Atocha, el observatorio de las despedidas de soltero que vienen a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 17 de junio de 2018 a las 5:00

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PASEAR por el centro los fines de semana es un verdadero ejercicio de convivencia. La ciudad está tomada por quienes en muchos casos no la tienen como suya. Algo que no se siente como propio no se puede querer. Como algo que no se conoce bien no se puede apreciar a fondo. Se llama turistización al fenómeno de la llegada masiva de visitantes de bajo coste que generan serios problemas a los vecinos de una ciudad. Somos una Venecia sin canales, pero con mucho aspirante a gondolero. Mejor que aludir al bajo coste cabría destacar que se trata más bien de visitantes de escasa formación, de muy poca inquietud y de un nivel cultural cortito (con sifón). Turistas de escaso nivel adquisitivo ha habido siempre y nunca se emplearon términos peyorativos. Todo lo más se aludía a los mochileros que aguardaban colas interminables en el entorno de los monumentos.

En los años noventa arreció el problema de la movida nocturna en el barrio de San Lorenzo. La preciosa plaza era tomada por jóvenes en aquellos primeros tiempos de la botellona y al cobijo de algunos bares efímeros. Hay quienes no olvidan la imagen de los orines entrando en la basílica del Gran Poder. Sí, aquellos jóvenes ebrios se comportaban como hoolingans y hacían sus necesidades en la puerta del templo. La Policía Local intervino un fin de semana con especial celo. Identificó a decenas de los meones. Se supo con precisión quiénes usaban la puerta de la iglesia como urinario. Cuando el informe llegó a la primera autoridad municipal, se convino que era mejor no dar muchas pistas. No se trataba de gamberros del extrarradio, ni de jóvenes desarraigados, ni de canis, ateos beligerantes o miembros de bandas extremistas. Eran niños de familias bien, de esas que son “de toda la vida” de Sevilla, criados en ambientes “de orden”, con unos apellidos tan largos que llamaban la atención en el listado.

El pasado fin de semana, en la planta alta de la estación de Atocha se podía ver una suerte de embarque del ganado que levantaba su particular polvareda de mal gusto. Las hordas de las despedidas de soltero con dirección a Sevilla habían comenzado la fiesta en el punto de origen. Y tenían acceso a la sala Club porque viajaban en Preferente. No eran una ni dos despedidas. Formaban un ejército de horteras bebiendo latas de cerveza caliente empapada con dulces. Eran jóvenes de Madrid, con un notable poder adquisitivo según la información que obligaban a oír a los sufridos testigos de la escena. Estaban dispuestos a vivir unas horas “en el Sur” haciendo el indio, comportándose como gansos. “Esto es lo que va para Sevilla cada viernes. No se sorprenda”, sentenció un fino observador, absorto al ver cómo la turba mezclaba el fermentado con los cortadillos de cidra. La planta alta de la estación de Atocha es cada viernes una suerte de dehesa donde pastan los gamberros, un Observatorio de las Despedidas de Soltero donde un buen veedor ya intuye cuáles son los ejemplares que darán mejor juego en las plazas sevillanas. De la sala Club del AVE a la Plaza del Salvador y después a vivaquear de bar en bar hasta acabar derrotados en un velador, atendidos por un camarero todavía más derrotado que ellos. Hartos unos, harto el otro, penosa estampa que se repite todos los fines de semana. Salen del chiquero del AVE los viernes con todas las energías hasta acabar tirados el domingo por la mañana por Mateos Gago, la Plaza de la Pescadería o cualquier cafetería franquiciada, apenados quizás por el cansancio y por esa sensación del que sabe que, en el fondo, ha hecho el carajote. No se trata de forofos cerveceros ni de gente sin oportunidad de recibir una formación. Se trata de niñatos con acceso a la sala VIP que con su comportamiento de cafres acabaron por echar a viajeros respetuosos que disfrutaban de un café, recargaban el teléfono móvil o tomaban agua mientras leían un periódico. Los mismos cafres que ya acceden a los hoteles de cinco estrellas.

Con el turismo ocurre como con la educación. No porque las partidas presupuestarias sean más altas se garantizan mejores resultados académicos. No por abrir más hoteles de cinco estrellas se asegura una ciudad un turismo de alto nivel cultural que, por ejemplo, valore los negocios con sello local y el conocimiento de la cultura e historia de un sitio. La degradación de la convivencia urbana se aprecia en las bodas, en las playas, en los viajes, en las fiestas… Tenemos probablemente los turistas que nos merecemos. Mejor exhibir las postales, mejor no enseñar la lista de quienes se orinaban en las puertas del templo. Pensemos eso: que son desgraciados pendientes de ser romanizados, pese a que hablaban a voces sobre el nuevo restaurante del barrio de Salamanca. En ocasiones veo despedidas de soltero que viajan en alta velocidad con derecho a merienda servida por azafata. Pronuncian una eses perfectas, sus voces tronantes los delatan. El mal gusto los iguala a todos.

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  • Un pringao

    Lo que hay que analizar porqué vienen a Sevilla y no van a Bilbao, La Coruña o Alicante; porque a ver el Alcázar o La Catedral no vienen, y eso es lo que nos diferencia, o no. Sevilla se ha convertido en Las Vegas de España, en donde el todo vale se ha impuesto ante la dejadez municipal y policial, lo que pasa en Sevilla se que da en Sevilla.

  • Super

    Una pena, y lo peor es que el super no puede hacer nada ante esta jauría. Mucha falta de civismo en todos sitios. Pero también hay quien no va de despedida y fastidia igualmente comprandose un billete en el coche silencio y haciendo del trayecto una extensión de la jornada de oficina hablando por teléfono. O las señoras que deciden hacerse la manicura entre tanto e intoxican a los demás con la acetona y los esmaltes.

  • javier

    Esto es lo que pasa cuando se celebra una despedida de solter@s fuera de tu ciudad: Sabían ustedes que aquí en salamanca tenemos un bando que redacto el ayuntamiento casi obligado sobre normas cívicas a cumplir referentes a despedidas,disfraces y megáfonos,,somos la segunda Ciudad que mas recibe durante todo el año todos los fines de semana por miles,,de hecho hay hosteleros que nos le permite el acceso a bares o restaurantes,se podría escribir mas.. Magaluf eso si que son las Vegas de España,las Vegas de Sevilla esta en las tres Mil…

  • Soldemar

    La película hizo daño, pero la serie está haciendo aún más. Al final somos como una especie de Magaluf “light”, a la española. De momento no hay balconing, menos mal.