La curva de septiembre

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2018 a las 20:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

CIUDADANOS trata de cerrar el fichaje de Manuel Valls para alcanzar la Alcaldía de Barcelona. El PP no tiene aspirante para las municipales en la capital catalana. Parece condenado a ser una fuerza residual, resignado a no tocar bola desde que los naranjas le han robado el espacio y desde que los policías y guardias civiles de Zoido protagonizaron una estampa demoledora para los intereses electorales del partido de la gaviota. Barcelona se mueve mientras el PP está a la espera del efecto Casado. En Sevilla debe subir unos grados el debate municipal, septiembre debe ser un aldabonazo en la vida política local, sumida en una tranquilidad extraordinaria para el actual alcalde, quien tiene un horizonte de citas fijas que le garantizan el relumbrón: los premios Goya, las fiestas mayores y la cumbre mundial del turismo. Añadan el período blanco de las navidades y tendrán, a priori, un calendario más que amable para Juan Espadas, cargado de esas convocatorias que permiten que la urbe esté “posicionada” en España y en el mundo, según la tesis preferida por el alcalde y sus colaboradores.

Ciudadanos se conforma por el momento con Javier Millán, quien es consciente de que será candidato en el supuesto de que su partido no encuentre un Manuel Valls para Sevilla a última hora. El PP no sabe si desear que lo halle, o si le interesa que siga Millán. El pacto de gobierno soñado por la derecha tras el 26-M necesita sumar 16 concejales. Las cuentas no salen con Millán, que no termina de despertar pasiones, pero podrían no interesar un candidato sorpresa si le resta votos a los peperos más que a los socialistas. A esto hay que añadir que Beltrán Pérez necesita un salto de calidad, unos meses finales con intensidad para emerger con fuerza. Necesita provocar el desgaste de un alcalde que no genera rechazo. Y en la lucha por ese objetivo vendrán las curvas a partir de septiembre. Uno de los flancos débiles de Espadas, al margen de las ratas en los barrios y de los árboles caídos que son convenientemente aireados en las redes sociales, vendrá por la política nacional. Al alcalde lo atacarán fundamentalmente por la vía de Pedro Sánchez, el presidente de los 84 diputados que es abucheado en Sanlúcar de Barrameda. La fiera ruge en el tendido y también en Bajo Guía. A Zapatero le pitaban el 12 de octubre.

Prepárense para Plenos municipales con reiteradas llamadas a asuntos de Madrid y a la explotación, además, de las desavenencias entre el Gobierno de la Nación y el de Andalucía. En dos meses ya hemos tenido la primera a cuenta del número de inmigrantes menores de edad que Andalucía se ve obligada a recibir. Espadas será atacado en el Salón Colón y en los pasillos del Ayuntamiento por su condición de miembro de un partido que se deja apoyar por los separatistas y proetarras, que no protege la figura del Rey en las manifestaciones y que provoca un irresponsable efecto llamada en los inmigrantes. Por eso se ventea que es “el alcalde del PSOE”, porque son las siglas las que se consideran vulnerables, y no, por el momento, la persona del alcalde.

El PP aprovechará el bajo perfil del candidato de Ciudadanos para tratar más que nunca de hacerse de nuevo con ese espacio electoral conservador que, en parte, se supone ocupado por el partido del Albert Rivera. La crisis de los árboles ha revelado el endurecimiento del discurso del Grupo Popular, que pidió dimisiones en cuanto se conoció el fallecimiento del sevillano de 74 años, mientras Ciudadanos se perdió en peticiones de comisión de investigación, que ya se sabe el rédito que han tenido las que se han organizado en la historia de la democracia. Solo una, la que montó Zoido por el derogado Plan Centro, tuvo alguna consecuencia. Y fue un tiro en el pie para el propio alcalde Zoido. El PP de entonces fue a por lana con aquella comisión y salió trasquilado.

