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Elecciones en el Colegio de Abogados de Sevilla: revuelo en la sala de togas

Carlos Navarro Antolín | 14 de octubre de 2018 a las 5:00

CONSEJO ABOGACÍA

José Joaquín Gallardo en una audiencia con el Rey Felipe VI

EL 24 de enero de 1995 era todavía alcalde el andalucista Alejandro Rojas-Marcos. En mayo fue sustituido por Soledad Becerril. En la Junta de Andalucía mandaba Manuel Chaves tras haber superado aquella campaña que lo presentó como un candidato a palos, forzado por Felipe González a dejar Madrid para asumir la aventura andaluza. Sevilla no tenía Metro, los primeros teléfonos móviles eran escasos y de gran tamaño (más bien portátiles), los autobuses de Tussam eran naranjas y todavía no se habían inaugurado las líneas circulares que comunicarían con fluidez la Isla de la Cartuja con el resto de la ciudad. La ciudad seguía en su particular depresión posterior a la Exposición Universal, distraída quizás con el sonajero de los Juegos Olímpicos agitado con habilidad por Rojas-Marcos. Aquel día de enero tomó posesión como decano del colegio de abogados un letrado de 39 años, el decano más joven de la institución: José Joaquín Gallardo. Desde entonces, durante 24 años, ha sido protagonista habitual de todo tipo de debates y actos en la ciudad. Ha generado simpatías, afectos y el apoyo masivo de sus compañeros. El Colegio de Abogados es quizás, junto al de Médicos, el que mayor proyección tiene en la vida de una ciudad que roza los 700.000 habitantes y que casi alcanza los dos millones si se tienen en cuenta los pueblos de la provincia. El revuelo en la sala de togas ha comenzado cuando Gallardo ha decidido –esta vez sí– dejar el cargo tras cinco mandatos consecutivos después de haber ganado los comicios de 1995, 2000, 2007, 2011 y 2015.

El delfín de Gallardo quiere, por fin, acceder al decanato. Óscar Cisneros, que ejerce la abogacía desde 1988, ya estuvo a punto de serlo en los comicios de 2015, pero Gallardo decidió continuar a última hora. Algunos apuntaron que Cisneros apareció entonces como un Santi León de la Real Maestranza, porque León tuvo que ceder el turno –digámoslo así– y esperar varios años antes de ser teniente. Cisneros ha esperado, como esperó Santi, pero, a diferencia del caballero maestrante, no tiene garantizada la sucesión. Y no la tiene porque el veterano penalista Francisco Baena Bocanegra (Coín, Málaga, 1942) ha dado la sorpresa al anunciar que se presenta a las elecciones. Nadie esperaba el paso al frente de este gigante de la abogacía, hiperactivo y con una trayectoria marcada por su intervención en casos de fuerte proyección nacional.

Baena quiere ser decano después de 50 años de ejercicio de la profesión, cosa que ha extrañado a muchos de sus compañeros. Sus primeras declaraciones han sido para censurar indirectamente que el decano saliente haya estado 24 años en el cargo y para anunciar que tiene el apoyo de “despachos de peso”. Nadie duda de que los períodos prolongados en un sillón conducen a la relajación, a inercias improductivas y a detalles a veces frívolos, como la concesión de determinadas distinciones. Bocanegra promete no estar más de dos mandatos. Se desmarca así del estilo de gobierno de Gallardo y, por supuesto, de Cisneros, que representaría la continuidad. A su favor tiene un prestigio fuera de duda, el reconocimiento de ser un letrado que está al día de las nuevas leyes y que sigue dedicando horas al estudio. Tal vez hubiera debido evitar la alusión a los “despachos de peso”, pues el decano lo es de los letrados en particular, no de los bufetes de renombre.

Cisneros tiene a su favor ser muy conocido en el gremio por sus años como responsable de la comisión de honorarios. Quién no se ha tenido que poner en contacto con él para asuntos de minutas.

El próximo decano deberá emplearse en defender el colectivo como tal más que apostar por la notoriedad social. Los letrados no pocas veces se sienten poco respetados por los jueces y no faltan quienes demandan que sea el colegio el que intervenga en su nombre. El Colegio de Abogados no estaría tanto para organizar conferencias, cursos de formación y otros actos paralelos a su objeto social, como sí para velar por los intereses de sus colegiados ante todo tipo de abusos en sus actuaciones en los tribunales de justicia.

Pero como en todo colectivo con fuerte penetración en la vida de la ciudad, nadie duda de que el decano del colegio de abogados tiene un brillo social que puede eclipsar cualquier tarea. La abogacía está presente de una u otra forma en empresas, clubes, hermandades, partidos políticos, sindicatos, aristocracia… La abogacía vertebra la sociedad local con fuerza. Por eso el de decano se trata de un cargo bastante apetecible. No hay que olvidar que el decano puede negociar o renegociar seguros, pólizas sanitarias y otros contratos de elevada cuantía económica por interesar a un cuerpo próximo a los diez mil colegiados. ¿Qué empresa no estaría dispuesta a prestar sus servicios a un colectivo tan numeroso?

El decano tiene también en su poder el control de muchos procesos sometidos al arbitraje. En definitiva, tiene facultad para dar. Y eso es una forma de poder muy atractiva. Tampoco se olviden las relaciones exteriores, pues sólo por ser decano se asegura un puesto en el Consejo Andaluz de la Abogacía y en el Consejo General de la Abogacía Española.

El nuevo decano debería no sólo tener claro el objetivo principal de la institución, sino promover una regulación mucho más sencilla del voto por correo para fomentar la participación de los colegiados en los procesos electorales.

