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El berenjenal del Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 21 de noviembre de 2012 a las 5:00


La última asamblea general del Ateneo resultó ser un gallinero. Las heridas abiertas por la crisis de los Melchores siguen sangrando. La institución está decadente hasta el punto de que la sesión duró cinco horas como consecuencia de las continuas interrupciones, llamadas al orden, quejas, disputas personales, expulsión de asistentes que no eran socios y repetidos conflictos porque no coincidían el número de votos con los presentes en la sala. La grabación de la asamblea revela mil y un detalles de todo lo que ocurrió. Un caos. La clave de fondo estriba en que una plataforma de más de 150 ateneístas, de acuerdo con los estatutos vigentes, había presentado días antes la solicitud de convocatoria de junta general para acordar el cese de la actual junta directiva y la convocatoria inmediata de elecciones. La actual junta, que preside Alberto Máximo Pérez Calero, consideró que la solicitud no era adecuada (faltaban, dicen, los documentos nacionales de identidad, entre otras supuestas irregularidades), pero aún así decidió llevar la petición al orden del día de la junta. La plataforma se negó a que se votara su petición, alegando que se trataba del ejercicio de un derecho estatutario y que, por lo tanto, no era susceptible de ser votado.
Se lió parda en este punto. Y en casi todos. La noche empezó con una embrollada discusión sobre el número de votos delegados, el número de presentes y hasta el número de los asistentes que habían delegado su derecho a sufragio pero que finalmente se personó en la sede de la calle Orfila. Un enredo. Hasta la presencia del fedatario público fue discutida por algunos ateneístas. La grabación da cuenta de un diálogo a voces y crispado por esta cuestión:
–¿Qué hace aquí un notario, señor presidente?
–Lo hemos creído conveniente para levantar acta en caso de incidente.
–¡¡¡Para levantar acta ya tenemos al secretario general!!
Y siguió el revuelo. Perdón, la asamblea. Acto seguido, una joven que acompaña en la sala a la hija de un alto cargo de la junta directiva es “invitada” a abandonar el lugar porque se confirma que no es socia. La afectada se marcha airadamente. El notario sigue mientras tanto comprobando el número exacto de asistentes. Una labor de chino en la que seguro que recordaría sus años de paciente opositor. La asamblea se desmadra. Las cifras bailan. Se pide la suspensión. El presidente grita. Parece que el notario amaga con marcharse. Alguien afirma: “¡El notario no puede dar fe de algo que se va a votar y no se sabe cuántos y quiénes vana votar!”
Un asistente –conocido catedrático de Universidad– pide la resurrección del espíritu ateneísta para calmar los ánimos. Vano intento. El notario aconseja un receso y se suspende la sesión durante casi media hora hasta que se comprueba el número exacto de asistentes y de votos delegados. Tras la reanudación, la trifulca retorna a cuenta de las propuestas presentadas por varios ateneístas relativas a diversos puntos del orden del día. El presidente asegura que desconoce el asunto. Se oyen quejas. Un ateneísta –ex presidente de un importante colegio profesional– asegura que esas propuestas se deben debatir en ruegos y preguntas. “¡Aquí no es infalible ya ni el Papa!”, dice en medio de la discusión. Otros ateneístas hablan de “incumplimientos garrafales de los estatutos”. “¡Vamos a colaborar con el presidente!”, se ruega desde la mesa para aprobar las cuentas. Hay quejas porque el secretario general del Ateneo se ha reído tras la votación en la que ha ganado con claridad la posición defendida por la mesa: “¡Nadie de la mesa debe reírse, señor presidente!”
El punto máximo de tensión se alcanza con la votación sobre la petición de asamblea extraordinaria. El promotor de la plataforma, Anselmo Valdés, expone que no procede la votación, puesto que la convocatoria de asamblea es automática siempre que lo pidan por escrito un número superior al 10% de los socios. La mesa le responde que las firmas presentadas no son legibles y que ningún ateneísta ha confirmado su rúbrica, pese a que se han enviado cartas con tal finalidad. Valdés lee varios preceptos de los estatutos y, al final, recuerda el artículo primero, que dicta que “el Ateneo es una asociación cultural, científica, literaria y artística de carácter libre, independiente y plural”. Le contestan, entre otros, el presidente de una asociación profesional, que admite que no conoce los estatutos, que ni es abogado ni entiende de leyes, pero aún así opina que la asamblea es “soberana” y que se debe votar. Los soberanistas no están sólo en Cataluña, por lo que se ve. Otro ateneísta considera que la plataforma opositora ha cometido “delitos flagrantes” al haber enviado cartas pidiendo firmas. Se recuerda que el Ateneo ha puesto una denuncia por el supuesto hurto de datos. El berenjenal es tal que se pide la intervención del notario, que aduce que sus cometidos son los que son. La grabación revela en esos momentos las siguientes intervenciones cruzadas entre partidarios de la actual junta directiva y opositores: “¡Tengo yo la palabra y si quiere me insulta!”, “¡Aquí se saltan las leyes y no pasa nada!”, “Aquí hay una persona que necesita tratamiento rápido”, “El presidente es honesto, excesivamente honesto”, “Al presidente lo han puesto a parir en una entrevista radiofónica con acusaciones sobre maniobras ocultas”, “Esto no es ningún golpe de Estado, sino el ejercicio de un derecho estatutario”, “Señor notario, sepa usted que está participando en una falacia absoluta”, etcétera.
La votación finalmente se celebra sobre este polémico punto del orden del día y, al igual que todas, gana la posición de la actual junta directiva. El secretario, al preguntársele por su voto, exclamó: “¡No me voy!” Se jactó así de permanecer en el cargo, pese a las maniobras para conseguir el cese de la actual junta, un intento que está ya en manos de la Justicia. (A este respecto, el lunes pasado se celebró el acto de conciliación en el juzgado número 18 de Primera Instancia de Sevilla. El presidente de la institución, de acuerdo con sus asesores jurídicos y tal como informó en la asamblea, defendió ante el secretario judicial su decisión de no acceder a la petición).
La grabación recoge el revuelo que se forma cuando muchos de los opositores se marchan. La junta general acabó de madrugada, luego de votar el acceso libre a la caseta de Feria con motivo del 125 aniversario de la institución, pues hasta ahora sólo accedían quienes pagaban una cuota de 600 euros. El presidente cerró la sesión alabando el “ejemplo de democracia” dado por el Ateneo: “Vosotros, socios, habéis hablado, y la mayoría votante ha validado a la actual junta directiva”. Pérez Calero se lamentó: “Durante un año hemos estado aguantando, como se dice en esta Sevilla nuestra, carros y carretas…”

