Cómo suda Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2018 a las 5:00

sombra avenida

SEVILLA tiene una capacidad innegable para la resignación, unas tragaderas de hipopótamo de plástico harto de bolas en aquel juego de mesa de los años ochenta que sigue en distribución, unas fauces donde caben todos los oprobios, todas las carencias estructurales y muchas prestaciones básicas. No hablamos ahora de la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el Aeropuerto, ni de un nuevo carril en el Puente del Centenario. Esta ciudad no es que ponga la otra mejilla tras cada torta, es que alterna las mejillas tras cada golpe con la velocidad de un estafermo. Sevilla es mansa, no protesta, acaso suelta alguna andanada cruel de vez en cuando, pero es una ciudad pastueña, feliz en su indolencia cotidiana. Llevamos años sin sombra en la Avenida de la Constitución, pero nos encanta sudar en este septiembre de calores mojados, este mes en que Sevilla es una Barcelona sin alcaldesa populista ni sociedad civil fracturada. Aquí somos felices con los sobacos sudados como Camacho en el Mundial de Corea. Hace un año que nos pusieron unos arbolitos diminutos plantados en macetones enormes que parecen los bonsais de Felipe González, pero que ahora son los bonsais de Espadas. La verdad es que Espadas es el único alcalde que se ha atrevido a colocar sombra en la Avenida. La sombra mínima. Cómo suda Sevilla, que diría el Padre Cué. Al alcalde, o se le caen los árboles o se le encogen. Nadie baraja un sistema de toldos, ni de velas, ni de nada parecido. Hasta que un día oímos en la confidencialidad de una tertulia, en la privacidad de una charla sin que la grabe el avieso Villarejo, la verdad del barquero. La Avenida de la Constitución no se peatonalizó. Se transformó, que no es lo mismo. No se puede poner sombra en la Avenida porque eso atraería tal cantidad de viandantes que la convertiría en una vía pública muy insegura. De hecho, desde que se colocaron los macetones tras los atentados de Cataluña, la Avenida es todavía más incómoda para el peatón: el tranvía, el cruce de coches desde Alemanes a García de Vinuesa, las gradas de la Catedral, el carril bici, las terrazas de veladores… Hay poco espacio para el peatón. Y, sobre todo, no hay espacio para más peatones de los que de por sí se atreven a recorrer este desierto urbano, pasarela de turistas zarrapastrosos que nutren las arcas de la Catedral. Se puede comprobar fácilmente como los macetones obligan al peatón a invadir el espacio de seguridad del tranvía. ¿Para qué crear entonces las amplias zonas de sombra que necesita esta gran arteria de acceso al centro comercial? Hay que contentarse con el beneficio generado con la reforma para el templo metropolitano, que se ha librado de la polución que ennegrecía la piedra. Siempre hay una palmadita en la espalda para que dejemos de protestar. El error, pretendido tal vez, estaba en el lenguaje. No se peatonalizó, se transformó. Y nos lo tragamos. Del reivindicativo “¡Carril bici ya!” exhibido en los sillines al “¡Carril peatón ya!” que acabaremos pegándonos en la espalda. Nos tragamos la reforma con el nombre que no era. No interesaba decir la verdad, todavía menos ahora, cuando se han plantado los bonsais de Espadas. Hasta que un día alguien se apiada de nosotros y nos dice que lo nuestro no es el toreo, que nos retiremos a otro oficio. Nos ayuda a cortarnos la coleta de la inocencia con unas tijeras de plata, y nos deja casi como el Gallo de Morón: sin plumas y… sudando.

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  • Lito Martí

    La triste realidad de la Avenida es ésta, cada día más intransitable, sobre todo a ciertas horas. En cuanto a los macetones-bonsais, en su día dijeron que era para dar sombra !!!
    Y los colocan justo en el único tramo que disfruta de la sombra protectora de la Catedral. Por favor, que alguna mente sensata
    -si queda alguna- se decida a retirarlos para que los peatones tengamos un obstáculo menos que esquivar.

  • Manuel Gómez Muñoz

    Efectivamente, Sr. Navarro, tiene ud. toda la razón del
    mundo.
    Sevilla ya no es la ciudad pensada para que el ciudadano de a
    pie pueda caminar y pasear tranquilamente por sus calles y
    plazas.Actualmente el paseante tiene que sortear mil y un
    obstáculo para poder caminar y disfrutar de su ciudad.
    Veladores,grupos de turistas,anuncios en zonas “peatonales”.
    Sevilla está pensada para el foráneo,bienvenidos siempre que
    no nos invadan y respeten al sevillano.Y no hablemos de las
    bicicletas que van y hacen lo que quieren y a la hora que les
    da la real gana.He visto a usuarios de bicicletas por la
    calle Tetuán circulando velozmente y sorteando a la gente.Lo
    que no he visto es a un policia parándolos.Por no respetar,
    no respetan al peatón ni en los pasos de cebra de los mismos
    carriles bici. (sólo una minoría lo hace).

    Vamos, es que un sevillano lo tiene hasta difícil para
    visitar los monumentos debido a las aglomeraciones para
    entrar.
    Hoy el sevillano casi tiene que pedir permiso para poder
    caminar por su ciudad.
    Se ha “cargado” a Sevilla.

  • Rafael

    ¿Estuvo usted en las protestas que hubo cuando cortaron los árboles de la plaza del Pumarejo? Claro que hay una Sevilla que protesta y no se resigna. Que no coincida con su color político y no lo haga en las zonas adineradas de la ciudad no significa que no exista, es que usted no la ve. Cada uno es ciego de lo que quiere.

  • Paco Zurita

    Después de las certeras palabras de Lito, Manuel y Rafael sólo añadir que después de sortear macetones, veladores, tranvía y bicicletas llegas a la Plaza de San Francisco y te encuentras con otra vergüenza de Sevilla, la mutilación de los dos magníficos árboles que están delante del edificio del Banco de España.

  • Paco Zurita

    Me lo ponéis muy fácil con lo de “la aprobación”. A ver si alguien sabe quien ha aprobado la mutilación de esos árboles.


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