El acceso a internet es hoy generalizado en todos los despachos, cuando en 1995 era minoritario, si acaso un recuerdo de aquella experiencia vivida de forma privilegiada en algún pabellón de la Expo. Entonces la conexión se iba al traste si el aparato se recalentaba. Hoy todo se desarrolla en alta velocidad. Los autobuses son rojos. Hemos conocido cuatro alcaldes desde aquella jornada en la que el joven Gallardo se introdujo para siempre en la vida de la ciudad, con una proximidad a los colegiados en entierros y enfermedades. Hoy hace falta una voz tronante que exiga la verdad sobre la Ciudad de la Justicia, como se precisa para otros asuntos como la Ley de Tasas.

REY-AUDIENCIAS

José Joaquín Gallardo en una audiencia con el Rey Juan Carlos I

Pornografía en el Alcázar de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2018 a las 11:14

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El Alcázar ha rehabilitado el estanque del Mercurio. Y el mercurio, el otro, se ha disparado. Una pareja especializada en la grabación de vídeos pornográficos ha hecho de las suyas en el interior del recinto. El monumento civil más importante de la ciudad ha servido de escenario para escenas de sexo explícito, grabadas después de un paseo que la protagonista inicia en el Jardín del Marqués de Vega-Inclán, muy próxima a la cafetería, y que termina en el lugar conocido como El Macetero, donde se encuentra el vivero de plantas, muy cerca ya del Palacio de Yanduri de la Puerta Jerez. Durante el paseo, la protagonista deja ver sus partes íntimas al mismo tiempo que el cámara se recrea en algunas de las zonas del monumento.
Los actores entran en el Real Alcázar como turistas y, una vez en el interior y siempre tras el paseo inicial, aprovechan una zona de escasa afluencia de visitantes (la del vivero) para la grabación de las escenas más subidas de tono. Pornografía pura y dura. El Ayuntamiento, que asegura haber tenido conocimiento del asunto hace unos días, estudia tomar medidas contra los intervinientes. Los servicios jurídicos contemplan desde la interposición de una denuncia por haberse efectuado una grabación irregular, sin haber pedido permiso ni haber afrontado el pago de tasas, o la aplicación directa de la ordenanza en materia de igualdad y violencia contra la mujer. En cualquier caso, todo apunta a que los hechos serán puestos hoy mismo en conocimiento de la Policía Nacional. Mientras el patronato del Alcázar y el propio Ayuntamiento estudian las medidas, el vídeo acumula ya más de dos millones de visitas. El patronato tiene comprobado que el vídeo fue grabado en abril y subido al portal pornhub en agosto. La misma pareja ha grabado escenas del mismo tono en lugares públicos de la ciudad como el Parque de María Luisa, pero ahora el caso es especial al tratarse de un recinto privado, vigilado por cámaras y al que se accede mediante el pago de una entrada.

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Virginia Pérez irá de número uno por Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2018 a las 6:00

PABLO CASADO INAUGURA LA NUEVA SEDE DEL PP PROVINCIAL DE SEVILLA

Cambio de roles con importantes consecuencias porque los puestos son limitados. No caben todos. Los movimientos, los nervios y la tensión ya son patentes de cara a unas listas que serán oficiales el 24 de octubre. La presidenta del PP de Sevilla será la número por Sevilla a las elecciones al Parlamento de Andalucía del 2 de diciembre. Virginia Pérez Galindo (Sevilla, 1979) liderará una candidatura en la que se da por hecho que el PP obtendrá cuatro actas de diputados de los 18 posibles por la circunscripción. Nadie podrá negarle a Pérez el puesto a riesgo de abrir una herida de imprevisibles efectos. El PP, por lo tanto, tendrá un nuevo portavoz en la Diputación Provincial tras los comicios andaluces. Se tratará de Juan de la Rosa, secretario general del PP de Sevilla que, aunque procede del bando perdedor del congreso provincial, tiene plena sintonía con la actual presidenta.

Los cuatro diputados del PP por Sevilla en la actualidad son Juan Bueno, ex presidente provincial; Patricia del Pozo, vicepresidenta del Parlamento y destacada arenista; la arquitecto y ex concejal Alicia Martínez y el veterano Jaime Raynaud. Este último es el único de los citados que formó parte del grupo que alcanzó el control del partido a raíz del polémico congreso provincial. Raynaud es, de hecho, el director de la campaña de Beltrán Pérez para las elecciones municipales de mayo de 2019. De momento no se ha pronunciado sobre sus intenciones de futuro: si desea repetir o continuar en el Parlamento. Es uno de los diputados que mejor controla los temas urbanísticos y de reordenación del territorio. Se da también por hecho que en los puestos de salida irá Toni Martín, uno de los escasos sevillanos que prestó su apoyó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla a su llegada a la presidencia del PP andaluz. Martín ha sido senador autonómico por un breve período de tiempo hasta que tuvo que cederle su acta al gaditano Antonio Sanz tras la moción de censura que desalojó al PP del Gobierno de la Nación de forma traumática. Sanz pasó de delegado del Gobierno en Andalucía a senador en la Cámara Baja junto a su gran mentor, Javier Arenas.

Virginia Pérez procede de las Nuevas Generaciones del partido. Abogada de profesión y concejal en Gines, desde 2008 es diputada provincial. Y desde 2015 ejerce de portavoz.

