noche tendrá que tomar una decisión en firme. De hecho, muchos de los movimientos internos en el PP andaluz trabajan ahora misma con este pronóstico. Los cospedalistas barajan la figura del ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, como relevo para la presidencia del partido. El ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, que ahora mismo carece de cargo institucional, forma parte del comité ejecutivo del PP, que tiene 97 miembros.

La clave será si Nieto es integrado en la lista autonómica por Córdoba para que se garantice un puesto en el hemiciclo de las Cinco Llagas. Nieto está muy vinculado a Juan Ignacio Zoido, presidente del Comité Electoral al que Casado deja sentarse en los maitines de los lunes, pero que no forma parte del denominado Comité de Dirección. De hecho, este comité (que es el que de verdad pilota la gran nave del partido) está formado por sólo cinco miembros (el presidente, el secretario general y los tres portavoces parlamentarios), pues Casado ha dejado técnicamente fuera hasta a los vicesecretarios generales.

Los hasta ahora sorayistas tendrían que buscar un nuevo rostro si Moreno Bonilla cosecha un fracaso sonado, y es entonces cuando podría entrar en juego el perfil de Fátima Báñez, ex ministra de Empleo que ha decidido seguir en política tras la marcha de Sáenz de Santamaría, su gran mentora y amiga personal.

En este proceso de cambio obligado del PP andaluz, nunca hay que olvidar la figura de Javier Arenas. Es evidente que la renovación del partido no puede pasar por su imagen, pero también lo es que se moverá (se mueve, nunca deja de moverse) para tener su sitio. Se trata de una combinación difícil, una operación que quedará ligada igualmente al resultado de las autonómicas. Arenas es actualmente senador por designación del Parlamento, donde el PP cuenta con cuatro actas. Nadie descarta que pueda perder alguna si sufre un revés electoral, por lo que la búsqueda de huecos sería más difícil.

En Sevilla, el candidato del PP a la Alcaldía, Beltrán Pérez, mantiene una relación fluida con Javier Maroto, vicesecretario general, por medio de su asesor electoral, Rafael Laza, jefe de gabinete del político de Vitoria. Pérez también recupera el contacto con Juan Ignacio Zoido, ex alcalde de Sevilla. Los nuevos tiempos obligan a retomar relaciones por el bien de la marca del partido.

Y el cospedalista José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, se llevó este septiembre a la feria de su localidad al alcalde de Vejer de la Frontera, todo un guiño del sevillano a quien pretende ser heraldo del casadismo andaluz. El PP solo tiene siete alcaldías en la provincia de Sevilla, donde curiosamente hubo uno que ejerció de casadista desde el principio: Ricardo Sánchez, de Mairena del Alcor. Sánchez fue por decisión de Moreno Bonilla el presidente del polémico Congreso del PP de Sevilla, pero cuando llegaron las primarias nacionales se desmarcó de la directriz del aparato regional y fue por libre al apoyar a Casado.

 

Todos a leer el BOE

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2018 a las 18:58

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS

Gómez de Celis es el apóstol andaluz del sanchismo. Viaja por las ocho provincias para predicar las buenas nuevas del presidente de las minorías. Sánchez tiene minoría en el Congreso, tiene minoría en el Senado y tiene minoría en Andalucía, tierra romanizada por Susana Díaz. Si Pablo Casado, el líder del PP, no tiene aliados originales en Andalucía, solamente conversos de última hora, Pedro Sánchez está igualmente necesitado de fuerzas propias en el Sur. Los líderes del bipartidismo español tienen pendiente su particular foto de la tortilla en la región que vuelve a figurar para Europa entre las más pobres de España. Pedro Sánchez proclamó los frutos de la gestión de cien días de gobierno en el salón real del Hotel Alfonso XIII de Sevilla, que en tiempos de la República se denominó el Hotel Andalucía. Fue un desayuno de alto copete, de lleno total, con despliegue de los subdelegados del Gobierno y con la presencia del Defensor del Pueblo Andaluz. El morbo estaba en el presentador, el vicepresidente de la Junta, Manuel Jiménez Barrios. “No me sale decirte Manuel, sino Chiqui“, le dijo Celis para agradecer su presentación. Y Chiqui confesó que tenía la garganta algo fastidiada por los aires de su playa de La Barrosa.

Celis no quiso decir nada de las fechas de las elecciones generales y andaluzas. “Mi opinión importa poco”. Cáspita, eso se llama falsa modestia. Este delegado se ha fabricado una coartada perfecta para esquivar las preguntas que tratan de echar sal en la brecha entre susanistas y sanchistas: “Yo soy el delegado del Gobierno, no soy el Gobierno”. Y asunto resuelto. Parecía un nuncio de la Iglesia: lo sabe todo, pero no puede decir nada. Jiménez Barrios dijo que lo mejor de Celis es que está curtido en la política municipal: “En un Ayuntamiento no hay oportunidad de esconderse”.

Pasados los parabienes y las petaladas, Celis se puso a hablar de su libro. Y su libro era y es su jefe, un presidente víctima de las “simplezas dolosas que fomenta la derecha, del ruido y la fanfarria con las que se pretenden eclipsar los avances para blindar el estado del bienestar”. El delegado del Gobierno puso tareas a todos los presentes: “El viernes hay que leer el BOE”. Sonó más bien a una imposición de penitencia. Peor que la lectura del BOE solo puede ser la lectura de la antigua guía de teléfonos. Celis quiere que todos los andaluces (y las andaluzas) lean el viernes el BOE para saber de forma directa los acuerdos del Gobierno para que, por ejemplo, las pensiones sean más sólidas. “Antes había una caja, ahora hay una hucha”. No se refería a las antiguas cajas de ahorro, sino a los fondos para garantizar las pensiones. “En Andalucía hay 53.000 viudas”.

A la Iglesia ni tocarla de forma directa, que para eso Celis es un buen admirador del felipismo. Y para eso fue el concejal que inventó el urbanismo morado, un plan de subvenciones a las hermandades y cofradías que después fue exportado a otras provincias andaluzas. Celis restó importancia al plan del Gobierno para arrebatar bienes eclesiásticos que hayan sido indebidamente inmatriculados por los obispados. Con la mezquita de Córdoba hizo casi como con Susana: evitar las referencias. El Gobierno de España abre un período de “reflexión” al respecto. No hubo más. Ya se verá si todo queda en humo. O no, que diría Rajoy.

El tiempo de las mayorías absolutas se ha esfumado. Palabra del delegado del Gobierno. Celis vende la necesidad como virtud. El presidente ahora dialoga, busca los consensos: “Hay una nueva política del acuerdo”. ¡Qué remedio!, pensaron muchos de los asistentes que también se conforman con la bollería calórica a falta de pan y aceite (andaluz). Las víctimas nunca encontradas de la Guerra Civil tuvieron su homenaje y un compromiso de búsqueda. “El 2 de noviembre hay quienes no tienen donde llevar flores. Apelemos al humanismo”. Y, cómo no, la inevitable referencia a la exhumación de Franco: “Los dictadores no pueden tener un espacio de reconocimiento social en una democracia”.

El apóstol andaluz del sanchismo proclamó que no existen “varitas mágicas” para solucionar los problemas. Anunció un nuevo mandamiento. No sólo la obligación de leer el BOE, sino una especial encomienda en la nueva etapa del Brexit: “Tenemos que ganarnos el afecto de los gibraltareños”.

