Los 5.000 naranjos de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 11 de agosto de 2014 a las 12:59

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, visita el parque Vega de Triana
¿Qué mal han provocado los árboles a unos políticos que en tan baja estima los tienen? ¿Qué sombra le ha negado un naranjo a Monteseirín o a Zoido? ¿Acaso se la han negado un olmo, una palmera, una jacaranda, un laurel o un plátano? ¿Sienten celillos de los estorninos de la Plaza de Cuba, de los gorriones de Nervión o de los vencejos de la Catedral? Tan sólo Soledad Becerril cuidó de esos grandes desprotegidos que son los árboles, por eso y por muchas cosas más es una dama de la política andaluza con proyección y prestigio verdaderamente nacional y no esa proyección low cost que ahora se vende de alguna con mando en plaza, pero un low cost en plan turista tieso que llega a Sevilla con mochila y botellita de agua, que son los que ahora llegan tras haberse disipado los cruceros como una gaseosa de chiringuito. Los árboles envidian al lince y al velador, los grandes referentes para el PSOE y el PP, respectivamente. No hay árboles para dar sombra a Sevilla más allá del bosque animado de un Ayuntamiento atufado ya de electoralismo. No hay árboles que alivien los andares en esos grandes espacios moscovitas, duros, grises, feos y convertidos en exaltaciones del vacío que nos dejó el urbanismo socialista y alejandrino, de Alejandro, no de la estrofa. Los árboles no están en las prioridades reales de ningún gobierno, pese a que ofrecen sus ramas a las aves, su perfume a los viandantes y su sombra a ciertos pájaros… ¿Qué le hicieron los árboles a Monteseirín, que los taló en el Prado, en la Avenida y en Ramón Cajal, por poner sólo tres ejemplos? Zoido prometió en 2010 nada menos que cinco mil naranjos en un plan de reforestación urbana para evitar el efecto “isla de calor” de Sevilla. Eso dijo. Quedan nueve meses mal contados para las elecciones y por mucho que miramos y miramos no nos salen las cuentas de los árboles nuevos. En el templo de apertura perpetua de San Onofre hay que entrar a suplicar que algunos de esos cinco mil naranjos, bien frondosos, sean plantados en la Avenida, donde se entra blanquecino por la Puerta de Jerez y se acaba salmón en la Plaza Nueva. El entonces candidato del PP a la Alcaldía proclamó que la tala de un árbol requeriría de la firma del alcalde. Mire usted, señor Zoido, bastaría con que la firma del alcalde sirviera para poner algo de sombra en esa inhóspita Avenida de la Constitución, convertida en un video-juego donde el peatón sortea ciclistas, mesas, sillas, banderolas, coches procedentes de Alemanes y peticionarios de firmas para causas humanitarias; en la calle San Fernando, en la Plaza de Armas, en la gran explanada que recibe a los viajeros del AVE y de otras líneas de Renfe y en tantos y tantos metros cuadrados de superficie de esa desangelada Isla de la Cartuja, a la que Monteseirín quiso convertir en un nuevo distrito de la ciudad. Zoido también dijo que por cada árbol talado habría que adquirir el compromiso de plantar cinco. Bastaría, alcalde, con un árbol nuevo por cada nueva licencia de velador, pero entonces Sevilla sería no ya una ciudad con sombra, sino una urbe sin sol. Pocos árboles hay en Sevilla para tantísimo pájaro.
VIRGEN DE LUJAN

  • francisco

    una avenida como virgen de lujan con el acerado ancho que tiene sin arboles parese un desierto de la calor, a pero ponen algunos masetones que valdran un ojo de la cara como en los remedios que no valen para nada los arboles tienen que estar en el suelo con su buena tierra no en masetas que valdra 3000 euros mas la comision; buscar algun acesor u hombre de campo.

  • FERMÍN

    Sobran parajes desoladores en esta ciudad. Más árboles. Sí señor.

  • laureano

    Sombrerazo por el pedazo de artículo. Soy un asiduo de La Caja Negra. Fui alumno de su padre y ahora soy lector de Usted. Larga vida a ambos y a mi también para poder seguir leyéndolo.