La coartada del calor

Carlos Navarro Antolín | 7 de octubre de 2018 a las 5:00

PROTESTA DE LOS ESTUDIANTES

HACE años que en los colegios parece que mandan los padres de los alumnos, como en la Universidad el personal de administración y servicios (PAS) y en los hospitales los pacientes. Hemos jugado tanto a confundir los papeles y a fomentar la teoría de la participación de todos los actores en condiciones de igualdad, hemos ampliado tanto el manual de los derechos y recortado el de las obligaciones, que hemos generado un monstruo difícil de controlar. Sí, el sueño de la razón genera monstruos, como el exceso de derechos sin ninguna obligación produce individuos débiles. Los niños, los padres de los niños y los abuelos de los niños se quejan, se manifiestan por las calles y hacen huelga porque pasan calor en las aulas en este otoño berrendo en julio.

Los políticos que están en el gobierno prometen el aire acondicionado. Los que vivaquean en la oposición tasan el dinero que costarían las instalaciones, un importe que, por supuesto, se podría desviar de otros gastos ya comprometidos. El caso es derribar al contrario haga frío o calor. Nadie, absolutamente nadie, recuerda que en su etapa escolar también se sufría el verano cuando, sencillamente, era verano. Y en los días de lluvia el patio se mojaba, como los demás… Nadie niega que se rinde mejor en una estancia refrigerada, pero nos queda la duda de si estamos ante una nueva muestra, acaso un mero botón, del estado al que hemos llevado la educación entre unos y otros, un estado donde los profesores tienen los pies de barro, los padres tienen cogido a los políticos por el mango de la sartén y solo importan los datos del informe PISA (la mía que sea sin queso) para vender una vez al año lo buenos que son los alumnos. Estos registros siempre mejoran, que para eso está la Administración cuarteando continuamente la autoridad de la figura del profesor.

Los padres de hoy asisten encantados a la pérdida de autoridad de los profesores, cenicientas de un sistema que sigue en una peligrosa deriva. En muchísimos casos son más bien jefes de gabinete de sus hijos, llevando la agenda de los deberes, la lista de sofisticados cumpleaños (actos sociales), haciendo de transportistas de un sitio a otro, de un entrenamiento a una fiesta, de un parque de bolas a un taller lúdico de no sé qué gaita que estimula no sé qué facultades que me ha dicho el psicólogo que esto es buenísimo… Nadie, absolutamente nadie, recuerda que todo esto era superfluo hasta hace un minuto.

La mejor actividad extraescolar era estar en casa o jugar a la pelota un rato. Y, aviso para demagogos, no hay que remontarse para ello a ninguna etapa de escaseces ni de falta de libertades. Hemos sublimado el confort hasta límites temerarios. Estamos criando débiles. Y, claro, los débiles no aguantan el calor, como tampoco soportan el aburrimiento, ni admiten una primera comunión con un simple desayuno. En la educación se habla demasiado de los complementos (el calor, las instalaciones, las tablets…) y poco, muy poco, del esfuerzo, la exigencia, el mérito, el uso correcto del lenguaje, el cultivo de las humanidades, los buenos modales, etcétera. El tuteo ha invadido la educación, como ha ocurrido en la Sanidad, en la Universidad y hasta en la propia Iglesia. Y lo ha hecho envuelto en el halo de un tergiversado concepto de igualdad y en aras de un sesgado concepto de la modernidad.

En los tiempos que corren hay que tener ganas de ejercer la docencia. Hace falta mucha vocación para asumir que el sistema te dejará en cueros al mínimo problema porque la Administración prefiere dar la razón a los padres, convencidos de que el niño es el Mesías de cualquier disciplina y, por supuesto, el Messi en el fútbol. Los padres han renunciado a su condición de tales para asumir la de felices asistentes personales y sacrificados conductores vespertinos, mientras que los profesores se han visto obligados a limitar sus funciones, despojarse de cualquier autoridad y, por lo tanto, practicar una educación no pocas veces defensiva. ¿Salen a la calle los padres para protestar por las agresiones que sufren los profesores? Los padres se preocupan de los profesores, en el mejor de los casos, para perder los papeles a final de curso al proponer obsequios inapropiados para un docente. ¿De cuándo se ha regalado a un profesor un fin de semana en un hotel boutique, una sesión de masajes o una cena en un restaurante con vistas al río? Lo dicho: los papeles están perdidos. Debe ser porque muchos se quedaron traumatizados por la muerte de Chanquete.

Sin tener que pasar por espartanos ni renunciar a las ventajas de las tecnologías, conviene no olvidar algunas máximas que algunos teníamos claro o, al menos, nos las enseñaron con claridad. Hace calor en las aulas porque hace calor en la calle. Hay que hacer deberes porque en la vida existen obligaciones como existen los derechos. No hay que poner más envoltorios rosas. Y esto no significa que haya que recuperar ninguna suerte de castigo corporal ni seguir el viejo lema de que la letra con sangre entra. Simplemente se trata de tener claro que estudiar es algo muy serio que requiere hábito, concentración, perserverancia y, por supuesto, motivaciones y estímulos positivos, no tantos miramientos como el de la temperatura de las aulas.

Hoy, por ejemplo, se enseña más a indagar que a estudiar, porque nos venden el mantra de que en internet está todo y que los trabajos del mañana requerirán principalmente coordinacion, habilidades en equipo y otros cantos de sirena que, oh casualidad, siempre conducen hoy al paraíso de tardes sin deberes y fines de semana libres por delante. Luego vienen los fracasos. Fracasos, naturalmente, que son culpa de los profesores, esos desgraciados sometidos al despiadado e irresponsable pimpampúm en los grupos de mensajes.