La polémica tesis doctoral del presidente del Gobierno ha reportado efectos positivos: “El ataque genera más apoyo y comprensión”. Celis quiere que se respete la figura del presidente: “No lo minusvaloremos”. ¿Quién lo ha hecho? Y utilizó un adjetivo muy sonado en otros tiempos para describir el empeño del presidente en sus tareas: “Tiene una pertinaz voluntad”. Está claro que en el lenguaje están pendientes otro tipo de exhumaciones.

Cuando Sánchez se refiere a sus planes para transformar España en 2030, el apóstol Celis cree, nuevamente, que nadie debe frivolizar sobre el programa de gobierno del actual presidente: “Es bueno que un líder tenga un diseño de país a medio y largo plazo”. El propio Celis lo tuvo cuando puso Sevilla patas arriba en un plan a diez años.

Celis tiene la cámara de fotos para captar la instantánea, tiene hasta la tortilla, pero necesita gente para la causa sanchista en Andalucía. El apóstol predica. Todos están llamados a la causa sanchista. Hasta los gribaltareños. Los viernes a partir de ahora son los viernes del BOE.

Se fue Celis con su equipo de fieles, aquellos muchachos que compartían las barbacoas con Susana Díaz en los tiempos de Juventudes Socialistas. Tal vez sea cierto, Celis no es el Gobierno, es solamente el delegado. Zoido fue delegado del Gobierno y después alcalde de Sevilla. Torres Hurtado fue delegado del Gobierno y después alcalde de Granada. Antonio Sanz era delegado del Gobierno y… la moción de censura lo dejó en ascuas. El día que Pedro Sánchez decidió presentar aquella moción, Gómez de Celis estuvo en esa reunión decisiva. Digan lo que digan, Celis estaba en las quinielas para ministro, pero lo mandaron al frente ruso. La Plaza de España es una buena plataforma de lanzamiento. No se escondió como concejal, pero lo escondieron varios años en la dirección de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía. Hasta que llegó Pedro y salió de la madriguera. Delegado del Gobierno en Andalucía. Todo por hacer y nada que perder. Soñemos lo imposible: que los gibraltareños nos quieran. Será más fácil intentarlo que leer el BOE.

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS

La ciudad respira

Carlos Navarro Antolín | 16 de septiembre de 2018 a las 5:00

 

SEVILLA.

Por la noche todas las ciudades mejoran. La noche es aliada de la belleza como el silencio del sosiego y el vacío de la calma. La noche camufla los defectos, las señales del tiempo, las arrugas por el uso. La noche estiliza las formas, funde el cielo oscuro con la penumbra de las calles. La caída de la noche es el chorreón de agua de búcaro en la muleta de un torero en una tarde de viento. Templa, apacigua los ánimos, permite una perspectiva de los asuntos libre de la contaminación de ruidos y ajetreos, huérfana de los estruendos del transporte urbano y del repertorio de pitidos de las nuevas tecnologías, tam-tam de la vida cotidiana.

La noche es como el agua en el albero: refresca las cabezas, alivia de calor el ambiente. La noche ensalza la arquitectura y hace brillar los pavimentos de adoquines. Por la noche se oye respirar a una ciudad que parece ajena a todos los sucesos de la capital del reino, a las disputas municipales, a las guerras por el poder en clave local, a las pugnas por el control de un territorio del tamaño de una baldosa. La noche puede con todo, deja un aire limpio que ni siquiera enturbian las dimisiones de ministros, las peleas de gallinero de las redes sociales, las diadas del odio o los plagios sonrojantes que dejan en jaque a la Universidad.

La noche es una oportunidad para el reencuentro íntimo con la ciudad, con los secretos de la trama urbana, con los sonidos que sólo se oyen cuando todos duermen. La ciudad de noche ofrece una versión para cada habitante, no dejar de ser más que la prolongación de uno mismo. A la luz de la luna es posible una ciudad a la carta, personalizada, a la medida.

No se conoce bien una ciudad hasta que cae la noche y ella se deja cortejar, exhibe su verdadera piel, derriba fachadas impostadas y muestra fachadas desconocidas, sonidos imperceptibles durante el día: el descorrer de una persiana a deshoras, unas pisadas marcadas por esa velocidad que sólo imprime el miedo, un portazo, un grito, una discusión, un susurro, un motor que de pronto se apaga, los cascos de un caballo de coche de punto de recogida por el Paseo de Colón, el reguero de un manguerazo por Cuna, el choque de dos vasos recogidos de una vez por la mano de un camarero del Salvador, el silbido del conductor del camión de la basura por la Plaza de la Magdalena, el tintineo del llavero del tabernero del Arenal que retorna a casa…

La noche embellece hasta las partes menos agraciadas de la ciudad, como los tapacubos lo hacen con las ruedas de un coche de alta gama. Las ciudades, como las personas, son mejores cuando duermen. Todas las ciudades son preciosas en una postal y cuando son paseadas por la noche. Para conocer una ciudad hay que patearla de noche, cuando ella habla sola sin que nadie hable por ella, cuando se muestra como en los planos, sin capacidad de engaño, en el cuerpo desnudo de su arquitectura, en el sosiego de sus parques vacíos, en la montaña hueca de la Catedral, que vista desde el espacio parecerá un cráter con vencejos; en los azulejos de imágenes que recogen alguna oración a baja luz, en las avenidas despobladas donde los semáforos buscan diálogos imposibles y los monumentos de bronce parecen mimos sin pedir limosna.

La ciudad de noche tiene mucho de territorio exclusivo para cabales. A veces parece que la ciudad se ha hecho tan adulta que no se reconoce en ella ningún rasgo de esa infancia sin aristas, de esos días azules como urbe, de esas señales que hacen posible una imagen idealizada que sirve de asidero emocional de nuestros días. Será que la ciudad se ha roto de tanto usarla. Por eso la noche es buena, porque nos reencuentra con el asfalto de nuestra existencia bajo la luz romántica de una farola. Y entonces valoramos más todo aquello que no vemos durante el día por pura incapacidad, por exceso de ruido, por prestar atención a esa suma de frivolidades que marcan las horas que nos han tocado vivir.

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La arenga del PP a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, JAVIER ARENAS

ESTA semana hubo cónclave del PP sevillano. Junta Directiva Provincial se llama. El curso ha comenzado sin la asistencia del responsable de seguridad. El PP mejora, ya no se intuye un grado de tensión que haga necesaria la presencia de ese señor corpulento que ha evitado más de una gresca. Arenas estuvo. En su ausencia o presencia (según conveniencia) estaba el morbo. Yestuvo, esta vez en primera fila junto al veterano Felipe Rodríguez Melgarejo. Habló Arenas al final para felicitar a la presidenta Virginia Pérez por su discurso, el mejor desde que es presidenta. Lástima que la reunión fuera a puerta cerrada. Y habló Melgarejo que, como siempre, abogó por un PP sin complejos en asuntos como TVE, la exhumación de Franco, etcétera. Se percibió, apuntábamos, un cambio en el discurso de la presidenta, que no hizo ya ninguna referencia a asuntos internos. La presidenta preparó una intervención netamente política, una suerte de arenga dirigida a la militancia del PP en clave nacional. Parece el inicio, esta vez sí, de un tiempo nuevo en la formación sevillana tras tiempos convulsos. Tal vez Virginia Pérez quiere seguir el mensaje de Casado en el congreso extraordinario de julio, cuando recién investido como presidente proclamó en el plenario del Hotel Marriot: “¡Ya no vamos a perder ni un minuto más en hablar de nosotros!”. Y la presidenta parece que se ha tomado la labor con entusiasmo al emplear un tono más político, más crítico, más duro, más directo y más irónico. Se dirigió a la junta de pie, ante el atril, “algo que sé que no es habitual”, dijo ella misma.

