Feria larga, trago largo

Carlos Navarro Antolín | 22 de abril de 2018 a las 5:00

FERIA

LA Feria del Prado de San Sebastián tenía un horario de mañana de 12 del mediodía a cinco de la tarde, tal como recordaba el gran Rafael Carretero en una reciente conferencia en el Ateneo de Sevilla, la institución que ha repuesto a este ejemplar funcionario municipal en el sitio de prestigio público que nunca debió perder por efecto de la obsesiva judicialización de la vida política en tiempos no tan pretéritos. En la Feria de 2018 no han estado precisamente los canónigos a la hora del Ángelus, sino los repartidores y la legión de infatigables borrachuzos que se arrastran por el albero y buscan las tablas en las primeras calles de Los Remedios, de tal forma que los trabajadores de la carga y descarga se las ven y se las desean en muchas ocasiones para acceder a las casetas que aún siguen pobladas de aficionados al after hour bajo las lonas. Si la Feria de Sevilla ya había perdido el concepto de mañana antes de la reforma de Espadas, el formato largo de la actual –vista la experiencia consolidada de este segundo año– ha fomentado el trago largo. El personal se abona a la madrugada, donde los gatos tienen todos el mismo pelaje, en cuanto se garantiza la mañana despejada de obligaciones. No se vive el día más largo, sino la noche mucho, muchísimo más larga. La cena del alumbrado genera una sobremesa larguísima. Los taxistas estuvieron llevando gente a la Feria hasta las cinco de la madrugada. “Y hemos sacado de ella a los últimos feriantes a las once y media de la mañana”, comentaba uno de ellos al volante el domingo a mediodía.

Al público asociado a una caseta se sumó el que cena por los alrededores y se apunta con posterioridad al segundo turno, cuando los socios se han tomado ya la odiosa copa de Castelblanch que siempre se queda a la mitad, y se abren las lonas para que el tío del bar haga caja. Esta Feria larga conduce directamente al trago largo tanto en la del pescaíto como en esta pasada noche. Con el público nocturno ocurre como con el turismo de mochila. Es de cantidad, pero no de calidad. Los riesgos son mayores. La Feria nocturna es más de discoteca si cabe. Por la noche se gasta menos y se hace más ruido. Desaparecen las sevillanas y el vino, y desembarcan aún con más fuerza los éxitos de la radio fórmula y las ginebras, rones y destilados escoceses. Esta Feria con luz solar es de una placidez notable y preciosa en muchos momentos.

La delegada de Fiestas Mayores de los últimos tiempos del alcalde Monteseirín, la socialista Rosamar Prieto-Castro, intentó recuperar la mañana de la Feria jugando con los horarios del paseo de caballos. Fue en vano. No por abrir antes las calles llegaron más temprano ni los caballistas ni los enganches. Para colmo, el cierre cada vez más tardío del real y la necesidad de dejar un tramo de al menos dos horas para que los reponedores hagan su labor, limita también cualquier apuesta por recuperar, aunque sea un poco, el horario matinal. La feria de formato largo, servida en bandeja de plata para nuestros señores los hoteleros, entierra definitivamente cualquier esperanza de adelantar los horarios de la fiesta y, por lo tanto, de reducir los efectos perniciosos de fomentar demasiadas horas el consumo de alcohol de alta graduación. ¿O no se han hartado de explicarnos los barandas municipales que el alcohol es el gran culpable de las madrugonas de Semana Santa? Lo que es válido para la Semana Santa en materia de seguridad también debe serlo para la Feria. A no ser que tomemos como dogma de fe lo que ha proclamado nuestro dilecto alcalde, con el que cada día están más contentos todos los de derechas, o al menos eso dicen, que después ya veremos qué papeleta cogen. Espadas dice que lo más importante es que “se ha socializado” la noche del alumbrado. Todos podemos dormir tranquilos. Lo que se ha socializado, querido don Juan, es el chorreón de ginebra en las trastiendas. Esta Feria se ha socializado tanto que pide versos populares, señor alcalde: “Cada vez que estás bebía, gitana, te acuerdas de mi querer, permita Dios que te bebas Sanlúcar, el Puerto y Jerez”.El Puerto (de Rives) sí que se ha bebido más que nunca en esta Feria larga.

A esta Feria alargada le han añadido por delante, además, un espectáculo de inauguración que se celebra a la vera de la portada, que debe ser más cuidado en algunos aspectos: desde la mesa donde se instala el botón del alumbrado, más propia de una velá de barrio y en la que la bandera de la ciudad parece reducida a la condición de un mantel de chiringuito, hasta una megafonía de tómbola que deslucía la calidad de algunas de las interpretaciones.