Dejar de ir a clase porque hace calor en Sevilla nos reviste, quizás, de la condición de padres comprensivos y preocupados en la biempensante sociedad de hoy, donde todo se enfoca hacia la galería, pero transmite un mensaje nefasto (otra vez) para quienes habrán de pagar las pensiones del mañana: la obligación se orilla a la mínima adversidad y, peor aún, todos tenemos derecho a absolutamente todo. Cuando en el futuro, en el mejor de los casos, los niños de hoy tendrán que enfrentarse a muchas tardes de calor y frío. Si algo nos va mal, si no cosechamos el éxito al que estábamos llamados porque sí, porque nos vendieron que todos respondíamos al perfil de las altas capacidades (tururú), será culpa del sistema, de la sociedad, de aquel colegio donde no había aire acondicionado, del calor, de que no nos motivaron…

Por cierto, pregunten en algunos de los colegios privados más afamados y cotizados de la ciudad: no tienen aire acondicionado en las aulas. Cuánto daño están haciendo los grupos de WhatsApp a la educación, casi tanto como los palitos de cangrejo a la ensaladilla. Dicho sea por reírnos, que es de lo que se trata. Porque la vida es pasarlo bien y disfrutar. ¿No se enseña así a los niños? Pasar calor es un horror, se calienta la Nintendo. Y todos nos traumatizamos.

El teatro de la unidad

Carlos Navarro Antolín | 3 de octubre de 2018 a las 22:00

Foto: José Ángel García

El teatro de la política nunca cierra, no conoce crisis, ni necesita de ayudas públicas para salir adelante. El teatro de la política es un negocio de larga proyección. Hay teatro donde hay política. Las sesiones son continuas y las tramas infinitas. La ciudad de Sevilla, siempre ensimismada con su pasado más glorioso, tantas veces vinculado a la Exposición del 29, recupera con frecuencia el espíritu de aquellos teatros que marcaron la vida del centro en las horas de ocio de una sociedad que no sabía de televisiones, Netflix y otras plataformas. Teatro del Duque, teatro Imperial, teatro Llorens, teatro Cervantes… Los teatros que perdimos. Ayer, décadas después de que algunos de estos teatros echaran el telón para siempre, algunos destruidos, otros reconvertidos en cine durante algún tiempo, pero todos cerrados, hubo función de teatro en la Plaza del Duque, una comedia que bien pudo llevar por título ‘La exaltación de la ojana’. A la representación de la unidad por la vía del teatro. No es mala solución. Zoido, aquel alcalde de los 20 concejales que lo perdió todo en la primer taberna del poder, volvió a un acto público en la ciudad que lo aupó al estrellato en 2011.

Zoido acudió a apoyar la recaudación del movimiento Pro Vida. La causa noble, como de costumbre, fue la gran coartada para envolver la causa verdadera: el reencuentro en público de las dos facciones del PP de Sevilla, la escenificación de la concordia. Zoido y el actual aparato provincial. Zoido y los Pérez: la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el candidato a la Alcaldía, Beltrán Pérez. Zoido volvió a dejarse ver por Sevilla tras el congreso extraordinario de Madrid del pasado julio, del que salió Pablo Casado como nuevo líder del centro-derecha español. El tam-tam electoral suena y es la hora de la ojana. El brazo de Zoido aparece, otra vez, por encima del hombro derecho de Beltrán. La presidenta provincial sonríe. El ex alcalde y ex ministro proclama: “Yo estoy para ayudar”. Los fotógrafos captan una escena que evoca al feliz 2011. La gente mira y se detiene ante cierto revuelo. “¿Es un artista?”, pregunta un viandante despistado. “Sí, sí, arte tiene…”, le responden con guasa. “¿Zoido? Pero si ya no es nada, ¿no?”, tercia otro con esa crueldad infantil que es marca de la ciudad. La función continúa en el Duque. Jijií, jajajá. Una grúa aparatosa eleva hasta un ventanal los nuevos colchones del hotel América. Dos hermanas de la Cruz pasan por delante. “El Partido Popular es el único partido que apoya a la familia, que defiende la vida y la educación pública, concertada y privada. Somos el único partido, ¿eh?”, exclama Zoido ante las señoras que están al frente de la mesa petitoria. “El único partido, ¿eh?”, se oye como un eco.

Beltrán y Zoido, Zoido y Beltrán. Se miran y se abrazan con la presidenta provincial de testigo. Algunos concejales se mueven con la hucha en mano para colaborar con la causa, otros miran el cogollo de la felicidad impostada y hasta alguno se evade mientras enciende un pitillo. Pocos ciudadanos se paran, muy pocos. Los asesores son los apuntadores a pie del escenario. El corrillo de Zoido y Beltrán se ha cerrado de forma espontánea, una disposición que no permite tomar nuevas fotografías de tan felicísimo (jajajá) reencuentro. Alguien les insta a abrirse. Los colchones siguen su escalada. Beltrán Pérez invita a Zoido a sumarse a nuevos actos. “Si tú quieres y puedes… Si tú puedes y quieres”. Predominan las chaquetas azules. La de Zoido es de O´Kean, la célebre sastrería de la Plaza Nueva, una prenda sevillana para los maitines de los lunes en la sede de Génova. Todos sonríen. A sonreír, ¿eh? Vienen los meses más duros, el rosario de las elecciones y sus correspondientes períodos de formación de las listas electorales. La derecha sevillana interpreta su particular himno. Agrupémonos todos en la lucha final, ¿eh?. ¡Sorayista el último! Y todos a correr mientras se miran unos a otros como los conductores de cuadrigas de Benhur.

