¿Sevilla cambia de ministro?

Carlos Navarro Antolín | 1 de junio de 2018 a las 11:30

I premio al impulso al autónomo a Cristóbal Montoro

 

 

La tarde del 4 de noviembre de 2016 estaba el centro de Sevilla controlado por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. El Gran Poder era trasladado a la Catedral para presidir el jubileo de las hermandades y cofradías por el Año de la Misericordia. La ciudad recuperaba la confianza en sí misma tras el fracaso de la Madrugada de Semana Santa. Sin una gran cantidad de vallas, en silencio, en perfecto orden, sin desórdenes en ningún punto del recorrido. A esas horas de la festividad de San Carlos Borromeo, el dedo de Rajoy convirtió a Juan Ignacio Zoido en ministro del Interior. El gallego pudo, por fin, formar un Ejecutivo tras diez meses en funciones. Zoido se erigió en muy poco tiempo en el ministro de Sevilla. Se vino arriba tras haber penado año y medio en la oposición municipal después de haber sido el alcalde de los 20 concejales. Zoido supo aguantar como ex alcalde en los despachos del propio Ayuntamiento a la espera de una cartera ministerial conseguida por mediación de María Dolores de Cospedal, secretaria general que ha tenido siempre en el político de Fregenal de la Sierra a su principal ariete en Andalucía contra Javier Arenas, padre natural de la derecha andaluza.

Zoido pierde ahora el Ministerio del Interior, pero conserva el acta de diputado por Sevilla. En Madrid se ha rodeado durante este año y medio de su círculo de confort, de prácticamente la misma curia que, siendo alcalde, terminó aislándolo de la realidad de la ciudad y generándole enemigos gratuitos. Zoido deja de ser ministro cuando probablemente, paradojas del destino, mejor estaba desempeñando el cargo. Su gestión en el crimen del niño de Almería le valió un gran reconocimiento social después de todas las polémicas que han marcado las intervenciones de la Policía Nacional y la Guardia Civil en el desafío separatista catalán. Remontó el vuelo tras un comienzo de mandato excesivamente localista, con asistencia a misas de pontifical, pregones de Semana Santa y actos de empresas privadas que poco o nada tenían que ver con el objeto del Ministerio. Su particular cuadrilla no le hizo el quite cuando acudió a Sevilla a imponer medallas a sus antiguos escoltas en plena amenaza catalana y a escasas horas del referéndum ilegal. Pero mejoró con el tiempo. No sólo por el desgraciado caso de Almería, sino por el refuerzo de los dispositivos contra los narcos y su presencia cada vez mas habitual en La Línea.

Zoido ha buscado siempre el calor localista, el afecto hispalense. Dejó la ciudad con un PP de Sevilla gobernado por su gente. Juan Bueno era el presidente, tutelado por los restantes miembros de la denominada mesa de camilla: los ex presidentes Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Pero ese mismo partido ha dado un vuelco en el último año. Zoido no cuenta hoy con el apoyo entusiasta de la estructura provincial, que hoy está gobernada por Virginia Pérez, que últimamente termina sus comités ejecutivos y juntas directivas provinciales con ovaciones y aprobaciones por unanimidad. El candidato a la Alcaldía está proclamado: Beltrán Pérez, un concejal que hace años que dejó de ser afín a Zoido. El PP, curiosamente, sólo tiene designados a los candidatos de las Alcaldías de grandes ciudades en el caso de Andalucía. La vía municipal está ya cerrada para Zoido. Si Pérez todavía no hubiera estado proclamado candidato, como ocurre en la mayoría de ciudades españolas, la situación sería muy distinta (y complicada para el hoy portavoz municipal) ante el repentino retorno de Zoido a Sevilla.

Zoido deja de ser ministro en un momento especialmente adverso para él desde el punto de vista de sus apoyos en la estructura provincial del PP. Y tampoco cuenta con la simpatía de la estructura regional que preside el malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla, que nunca lo ha visto con simpatía y que, además, sigue sin zafarse de la alargada sombra de Arenas.
Zoido ha soportado con mérito las dos crisis que se centraron en su director general de Tráfico, Gregorio Serano: la del polémico piso y la de la nevada, ambas con amplia difusión en los telediarios nacionales. Zoido ha aguantado ser el malo de la película en Cataluña, ha sufrido las manifestaciones de policías por las reivindicaciones salariales y, en el caso de Sevilla, ha tenido que digerir las sucesivas críticas por el evidente déficit de agentes. Nada de todo esto ha laminado la figura de un ministro de corto alcance que, lejos de cultivar las altas relaciones en la capital del reino, ha disfrutado ejerciendo de alcalde en el calendario de actos de una ciudad encantada de tenerlo próximo.

Probablemente sea el político con mayor grado de conocimiento en Sevilla. Eso es un activo que cualquier partido debería gestionar. Es posible que no se le discuta ser el número uno por Sevilla en las próximas elecciones generales, pero el aparato provincial no le hará muchas más concesiones. Su fotografía avalando la candidatura de Juan Bueno en el último congreso provincial no se olvida. Era ya ministro y aquello dolió a los que hoy controlan el PP sevillano. Su equipo no encontrará hueco en el organigrama orgánico ni institucional de un partido que verá esquilmadas sus plazas en las próximas citas electorales. Y nunca se olvide que la caída del Gobierno conlleva las pérdidas de las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno. En la de Andalucía está el gaditano Antonio Sanz, de perfil muy trabajador, que se ha trabajado mucho su arraigo en Sevilla y que es visto como el recambio natural de Moreno Bonilla si el malagueño se estrella en las elecciones autonómicas. A este respecto tampoco hay que perder de vista la opción de la onubense Fátima Bañez, la ministra de Empleo más longeva de la democracia.

Nadie sabe como Zoido cuándo una etapa está cerrada y cuándo toca aguantar sentado en el vagón de silencio del AVE. Es muy probable que Sevilla cambie de ministro estos días: del popular Juan Ignacio Zoido al socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Los dos, por cierto, coincidieron en la corporación municipal con Monteseirín de alcalde. Zoido está enfrentado a Arenas. Y Celis lo está a Susana Díaz. Zoido alcanzó el ministerio una tarde de San Carlos. Y supo que tendría que dejarlo una tarde de Corpus. Las casualidades las carga el diablo (cojuelo), pues una tarde de Corpus, también de forma inesperada, fue apartado Jaime Raynaud de la carrera a la Alcaldía. Lo sustituyó Zoido.

  • juan

    Pues a mí Zoido me parece un bienqueda con alma de funcionario galdosiano con tripita.