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La jubilación del ‘decano’ del Nervión

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2015 a las 5:00

lozano
La enseñanza pública de los años noventa no estaba siempre masificada. Aún no se hablaba de las ratios, el sintagma nominal sujeto ya hacía estragos, las Ciencias Naturales aún no eran el Conocimiento del Medio y los profesores (luego bautizados como docentes en la despersonalizada terminología al uso) aún generaban un respeto entre los alumnos por el mero hecho de ser eso: los responsables de transmitir valores y conocimientos. Las políticas de educación que igualan lo inigualable todavía no habían modelado en barro los pies de los maestros para fortalecer (debilitar, en realidad) la figura del alumno. En ocasiones había clases de diez o doce alumnos por efecto de la pérdida de atractivo de las humanidades frente a materias aparentemente con mayor salida laboral de cara a ese futuro que aguardaba tras el extinto COU y los cuatro o cinco años de una carrera (antes licenciatura, ahora grado en el Lampedusa de la educación).

Algunos tuvimos el privilegio de recibir clases de Literatura en el Instituto de Educación Secundaria Nervión en un grupo tan reducido que era casi como estar en un aula de mesa-camilla. El Nervión es aquel centro fundado en los años ochenta que descargó las aulas del viejo Martínez Montañés. Enseñar hoy en el Nervión está muy cotizado, pues se exige un número de puntos tan elevado que suelen llegar profesores con más de 50 años.

Sólo en los grupos reducidos se puede dar con mayor nitidez esa hermosa conjunción de recibir conocimientos sobre la vida y obra de escritores y esos valores que ayudan a la forja del espíritu crítico, tan útil en la vida como la tabla de multiplicar. Mañana se jubila un profesor con casi 40 años de dedicación a la enseñanza: don Rafael Lozano Bravo, forjado en las aulas de la vieja Fábrica de Tabacos, en la primera promoción de Filología Hispánica (1973-1978) junto a su amigo Juan Manuel Infante Moraño, hoy también en el Departamento de Lengua del mismo centro. Hace más de veinte años que no nos vemos. Lozano es el decano, el profesor que más años lleva en el centro.
Pero no se puede olvidar la deliciosa experiencia de sentarnos en dos o tres mesas a recibir sus clases de Literatura y a esperar sus comentarios sobre la actualidad y, en general, sobre la vida tan larga que teníamos por delante. ¡Cómo olvidar aquella charla sobre la política y el sentido común! Una conversación que sigue estando de plena actualidad. El profesor Lozano enseñaba Literatura y adiestraba en el saber polemizar, en analizar los textos, en buscar las tesis principales y los argumentos de defensa.

En aquel instituto público había otros grandes profesores, como Ángel Álvarez, de Historia (“Los soldados de Napoléon llevaban las ideas revolucionarias en sus mochilas”); Neftali Santos, de Geografía e Historia (inolvidable las explicaciones sobre la trama urbana de las ciudades o la excursión al polo químico de Huelva); Manoli Ramírez, de Arte (“Repasad bien el canon de las siete cabezas para Selectividad”); Luis Navarro, de Matemáticas (el primero en usar ticero para enseñar la trigonometría); Dolores Arias, Gracia Sánchez y Ana Prieto (“¡Que se nos va la pascua, moza!”), de Lengua y Literatura; Dolores Blanco, espléndida profesora de Filosofía; Olga Zimerman, alegre profesora de Inglés;Oscar Tosato, de Educación Física, que acaba de cumplir los 50 años en Los Estudiantes; Francisco Guijarro, el rigor en todas las disciplinas de Biología yGeología; los canónigos Ángel Gómez y Eduardo Martín Clemens, de Religión. Y hasta un profesor de Latín, don José Bellido, que alertaba de los riesgos de quedarse in albis en los exámenes y formulaba una advertencia al principio de curso para evitar equívocos y desahogos: “A mi se me habla de don y de usted”. Aquellos años despachaba en la cafetería un señor amable y eficaz llamado Sergio Rodrigo Torrijos, unos apellidos de los que me he seguido acordando tantos años después por la actualidad municipal.

Una sociedad que orilla y debilita a los profesores, que los reduce a evaluadores de materias cuando no los coloca en la posición de ser evaluados por alumnos ventajistas y padres crecidos, es una sociedad que no funciona y que incurre en la insensatez de no invertir en el valor más preciado y a más largo plazo: la educación. Hoy se jubila un profesor que ha enseñado algo aún más importante que la mejor Literatura española: ha enseñado a pensar, a discutir, a enfrentar ideas. Y eso no necesita ni de discursos grandilocuentes de políticos, ni de tabletas digitales lanzadas como placebos desde la carroza del poder político, ni de cambiar el nombre de las materias para que todo siga igual. Necesita de maestros con vocación, discípulos con interés, tiempo, dos o tres mesas y alguna tiza. Quien lo probó lo sabe.