La lucha final es una carrera por parecer más casadistas que nadie, cuando en realidad ninguno lo fue de origen, salvo el alcalde de Vejer y secretario del Grupo Popular en el Senado, que ayer participó en la función de este repentino teatro del Duque desde su cuenta personal de Twitter. Debe ser cosa del mundo globalizado y de las nueva tecnologías eso de que el alcalde de Vejer, localidad a 160 kilómetros de Sevilla, publique un mensaje sobre la función teatral de Sevilla. El PP andaluz se divide ahora en dos, dicho sea a lo Fernando Villalón: Sevilla, Málaga… y Vejer de la Frontera, ¿eh?. La ojana es universal, no entiende de barreras. Teatro, la política es puro teatro. Qué suerte que ayer hubiera tantos colchones tan cerca del escenario. Siempre hay artistas que pueden tropezarse y conviene caer en alguna superficie mullida. Los colchones siempre amortiguan. El caso es que el mayor artista de todos no estaba. Dicen que andaba por Madrid. El que los enseñó a todos estaba en el Senado. La Cámara Alta es otro teatro. Arenas los cría… y ellos se juntan, se pelean y se vuelven a juntar. Que siga la función. Agrupémonos todos que el viernes viene Casado. Y tengan cuidado al subir los colchones, ¿eh?

PP2

Cómo suda Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2018 a las 5:00

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SEVILLA tiene una capacidad innegable para la resignación, unas tragaderas de hipopótamo de plástico harto de bolas en aquel juego de mesa de los años ochenta que sigue en distribución, unas fauces donde caben todos los oprobios, todas las carencias estructurales y muchas prestaciones básicas. No hablamos ahora de la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el Aeropuerto, ni de un nuevo carril en el Puente del Centenario. Esta ciudad no es que ponga la otra mejilla tras cada torta, es que alterna las mejillas tras cada golpe con la velocidad de un estafermo. Sevilla es mansa, no protesta, acaso suelta alguna andanada cruel de vez en cuando, pero es una ciudad pastueña, feliz en su indolencia cotidiana. Llevamos años sin sombra en la Avenida de la Constitución, pero nos encanta sudar en este septiembre de calores mojados, este mes en que Sevilla es una Barcelona sin alcaldesa populista ni sociedad civil fracturada. Aquí somos felices con los sobacos sudados como Camacho en el Mundial de Corea. Hace un año que nos pusieron unos arbolitos diminutos plantados en macetones enormes que parecen los bonsais de Felipe González, pero que ahora son los bonsais de Espadas. La verdad es que Espadas es el único alcalde que se ha atrevido a colocar sombra en la Avenida. La sombra mínima. Cómo suda Sevilla, que diría el Padre Cué. Al alcalde, o se le caen los árboles o se le encogen. Nadie baraja un sistema de toldos, ni de velas, ni de nada parecido. Hasta que un día oímos en la confidencialidad de una tertulia, en la privacidad de una charla sin que la grabe el avieso Villarejo, la verdad del barquero. La Avenida de la Constitución no se peatonalizó. Se transformó, que no es lo mismo. No se puede poner sombra en la Avenida porque eso atraería tal cantidad de viandantes que la convertiría en una vía pública muy insegura. De hecho, desde que se colocaron los macetones tras los atentados de Cataluña, la Avenida es todavía más incómoda para el peatón: el tranvía, el cruce de coches desde Alemanes a García de Vinuesa, las gradas de la Catedral, el carril bici, las terrazas de veladores… Hay poco espacio para el peatón. Y, sobre todo, no hay espacio para más peatones de los que de por sí se atreven a recorrer este desierto urbano, pasarela de turistas zarrapastrosos que nutren las arcas de la Catedral. Se puede comprobar fácilmente como los macetones obligan al peatón a invadir el espacio de seguridad del tranvía. ¿Para qué crear entonces las amplias zonas de sombra que necesita esta gran arteria de acceso al centro comercial? Hay que contentarse con el beneficio generado con la reforma para el templo metropolitano, que se ha librado de la polución que ennegrecía la piedra. Siempre hay una palmadita en la espalda para que dejemos de protestar. El error, pretendido tal vez, estaba en el lenguaje. No se peatonalizó, se transformó. Y nos lo tragamos. Del reivindicativo “¡Carril bici ya!” exhibido en los sillines al “¡Carril peatón ya!” que acabaremos pegándonos en la espalda. Nos tragamos la reforma con el nombre que no era. No interesaba decir la verdad, todavía menos ahora, cuando se han plantado los bonsais de Espadas. Hasta que un día alguien se apiada de nosotros y nos dice que lo nuestro no es el toreo, que nos retiremos a otro oficio. Nos ayuda a cortarnos la coleta de la inocencia con unas tijeras de plata, y nos deja casi como el Gallo de Morón: sin plumas y… sudando.

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Javier Millán, el pringado

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2018 a las 5:00

Cesco Rodríguez

El portavoz de Ciudadanos en Sevilla está debilitado, se siente cuestionado y especialmente orillado por los altos mandos del partido. Javier Millán confiesa que es tratado como un “pringado” por los máximos responsables de la formación naranja. Así se lo dice a un cargo del partido en Sevilla. Y, efectivamente, “pringado” lleva desde el último congreso nacional, celebrado en febrero de 2017, cuando lo dejaron fuera del consejo general de Ciudadanos pese a estar llamado a ejercer de referencia de la formación en la capital de Andalucía. Las grabaciones a las que ha tenido acceso este periódico prueban que el todavía portavoz del Grupo Municipal de la formación naranja en Sevilla se ha aficionado muy pronto a la vieja política, demasiado pronto, casi como el chaval que adquiere los vicios de los viejos conductores nada más aprobar el carnet. Millán, por seguir con la comparación, ya no se molesta en anunciar el cambio de carril con el intermitente. Se tira a tumba abierta a poner a caldo a compañeros de partido.

