Los malos aurigas

Carlos Navarro Antolín | 26 de noviembre de 2010 a las 11:55

auriga

Por mucho que un político sonría y se esfuerce en parecer un rey mago los 365 días del año, su propósito de resultar simpaticón y buena gente caerá en saco roto si su equipo se empeña en echar abajo la fachada y dejar ver el interior. ¡Horror! Ahí el político derrapa, se le ven las tripas (las auténticas) y aparece desnudo. “Eres quien eres no sólo por cómo eres, sino por quien eliges como compañeros de viaje. Ellos dicen de tí como si tú fueras el que hablaras”. El peor escenario (ese término que le gusta tanto al politiquerío militante) es el de dejarse acompañar por asesores sectarios, que rozan el talibanismo, que provocan que al jefe le lluevan las críticas por discursos mal escritos, que dividen entre buenos y malos, que toman nota de las obras y dichos de los periodistas como de una nueva brigada político-social con despacho, moqueta y sueldo público, que no dedican las mañanas a trabajar por la ciudad sino a cotillear como sacristanes malos o cofrades con las tardes libres. El político debería fichar buenos aurigas, aquellos hombres que le decían al oído al emperador o al general victorioso las verdades del barquero mientras la masa enardecida los encumbraba en su entrada triunfal en Roma: “Recuerda que eres mortal”. El vencedor llevaba como bastón de mando el cetro de marfil coronado por el águila (¿Sería hoy el No8Do?) y en la otra una rama de laurel o de palmera sobre la cual el auriga, no pocas veces un esclavo, sostenía la corona de oro del más elevado de los dioses. Alguno de los asesores del gobierno local que aún vivaquean por el edificio noble de la Plaza Nueva han sido malos aurigas, muy malos, y se han comportado como verdaderos esclavos, pero de sus limitaciones. Más le valdría al gobernante haber ido solo en la cuadriga en muchas ocasiones. En vez de trabajar por la ciudad, determinados juntaletras consumen las horas opositando a maleteros del nuevo líder, traicionando a quien los puso en la silla y preparando el máster del culebreo para el mandato 2011-2015. Tiempo hay por delante para seguir comentando la nefasta gestión de algunos de estos sectarios a sueldo.

  • No Debt

    Me choca un poco el discurso humanista que despliega en su pasado artículo sobre el paro cardíaco durante el desayuno (el que me trajo a su blog) con ese interés por Roma que muchos compartimos, pero que no deja de tener ciertas connotaciones ideológicas. Me decepcionaría profundamente encontrar en usted, no a un lúcido conservador de la respetable y vieja escuela católica, sino a un fan de Gladiator e Intereconomía.

    Le seguiré con interés y el firme deseo de equivocarme.

    Un saludo.