  • juan tomás de aragón salaya

    lo lamentable de todo esto, es que esta sociedad sevillana y socia de la institución, se limite a ver pasar la degradación de la docta casa, así somos la mayoria de los sevillanos.

  • masclaroagua

    Pase lo que pase en el Atenero, sólo pido que no destituyan al Secretario, que hacemos muchas risas con él cada vez que exige que le llamen “Doctor” y habla de sí mismo en tercera persona…

  • Aguador con Gas

    Este ¿señor? Valdés ya intentó ser alguien en el Betis de Lopera, peloteándolo todo cuanto pudo sin éxito alguno. Ahora, en el Ateneo, el tiro parece haberle salido también por la culata. Que estén atentos en las hermandades o en los equipos de presidencia de la Plaza de la Maestranza mismamente porque la voracidad de este hombre por un puesto le puede llevar a todo.

    Anselmo, te presentas a las próximas elecciones y que gane el que más votos lleve: así de fácil.

  • ludovico

    Yo no se que interes tiene el Sr Aragon Salaya en este negocio,pero tanto si esta dentro como si quiere entrar,ruego encarecidamente que alguien haga algo para impediserlo.Pregunten por su gestion en bomberos de sevilla

  • andalusito

    La presencia del notario hace la escena muy apropiada para la composición de una ópera bufa que inmortalice el suceso, pues es personaje muy habitual en el género. El propio Ateneo podía convocar un concurso. Me imagino una página rosiniana en la que todos los cantantes cantan a la vez “in crescendo” y con ordenado desorden. En el Consejo podrían hacer otra, estilo Cavallería Rusticana.

  • Ilusion Jacinto

    Este SEÑOR Valdés es otro de los más de 150 ateneistas que han pedido y apoyado que se cumplan los estatutos de una Asociación Cultural que se nos muere.

  • ateneodelocos

    Que fácil es hacer comentarios maliciosos sobre las personas sin conocimiento. Que proceder típico de esta sevillania que nunca nos llevará a nada. Que gusta decir sin saber, sobre todo desde el anonimato. Este SEÑOR Valdés es el único que ha sido capaz de mover lo que se cree inamovible. Por cierto, en las hermandades… informes antes de ser malicioso buen hombre, ya que una mujer sería incapaz de actuar así.

  • Ignacio Luengo Pérez

    El Ateneo de Sevilla es una institución muy a la “antigua usanza”: aristocrática, nada abierta, señores que miran por encima de las gafas, muy pocas ideas en cuanto actividaes, rutinario, muy de tela adamascada y flexo antiguo, muy a lo José María Pemán… Al criticarlo pienso en el de Madrid, abierto, multidisciplinar, multisede, … mucho que cambiar, incluído el plan de actividades.