Su desesperación, derivada de la progresiva pérdida de apoyos internos, condiciona constantemente su discurso. La grabación que revela hoy este periódico demuestra que Millán ha hecho su particular máster en el juego de tronos, las traiciones, las escaramuzas y el intento de generar alianzas forzadas, amén de un curso especializado en el uso de términos despectivos para referirse a compañeros de partido que han de decidir sobre su futuro. Ya le pasó a Chiqui Benegas en los años 90 cuando le grabaron largando de Felipe González, ¿recuerdan? Felipe era “Dios” y Narcís Serra era “el catalán”. Para el sevillano Javier Millán, el catalán Fran Hervías, secretario de Organización de Ciudadanos, es el “gordo”. El líder regional, Juan Marín, es un hombre “acojonado”, al que se refiere como “manzanilla” y como “Sanlúcar”, en alusión al exquisito vino de la localidad natal del líder regional de Ciudadanos. Y la diputada por Sevilla, Virginia Salmerón, es “la marquesa que no quiere trabajar”, una “tipa”, una “muchacha” que, según su testimonio, “no me soporta”. Al menos, Millán se refiere a sí mismo como un “pringado” que se recorre los barrios de Sevilla mientras la obsesión de sus días, la citada Virginia Millán, “lo que quiere es vivir bien”.

Javier Millán ha sido sorprendido, como los viejos políticos, largando de su propio partido, al que califica de “panda de amigos”. Olvida que él mismo sería un pandillero. Plantea, ¡ay la vieja política y los extraños compañeros de cama!, la conveniencia de “cultivar la amistad con Juan Marín”, el líder regional que aspira a entrar en el próximo Gobierno andaluz. Y denuncia el “nivel de tiranía” que, en su opinión, se sufre en Ciudadanos.

Millán confiensa que teme ser “cepillado”. Esto es, que no le dejen ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Es sabido que Ciudadanos necesita un Manuel Valls para ilusionar a su gente en Sevilla. Millán no remonta en las encuestas, no ha sacado rédito del período de fuerte división interna del PP sevillano, ni ha capitalizado el éxito de crecimiento de Ciudadanos en toda España. Ciudadanos conoce de la debilidad de Millán como candidato casi desde el principio, por eso nunca ha gozado del respeto de Madrid. Si fuera una marca sólida, capaz de triplicar el número de concejales, tal vez el partido hubiera tenido el gesto de incluirlo en ese consejo general por mucho que no tuviera afinidad personal con los principales jerarcas naranjas.

Millán se duele continuamente en la conversación de su enfrentamiento con uno de los máximos responsables del partido, Fran Hervías, esposa de la diputada Virginia Salmerón. “El ve por los ojos de ella”. Pero no sólo no tiene el apoyo de Hervías. Millán fue ninguneado recientemente por el mismísimo Albert Rivera en un acto reciente en Sevilla, donde el emergente político catalán no sólo no lo citó, sino que se mostró partidario de incorporar a gente con talento en la carrera electoral por la Alcaldía de Sevilla. Prueba de la desesperación de Millán es la reciente alianza contranatura con Podemos e IU para pedir un pleno extraordinario, una maniobra mal vista por sus superiores en el partido.

La conversación que revela este periódico está trufada de alusiones al partido como una “panda de amigos” donde él ha quedado arrinconado, pese a lo cual intenta hacerse con la candidatura a la Alcaldía.

Millán, el pringado, anda a la desesperada en la búsqueda de apoyos para que su figura no se diluya como un azucarillo. Lo peor, quizás, es referirse al número tres del partido como el “gordo”. Le bastaba, tal vez, con referirse a Hervías como el “catalán”, que fue lo que hizo Benegas en los años 90 cuando largaba de Narcís Serra en sus charlas teléfonicas. Millán no ha aprendido lo que enseñan algunos viejos maestros cuando una tertulia se caldea: a un calvo se le puede decir de todo, incluso mentarle a la familia, pero lo que nunca tolerará es que le digan… calvo.

En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Y el enemigo, ay Javier, el enemigo siempre está dentro. Estas confesiones en política nunca terminan en absolución. “Si me pudieran echar un insecticida, me lo echaban”. Todo lo has dicho tú. Y todo te lo has dicho tú.

El portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Sevilla, Javier Millán, comparece ante los medios para informar de una nueva medida de Ciudadanos en la negociación del presupuesto

Sevilla espera a Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2018 a las 5:00

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Pablo Casado no ha pisado Sevilla como presidente del PP. La última vez que estuvo en la capital de Andalucía fue para hacer campaña en las primarias, cuando convocó un acto en la sede regional del partido. Aquel día fue recogido en la estación de Santa Justa por la presidenta provincial, Virginia Pérez. Desde su triunfo en el congreso extraordinario, Casado ha estado en Almería, Córdoba, Málaga y Algeciras. El caso es que el casadismo en Andalucía no existe de momento. Está pendiente de fundación. Y tendrá que constituirse, necesariamente, por medio de los conversos repentinos al casadismo (antiguos partidarios de Cospedal) o de neocasadistas procedentes del sorayismo que arrasó en las primarias.