En el congreso extraordinario, como era obligado, no se pudieron debatir ponencias, razón por la que la presidenta se felicitó de que el nuevo PP de Casado haya convocado para diciembre una convención nacional: “Estaremos el 1 y 2 de diciembre donde toque estar. Allí estará el PP de Sevilla. Se nos están complicando las cosas como españoles. No es que se nos estén complicando las cosas políticamente a nosotros, individualmente o como dirección política”. Pérez cargó contra directamente contra el presidente Pedro Sánchez y sus socios de investidura: “Hicieron una moción de censura contra España, contra todos los españoles”. Reconoció que aún no habían pasado los cien primeros días de Sánchez en la presidencia: “Pero estamos en casa, aquí me voy a permitir criticar lo que quiera criticar. Sánchez es un presidente legítimo por la Constitución, pero ilegítimo porque no lo ha votado nadie. Me preocupa enormemente ver lo que han hecho en 95 días con tres semanas de vacaciones. ¡A Dios gracias que han sido tres semanas de vacaciones! Yo espero que este hombre, aunque sea ateo, coja las vacaciones de Navidad, Semana Santa y todo lo que le den”. Censuró el estilo de gobierno de un presidente en minoría:“¡Ancha es Castilla con los decretos! Pretende modificar las atribuciones del Senado. ‘Tengo una varita que se llama decreto y ¡pam!’. Pero es que va a más, es que este señor –dijo– al que no lo votó nadie porque tiene 84 diputados, se levanta un buen día y se plantea conseguir los votos de Podemos. Ya está. ‘¡Vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos!’ ¿Modificando la Ley de Memoria Histórica? No, por decreto. ¿Qué es la Transición, por Dios, teniendo una herramienta como el decreto en la mano?”.

La mayor parte del discurso fue de asuntos de política nacional. Un cambio de táctica por elevación. “Mirad, yo nací en democracia y no soy precisamente muy joven. Yo nací con una Constitución. Que venga este señor a decir que por decreto, por urgente necesidad, hay que abrir una tumba… Este señor, con todos mis respetos, se lo tiene que hacer mirar. Es lamentable y preocupante. Sí, es preocupante porque tiene la varita del decreto. Este señor decide cambiar el Código Civil por decreto para que se le pueda quitar la patria potestad a un padre con un informe de los servicios sociales. ¡Yo no veo a nadie salir a la calle, ni siquiera a nosotros, no nos oigo!. Me gustaría oírnos ahora por lo menos una cuarta parte de lo críticos que fuimos con nosotros mismos. La situación lo requiere, no estamos hablando de ninguna tontería. Estamos hablando de la Transición, de nuestra democracia, de nuestro Congreso, de nuestro Senado, de nuestras casas, de nuestros hijos.. ¿Dónde estaría un presidente del Gobierno del PP con 84 diputados si anunciara, solamente anunciara, alguna de estas medidas?”.

La presidenta del PP sevillano también se refirió a la fuerte polémica del huido Puigdemont y el juez Llarena. “¿Tú qué tipo de presidente eres?”, preguntó retóricamente a Pedro Sánchez. “Y sigo sin oírnos, quiero oírnos porque nos tendrán que escuchar. Quiero un presidente del Gobierno que se ponga de pie y que diga que a mi Justicia, la de mi país, no la juzga nadie. Pero a nosotros… No nos oigo”.

Repartió estopa también a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio: “Sale una señora diciendo que le han metido un gol con un sindicato de prostitutas… ¡Y tampoco nos oigo! Y eso ha pasado hace cuatro días. Esto es para pensarlo, es muy serio lo que está pasando con el gobierno de nuestro país. Por decreto hacemos una purga en RTVE y no pasa nada. A este paso van a echar al bedel de TVE porque votó a la UCD. Cuando uno es de izquierdas es inmune, no pasa nada. ¡Y yo sigo sin oírnos! Quiero que eso cambie”.

Refirió la presencia de Casado en Algeciras el pasado verano: ““He oído a Pablo Casado hablar de inmigración. Lo hemos tenido en Andalucía. Hemos conseguido que pongan otro centro de acogida de menores en otro municipio donde gobernamos. Han desaparecido 80 chavales, no sabemos dónde están estos chiquillos, que vienen a buscar un futuro mejor, no vienen de vacaciones. Alguien tendría que explicarlo. Se nos tiene que oír cuando lleguen las elecciones tenemos que ganar por nuestros hijos”.

No hubo alusiones ya a los problemas de convivencia generados por el congreso provincial. Tampoco asistieron muchos de los cospedalianos que se pasaron al bando de Casado. Ni los diputados Zoido y Tarno, ni el senador Sanz, alcalde de Tomares. Éste último gozó en la feria de su pueblo de la compañía del alcalde de Vejer, José Ortiz, hoy secretario del Grupo Popular en el Senado. Ortiz es de los escasos casadistas pata negra del mapa andaluz. El caso es que por un motivo u otro tanto en Sevilla como en Andalucía, el casadismo está pendiente de fundación. Todavía no tiene su particular foto de la tortilla. Unos no lo apoyaron nunca, otros lo apoyaron en segunda instancia por conveniencia que rima con supervivencia. ¿De quién fiarse en el Sur, Pablo?

Sobran bares

Carlos Navarro Antolín | 4 de septiembre de 2018 a las 5:00

BARES RESTAURANTES EN SAN JACINTO

El centro de Sevilla es un gran bar. Somos una gran taberna. El alcalde Juan Espadas se ha revestido de Conde Draco, el simpático vampiro de Barrio Sésamo, y se ha puesto a contar bares en el casco antiguo. Ahora sabemos con precisión lo que todos solamente intuíamos. Un bar, dos bares, tres bares… Suenan truenos y hay destellos de relámpagos en el ventanal del despacho de la Plaza Nueva. No se trata de hablar ya desde la cátedra de la barra con la autoridad de quien pontifica sobre cualquier asunto al mismo tiempo que deja un palillo escobillado. Aquí las cosas se hacen con rigor, ¿verdad don Juan?

Como a este alcalde es difícil pillarlo en un bar al ser de ese tipo de sevillanos que no entra casi nunca en las tabernas, lo hemos sorprendido en pleno disfrute con uno de esos informes sesudos que tanto le gustan y que luego cita en los discursos. Nos hemos quedado con la cara más roja que un picudo de los que pueblan nuestras palmeras. El informe de Espadas revela que en cuatro años tenemos un 80% más de bares en el centro, un tabernerío que mueve 125 millones de euros al año, una cifra propia del mercado de fútbol. Nos ponemos a abrir bares con la facilidad del que tira de la anilla de una lata de anchoas. El cursi de turno dirá que tenemos una cultura emprendedora muy focalizada, excesivamente sectorizada. Lo contaba hace poco tiempo un tabernero de una reconocida saga para explicar el fenómeno de la burbuja en la hostelería.

