Monteseirín y la importancia de saber ser un jarrón chino

Carlos Navarro Antolín | 9 de junio de 2011 a las 12:49

A los políticos se les llena la boca cuando refieren la lealtad institucional, el sentido de Estado, la mayoría de edad democrática o la altura de miras en sus mil y una cuitas cotidianas. Bla, bla, bla. Son argumentos manidos, empleados en la mayoría de la ocasiones en defensa propia más que por convencimiento. No se entiende que quien ha estado doce años en un cargo no acuda a la toma de posesión de su sucesor. Alfredo Sánchez Monteseirín debe estar en el Salón Colón en la tarde del sábado. Representa un período de la ciudad, con sus luces y sombras, pero lo representa. Es quien más años ha ostentado el bastón de alcalde. La democracia se nutre también de los gestos, las fotografías y los apretones de mano que simbolizan la continuidad, la naturalidad y el triunfo del sistema por encima de las personas. Los ciudadanos deben ver que detrás de un alcalde viene otro. Así, sin más. Se trata de una escenificación importante. Los votantes deben percibir que tan natural es llegar como irse, que el gobierno y la estabilidad están asegurados como valores supremos por encima de nombres y apellidos. No valen excusas hueras. Monteseirín no ha salido derrotado de las elecciones, no ha de temer ningun escarnio público o sordo. Argumenta que no tiene ningún papel que ejercer en el Pleno de constitución de la nueva corporación. Inexacto. Le corresponde una butaca en la primera fila, sentarse, mirar y escrutar para sus adentros.

Los ministros entrantes y salientes se hacen siempre la foto de entrega de carteras. Es un rito del que se beneficia el sistema. ¿Le parece poco al alcalde saliente? Monteseirín tiene que estar, simplemente estar. Por respeto a la ciudad y a sí mismo. Y debe ser tratado esa tarde con toda la dignidad que merece por los nuevos gobernantes. Ese sentido de la lealtad institucional que Monteseirín tantas veces le ha reclamado al PP en los últimos cuatro años, es precisamente el mismo que él se debe aplicar. No porque tenga que entregarle el bastón de alcalde a Zoido, función que corresponde al presidente del Pleno en contra de quienes han visto demasiados largometrajes americanos, sino porque la película de la ciudad se rueda en una sesión continua y no deben faltar los principales personajes. Dicen que el pasado es como un jarrón chino. Está para ser admirado, pero no se debe tocar porque se hace añicos. Pero el jarrón chino está. En su vitrina, con una capa fina de polvo, con sus dibujos de dragones con la lengua fuera. Pero está. Y el día que falta siempre hay más de uno que lo echa de menos.

Unos vienen y otros van. Los maceros, siempre están. Son los únicos fijos.

  • Calle_Ancha

    Monteseirín, en el más dificil todavía, consumado el acto de toma de posesión del nuevo alcalde de Sevilla, pasa ahora por ser, el de la indigna ausencia, porque digno como pocos actos democráticos es traspasar el bastón de mando, y más si cabe cuando no es de tu partido el nuevo representante de todos y todas.

    Que razón tienen los indignados de las SETAS con los dirigentes políticos, sumar el alejamiento de los ciudadanos , el distanciamiento de los gestos democráticos, ES un plus en el purgatorio que le espera al PSOE. Al tiempo.

    Salud.