Una sentencia vergonzante

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2011 a las 14:23

Al que discrepaba o se negaba a acatar las órdenes del señorito, se le arrinconaba, quedaba orillado y, en el mejor de los casos, se le practicaba una modificación sustancial de las condiciones de trabajo de tal forma que cobrara lo mismo, pero con los brazos caídos, castigado a estar sin funciones, dejándole tiempo suficiente para mortificarse con el tic-tac del paso del tiempo. Ahí te quedas, en la cuneta, para no entorpecer el tráfico. Porque el tráfico era vital. Más aún si se trataba de bicicletas. El Juzgado de lo Social número 6 ha dictado una sentencia que deja temblando ciertos principios, que deja en evidencia a quien cree en los sindictados, en unas condiciones laborales dignas, en un concepto del trabajo como fuente de bienestar. La sentencia que da la razón a la ex directora de las Oficina de la Bicicleta debe provocar el sonrojo en un político como Antonio Rodrigo Torrijos (IU), de marcado perfil sindicalista. Esta vez no hay derecha involucionista a la que echarle la culpa. A no ser que los jueces sean fachas, retrógrados y miembros del tea-party. Claro, en tal caso todo cambia. Ya se sabe que todo es según el cristal con que se mira. Incluidas las sentencias. Faltaría más.

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