El PP andaluz apoyó masivamente a Soraya Saénz de Santamaría, con Juan Manuel Moreno Bonilla y Javier Arenas como principales referencias. Los cospedalistas se pasaron al bando de Casado tras la derrota en las primarias por una cuestión de pura supervivencia. Ironías del destino, Casado se estrenará en unas elecciones en la región donde, en el inicio de su carrera a la presidencia, no contó con partidarios de peso.

El partido en Andalucía es un manojo de nervios y tensiones desde el congreso extraordinario. Esto se explica porque casi nadie puede presumir de ser al cien por cien del lider, pero todo el mundo se ve en la tesitura (incluido un histórico como Arenas) de mover ficha para estar en las listas electorales o asegurar su futuro. De entre los escasos casadistas andaluces con algún grado de relevancia están Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, pero relegada a un puesto de Defensora del Afiliado en el nuevo organigrama de Génova; el alcalde de Vejer de la Frontera, José Ortiz, elevado a secretario del Grupo Popular en el Senado y que es el único que parece aspirar a poner en marcha el casadismo andaluz; algunos diputados autonómicos como Teresa Ruiz-Sillero o Guillermo García Longoria, el presidente del PP de San Fernando, José Loaiza o el portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite. Para encontrar más casadistas ‘pata negra’ habría que descender ya a alcaldes de municipios menores.

Cómo será el casadismo andaluz dependerá mucho del resultado de las elecciones autonómicas, donde Ciudadanos apostará muy fuerte con Albert Rivera e Inés Arrimadas muy presentes durante toda la campaña. Los antiguos sorayistas aspiran, al menos, a que Moreno Bonilla salve los muebles con un resultado digno. Eso les bastaría para mantenerse vivos políticamente. Si el malagueño se pega un trastazo en las urnas, como sería perder la condición de segunda fuerza política, todo indica que esa misma noche tendrá que tomar una decisión en firme. De hecho, muchos de los movimientos internos en el PP andaluz trabajan ahora misma con este pronóstico. Los cospedalistas barajan la figura del ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, como relevo para la presidencia del partido. El ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, que ahora mismo carece de cargo institucional, forma parte del comité ejecutivo del PP, que tiene 97 miembros.

La clave será si Nieto es integrado en la lista autonómica por Córdoba para que se garantice un puesto en el hemiciclo de las Cinco Llagas. Nieto está muy vinculado a Juan Ignacio Zoido, presidente del Comité Electoral al que Casado deja sentarse en los maitines de los lunes, pero que no forma parte del denominado Comité de Dirección. De hecho, este comité (que es el que de verdad pilota la gran nave del partido) está formado por sólo cinco miembros (el presidente, el secretario general y los tres portavoces parlamentarios), pues Casado ha dejado técnicamente fuera hasta a los vicesecretarios generales.

Los hasta ahora sorayistas tendrían que buscar un nuevo rostro si Moreno Bonilla cosecha un fracaso sonado, y es entonces cuando podría entrar en juego el perfil de Fátima Báñez, ex ministra de Empleo que ha decidido seguir en política tras la marcha de Sáenz de Santamaría, su gran mentora y amiga personal.

En este proceso de cambio obligado del PP andaluz, nunca hay que olvidar la figura de Javier Arenas. Es evidente que la renovación del partido no puede pasar por su imagen, pero también lo es que se moverá (se mueve, nunca deja de moverse) para tener su sitio. Se trata de una combinación difícil, una operación que quedará ligada igualmente al resultado de las autonómicas. Arenas es actualmente senador por designación del Parlamento, donde el PP cuenta con cuatro actas. Nadie descarta que pueda perder alguna si sufre un revés electoral, por lo que la búsqueda de huecos sería más difícil.

En Sevilla, el candidato del PP a la Alcaldía, Beltrán Pérez, mantiene una relación fluida con Javier Maroto, vicesecretario general, por medio de su asesor electoral, Rafael Laza, jefe de gabinete del político de Vitoria. Pérez también recupera el contacto con Juan Ignacio Zoido, ex alcalde de Sevilla. Los nuevos tiempos obligan a retomar relaciones por el bien de la marca del partido.

Y el cospedalista José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, se llevó este septiembre a la feria de su localidad al alcalde de Vejer de la Frontera, todo un guiño del sevillano a quien pretende ser heraldo del casadismo andaluz. El PP solo tiene siete alcaldías en la provincia de Sevilla, donde curiosamente hubo uno que ejerció de casadista desde el principio: Ricardo Sánchez, de Mairena del Alcor. Sánchez fue por decisión de Moreno Bonilla el presidente del polémico Congreso del PP de Sevilla, pero cuando llegaron las primarias nacionales se desmarcó de la directriz del aparato regional y fue por libre al apoyar a Casado.

 

Todos a leer el BOE

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2018 a las 18:58

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS

Gómez de Celis es el apóstol andaluz del sanchismo. Viaja por las ocho provincias para predicar las buenas nuevas del presidente de las minorías. Sánchez tiene minoría en el Congreso, tiene minoría en el Senado y tiene minoría en Andalucía, tierra romanizada por Susana Díaz. Si Pablo Casado, el líder del PP, no tiene aliados originales en Andalucía, solamente conversos de última hora, Pedro Sánchez está igualmente necesitado de fuerzas propias en el Sur. Los líderes del bipartidismo español tienen pendiente su particular foto de la tortilla en la región que vuelve a figurar para Europa entre las más pobres de España. Pedro Sánchez proclamó los frutos de la gestión de cien días de gobierno en el salón real del Hotel Alfonso XIII de Sevilla, que en tiempos de la República se denominó el Hotel Andalucía. Fue un desayuno de alto copete, de lleno total, con despliegue de los subdelegados del Gobierno y con la presencia del Defensor del Pueblo Andaluz. El morbo estaba en el presentador, el vicepresidente de la Junta, Manuel Jiménez Barrios. “No me sale decirte Manuel, sino Chiqui“, le dijo Celis para agradecer su presentación. Y Chiqui confesó que tenía la garganta algo fastidiada por los aires de su playa de La Barrosa.

