El máster de Raynaud

Carlos Navarro Antolín | 7 de abril de 2018 a las 17:28

La presidenta del PP de Sevilla

EN este PP que anda con el miedo metido en el cuerpo porque percibe ya a las tropas de Ciudadanos dispuestas al asedio del castillo de su mayoría social en el centro-derecha, están todos muy contentos porque el señor Jaime Raynaud será el director de la campaña electoral de Beltrán Pérez. Pérez es el candidato a la Alcaldía por decisión de Rajoy y por mediación del que manda de toda la vida en el PP andaluz, el de siempre, el que más sabe, el que los ha enseñado a todos, el que tiene más vidas que un gato, el lince protegido de la política andaluza. Sí, el mismo en el que usted está pensando.

–¿Ese mismo?
–Ese, ese…

Raynaud procede de la UCD, todo el mundo alaba ahora su prestigio y su talla intelectual, virtudes que en política no son nada frecuentes, pero nadie habla de su gran mérito. Raynaud tiene un máster en el PP, pero un máster de los de verdad, no como el de Cifuentes. El máster de Cifuentes es el reflejo exacto de la muy blanda y marquetiniana universidad de hoy. Raynaud se ha beneficiado y ha sufrido a partes iguales los efectos de guardar la disciplina de partido. Está hartito de oír en Sevilla esa frase que forma parte del catálogo de pésames que algunas cacatúas callejeras repiten: “¡Qué buen alcalde se perdió la ciudad contigo, Jaime!” Raynaud lleva más de una década oyendo eso de los mismos que no levantaron la voz cuando este Jaime fue apartado de la carrera electoral una tarde de Corpus del 2006, cuando subió en el ascensor del Ayuntamiento acompañado por Gregorio Serrano vistiendo ambos el chaqué de la procesión. “El próximo año saldremos como gobierno, Jaime”, le dijo Serrano. Y horas después bajaron en el mismo ascensor. Bajaron de planta y de escalafón literalmente. Arenas ya había decidido el cambio de candidato. Raynaud debió dar el portazo tras pasarse meses oyendo que él era el cabeza de lista “hoy por hoy”. Pero no lo pegó. Aguantó de concejal raso todo lo que quedó de mandato, cumpliendo con las bodas que tenía apalabradas, con los plenos mensuales y con las procesiones de rigor. Hasta asistió silente, apoyado en la pared, como espectador a la rueda de prensa en la que se anunció su relevo como portavoz. Su gran éxito fue convertirse en mártir. Arenas lo cuidó en lo personal, le telefoneaba los días pares y los impares, y hasta entró en las quinielas del posible primer gobierno del PP andaluz en 2012, cuando la noche de los insuficientes 50 diputados y el camión del cátering de La Raza yéndose antes de tiempo con los canapés intactos. Raynaud guardó la disciplina de partido. La ciudad perdió un líder de la oposición eficaz, que trabajaba los temas, que entendía y explicaba los asuntos del urbanismo como pocos, que vestía con un estilo muy peculiar, chalecos amarillos y chaquetas rosas incluidos. La chaqueta rosa de Rayanaud es todo un símbolo de aquella etapa municipal, como ahora lo es del PP de Sevilla el burro del alcalde de Carmona, que no se llama Juan Ávila, sino Aurelio, so malpensados que son ustedes. Todos mis respetos por el señor Ávila, que reclamó en el comité ejecutivo del lunes que cuando se refiera su burro en las crónicas aparezca por su nombre. Dicho está. Platero y yo. Aurelio y Juan.

El máster de Raynaud ha sido aguantar en silencio el dedito de esa Sevilla compasiva que le daba el pésame por delante (¡Qué gran alcalde se perdió la ciudad) y largaba cobardonamente por detrás: “Hay que ver lo que aguantó este hombre, yo no hubiera soportado eso ni un minuto”. Raynaud aprobó el máster con nota alta, vio a sus colaboradores pasarse de bando, algunos (y algunas) de ellos con una capacidad meritoria para entonar aquello del íbamos a ganar con Jaime cuando hemos acabado ganando con Juan Ignacio. Raynaud se quitó la chaqueta rosa y se puso a trabajar en la sede del PP andaluz elaborando los programas electorales, donde se inventó lo del teleférico de Tomares que proyectó a José Luis Sanz como alcalde del municipio y, por ende, lo alzó como gran estandarte del PP en la Sevilla metropolitana. Y Sevilla, mientras, seguía con el dedito. A Sevilla le encanta usar ese dedito para repetir las mismas preguntas de siempre. Se pasó años esa misma Sevilla cuestionando por qué monseñor Amigo no era cardenal, como se pasó años preguntando por qué Burgos no era pregonero, o se sigue pasando años indagando si Pepe Chamizo sigue siendo cura. Aquí nadie se pregunta por la caída de Abengoa, los despidos en Airbus, la escasa inversión en los túneles de la SE-40 o las razones por las que el ministro de Cultura visita el Arqueológico para hacerse una foto el 31 de diciembre, pero después en los presupuestos generales del Estado sólo figura la limosna de 130.000 euros para este edificio. Toma del frasco, don Iñigo. ¿O será que el ministro de Cultura vino ese día a Sevilla porque por la tarde corrían sus caballos en Dos Hermanas y aprovechó la mañanita para la foto?

El máster de Raynaud, aprobado con nota alta, fue aguantar durante años el dedo de Sevilla, sentarse en la puerta de su casa (bien próxima a la Plaza Nueva) y ver pasar a sus enemigos: unos directamente ya en el limbo, otros aguantando hoy como pueden en sus puestos públicos, alineados en el bando perdedor del partido. Dicen que Raynaud está de vuelta, pero hay caminos de retorno que pueden ser largos, larguísimos, como los meses en silencio que se pasó al ser desbancado de la carrera municipal. Raynaud no dio el portazo que todos hubiéramos hasta aplaudido, no se fue a su casa de Almensilla a cuidar de sus plantas y a libar alguna copa de champán francés. Arenas lo premió con el tiempo con un escaño en el Parlamento Andaluz y lo sigue premiando hoy con responsabilidades notorias. Llevan demasiados años juntos como para no reconocerse los méritos, tanto como para no perdonarse algunas jugarretas. No hay nada que una más que el enemigo común, el que siempre habita en el interior: el eje de Cospedal y Zoido. Está por ver si todo el PP se une ahora contra el enemigo común exterior: la naranja de Ciudadanos que los tiene a todos con la jindama dentro. A Raynaud le basta ahora con enseñarle un modelo de ciudad a Beltrán Pérez. Y a Arenas le basta con llegar al PP de Sevilla y sentirse cómodo.