Fíjense que a mitad de este agosto el PP ya ha presentado una serie de preguntas sobre la caída del árbol del Alcázar con el firme propósito de ir preparando para septiembre un ambiente de tensión. El principal grupo de la oposición busca demostrar que el accidente pudo ser evitado, que hubo negligencia en la conservación del arbolado y que, por lo tanto, su inicial petición de dimisión del delegado de Urbanismo estaba y está más que justificada. El Ayuntamiento informó de un herido leve el día del accidente. La víctima falleció a los dos meses. Será el asunto más delicado de los días de política local que se aproximan.
El alcalde no tiene ninguna responsabilidad directa en los asuntos de ámbito nacional, pero la política permite poner las luces largas o cortas a conveniencia. Al PP municipal le convendrá mucho mirar a Madrid, obligar al alcalde a pronunciarse sobre asuntos de la política que se cuecen en la capital mediante hábiles mociones presentadas en tiempo y forma, y ejercer un martilleo continuo para explotar en clave local los desaciertos, los cambios de criterios o las debilidades de la Moncloa. El empecinamiento de Zapatero en no admitir la crisis hundió la marca del PSOE, lo que afectó a sus alcaldes y candidatos en las municipales de 2011. Las primeras medidas de Rajoy en el Gobierno hundieron las opciones reales de Arenas de alcanzar la presidencia de la Junta. Cuanto ocurre en Madrid tiene consecuencias en la política a menor escala. La ola de Madrid, como dicen los gurús a sueldo, levanta o arrastra candidatos por toda España. En este modo de hacer política local son especialistas los grupos de Izquierda Unida y Participa Sevilla, que se pasan el mandato con mociones sobre asuntos en los que el Ayuntamiento no tiene competencia: el Sahara, los tipos de interés, las cláusulas suelo, el precio de la luz, Cuba, las políticas de Educación, etcétera. Se trata de ocupar los nichos que se consideran propios. Pocos votos, pero seguros.

Es previsible que Espadas sea hábil y pase a la acción por mucho que descarte siempre cualquier opción de ataque directo al rival político, pues no se conoce que haya venteado por el momento ningún trapo sucio de la era Zoido. Si le azuzan con Pedro Sánchez, es muy probable que el alcalde pueda defenderse metiendo el dedo en la llaga de un Pablo Casado, presidente del PP, previsiblemente imputado en el caso del máster. Con el más que probable fuego cruzado entre los dos grandes partidos, Ciudadanos tendrá que sacar beneficio de una vez en clave local, una tarea que sigue pendiente tras más de tres años con presencia en el Ayuntamiento, mientras los dos grupos de la izquierda más a la izquierda (Participa Sevilla e IU), unidos bajo el lema Adelante Sevilla, procurarán romper el techo de cinco concejales que ahora suman entre ambos, a los que solo se ha oído a cuenta de bochinches en el interior del Ayuntamiento, asuntos de memoria histórica o discursos alarmistas en el período de la pos-crisis económica.

El panorama que se avecina en Sevilla es un septiembre marcado por el inicio de la dureza en el debate político previo a las elecciones. Una de las mayores curvas del curso que viene será la negociación del presupuesto general de la ciudad, la herramienta que necesita todo gobierno para ejercer su labor y la ciudad para funcionar. Juan Espadas asumió varios compromisos de cara a esas cuentas (la bajada del IBI en un 5%, entre otros) a cambio de que el PP permitiera la aprobación de las de 2018. El PP de Beltrán Pérez, paradójicamente, le permitió gobernar en 2018. Ahora vienen tiempos de zancadillas, dedos acusadores y mucha crispación en las redes sociales en un contexto nacional donde unos y otros buscarán motivos para buscarse las vergüenzas.

  • Miguel

    La única conclusión que saco es que el articulista atribuye al PP la aviesa intención de obviar que Espadas este resultando, dentro de lo que cabe, un buen alcalde, introduciendo en el debate municipal elementos exógenos para deteriorar la percepción que los sevillanos tienen de el. O sea, me importa un pito lo que se hace en el Ayuntamiento, lo que quiero es sentarme en el sillón. Lo que se censura a Sánchez en Madrid se pretende hacer aquí, con la diferencia de que los últimos tres años de Rajoy fueron un desastre, mientras que los tres años de Espadas están siendo razonablemente buenos.

  • Yomismo

    Para que no haya problemas con la oposición,pondrán al frente de los servicios administrativos a algún protegido del PP a cambio de un poco de silencio, así los dos salen ganando.