  • rafaeliz

    Efectivamente los arboles, son prescindibles en una ciudad como Sevilla, y la tala no solo es arbitraria si no que la reposición brilla por su ausencia. Ejemplo. Tala de 14 olmos en c/ Campamento, de mas de 20 años de antigüedad y altura hasta un tercero.
    Por casualidad necesitaban reorganizar un acerado que estaba de tierra. Aprovecho para “apear” los 14 olmos, alegando riesgo de caída de ramas sobre personas y vehículos y planto unos arbolitos que a ver si agarran. Después de 4 meses de esperas en Parques y Jardines, estaban muy sorprendidos de que un vecino pidiera información sobre los apeos, y de varias largas cambiadas, me recibe un funcionario que confiesa que ni tienen presupuesto para talar, lo que provoca caídas, ni para replantar, y que hacen lo que pueden. ojú ! De manera que ante el “riesgo” de caída, sin mas licencias ni procedimientos, al suelo con ellos! Y así nos luce el arbolado, pero sin en vez de un ciudadano cada vez que se corte un árbol se pidieran explicaciones, quizás le prestaran mas atención, y cambiarían una norma arbitraria, y pondrían mas medio para reponer. El funcionario proponía la cacareada “iniciativa privada” para que cada uno “apadrine su árbol” lo cual no me parece mal. A no ser que a la mayoría le importa su sombra, como su alma, ósea nada o casi nada. Así los arboles replantados en Campamento hoy languidecen, ante sol, y agresiones de los dueños de los bares que reclaman mas sitios para veladores. Veridico oiga.! Así habrá historias en toda Sevilla, donde la tala y no reposición es lo normal, ni presupuesto, ni medios, ni ganas…

  • jesusdevicente

    Nadie puede negar que los más de 30.000 naranjos que hay en las calles de Sevilla forman parte de paisaje urbano. Los visitantes que viene cuando la fragancia de azhar llena las calles se llevan un recuerdo inolvidable.Cando vuelvan a oler azahar, recordarán su vista a Sevilla.Hay que decir que no es el árbol mas adecuado para para una urbe y por su porte bajo para dar sombra y por la problemática de la recogida de la naranja. Su uso se debe limitar a acerados estrechos de 4 metros de ancho.

  • Phoenix

    Muy buen artículo y verdad como un templo. Si Zoido cumpliese lo que prometió no sería un alcalde sevillano…

  • José María

    Veladores, señores lectores, veladores. Esa es la palabra mágica del desarrollo local, el I+D sevillano, que el Sr. Alcalde, su fiel escudero y posible sucesor don Gregorio Serrano, así como la mejor delegada de distrito que Los Remedios -doña Carmen Ríos-ha tenido en los últimos tres años -ya que ha sido la única- van a ponernos como nos descuidemos en Virgen de Luján y aledaños. Desean que los jóvenes trabajen como camareros de los europeos que nos visitan en el noble oficio de camarero, pero en bares de autoservicio con servicio de megafonía para que el cliente acuda a recoger su consumición. De paso, piensan estos tres munícipes al que le podemos añadir un cuarto como es don Beltrán Pérez por aquello de la participación, entre botellón y botellón en el campo de la feria para que los vecinos no puedan ni dormir, que se ganen unos euros para no depender tanto de la familia. Así pues, aceras anchas y ausencia de árboles, velador seguro y si éste genera ruido y más ruido, mejor. Se fastidien los vecinos.

  • No a la destrucción

    Enhorabuena y gracias a Don Carlos Navarro Antolín. Es un placer leer un artículo, no sólo magníficamente redactado, sino también cargado de datos con fundamento y, por desgracia, que dice verdades como puños.

    El PSOE comenzó una labor escrupulosa de destrucción de los árboles de esta ciudad. Zoido ha pasado de manifestarse contra la tala de los jardines del Prado a robarnos los Jardines de Altadis y llevar de manera sistemática una política de conversión de Sevilla en el desierto de Gobi. Nos sentimos engañados por el escrupulodo plan de Zoido cuyo único fin consiste en hacer de Sevilla una réplica de la Magaluf mallorquina, sin calidad de vida, chabacana y ruidosa. Los sevillanos tenemos ojos y oídos, sus engaños saltan a la vista y rechinan en nuestros oídos por toda la ciudad.