  • Raúl

    ¡Qué alegría despertarse con una noticia relativa al “insti”! En aquella época (soy de los que estrenamos el edificio, en el 86), me encontré con excelentes profesores que además de conocimientos, te ayudaban a desarrollarte en otros aspectos (responsabilidad, espíritu crítico, etc).
    Hoy, x años más tarde, queda la sensación de GRATITUD, para esos profesores que se mencionan, además de otros, como Vicky, Ana Rosa o Juan Ocaña.

  • Marta Olias

    Pedazo de profe que tuvimos. Siempre me quedo con su ¡¡Tempus fugit!! que nos decía.Una pequeña observación al autor del blog; se te olvidó mencionar al magnífico Don Juan Ocaña, profe de Geografía e Historia.

  • josemi

    Que buenos momentos y que suerte tuve en tener como profesores a muchos de los que has nombrado.Muchas gracias a todos.

  • ElRetornoDeLaDiosa

    Estimado Don Navarro,
    me alegro de leerle una vez más, y más en esta ocasión donde alaba aquellos que le enseñaron tantas cosas para su desarrollo. Sin embargo, he de inquietarme por tremenda crítica exponiendo los logros del pasado frente a los actuales. En muchos de sus puntos usted ha elogiado las maravillas de la eduación básica de hace unas décadas. Pero es eso, hace ya más de veinte años… Es curioso, por que a mis 24 años, yo he pasado por lo mismo que usted, y también reniego de aquellos mediocres que no entendieron la formación y educación que recibían.
    Al parecer, esto va más allá de los matices de las políticas educativas. Esto forma parte de la propia educación… Algunos la aprovechan, otros sólo es un medio, otros ni se enteran…
    Mi solución: quitar la educación obligatoria hasta los 16 años y ponerla hasta los 12. El que vaya a entrar en la ESO, que sea eso, educación secundaria…

  • Silvia de Oliveira

    ¡Yo también tuve la suerte de ser su alumna!!

  • Manuel

    Muchos profesores de esa lista me dieron clase, y me considero afortunado por ello, pero te has dejado en el tintero al profesor D. Buenaventura Pinillos, quien le da nombre a la calle del instituto en la actualidad, de una calidad humana impresionante de quien tuve la fortuna de recibir clase en su último año.

  • Ex-alumna en los 90

    Tuve la suerte de estudiar en el IB Nervión. Dos profesoras que no aparecen en esta lista, Carmen Vilela (griego) e Isabel Díaz Regañón (inglés) marcaron mi camino. Ahora soy yo la profesora, y las llevo siempre en mi mente.
    Don Ángel, de Historia, otro gran profesor.

  • Fernando

    Gracias a Rafael Lozano, por formar parte de mi formación, así como a todo el elenco de profesores que conformaron el estreno del I.B.Nervión. Entre otras cosas, les debo parte de mi espíritu crítico, mi independencia de criterios y ser librepensador. En esos años y gracias a ellos, hasta alumnos mediocres como yo, dedicábamos largos ratos en los pasillos a debatir sobre filosofía, arte y física, compartiendo charlas con nuestros profesores, siempre dispuestos a debatir fuera de las clases, algo indispensable para además de enseñar, culturizar al alumno. Como anécdota, recordar el buen humor de Buenaventura Pinillos cuando al faltar a primera hora a su clase, y encontrarme después en el bar, siempre me decía; fernando, que vienes de misa, ¿no?. Gracias a todos.

  • Ana

    Si no me equivoco, Rafael Lozano dio clase en el Instituto San Pablo antes que en el Nervión y allí tuve la suerte de ser alumna suya, en clase de lengua de primero de BUP, por el año 1985-1986 aproximadamente. Gracias profesor.

  • Phoenix22

    Aquí uno de finales de comienzo del 2000. Me marcaron otros profesores de ese instituto pero sin duda muchos de los que guardo buenos recuerdos son los nombrados aquí.

    A Olga todavía me la encuentro por el centro. ¡Espero que no me pare de nuevo para hacerme una foto!

  • Inma

    Qué alegría leer un artículo sobre el instituto y recordar nombres de profesores que ya tenía casi en el olvido… Muchos de ellos me dieron clase aunque, como han hecho otros compañeros en sus comentarios y ya que yo fui de Ciencias, aprovecho para nombrar a Gaspar, de Física, y renombrar a Luis Navarro y Ana Prieto. Los profesores más duros que tuve en COU pero que sentaron la base de mis conocimientos y de mi profesión a día de hoy. Muchas gracias y felicidades a los ya jubilados, ¡os lo habéis ganado!

