El PP de Sevilla entra en alerta roja

Carlos Navarro Antolín | 12 de julio de 2016 a las 5:00

El presidente del PP en Sevilla, José Luis Sanz, y el secretario general del PP Sevilla, Juan Bueno, mantienen un encuentro con cargos electos del PP.
NUNCA antes un presidente provincial del PP sevillano se había sometido a una suerte de moción de confianza ante un comité ejecutivo que supera de largo el centenar de miembros y que, por lo tanto, es difícilmente controlable. Nunca antes un presidente provincial ha convocado un comité ejecutivo que evidenciará –necesariamente– una fractura interna en una formación que, paradójicamente, debería estar navegando con el viento a favor de unos resultados electorales meritorios. Nunca antes un presidente provincial había incurrido en el mismo “error” del que ha venido acusando a sus críticos: maniobrar en momentos de especial delicadeza política. Los críticos se movilizaron en las vísperas de las elecciones generales, y él lo hace cuando el PP trata de formar Gobierno en España y deberían quedar pocos meses para un congreso provincial.

El PP de Sevilla entra en alerta roja tras unos meses convulsos en los que han ocurrido todos los hechos insólitos que ha ido narrando este periódico con puntualidad: el nacimiento de un movimiento crítico (la conocida como Operación Manijero) que apuesta por una renovación del partido que orille a los rostros tradicionales que han venido asumiendo la presidencia casi por turnos. Esos críticos han logrado que por primera vez haya destacados dirigentes y militantes que se retratan, nunca mejor dicho, frente al aparato oficial. Lo hicieron el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero. Y lo volvieron a hacer en ambiente festivo el Día de San Fernando.

Juan Bueno quiere cesar a la camarlenga. No aguanta más. Quiere librarse de su número dos, Virginia Pérez, a la que él y, sobre todo, su entorno de influencia, consideran un lastre. En realidad quiso librarse de ella el martes 28 de junio, sólo cuarenta y ocho horas después de las elecciones generales, tal como avanzó este periódico, pero dio marcha atrás al comprobar que los resultados del partido fueron boyantes en Andalucía y en Sevilla. No se hubiera visto con buenos ojos una maniobra de este tipo con el salón de celebraciones oliendo aún a lejía. Bueno llegó a enfrentarse a gritos con la camarlenga en una reunión informal celebrada en la sede del partido con numerosos militantes como testigos a escasos días del 26-J. La camarlenga también se mostró públicamente en contra de los “personalismos” en alguna ocasión, en clara alusión a Zoido. Pero todas estas discrepancias y desavenencias no se habían traducido hasta ahora en un orden del día cargado de hostilidad.

Pasados ya los fastos de los triunfos –bastante forzados en algunos casos– la realidad se impone. Los rostros tradicionales del PP sevillano fuerzan a Juan Bueno a promover el cese de Pérez. Bueno tiene que jugar a contraestilo. La maniobra es dura y confirma todos los acontecimientos convulsos que ha vivido la estructura del partido estos meses, unas aguas revueltas que algunos han reducido interesadamente a movimientos de escasa entidad. No serían los hechos de tan poca importancia cuando un presidente provincial emprende una operación de alta volatilidad como es la de querer librarse de su secretaria general.

Juan Bueno es un tipo afable, de sonrisa fácil, leal al poder establecido, que ha aguantado de Javier Arenas todo lo que ha podido aguantar. Está considerado la cara amable del aparato, pero está fuertemente influenciado por varios personajes, sobre todo por un veterano como Ricardo Tarno, que ejerce una especie de padrinazgo.

El presidente provincial necesita el refrendo del comité ejecutivo para cesar a la camarlenga, una apuesta cargada de riesgo, de ahí que no pocos militantes vean la jugada como un plebiscito en torno al propio funcionamiento del PP de los últimos lustros, porque Bueno representa para muchos la continuidad de los últimos presidentes: José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, y el citado Ricardo Tarno, diputado nacional y ex alcalde de Mairena del Aljarafe. Los críticos tienen ante sí la oportunidad de demostrar su fuerza, de enseñar músculo más allá de instantáneas sonrientes en las redes sociales.

La cita es mañana a las seis de la tarde en el Hotel Ribera Triana. El mensaje de convocatoria enviado por sms dice textualmente: “Te convoco, comité ejecutivo provincial, extraordinario y urgente”. Y el orden del día tiene tres puntos. El primero se titula simplemente “Excusas”. El segundo es la clave: “Revocación de la delegación de funciones de la Secretaría General en la Vicesecretaría General del PP de Sevilla, aprobada en el Comité Ejecutivo Provincial el pasado 27 de julio de 2015”. Y el tercero: “Informe del presidente”. Virginia Pérez hace las veces de secretaria general del PP de Sevilla desde hace once meses, pero en realidad es coordinadora general, pues los estatutos de Génova obligan a que la secretaría general recaiga en alguno de los 22 vocales del comité ejecutivo. Y Pérez, portavoz del PP en la Diputación, no forma parte de ese elenco, por eso nunca ha sido oficialmente secretaria general. Es decir, el partido le hizo un traje a la medida para que fuera la número dos. Y ahora, en menos de un año, el presidente provincial quiere prescindir de ella cuando hace dos semanas se han obtenido unos resultados más que favorables en unas elecciones en las que se manejaban unas israelitas que anunciaban catástrofe. Pérez ha sido, de hecho, la coordinadora de la campaña en la que el PP ha conseguido por vez primera empatar a cuatro diputados con el PSOE en la circunscripción sevillana.

El resultado del comité de mañana dejará heridos en cualquier caso. Y eso se considera una torpeza hasta por algunos oficialistas. Si Bueno se sale con la suya, Virginia Pérez dejará las funciones de secretaria general, pero la convivencia en algunos ámbitos será imposible, pues sigue siendo la número tres de la regional, continúa como portavoz en la Diputación Provincial y hasta como vicesecretaria general del propio PP sevillano. ¿Promoverá Bueno su expulsión de alguno de estos cargos?

Si, por el contrario, el presidente provincial pierde la votación, será él mismo quien tenga que asumir la responsabilidad de haber quedado desautorizado. Este comité “urgente” no tiene excusa posible, por usar el mismo término del primer punto del orden del día. Menos aún si se conoce medianamente el perfil de Juan Bueno, hasta ahora un corredor de fondo poco amigo de las escapadas. El PP de Sevilla está en alerta roja cuando ha vivido su momento electoral más dulce. Paradojas de la política.

  • ac

    Después del Brexit, sin duda el acontecimiento más importante en toda Europa, por sus repercusiones, es ver como se resuelve esta crisis. Menudo espectáculo.

  • julio blanco escobar

    Esto viene ocurriendo desde hace bastante tiempo, pero los medios de comunicación se lo han callado en la campaña electoral para no perjudicar al PP. Con otros partidos no han actuado igual.

  • Alejandro lora

    Esto es las consecuensias que a ido haciendo la camarlenga en estos años, aquí en mairena del Aljarafe preparo un pucherazo para que su mimado Juan saliera reelegido, y eliminando a una candidatura honrada y limpia