Sin melva y a bordo del ‘Air force Juan’

Carlos Navarro Antolín | 30 de junio de 2012 a las 5:00

SE bajó del avión y vendió la piel del oso. Porque en política hace tiempo, mucho tiempo, que se trata de vender. Ni siquiera una mala gestión debe impedir una buena venta. Si encima el resultado es objetivamente el perseguido, pues ocurre lo del pipí y la lata. Que ya se sabe que el resultado es la música. Si la ensaladera de la Copa Davis llegó en barco, el triunfo ante la Unesco lo hizo en avión, en una suerte de Air Force Juan (Ignacio) al que sólo le faltaba el número 20 grabado en la proa. Zoido admitió que las pasó canutas en San Petesburgo cuando nada más comenzar la sesión fue exhibida una fotografía de la Torre Cajasol cerquita de la Giralda. “Esa hora y media no me la quita nadie”. Lo dijo en la sala de autoridades del aeropuerto como lo pudo haber dicho en la Plaza Nueva, pero había que revestir el acto de la liturgia del triunfo. Todo proyectado para mayor honor y gloria del alcalde. Y para meterle el dedo en el ojo a la oposición, cuyo líder, Juan Espadas, no fue a recoger al alcalde, como anunció que haría si lograba el fruto deseado. Alguien le preguntó en la rueda de prensa: “¿No ha echado a nadie de menos al pie de la escalerilla?” Hubo muchas risas. En público dijo que no, que no esperaba a nadie. En privado confesó lo inconfesable: “En San Petesburgo no hay melva”. Ni estaba Gregorio Serrano para compartirla. Hasta cuatro veces aludió a la debilidad de Sevilla antes de comenzar el cónclave de la Unesco. Pero, claro, el alcalde rescató a Sevilla del agujero negro, negrísimo, en el que se hallaba. “Yo soy el alcalde y tomo las decisiones necesarias para defender a la ciudad”. Para eso debe funcionar el talento. Huy, la palabra tabú desde hace dos meses…

El alcalde compareció con solemnidad junto al que ya muchos conocen como el reverendo Maxi, delegado de Urbanismo, y Marcos Contreras, vicepresidente de Cajasol. A alguno se le debió olvidar la gillete y restaurarse el rostro antes de bajar del avión para no parecer recién llegado de un cotillón. Aunque alguna lengua afilada decía que la compañía que llevaba el alcalde no era precisamente para ir de tablaos flamencos. Zoido sólo se tomó un café cortado, como cuando visitó el Hotel Alfonso XIII en su reapertura. Atrás quedaron los tiempos de la selecta bollería en la sala de autoridades del aeródromo San Pablo. Ayer sólo había agua y café. Sería por los efectos diuréticos de ambos, ya que la cosa iba de hacerlo en la lata.
Estaba cuidado hasta el atril que abrazó el alcalde durante su alocución. Dos ordenanzas lo llevaron a primera hora de la mañana al aeropuerto. La liturgia de la victoria exigía el atril con la heráldica del Ayuntamiento. Estaban las banderas oficiales. Yuna gran cantidad de agentes de seguridad de los distintos cuerpos. El alcalde saludó uno a uno a los policías locales,policías nacionales y guardias civiles presentes en el acto. Para eso fue delegado del Gobierno y sabe lo que supone esa atención personalizada. El vicepresidente de Cajasol se iba a marchar en el coche del delegado de Urbanismo, pero el alcalde le pidió que regresara al casco urbano en el suyo. El espectáculo, la entrada triunfal, había terminado. En la pista se quedó el Air Force Juan, convertido en un talismán, a la espera de nuevos destinos. Con o sin melva. Pero siempre con esa música efecto del pipí y la lata. Café y agua.

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