  • Sevillano

    Todos recordamos con agradecimiento a aquellos profesores que nos marcaron de manera especial durante nuestro paso por las Aulas. Quiero aprovechar la ocasión para rendir un pequeño homenaje a un gran profesor del Colegio San Miguel (Nervión) que llegó allí a principios de los años 70 cuando contaba 27 años de edad y se jubiló recientemente: Don José Luis Dominguez Frades, sevillano de Extremadura. Gran profesor y gran persona.

  • Fernando

    Yo recuerdo de don Rafael la insistencia en utilizar el sentido común. Y además, gracias a él empecé a interesarme por mi asignatura preferida: la literatura. Un saludo a aquellos profesores del Nervión.

  • callado

    Con este profesor de lengua en cou aprendí lo que es una constante. Mi nota en los exámenes, constante=0

  • José Manuel

    Gran profesor y gran persona he recibido una de sus últimas clases antes de jubilarse y sólo se le podría describir con una sonrisa en la cara y una mente que seguramente estaría recordando una a una las clases que impartió, las gracias que dijo y los alumnos que sobresalieron si por algo he de recordarlo sobre las demás cosas es su mutismo para obligar a que fuesen los alumnos los que hablasen y su magnífica entonación para contar poemas pero yo me quedo con las palabras que decía pues parecía un diccionario y eso le marcaba su asignatura la lengua conocimiento que usó para expresar a los alumnos la materia como sólo el podía hacerlo

  • Esther Ortega

    Profesores así, no deberían jubilarse nunca.

    Nunca me dejó que nadie me convenciera de no hacer Filología Clásica porque ‘no tuviera salidas’ y siempre que alguno de mis compañeros no entendía algo me miraba y decía ‘nosotros los filólogos sabemos que…’
    Las personas que te ayudan a llegar a ser lo que realmente eres no se olvidan nunca, y nadie hace eso mejor que un buen profesor.

    Mención especial también para Vicky, que contagiaba su pasión por la historia con cada palabra; Neftalí, que con sus ‘ingentes columnas’ (y quien dice columna dice cualquier otro elemento) nunca he vuelto a mirar ningún edificio, cuadro o escultura con los mismos ojos; Guijarro, que nos exprimía con sus exámenes pero adorábamos sus clases; y Regañón, que siempre nos insistía en las etimologías latinas del inglés y años después supe que su padre fue un gran filólogo clásico y fue que tradujo Plauto al español.

    DAR LAS GRACIAS, SERÍA QUEDARSE CORTO.

  • Federico

    Sinceramente en aquellos años del I.B. Nervión se formaban personas además de darle un conocimiento. Me acuerdo de todos aquellos que me dieron clase y de algunos que amigos me contaban como eran. Un abrazo a todos los que por aquellos años, los noventas, me dieron clase y en especial a Juan Ocaña que por el hubo una fotografía mía en jefatura de estudios.

  • Cristina Vázquez

    Qué maravilla de instituto, qué maravilla de profesores y qué maravilla de compañeros. Por una fiesta de antiguos alumnos ya!!

  • Jesús Echevarría

    Carlos ,que alegría recordar tan buenos ratos y aquel grupo de profesores que bregaron con nosotros y de los que guardo buen recuerdo . Aún hoy sigo usando frases de Don José Bellido como la de “si un ciego guía a otro ciego ,ambos dan al hoyo ” tan aplicable en todos los ámbitos de la vida . Un abrazo

  • Maribel

    Ohhh !!u Enhorabuena por el artículo! He recirdado un lugar en el qu. “viví” 4 años, donde encontré amistades q han forjado mi existencia, profesores y profesoras q guiaron mi orientación académica ( recuerdo tb a Pilar de historia, a Isabel de inglés, Ana de lengua, Ventura Pinillos, al director que era de física y química,…ufff qué de recuerdos!!!)
    insisto gracias por el artículo y por llevarme s una etapa maravillosa de mi vida. Y al profeso Rafael Lozano tb mi felicitación por conseguir que sus alumnos tengan tan buenos recuerdos de él, eso se valora muchísimo y engrandece seguro su gran vocación.

  • María Sánchez

    Enhorabuena de corazón a mi querido profesor Rafael, siempre le recordare con esa eterna sonrisa en su cara y esa bondad infinita, darle las gracias por transmitirnos tanta sabiduría y sobretodo darnos su ejemplo para ser buenas personas. Me emociona ver escritos los nombres de todos y es verdad que faltaba mi queridísimo Juan Ocaña al que adoraba , siempre los llevare en mi corazón al igual que llevare aquellos maravillosos años que forjaron a la persona que soy hoy,

    Gracias torero, te has jubilado saliendo por la puerta del príncipe