No hay dinero más rápido que el que se obtiene en un bar. El cliente bebe, come y paga. La ganancia es inmediata. Por eso el efecto llamada es tan alto. Pocas actividades económicas pueden presumir de un plazo tan corto (casi inexistente) de cobro. Lo difícil de la hostelería no es cobrar las dos cervezas con sendas tapas, sino mantener una clientela fija. Desde fuera se aprecia que un mayor número de bares no supone una mayor calidad en la oferta. Sobran bares, muchos bares, y en cambio se precisan cafeterías, pero cafeterías de verdad.

El estudio de Juan Espadas no dice nada de una ciudad que presume de varios puentes, un aeropuerto con conexión directa a Venecia y un patrimonio histórico con las máximas catalogaciones, pero, ¡ahí te pillé!, sin una gran cafetería como estandarte de una hostelería que invite al cliente a permanecer en la estancia, a la formación de tertulias, al fomento de actividades intelectuales, a la contemplación del paisaje urbano desde un ventanal con un periódico o un libro en la mano.

Sevilla pareciera no tener clientela capaz de pagar un elevado precio por un café que hiciera rentable ese tipo de negocios que sí tienen muchas otras capitales. ¿Dónde va usted a tomar reposadamente un café en el centro de la ciudad? Piense por un instante. No valen los clubes privados ni los salones de esos hoteles donde nunca hay un camarero dispuesto. Está por investigar, por cierto, el extraño fenómeno de los bares de hoteles, paradores y establecimientos de hospedaje análogos sin personal a media mañana o a media tarde, en esas horas tan apropiadas para la conversación. ¿Cuántas veces no se ha hartado de esperar en la barra de un recoleto bar de hotel para tomar un simple café mientras se entretiene con las etiquetas de los destilados que se exhiben en las vitrinas?

-Mira, tienen Parfait Amur.

-Pero no tienen camarero.

En Sevilla estamos a un paso de fundar un ‘banco malo’ que absorba la enorme cantidad de negocios de hostelería despersonalizados que han hinchado una burbuja al borde del estallido. En 2014 teníamos 570 negocios de restauración en el centro. Cuatro años después la cifra ya es de 1.002. Todo sevillano tiene en su interior un tabernero como todo español lleva dentro un seleccionador de fútbol. Quizás seamos maestros en montar bares porque somos amantes de lo efímero, lo provisional, lo fugaz. El paisaje de la hostelería sevillana, en el fondo, es un óleo perfecto de Valdés Leal. In ictu oculi. En un abrir y cerrar de ojos se nos llena la ciudad de bares. Cierra un bar, pero abre otro bar. La vida misma. Y el alcalde apuntando para nuestro sonrojo como urbe. Y se nos pone esa cara de mala leche (sin lactosa) como cuando el camarero no nos echa cuenta.

La curva de septiembre

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2018 a las 20:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

CIUDADANOS trata de cerrar el fichaje de Manuel Valls para alcanzar la Alcaldía de Barcelona. El PP no tiene aspirante para las municipales en la capital catalana. Parece condenado a ser una fuerza residual, resignado a no tocar bola desde que los naranjas le han robado el espacio y desde que los policías y guardias civiles de Zoido protagonizaron una estampa demoledora para los intereses electorales del partido de la gaviota. Barcelona se mueve mientras el PP está a la espera del efecto Casado. En Sevilla debe subir unos grados el debate municipal, septiembre debe ser un aldabonazo en la vida política local, sumida en una tranquilidad extraordinaria para el actual alcalde, quien tiene un horizonte de citas fijas que le garantizan el relumbrón: los premios Goya, las fiestas mayores y la cumbre mundial del turismo. Añadan el período blanco de las navidades y tendrán, a priori, un calendario más que amable para Juan Espadas, cargado de esas convocatorias que permiten que la urbe esté “posicionada” en España y en el mundo, según la tesis preferida por el alcalde y sus colaboradores.

Ciudadanos se conforma por el momento con Javier Millán, quien es consciente de que será candidato en el supuesto de que su partido no encuentre un Manuel Valls para Sevilla a última hora. El PP no sabe si desear que lo halle, o si le interesa que siga Millán. El pacto de gobierno soñado por la derecha tras el 26-M necesita sumar 16 concejales. Las cuentas no salen con Millán, que no termina de despertar pasiones, pero podrían no interesar un candidato sorpresa si le resta votos a los peperos más que a los socialistas. A esto hay que añadir que Beltrán Pérez necesita un salto de calidad, unos meses finales con intensidad para emerger con fuerza. Necesita provocar el desgaste de un alcalde que no genera rechazo. Y en la lucha por ese objetivo vendrán las curvas a partir de septiembre. Uno de los flancos débiles de Espadas, al margen de las ratas en los barrios y de los árboles caídos que son convenientemente aireados en las redes sociales, vendrá por la política nacional. Al alcalde lo atacarán fundamentalmente por la vía de Pedro Sánchez, el presidente de los 84 diputados que es abucheado en Sanlúcar de Barrameda. La fiera ruge en el tendido y también en Bajo Guía. A Zapatero le pitaban el 12 de octubre.

Prepárense para Plenos municipales con reiteradas llamadas a asuntos de Madrid y a la explotación, además, de las desavenencias entre el Gobierno de la Nación y el de Andalucía. En dos meses ya hemos tenido la primera a cuenta del número de inmigrantes menores de edad que Andalucía se ve obligada a recibir. Espadas será atacado en el Salón Colón y en los pasillos del Ayuntamiento por su condición de miembro de un partido que se deja apoyar por los separatistas y proetarras, que no protege la figura del Rey en las manifestaciones y que provoca un irresponsable efecto llamada en los inmigrantes. Por eso se ventea que es “el alcalde del PSOE”, porque son las siglas las que se consideran vulnerables, y no, por el momento, la persona del alcalde.

El PP aprovechará el bajo perfil del candidato de Ciudadanos para tratar más que nunca de hacerse de nuevo con ese espacio electoral conservador que, en parte, se supone ocupado por el partido del Albert Rivera. La crisis de los árboles ha revelado el endurecimiento del discurso del Grupo Popular, que pidió dimisiones en cuanto se conoció el fallecimiento del sevillano de 74 años, mientras Ciudadanos se perdió en peticiones de comisión de investigación, que ya se sabe el rédito que han tenido las que se han organizado en la historia de la democracia. Solo una, la que montó Zoido por el derogado Plan Centro, tuvo alguna consecuencia. Y fue un tiro en el pie para el propio alcalde Zoido. El PP de entonces fue a por lana con aquella comisión y salió trasquilado.

Fíjense que a mitad de este agosto el PP ya ha presentado una serie de preguntas sobre la caída del árbol del Alcázar con el firme propósito de ir preparando para septiembre un ambiente de tensión. El principal grupo de la oposición busca demostrar que el accidente pudo ser evitado, que hubo negligencia en la conservación del arbolado y que, por lo tanto, su inicial petición de dimisión del delegado de Urbanismo estaba y está más que justificada. El Ayuntamiento informó de un herido leve el día del accidente. La víctima falleció a los dos meses. Será el asunto más delicado de los días de política local que se aproximan.
El alcalde no tiene ninguna responsabilidad directa en los asuntos de ámbito nacional, pero la política permite poner las luces largas o cortas a conveniencia. Al PP municipal le convendrá mucho mirar a Madrid, obligar al alcalde a pronunciarse sobre asuntos de la política que se cuecen en la capital mediante hábiles mociones presentadas en tiempo y forma, y ejercer un martilleo continuo para explotar en clave local los desaciertos, los cambios de criterios o las debilidades de la Moncloa. El empecinamiento de Zapatero en no admitir la crisis hundió la marca del PSOE, lo que afectó a sus alcaldes y candidatos en las municipales de 2011. Las primeras medidas de Rajoy en el Gobierno hundieron las opciones reales de Arenas de alcanzar la presidencia de la Junta. Cuanto ocurre en Madrid tiene consecuencias en la política a menor escala. La ola de Madrid, como dicen los gurús a sueldo, levanta o arrastra candidatos por toda España. En este modo de hacer política local son especialistas los grupos de Izquierda Unida y Participa Sevilla, que se pasan el mandato con mociones sobre asuntos en los que el Ayuntamiento no tiene competencia: el Sahara, los tipos de interés, las cláusulas suelo, el precio de la luz, Cuba, las políticas de Educación, etcétera. Se trata de ocupar los nichos que se consideran propios. Pocos votos, pero seguros.