La caseta municipal fue reabierta con éxito por Juan Espadas en 2016, pero algunos detalles de la logística también deberían ser más esmerados . A las tres de la tarde aparecen las mesas altas cargadas de vasos y platos sucios, como cualquier bar del entorno de una sede de la Junta a media mañana con los restos de las tostadas y las tazas con cercos de café. El personal invitado se acostumbra a consumir incluso en un ambiente de covacha, poco agradable. La empresa adjudicataria del servicio debe cuidar este aspecto en años próximos, al igual que cuida con buen criterio la hora de terminación de las recepciones municipales, en las que por cierto entra tanta gente que a veces se está al borde del colapso. La caseta municipal debe ser siempre ejemplar.

El gran reto de la Feria actual no es ya la ampliación o su traslado, dos fórmulas descartadas con buen criterio, sino ganarle horas a una mañana luminosa y restárselas a la noche. Es cierto que esta Feria de larga duración que el alcalde Espadas nos ha regalado como estandarte de su mandato permite algunas comodidades, pero fomenta descaradamente la noche en detrimento del día, apuesta sin pretenderlo por el borrachuzo trasnochado frente al feriante tradicional, evidencia las limitaciones del servicio del taxi y convierte los regresos a casa en verdaderas odiseas a la intemperie. Y en los toros, cuando los festejos son largos, suele ser señal de que han salido los cabestros…Y tras los cabestros siempre tienen que emplearse a fondo los barrenderos.

  • Amen

    Tiene usted toda la razón. Le felicito por el artículo

  • 1barquero

    Al final la Feria la convettiran en una gran discotecas que abrira de 8 de la tarde a 8 de la madrugada y nos lo venderan como un exito porque vienen mas madrileños,…cuatro caballistas y cinco carruajes,pagados por el Ayuntamiento,mantendran el tipismo de la Feria y dentro de las casetas rap y cubatas,…a eso es a lo que llaman esta gente nuevo formato…que no deja de ser un botellon en cada caseta….ii pues usted que lo vea!! ..yo paso.

  • paco

    Artículo muy certero. Da que pensar que se parta de la base de que lo que estropea la semana santa, es un bien para la feria. Se toman decisiones, para que la gente se comporte bien en semana santa, y a la vez, se agradece que la gente se salga de madre en feria…porque mientras menos sentido de la medida tenga la feria, más dinero ganan los empresarios en feria. ¿Por qué ocurre esto? Pues porque el gamberreo y la mala educación suponen un problema en semana santa, donde todo tipo de personas de todas las clases sociales se mezclan viendo una cofradía, mientras que en feria, esos mismos comportamientos lamentables se dan mucho más, pero no son un problema, porque cada caseta es un mundo aparte, y ni se rozan una caseta de distrito llena de juventud muy de barrio apiñada y peleona, con las casetas familiares, y no digamos, las casetas de nudo de corbata gordo. Todos los mundos coexisten en la feria, pero no se tocan, por lo tanto, no es un problema. (Sí lo es, pero como nadie se queja de ese tipo de feria, no pasa nada…y los empresarios a hacer caja, que es lo que importa de verdad).

  • Anni

    A mi sin embargo me daba mucha pena cuanda la Feria estaba muerta por la noche, sucedia no hace muchos años. Las cosas como son, las costumbres sociales son como un idioma, que estan vivos y coleando.

  • Miguel

    Mire que ha tenido que buscar una caja negra formato extra grande para meterse con la propuesta de Espadas, que todos elogian o al menos consideran consolidada… en solo dos años. No sé qué datos maneja Vd. pero a pocas horas de los fuegos, cuando ni siquiera los caseteros y distribuidores han hecho recuento de ventas y devoluciones, ya se permite sentenciar cuanto se ha consumido de fino, de manzanilla, de cruz campo o de rives. ¡Genial!

  • Fátima

    A la feria le sigue faltando un remate adecuado. El éxito de público del último día, el sábado, en comparación con el cementerio viviente que eran los domingos hasta hace dos años, es rotundo e impepinable. La eliminación del lunes de resaca (horrible nombre) se había “cargado” el domingo, y ante la falta de público se instauró la costumbre de desmontar las casetas el mismo mediodía del domingo de feria, ante el horror de los pocos allí presentes. No se entiende por tanto que se mantenga la costumbre ahora, que el día siguiente es domingo y, por ello, festivo. Pues nada, han vuelto a verse las calles como antes, plagadas de neveras y otros armatostes a la espera de unos camiones que no iban a entrar al recinto hasta la madrugada. Se incumplen las ordenanzas nuevamente, y ojo porque de no atajarse el problema acabarán cargándose la noche del último sábado de feria. Creo que la solución es que el desmontaje no pueda comenzar hasta el mediodía del domingo. Un saludo y buen artículo en líneas generales.