Una oposición cautiva y desarmada

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2011 a las 10:41

La oposición tiene dos funciones básicas en el sistema democrático: fiscalizar la acción de gobierno y tratar de marcar los tiempos políticos. Para llevar a cabo ambos objetivos es preciso contar, en primer lugar, con una capacidad de trabajo innegable con la que examinar expedientes y más expedientes de los que sacar motivos para dar ruedas de prensa en el Laredo con un cuarto de entrada de periodistas y, en segundo lugar, hacer gala de un sentido de la anticipación que requiere de buenas dosis de sagacidad y reflejos. Lo difícil de hacer oposición es que hay que mantener la tensión con todo en contra, hay que procurar estar en permanente posición de rematar a gol aunque ni de lejos se intuya el balón y hay que estar dispuesto a recorrer kilómetros de desierto sin un pequeño oasis de alivio. “En política no se puede ser menos que concejal de la oposición”, decía hace años uno que hoy está a punto de estrenarse en un puesto destacado de poder en el Ayuntamiento. Los coches oficiales se reducen, la chequera desaparece, te tocan los peores despachos, cuesta el doble en condiciones normales colocar un tema entre los principales titulares y sólo tienes como herramienta la imaginación. Nada más y nada menos que la imaginación.

Cinco días después apareció en los medios quien está llamado a liderar la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla los próximos cuatro años. Juan Espadas compareció en una mesa en soledad. Su partido, que se desangra lentamente por San Jerónimo y hasta por la Macarena, no cuidó ese mínimo detalle frente a un Zoido hiperarropado en una foto de partido en Córdoba a la misma hora. Resultó entrañable oírle hablar de que ahora, justo ahora, se basará en las agrupaciones. Ay, Juan, que de nada sirvieron las alusiones mitineras a Los Michi, Los Vari y todos esos militantes que de siempre han controlado a la perfección el día de las elecciones la lista de los vecinos de los barrios que aún no habían votado. Espadas demostró esos días de campaña saber dónde estaba el peligro cuando daba cariño verbal a esos destacados militantes, pero ellos querían otro tipo de afecto y le cantaron por la Jurado: “Y ahora es tarde, señora, ahora es tarde…” Y parecieron decir aquello tan cruel de que te busquen los votos Mercedes de Pablos y Palomares.

El discurso de Espadas resultó famélico en cuanto a contenido político. Está a años luz del objetivo de marcar los tiempos políticos. Lo de ejercer la oposición mediante las agrupaciones es ilusorio. Lo de canalizar el descontento del 15-M parece de rico venido a menos que aún no se ha enterado de que tiene telarañas en la cartera y quiere seguir viajando en primera. Sí dijo una frase muy interesante: “Después de la derrota (electoral) toca un análisis y cambiar lo que haya que cambiar”. Hay veces que sale más barato llamar a Derribos Pavón y levantar una casa nueva. Porque si es este el debut de la oposición, cautiva y desarmada, asistimos al nacimiento de una Téofila, un Torres Hurtado y un Perico, pero al sevillano modo.

Y conste que Juan Espadas no tiene la culpa en exclusiva del desastre del 22-M. La que más tiene que decir sobre la debacle sigue escondida tras el burladero. Qué pena que ya no está Rafael Velasco para echarle la culpa.

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