Es previsible que Espadas sea hábil y pase a la acción por mucho que descarte siempre cualquier opción de ataque directo al rival político, pues no se conoce que haya venteado por el momento ningún trapo sucio de la era Zoido. Si le azuzan con Pedro Sánchez, es muy probable que el alcalde pueda defenderse metiendo el dedo en la llaga de un Pablo Casado, presidente del PP, previsiblemente imputado en el caso del máster. Con el más que probable fuego cruzado entre los dos grandes partidos, Ciudadanos tendrá que sacar beneficio de una vez en clave local, una tarea que sigue pendiente tras más de tres años con presencia en el Ayuntamiento, mientras los dos grupos de la izquierda más a la izquierda (Participa Sevilla e IU), unidos bajo el lema Adelante Sevilla, procurarán romper el techo de cinco concejales que ahora suman entre ambos, a los que solo se ha oído a cuenta de bochinches en el interior del Ayuntamiento, asuntos de memoria histórica o discursos alarmistas en el período de la pos-crisis económica.

El panorama que se avecina en Sevilla es un septiembre marcado por el inicio de la dureza en el debate político previo a las elecciones. Una de las mayores curvas del curso que viene será la negociación del presupuesto general de la ciudad, la herramienta que necesita todo gobierno para ejercer su labor y la ciudad para funcionar. Juan Espadas asumió varios compromisos de cara a esas cuentas (la bajada del IBI en un 5%, entre otros) a cambio de que el PP permitiera la aprobación de las de 2018. El PP de Beltrán Pérez, paradójicamente, le permitió gobernar en 2018. Ahora vienen tiempos de zancadillas, dedos acusadores y mucha crispación en las redes sociales en un contexto nacional donde unos y otros buscarán motivos para buscarse las vergüenzas.

Orinar en Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2018 a las 5:00

Urinario Público

El centro de Sevilla no tiene aseos públicos. El contrato con la anterior empresa ha expirado y no se ha convocado un nuevo concurso. Esto es mucho más grave que la falta de conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto para librarnos de la mafia del taxi, mucho más importante que la red completa de Metro, la bajada del IBI o el exceso de veladores. No tenemos dónde orinar cuando vamos a la Plaza Nueva, al Duque o a la Alameda. A lo Romero Murube, se podría decir que tratar de orinar en Sevilla hoy es morir cruelmente y poco a poco en cada calle, en cada esquina de la ciudad. Algunos casi más que morir, se lo hacen directamente en esas calles y en esas esquinas. Se nos acaban los trucos, eso de entrar en el Mercantil haciendo como el quiere ver la última exposición cofradiera, cuando en realidad buscamos los aseos. O eso de colarnos en el Colegio de Abogados sabiendo que el conserje no conoce a los diez mil colegiados, o en la casa de hermandad de la Macarena, o en la vieja fábrica de tabacos confundido entre los alumnos, o en el edificio Laredo, donde hay unos espléndidos servicios en la primera planta. Qué dificil es orinar en el centro de Sevilla sin tener que pasar por la caja del bar. Hay recursos más difíciles para orinar sin tener que consumor en una taberna, como entrar en el Alcázar, pero las colas son cada vez más largas, o en algunos museos si le cogen a mano. En los museos se orina bien, que dijo una vez uno con el desahogo de quien afirma que en los Paradores se come bien o en el AVE se va cómodo. Por cierto, escrito está que en Santa Justa es mejor no orinar. Los urinarios huelen a perros muertos y hay aficionados al VAR…

La Junta podría sacar una ley similar a la de los vasos de agua que deben dar los bares para que la hostelería cumpla subsidiariamente con la función que no realiza la Administración Pública: ofrecer retretes para que el personal pueda hacer sus necesidades. O declarar ciertos bares como agentes colaboradores. ¿La frase célebre no era que la Junta colabora con quien colabora? Sevilla se ha quedado sin retretes en el siglo XXI como se quedó sin cerveza en los años posteriores a la Guerra Civil, como refiere Eslava Galán en Los años del miedo.

Orinamos gracias a los bares con tal frecuencia que algunos han blindado los accesos a los servicios con una clave que sólo revelan a los clientes. Los retretes públicos cerrados son un efecto llamada demoledor. ¡A los bares, a los bares! Juan Espadas ha colocado fuentes para beber, pero no aseos para orinar. El gobierno nos da pan, pero nos deja sin chorizo. Cada retrete cuesta 17.000 euros para que, al final, estén cerrados y sean objeto de los ataques de los gamberros, también llamados vándalos. Puede usted ver un ejemplo de retrete perfectamente clausurado en la Plaza de España, junto al monumento de Aníbal González. Obsérvelo y sepa que se encuentra ante una disyuntiva: orinar en La Raza, o aguantar hasta su casa. Su habilidad o esfuerzo, según la solución escogida, habrá contribuido al ahorro de los 17.000 euracos que le costaría al Ayuntamiento comprar el retrete para tenerlo abierto. Todo se arregla con educación, que es lo que se dice ahora para no afrontar un problema. Pues eso, todos a salir de casa orinados. Tendremos en Sevilla los premios Goya, pero no donde orinar con la… higiene debida. En las calles de Sevilla hay que morir. Está claro que para orinar, nada como la casa de cada uno. Porque el conserje de los abogados ya se está orientado.

La ciudad de Fernando

Carlos Navarro Antolín | 12 de agosto de 2018 a las 5:00

Eclipse de luna. Antonio Pizarro/Diario de Sevilla.

APENAS el tiempo de una primera nana con música de chicharra de agosto y con el sabor de dulces besos de bienvenida, apenas el tiempo de un Avemaría en los labios de una abuela para dar gracias por el alumbramiento, apenas el tiempo de poner el meñique entre tus minúsculos dedos para sentir el tacto de tu piel rosa, apenas el tiempo de unos prematuros y precoces achuchones, cuidados de capazo, ojitos cerrados. Fernando se ha ido fugaz, veloz, con el tiempo justo para ser Fernando, testimonio cierto de vida, con el tiempo preciso para dejar su huella entre los suyos, entre nosotros, una huella de patuco de miel, con ese amor limpio que brota de la verdad desnuda que son los recién nacidos. Su vida ha durado apenas el tiempo de una chicotá de la Virgen de la Esperanza, los cuatro zancos a tierra que Ella quiere bendecir a la criatura con su mirada; de un ir y venir de cualquier día y a cualquier hora, de un bendito plisplás en el que cabe, sublime contradicción, todo el amor y todo el vacío.

