Los pájaros de Cospedal

Carlos Navarro Antolín | 4 de diciembre de 2016 a las 5:00

cospedal pizjuán
A Cospedal empieza a gustarle Sevilla tanto como Arenas se pirraba por Almería en sus buenos tiempos. La ministra de Defensa se hizo su primera foto como tal a bordo de la fragata Navarra, fondeada en aguas del Mediterráneo, y se volvió a España, concretamente a Sevilla, donde estaba interesadísima en asistir al partido de fútbol del Sevilla contra el Valencia, sentada en primera fila de palco, junto a su protegido Zoido, el ministro del Interior que todavía no se ha hecho la foto de ministro pese a que lleva casi un mes en el cargo. Con lo que le gusta a Zoido una foto, aún no hemos visto su bautizo gráfico como ministro. ¿Ustedes han visto a Zoido pasando revista a un destacamento de la Guardia Civil en Alsasua, por poner un ejemplo? ¿Acaso de visita en alguna casa cuartel de las que tienen desconchones? ¿Tal vez en la Academia de la Policía Nacional de Ávila? ¿Quizás lo han avistado por esas carreteras de Dios junto a Gregorio Serrano, quien anda estos días enclaustrado en su despacho de la Dirección General de Tráfico, que es donde tiene que estar cualquiera que se toma en serio una nueva responsabilidad?.

No, a Zoido no lo hemos visto vistiendo el cargo todavía. Sí ha estado en la misa del Gran Poder en la Catedral, en la basílica de la Macarena, en una cena en el Consulado de Portugal de Sevilla, en la entrega de un premio a una empresa en Utrera, en el referido palco de Nervión, en la escuela de otoño del partido celebrada en Carmona, en un almuerzo en Utrera, en la inauguración de una campaña turística en fomento del eje San Sebastián-Madrid, en un comité ejecutivo del PP provincial donde se debatían los criterios de designación de los compromisarios del próximo congreso nacional, lo que para un ministro del Interior es un foro de una importancia capital, que diría Rajoy, por las que hilan… Zoido es ministro del interior con minúscula. Pero muy de interior, por lo que estamos viendo.

Está empeñado en que el palco de las influencias sea el del Sánchez Pizjuán. Ya está bien del centralismo del Bernabéu. Donde se pongan Pepe Castro y el cátering de Robles, que aún no ha puesto veladores con estufas en el antepalco, que se quiten Florentino y las cenas posteriores en El Paraguas. Cospedal al Pizjuán, claro que sí, muy cerca de Manuel Marchena, el hombre fuerte de los doce años de Monteseirín como alcalde, el que dicen que más poder ha ejercido en Sevilla desde los tiempos de Queipo de Llano. Marchena es el último virrey de Sevilla, al que muchos empresarios siguen llamando para agilizar sus licencias. Ni Zoido con sus 20 concejales mandó tanto en la ciudad. Y eso que pudo, pero no supo. O no quiso. Allí estaban los dos en el palco, Cospedal y Zoido, a ver si se les pegaba algo de Marchena. Tanto ha mandado Marchena en Sevilla que en las localidades de Preferente se destiló cierta guasa: “De invitados ilustres están hoy Marchena y dos más”.

Al día siguiente del partido de fútbol, doña Cospedal se fue a Carmona, a darle la plática a la militancia soñolienta del PP. Los muchachos habían pasado la noche de parranda en el hotel cual estudiantes díscolos en viaje de fin de curso a Praga, por eso había sillas vacías cuando la secretaria general comenzó a parlar. Cospedal, para sorpresa de los presentes, se puso el traje de Tippi Hedren, en versión color y de Albacete, acosada por la rebelión silenciosa de los pájaros. Cospedal reveló el gran secreto. Ella ve pájaros en el PP de Sevilla, pájaros de todo tipo, pájaros de diverso pelaje, pero, sobre todo, otea unos pájaros muy concretos cuando suena el tam-tam de la renovación de los cargos orgánicos: “Somos la organización política y la organización civil más importante de España. Tenemos mucho que hacer y trabajar por nuestro país. Esto es algo que compartimos todos los que estamos aquí. Luego, en un partido tan grande, como decía aquél, hay distintas sensibilidades: los conservadores, los liberales… Algunos hablan de palomas, otros de halcones… Y es evidente que cuando llegan los congresos todavía aparecen más pájaros…”. Hubo risas y aplausos. Pío, pío. Cospedal mentó a los pájaros ante un auditorio dividido entre críticos, que venían de exhibir músculo en un almuerzo sabatino, y oficialistas. Es lo mismo que decir que mentó la soga en casa del ahorcado, pues el PP se divide entre los partidarios de Cospedal y Zoido, y los leales a Arenas, Virginia Pérez y una ristra de alcaldes y cargos.

Cospedal habló de pájaros en la ciudad de las aves. En Sevilla, en general, hay muchos pájaros, muchísimos. Hay tantos pájaros (y pájaras, seamos políticamente correctos) como tiburones, que aquí nunca nos hizo falta el acuario para ver escualos de cerca. Aquí los pájaros se sirven fritos como los cerdos se paseaban ya cocidos en la Roma antigua. Cospedal le tiene tomado el pulso a Sevilla, no sólo al PP de la provincia. Tanto viene los Jueves Santos a colocarse la peina y la mantilla para que Zoido la pasee por los palcos, tanto viene a las bodas de Pineda y tanto al palco de Nervión, que ha acabado por captar las claves de la ciudad. De la fragata Navarra en las aguas de Sicilia al palco del Sevilla junto a Marchena. Zoido apuesta por la descentralización, no exportamos ministro del Interior, importamos ministra de Defensa. ¿No hace Carlos Herrera su programa para toda España desde Sevilla? ¿Por qué Zoido no va a ser el ministro del Interior desde el palco del Pizjuán? Al fin y al cabo aquí, siempre, están todos los pájaros. Y si nos falta alguno, los traemos en el AVE. ¿Auriculares, señor?

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