Los gorriones de Santa Justa

Carlos Navarro Antolín | 12 de julio de 2018 a las 13:20

GORRIÓN
Igual que muchas de las estaciones ferroviarias de la provincia parecen calcadas por el estilo neomudéjar con el que fueron construidas a finales del XIX, la de Santa Justa se parece cada día más a Atocha: ha mutado en estación de capital de España con todos los inconvenientes de la gran capital. La estación de Sevilla ha evolucionado descaradamente al estilo desubicador que hoy embadurna todo: los comercios, los edificios, las cartas de los restaurantes, las playas, etcétera. Muy al contrario ocurre, por ejemplo, con el buen gusto que ha tenido el Corte Inglés con el gran mural de Murillo desplegado en los almacenes del Duque. Todos los Corte Inglés de España se parecen, pero al edificio del Duque le han dado un toque diferenciador con muy buen gusto e indudable tino al colocar esa obra con motivo de los 400 años del nacimiento del pintor. Y se puede decir lo mismo de la construcción del hotel AC de la Avenida, que mientras dura la obra, el antiguo edificio del Banco de Andalucía luce preciosos fragmentos de lienzos del artista. Son de agradecer estos ejemplos de tacto y buen gusto que personalizan los edificios con obras de indudable arraigo local y, además, con proyección universal.

En Santa Justa se pierde el Norte. Al término del viaje se sabe que uno ha llegado a la estación de tren de Sevilla por los gorriones -los pocos que van quedando- que se cuelan en el interior del edificio para trincar las migas de las franquicias de la hostelería. Busquen si existe otra señal para tomar conciencia de que se desembarca en la capital de Andalucía. No la hay. Santa Justa es una gran franquicia. Como lo es Atocha. Las multinacionales copan los negocios, los asientos son cada vez más escasos, las ofertas gastronómicas para hacer espera son de catálogo y, por supuesto, con ese servicio gélido, protocolizado e ineficaz, y los urinarios huelen a catacumba en una hora punta como la de las diez de la mañana. Da igual que sea la estación de Sevilla que la de Madrid. Los gorriones son el único encanto de una estación degradada, sin marcas propias que la hagan distinta y única en su gran vestíbulo. Santa Justa es Atocha sin gente con prisas ni pasarelas rápidas. Atocha es Santa Justa más grande, pero sin gorriones. Tenemos los mismos negocios, los taxistas peleados también con los conductores de los Cabify, los policías nacionales en alerta cuatro con sus chalecos blindados, los aseos despidiendo aroma de alcantarilla, los mismos bares que abusan de la oferta de bollería, y la misma megafonía periódicamente averiada que anuncia los trenes con la cadencia de un muecín. Por los pájaros se sabe que se está en Sevilla. Por las prisas se intuye que se está en Madrid.

  • Candela

    Cierto. Y ademas de todo ese lamentable panorama, dentro de los aseos de la estación, al menos en el de señoras, hay frecuentemente una “pobre” pidiendo parné a toda la que llega. Vaya numerito.


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