Apenas el tiempo de realizar cualquier actividad rutinaria, de las que se hacen cada día sin pensar, llevados por esa hermosa inercia de los actos de la vida cotidiana en la que todos le habíamos hecho hueco. Apenas el tiempo que se tarda en subir el puente de San Bernardo para buscar la presencia gozosa de la cigüeña, que ya sabrás, Fernando, que las zancudas aparecen por San Blas en los campanarios de Sevilla como lo hacen por la tierra de barros por donde tu sangre se hace extremeña. Apenas el tiempo que se dedica a dibujar el boceto del lienzo de tu vida, efímera existencia de color blanco donde todavía no caben baches de carboncillo. Apenas el tiempo que se emplea en modelar una nube de algodón dulce y rosa, que ahora, Fernando, tus algodones son las nubes de verdad, celestial parque de bolas para jugar, reír y saltar sin pensar en nada más, para imaginar garabatos en el aire y danzar en cualquier canasto de oro, y tus regalos serán los globos que mis hijos y tantos otros niños lanzan siempre para recreo de los querubines que en el cielo de Sevilla ya zascandilean contigo.

Apenas te ha dado tiempo de conocer tu ciudad y, fíjate, ya nunca te olvidaremos, santo inocente de este agosto, el tiempo en que todos huyen de Sevilla y, ay Fernando, Dios ha venido a por ti, precisamente a por ti, para acunarte en su regazo de noches frescas y amaneceres de espadaña, gorriones y cielos claros.

Apenas el tiempo de la procesión de la Virgen, sonrisa enigmática, palio de tumbilla y Niño Jesús calzado de oro, la Virgen que trajo el Rey Santo, patrón del que recibiste su nombre. Sale la Virgen, parto de nardos por la Puerta de los Palos, y se recoge tan fugaz que parece un sueño que a las pocas horas nos mantiene embriagados por las dudas. Y sabemos que todo fue cierto porque fue bello, que todo ocurrió porque fue auténtico, que todo fue verdad porque fue breve. Las cosas importantes en Sevilla siempre duran poco, como el tiempo de la Virgen en la calle, como tu existencia, Fernando, tus benditas horas con sabor a caramelo y melodía de tiernos gorjeos.

Apenas el tiempo para paladear tu presencia de nenuco, para saber que eres de los nuestros para siempre, cuando la ciudad es más ciudad porque hay más silencio y cuando huele al jazmín engarzado en las moñas tan efímeras y bonitas como tú. Apenas el tiempo que un mozo tarda en recorrer la cucaña y, zas, caer al río que nos lleva, que siempre nos conduce a la Sanlúcar de tu padre. Apenas el tiempo que un coche de punto tarda en abandonar el centro por la calle San José, adoquines, convento y San Nicolás al fondo, mientras el sonido de los cascos del caballo marca la distancia recta que conduce al arrabal de tus abuelos.

Apenas el tiempo, quizás, de un cambio de clase en las aulas de la Universidad donde se cruzaron las vidas de tus padres. Apenas el tiempo de una oración apresurada cuando el Señor busca ya la posada de su basílica en la noche alta, apenas el tiempo que tarda el sol en cobijarse en el horizonte de una playa del Puerto de Santa María, apenas el tiempo en que la luna flirtea con la Giganta con la imposible celestina de un eclipse, apenas el tiempo en que un vencejo se posa para hurtar las migas olvidadas en un velador, apenas el tiempo en que la noria de la vida tarda en subirte al trono y bajarte al cieno, apenas el tiempo que dura el dorado de una palma rizada en un balcón, apenas el tiempo que tarda en girar el torno de San Leandro cuando compramos yemas, o el de Santa Paula cuando vamos a por mermeladas y ofrecemos la mejor respuesta a un saludo de bienvenida: “Sin pecado concebida, hermana”.

Apenas el tiempo que tarda en pasar la cabalgata donde tú ya eres nuestro rey y nosotros los beduinos que mantendremos alegres tu recuerdo. Apenas el tiempo que tarda en despedirse la espuma blanca de las olas que se echan a morir en la playa de tu corta existencia. Apenas el tiempo que dura el cruce de miradas de la pareja que baila, o la manzanilla en dejarse caer por la venencia hasta la caña. Apenas el tiempo en que tardas en besar la mano de la Esperanza cada diciembre, apenas el tiempo justo en que los seises están estirados de puntillas cuando adoran a Dios.

Las cosas trascendentes de Sevilla están marcadas por el sello de la fugacidad. Escrito está que los niños no se mueren, nunca se mueren, son caireles que tintinean siempre a la vera del Refugio que alumbra tu barrio. Todo se compendia en tu pequeña vida de agosto, como toda la ciudad se concentra en el mes en que Sevilla es más Sevilla. Y Sevilla es ya para siempre la ciudad del niño Fernando.

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Javier Arenas, un superviviente en peligro

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2018 a las 5:00

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“Yo me conformo ya con sentirme cómodo cuando llegue a la sede del partido”, confesó en un encuentro celebrado solo días antes de la moción de censura repentina que echó a Rajoy de la Moncloa. Javier Arenas no es ningún anciano. Cumplirá 61 años en diciembre en una España con una esperanza de vida por encima de los 80. Su virtud, o su lastre, es que lleva cuarenta años en la actividad política, de los que treinta y cinco los ha pasado en cargos públicos. Nadie en Andalucía se ha mantenido tantos años en activo en puestos tan distintos y preferentes. En una trayectoria tan dilatada le ha dado tiempo a cosechar grandes amistades tanto como a crearse un buen ramillete de enemigos, críticos y desafectos. Porque entre sus adversarios hay grados. Ha ejercido el poder con todas sus consecuencias: ha colocado a tanta gente como frustraciones ha provocado en quienes no fueron premiados con un puesto, y ha movido a su antojo a un buen número de peones, muchos de los cuales después se han rebelado tratando de darle por un político amortizado. Arenas lo ha sido casi todo en política. Suma tanto tiempo en el machito por dos razones fundamentales: posee cualidades brillantes (oratoria, intuición, astucia, capacidad de persuasión) y sabe sufrir cuando llega la hora. En la actual coyuntura, el lince de Olvera se encuentra ante la enésima adversidad. Pablo Casado, el nuevo líder de la derecha española, decidió dejarle sin cargos añadidos. El todopoderoso Arenas condenado a ser un senador raso. Pero en cuestión de horas, Arenas logró el asidero de la portavocía adjunta en el Senado, un punto de apoyo, testimonial si cabe si se aprecia su colosal currículum, pero una agarradera en la práctica para ir saliendo del paso y ganar tiempo para, quién sabe, reinventarse otra vez, asumir un nuevo rol.

Arenas se conforma de momento con esa portavocía adjunta, un tendido de Sol en el coso de la política para un político que ha disfrutado muchas veces del alivio de la sombra acomodado en las mullidas almohadillas del poder.

Nadie lleva tantos años en activo como Arenas. Ni Felipe ni Guerra. Ni Rojas-Marcos, que lo quiso fichar en su día para las filas andalucistas. Ni Soledad Becerril, ni por supuesto Chaves, Griñán o Zarrías, tres socialistas que penan en el banquillo por el caso de los ERE.

Arenas ha sobrevivido a varias crisis. Ahora ha quedado relegado tras perder Soraya Sáenz de Santamaría la batalla por la presidencia nacional del PP. Arenas se encuentra ante el precipicio, una situación que, no obstante, no es nueva en su trayectoria.

