Tapas a un euro: volver a ser lo que fuimos

Carlos Navarro Antolín | 15 de octubre de 2014 a las 12:03

tapa un euro
Hubo un tiempo en que se despachaban tapas de ensaladilla a 25 pesetas en un bar de Los Remedios que se llamaba Tendido 5, en la calle con nombre de monja que tenía ambiente de pequeño infierno las noches de los sábados. La orza donde se guardaba aquella masa compacta de patata con abundante mayonesa y alguna lámina de atún extraviada recordaba necesariamente a los pollos de Simago. Por cinco duros de los antiguos se obtenía derecho a un cucharón bien despachado de aquella vianda, rebosante en el platillo y con escolta de dos picos gordos. Con un poco de suerte no había que arrascarse al día siguiente ni los antebrazos ni las corvas. Todo había sido digerido con éxito, prueba superada y hasta el siguiente fin de semana. Pasaron los años, llegó el euro y entró la locura. Quién no ha visto y aún sigue viendo tapas a cinco euros porque sí. Porque lo valen, sabe usted. Y se han pagado. Hay gente capaz de pagar cuatro o cinco euros por una tapa como hay gente capaz de comer esos rulos de queso frito, que luego pasa lo que pasa y los rulos siempre cantan en los análisis de sangre.
-Usted ha ingerido un excesivo número de rulos de queso frito y tiene que dejarlo inmediatamente. Son malísimos.
La consumación de la locura llegó a los menús de Navidad, donde lo normal era gastarse hasta 60 euros, diez mil pesetas del ala. Y algunas veladas hasta con actuaciones incluidas. Quien no aceptara semejante dispendio era tenido directamente como de la UGT, por lo del puño cerrado, que por lo demás no es buen ejemplo de austeridad, precisamente. Aún se recuerda el cruce de jamones como regalos personales en algunas cenas de instituciones que hoy están sufriendo para pagar el recibo de la luz. Los regalos también pasaron a ser bonos de viajes, sesiones de masajes y demás chirimbolos al alcance de cualquiera con un simple tarjetazo. No renuncie, usted puede permitírselo. Todo valía antes que sentirse señalado por no aceptar la nueva liturgia. Hasta hubo un caso de un padre que, cautivo de los delirios de grandeza de aquellos maravillosos años, propuso un fin de semana en una casa rural como regalo colectivo de fin de curso para la profesora. Todo se infló hasta dejar el billete de 20 euros en un papel mojado. El rulo de queso era el símbolo del esnobista que mejor resumía esos hábitos, la seña de identidad de quien despreciaba los usos de siempre, la orillada moderación, la denostada mesura.
Hoy se topa uno con mojones que son un aldabonazo, mojones urbanos que indican lo efímero de algunos hábitos, pizarras abatibles que cantan el retorno a los precios que perdimos. Hoy volvemos al cucharón y paso atrás. Tapas a un euro. El mojón informa de la corta distancia que hay entre lo sublime y lo ridículo, entre aquellos excesos de tapas a cinco euros y el reajuste obligado que vuelve a convertir en publicidad el despacho de tapas por solo uno. Sólo queda por saber si a la mañana siguiente hay o no que arrascarse. Pero ahí radica, en parte, la emoción que nunca debió perderse. Ni mucho menos despreciarse. Y nunca orillarse. En la ciudad de los cuatro mil bares, demasiados se emborracharon en la primera taberna.

  • pantojero

    La locura del desfase de los precios en los bares y en la hostelería se lo habemos facilitados todos nosotros al menospreciar a la peseta y pensar en euros sin saber o sin querer saber su valor en pesetas Lo de la hostelería no lo comprendo todavía el desfase que ha habido y que no tiene mas remedio que rectificar y volver atrás .Si usted se fija bien la materia prima de que están echas las mayorías de las tapas que se ofrecen en los bares valen e incluso algunas hasta menos que cuando existía la peseta solo que antes valían las tapas cuatro veces menos de lo que valen hoy .Ha tenido que venir la crisi para darnos cuenta de lo que es un euro y darle el valor real que tiene .A quien le iban a decir a los profesinales de la hostelería y a los creadores de grandes eventos de que un menú para una boda normalita iban a cobrar como minimo 70 0 80 euros por persona y cualquier boda cobrar como minimo 3 millones de pesetas .Hasta ellos mismo no se lo creen Por eso esta cristi que esta azotando amuchas gentes nos va aservir para poner bien los pie en el suelo

  • paco

    Cuando Aznar nos metió en el euro, su gobierno contrató publicidad en prensa con el lema “Con el euro, los precios no tienen por qué subir”. Lo que en realidad quería decir esa publicidad es que iban a subir y mucho, y que la culpa no era del gobierno, sino de la “lógica del mercado”. Eso sí, los sueldos de los trabajadores no subieron. Así nos encontramos con que nuestros precios son como los franceses, pero nuestros sueldos son la mitad que los franceses: tenemos un poder adquisitivo por los suelos.
    Te vas a un supermercado en Limoges y los precios no te llaman la atención, son similares a los de aquí, pero resulta que el reponedor y la cajera de ese super ganan 1.400 euros al mes por convenio, mientras que en España ganan 800 o menos. Es escandaloso, pero a los partidos mayoritarios les parece normal y aceptable, porque no hacen nada contra esa situación cuando gobiernan.