El retorno del Plan E… A la Feria

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2016 a las 5:00

casetaPlanE
Se cebaron con Zapatero por negar la crisis y se volvieron a cebar después cuando sacó del armario de las medicinas del Estado aquel placebo llamado Plan E que puso a los parados de toda España a parchear aceras. El Plan E fue el torniquete de urgencia con el que Zapatero pretendió tapar la hemorragia del muslo sangrante de la economía nacional, atravesado por el pitón de la caída de Lehman Brothers en agosto de 2008. Aquellos 8.000 millones de euros libraron unos meses del paro a 410.000 españoles en 2009, cuando lo peor estaba aún por llegar pese a que la partida fue aumentada en 2010 hasta más de 12.000 millones. Y lo peor era el año 2011, un toro que esperaba avieso en los corrales del calendario. Aquel 2011 disparó las cifras del paro y llevó a los platós de televisión a medio cuerpo de profesores de Economía de las universidades españolas. No había tertulia que no tuviera su economista de guardia con el fotocol de la universidad privada o la placa de la consultora de turno a sus espaldas. Los delegados de Urbanismo de los ayuntamientos fueron reyes magos durante algunos meses al repartir contratos de reparaciones urbanas, gastos no productivos en la mayoría de los casos.

Sólo los carteles para anunciar las obras costeadas por el Gobierno de Zapatero costaron 37 millones de euros. Y quien no puso el cartel tuvo que pagar una multa y devolver el dinero de la subvención. Los carteles eran los incensarios con los que el gobierno se rindió culto a sí mismo para quitarse de encima la mala fama de haber negado la crisis durante meses. Cada cartel costó casi 2.000 euros. Hasta el Tribunal de Cuentas dejó en evidencia la inutilidad de aquel Plan E con el que Zapatero quiso zafarse de su estigma de irresponsable a costa de disparar el déficit público. El Plan E fue un analgésico de corto alcance que no evitó que España se quedara al borde del rescate. Los ayuntamientos reconocieron que tuvieron que adjudicar proyectos a toda prisa, sin tiempo para hacer las cosas con cabeza y criterio. Al menos queda el consuelo de que ocho año después ya no está el nefasto Zapatero, pero los carteles de aquel Plan E siguen siendo útiles para garantizar la seguridad de las casetas de la Feria de Abril en los meses de montaje, cuando el real está cargado de instaladores, electricistas y montadores de urinarios. El casetero responsable e inteligente reutiliza el material del Estado con la diligencia de los buenos padres de familia. El Tribunal de Cuentas no olió que en esos dos mil euros estaba el uso de los carteles como planchas para clausurar las casetas y ahorrar en seguridad privada o en uno de esos vigilantes que no están dados de alta y que encima te montan una fogata para aguantar la noche al relente. ¡Con el peligro que tienen esas fogatas! ¿No se utiliza el periódico de ayer como envoltorio? ¿No se usa la túnica de nazareno del niño para vestirlo de paje en Navidad? ¿Verdad que el cartón de los rollos de papel higiénico es multiusos? Pues a reutilizar los carteles del Plan E de Zapatero como homenaje al presidente del Gobierno que quitó el tabaco de los bares y dejó España como los zorros, pero disparó los metros cuadrados de aceras nuevecitas. Benditas aceras. Acabaremos echando de menos las aceras. Pero siempre nos quedará la Feria como el Plan E que rescata la mente del sevillano de su realidad cotidiana: días para olvidar, para el escapismo fugaz, para llorar tal vez porque acabó la Semana Santa. Cada cual busca en la Feria su placebo.

  • Juan

    Lo unico bueno que hizo fue la Unidad Militar de Emergencia y prohibir fumar en los establecimientos publicos