En 1986 era un prometedor edil democristiano por la denominada Coalición Popular en el Ayuntamiento de Sevilla cuando sufrió su primer golpe. Quedó descabalgado de la portavocía del grupo municipal al escindirse la AP de Manuel Fraga del PDP de Óscar Alzaga. Fue defenestrado pese a su ya considerable tirón mediático. En 1987 se presentó como cabeza de lista a las municipales por el PDP y obtuvo menos de 5.000 votos. No sacó ni su acta de concejal tras una campaña basada en el lema ‘Es capaz’, plasmado en unos carteles donde se veía a Arenas ante una batería de micrófonos. Tras este segundo tropiezo se dedicó a sus labores de parlamentario andaluz y a las de un despacho de abogados que fundó con Javier Alés y Luis Miguel Martín Rubio en una habitación del edificio María Luisa Park. Posteriormente se unieron Carlos Rosado y Juancho Fernández Trueba. El joven Arenas, que aún no tenía los 30 años cumplidos, aquel dirigente prometedor y mediático, conoció muy pronto las hieles de la política.

En 1989 fue reclutado para las filas del nuevo PP en una reunión celebrada en casa del macareno y concejal Manuel García, en la calle San Luis. Allí estaban de testigos dos jóvenes de Nuevas Generaciones, Juan Luis Muriel y Jaime Bretón, y el diputado nacional Juan Carlos Guerra Zunzunegui, muy vinculado a importantes empresas periodísticas. Al bautismo, pues, no le faltaban padrinos de peso. Todos le reconocían una enorme capacidad de liderazgo.

Tras la caída de Antonio Hernández Mancha y el ascenso de José María Aznar a la presidencia nacional del PP en el célebre congreso celebrado en Sevilla en 1990, éste tuvo claro quién sería su hombre para sustituir a Gabino Puche en Andalucía. Aznar siempre apostó por Arenas. Lo impulsó desde el principio. Arenas fue candidato a la presidencia de la Junta dos veces en una primera etapa: 1993 y 1996. En la primera le arrebató la mayoría absoluta al PSOE (dio lugar a la conocida como legislatura de la ‘pinza’ en la que el PP se alió con la IU de Luis Carlos Rejón para bloquear al gobierno) y en la segunda se quedó con 40 diputados y Chaves ya pudo gobernar con el PA con toda comodidad. En aquel tiempo cometió un error al dejarse fotografiar mientras el betunero del Hotel Palace daba lustre a sus zapatos. Aquella imagen le costó para siempre la injusta etiqueta de señorito andaluz. A Arenas se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de ser un  señorito.

En cualquier caso nunca dos derrotas fueron tan rentabilizadas en política. A Aznar le valió el aumento de votos que el PP obtenía en Andalucía para llegar a la Moncloa en 1996. El objetivo principal estaba cumplido. A Arenas no se le exigía entonces ganar las elecciones andaluzas. Su esfuerzo fue premiado con un largo período de sucesivos cargos de indudable peso: varias veces ministro, secretario general y vicepresidente del Gobierno. Dejó Andalucía, donde dicen que podía haber llegado a presidente al tercer intento, para protagonizar sus ocho años de mayor brillo personal.

Los atentados del 11-M de 2004 desalojaron al PP del Gobierno contra todo pronóstico. Arenas tuvo que regresar a la aventura regional. Cesó así la etapa de Teófila Martínez como presidenta del PP andaluz, vigilada siempre por el principal vicario de Arenas, Antonio Sanz. La verdad es que Arenas nunca dejó de tutelar el partido desde sus altos despachos en la capital. En esos momentos difíciles, el lince de Olvera demostró su enorme facilidad para pasar del Falcon presidencial al monovolumen de la sede regional del PP, de pasear por los jardines de la Moncloa a patearse los pueblos más perdidos de Andalucía. Una evolución parecida a la de ahora: de vicesecretario general en Génova y secretario general del grupo popular en el Senado, a mero portavoz adjunto en la Cámara Alta. Ahora no le alumbra más que la tenue luz de una velita de promesa después de haber disfrutado de todo un cirio pascual.
En su segunda etapa andaluza fue otras dos veces candidato a la presidencia de la Junta: 2008 y 2012. 2008, además, fue un año clave en lo orgánico. Su apoyo a Mariano Rajoy en el congreso de Valencia fue fundamental para que el gallego no fuera descabalgado de la presidencia del partido. Rajoy lo premió con una vicesecretaría general, aunque nunca lo hizo ministro. Algunos creen que por cautela en caso de que el sevillano resultara imputado a cuenta de las investigaciones judiciales del caso Bárcenas, en el que Arenas declaró como testigo en 2013.

En las autonómicas de 2008 obtuvo 47 diputados, pero Chaves recuperó la mayoría absoluta. En 2012, ¡qué amarga victoria!, ganó por primera vez las elecciones, con 50 diputados, pero quedó orillado del gobierno. Ha sido el golpe más duro de toda su carrera política. Sus más allegados se empeñaron entonces en dar por concluida su carrera política. Era el cuarto intento de alcanzar la Junta, esta vez lastrado por las medidas impopulares tomadas por Rajoy desde noviembre de 2011 para salvar a España del rescate económico. Las elecciones andaluzas fueron en marzo. Arenas tuvo al peor enemigo en casa en esos cuatro primeros meses del Ejecutivo de Rajoy, donde no había viernes sin el Consejo de Ministros recortando el estado del bienestar de todos los españoles.

Arenas desde entonces se conforma con influir en la sombra, con asistir desde una segunda fila a los acontecimientos. Ganó el congreso provincial de Sevilla en 2017 impulsando decisivamente a algunos de sus ‘nietos’, Beltrán Pérez y Virginia Pérez entre ellos, contra sus antiguos ‘hijos’, caso de  Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, Juan Bueno o Ricardo Tarno. Hay una escena de la novela El Abuelode Pérez Galdos,  magistralmente llevada al cine por José Luis Garci, que retrata el momento en que todos los deudos del Conde de Albrit intentan confinarlo de buenas maneras en un monasterio con la excusa de proporcionarle comodidad en sus años de ancianidad. ¡Qué derroche de tacto! Cuando el viejo noble se da cuenta del ardid, comienza a protestar, les reprocha la conducta y, uno a uno, les recuerda cuánto hizo por sacarlos adelante. Arenas podría hoy afirmar mirando a la cara de sus antiguos pelotas: “A ti te coloqué en Madrid y te ayudé a acabar Derecho”, “A ti te coloqué a tu familiar en el Ayuntamiento del pueblo”, “A ti te firmé la carta de recomendación”, “A ti te hice delegado del Gobierno”.

Uno de sus grandes amigos auguraba en las vísperas de las votaciones del último congreso en Madrid que Arenas tenía interiorizado que su etapa política concluía con la marcha de Rajoy. Pero Soraya Sáenz de Santamaría lo citó entre sus colaboradores si se alzaba con la presidencia, y es cierto que el plenario del Hotel Marriot Auditorium recibió con aplausos su nombre.

Ganó Pablo Casado, el joven vicesecretario que siempre se ha referido en privado al político andaluz como “el maestro Arenas”, con el que ha almorzado casi todos los lunes tras los ‘maitines’. Pero la aviesa Cospedal se cobró su apoyo y Arenas fue descabalgado. Cospedal se ha afanado hasta el último minuto de su secretaría general en tratar de derribar a Arenas, para lo cual ha ido reclutando en los últimos años a aquellos que en tiempos fueron dóciles peones del lince de Olvera. Aquellos que se peleaban por jugar al pádel con Arenas, reservarle mesa en el Espigón, reunirse con él en Antares, estar a su lado en los cafés en Oriza, recogerle en Santa Justa cuando regresaba de Madrid para pedirle algún favor en el trayecto del coche… Y ahora no terminan de organizar su funeral después de llevar escribiendo su obituario político desde aquella noche electoral de 2012 en la que decenas de bandejas de canapés quedaron intactas.

A Arenas quizás le quede ahora la contemplación de pequeñas satisfacciones superadas ya las ilusiones por ser presidente del Congreso o del Senado. Es presidente de honor del PP andaluz, lo que le reviste de autoridad moral para pedir ser diputado o senador. Su ilusión sería ver de alcalde de Sevilla a Beltrán Pérez, o tal vez el aumento de alcaldías del PP en la provincia… Esas cuotas de poder que le permitan sentirse recibido con calor en el partido y en las instituciones (¡cómo le gusta regresar a los salones del Ayuntamiento sevillano!) y ser requerido por una nueva hornada de dirigentes que le pidan consejo.

Es tenido por muchos como el político andaluz más inteligente en la historia de la democracia. Hay quienes lo tienen por un trilero o un consumado engatusador. En cualquier caso ha creado escuela, es imitado hasta en su discurso y en sus gestos. Es el padre de la derecha andaluza. Hasta ahora se ha levantado después de cada traspiés. Ahora el ex vicepresidente del Gobierno quiere simplemente sentirse cómodo. Su vida es la política, no el despacho de abogados. Aznar apadrinó a un hijo suyo en la Macarena. Aznar ha vuelto a pisar la sede de Génova tras la victoria de Casado. Aznar ha logrado sentirse cómodo, otra vez, en Génova. La política no tiene memoria, sólo entiende de alianzas coyunturales. Y en esos tejemanejes, Arenas ha demostrado ser todo un druida. Y lo más difícil: un druida de larga trayectoria que sabe más por viejo… que por druida. Todo el día inventando pócimas para sobrevivir y estar cómodo. Todos los que lo quieren enterrar son deudos suyos cuando Arenas no tiene ni  la edad en la que Churchill fue Primer Ministro por primera vez. Javier Arenas, un niño de 60 años, un maestro del regate corto, todavía no ha dicho su última palabra, porque lo ha sido todo, lo ha vivido todo y nada es capaz de sorprenderle. Si estuviéramos en una cultura anglosajona, este andaluz tendría la agenda cargada de conferencias bien remuneradas y daría clases en varias universidades privadas sobre la vocación perenne, la habilidad para reinventarse, la capacidad para crear un partido hegemónico (una estructura fuerte sin riesgo de guerras cainitas) que represente a la derecha andaluza. Pero en esta tierra priman la envidia y el betunero. Quizás sus dos principales defectos hayan sido rodearse de demasiados mediocres y tenerle un respeto excesivo a una ciudad como Sevilla. El druida se enfrenta ahora al enésimo reto: hallar la pócima que le salve de un nuevo precipicio.

Maitines sin acento andaluz

Carlos Navarro Antolín | 26 de julio de 2018 a las 16:59

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La primera gran conclusión sobre la nueva estructura del Partido Popular es que no hay andaluces en la cúpula, que es la compuesta por el presidente, el secretario general y los vicesecretarios generales. Esto es, la que aparece en los telediarios cada lunes de ‘maitines’. Ese colectivo es el que manda en el partido. Lo demás son figuras secundarias o asambleas (caso de la Junta Directiva Nacional) testimoniales de escasa o nula influencia. Andalucía, la región que más apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría, no tendrá representantes en el núcleo duro de Génova.
La segunda gran conclusión es que Javier Arenas no figura ni en puestos principales ni en secundarios. Lo mismo ocurre con su vicario, Antonio Sanz. A Arenas lo despojan hasta de la secretaría general del grupo popular en el Senado. ¿Una humillación? ¿Una firme determinación de Casado por acabar ya con el político andaluz más inteligente de la democracia? El lince de Olvera se encuentra en una delicada situación política: o deja la actividad pública o se reinventa, pero ahora mismo solo cuenta con el escaño raso de senador autonómico. Y solo lo tiene garantizado hasta que Susana Díaz convoque elecciones autonómicas, previsiblemente en noviembre. Arenas se encuentra, pues, al borde de su particular precipicio. Casado no se ha molestado siquiera en que el andaluz se encuentre, por lo menos, cómodo. Lo ha puesto en una coyuntura muy delicada de la  que ya veremos cómo escapa. Antonio Sanz, al menos, podrá ir de número uno por Cádiz en las autonómicas, ya que es el presidente del PP gaditano. Quizás Soraya Sáenz de Santamaría haya errado al exigir una integración acorde al 43% de los apoyos conseguidos en el congreso. Demasiada ambición para haber perdido en la segunda y decisiva vuelta. Distinto hubiera sido exigir una participación considerable, la colocación de un par de nombres de peso o una fórmula similar.
Es más, Casado ha estado astuto al negociar por su cuenta la incorporación de seis sorayistas: Marimar Blanco, Carlos Iturgaiz, Sergio Ramos, Pepa García Pelayo, Cuca Gamarra y Alberto Nadal. Casado siempre podrá alegar que en su ejecutiva hay sorayistas. Aunque sea en puestos de segunda fila. Pero los hay.
El puesto asignado a Juan Ignacio Zoido, la presidencia del comité electoral, no es ni mucho menos un gran cargo, ni siquiera de los principales. No nos engañemos: es poco más o menos que simbólico. Sí le servirá, sobre todo, para garantizarse ir de número uno por Sevilla en las siguientes generales, poder luchar por colocar a los suyos (tarea que siempre le ha costado un mundo) y canalizar las peticiones concretas de la Presidencia o adláteres sobre las diferentes listas. Pero nunca se olvide que el margen de maniobra es estrecho, pues a los aparatos provinciales conviene soliviantarlos lo justo con vistas a los procesos electorales. Ningún presidente nacional quiere problemas.
La andaluza Esperanza Oña asume el cargo de defensora del afiliado, que no es más que una pedrea. Poca nuez para tanto ruido, salvo que Casado la quiere tener escondida por alguna jugada a largo plazo…
El presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, no sale, al menos, castigado de la composición de esta nueva estructura, pese a su adhesión inquebrantable a Soraya, pues no le han colocado a ningún andaluz en los puestos principales de la nueva estructura de Génova que le pueda hacer una suerte de contravigilancia desde Madrid. En cualquier caso, su particular congreso (decisivo) serán las elecciones autonómicas. Una cita de puerta grande o enfermería para su futuro político. A Casado no le interesa debutar con un fracaso sonado en su primera contienda electoral. Ha jugado, como mínimo, a no molestar a Moreno, sorayista de larga trayectoria.
El PP de Sevilla tampoco sale cuestionado, por así decirlo, de este nuevo organigrama. Tiene en  el vicesecretario general Javier Maroto a su interlocutor directo. Ha perdido a Javié en Génova, pero al menos no tiene ningún enemigo fuerte, aparentemente, en el organigrama principal. Hoy en Sevilla se ha respirado, pese a “lo” de Arenas. Andalucía, nunca se olvide, estuvo con Soraya o, si acaso, con Cospedal. Pero nunca con Casado. “Andaluz, ésta no es tu ejecutiva”, diría hoy Lauren Postigo.