Celis no quiso decir nada de las fechas de las elecciones generales y andaluzas. “Mi opinión importa poco”. Cáspita, eso se llama falsa modestia. Este delegado se ha fabricado una coartada perfecta para esquivar las preguntas que tratan de echar sal en la brecha entre susanistas y sanchistas: “Yo soy el delegado del Gobierno, no soy el Gobierno”. Y asunto resuelto. Parecía un nuncio de la Iglesia: lo sabe todo, pero no puede decir nada. Jiménez Barrios dijo que lo mejor de Celis es que está curtido en la política municipal: “En un Ayuntamiento no hay oportunidad de esconderse”.

Pasados los parabienes y las petaladas, Celis se puso a hablar de su libro. Y su libro era y es su jefe, un presidente víctima de las “simplezas dolosas que fomenta la derecha, del ruido y la fanfarria con las que se pretenden eclipsar los avances para blindar el estado del bienestar”. El delegado del Gobierno puso tareas a todos los presentes: “El viernes hay que leer el BOE”. Sonó más bien a una imposición de penitencia. Peor que la lectura del BOE solo puede ser la lectura de la antigua guía de teléfonos. Celis quiere que todos los andaluces (y las andaluzas) lean el viernes el BOE para saber de forma directa los acuerdos del Gobierno para que, por ejemplo, las pensiones sean más sólidas. “Antes había una caja, ahora hay una hucha”. No se refería a las antiguas cajas de ahorro, sino a los fondos para garantizar las pensiones. “En Andalucía hay 53.000 viudas”.

A la Iglesia ni tocarla de forma directa, que para eso Celis es un buen admirador del felipismo. Y para eso fue el concejal que inventó el urbanismo morado, un plan de subvenciones a las hermandades y cofradías que después fue exportado a otras provincias andaluzas. Celis restó importancia al plan del Gobierno para arrebatar bienes eclesiásticos que hayan sido indebidamente inmatriculados por los obispados. Con la mezquita de Córdoba hizo casi como con Susana: evitar las referencias. El Gobierno de España abre un período de “reflexión” al respecto. No hubo más. Ya se verá si todo queda en humo. O no, que diría Rajoy.

El tiempo de las mayorías absolutas se ha esfumado. Palabra del delegado del Gobierno. Celis vende la necesidad como virtud. El presidente ahora dialoga, busca los consensos: “Hay una nueva política del acuerdo”. ¡Qué remedio!, pensaron muchos de los asistentes que también se conforman con la bollería calórica a falta de pan y aceite (andaluz). Las víctimas nunca encontradas de la Guerra Civil tuvieron su homenaje y un compromiso de búsqueda. “El 2 de noviembre hay quienes no tienen donde llevar flores. Apelemos al humanismo”. Y, cómo no, la inevitable referencia a la exhumación de Franco: “Los dictadores no pueden tener un espacio de reconocimiento social en una democracia”.

El apóstol andaluz del sanchismo proclamó que no existen “varitas mágicas” para solucionar los problemas. Anunció un nuevo mandamiento. No sólo la obligación de leer el BOE, sino una especial encomienda en la nueva etapa del Brexit: “Tenemos que ganarnos el afecto de los gibraltareños”.

La polémica tesis doctoral del presidente del Gobierno ha reportado efectos positivos: “El ataque genera más apoyo y comprensión”. Celis quiere que se respete la figura del presidente: “No lo minusvaloremos”. ¿Quién lo ha hecho? Y utilizó un adjetivo muy sonado en otros tiempos para describir el empeño del presidente en sus tareas: “Tiene una pertinaz voluntad”. Está claro que en el lenguaje están pendientes otro tipo de exhumaciones.

Cuando Sánchez se refiere a sus planes para transformar España en 2030, el apóstol Celis cree, nuevamente, que nadie debe frivolizar sobre el programa de gobierno del actual presidente: “Es bueno que un líder tenga un diseño de país a medio y largo plazo”. El propio Celis lo tuvo cuando puso Sevilla patas arriba en un plan a diez años.

Celis tiene la cámara de fotos para captar la instantánea, tiene hasta la tortilla, pero necesita gente para la causa sanchista en Andalucía. El apóstol predica. Todos están llamados a la causa sanchista. Hasta los gribaltareños. Los viernes a partir de ahora son los viernes del BOE.

Se fue Celis con su equipo de fieles, aquellos muchachos que compartían las barbacoas con Susana Díaz en los tiempos de Juventudes Socialistas. Tal vez sea cierto, Celis no es el Gobierno, es solamente el delegado. Zoido fue delegado del Gobierno y después alcalde de Sevilla. Torres Hurtado fue delegado del Gobierno y después alcalde de Granada. Antonio Sanz era delegado del Gobierno y… la moción de censura lo dejó en ascuas. El día que Pedro Sánchez decidió presentar aquella moción, Gómez de Celis estuvo en esa reunión decisiva. Digan lo que digan, Celis estaba en las quinielas para ministro, pero lo mandaron al frente ruso. La Plaza de España es una buena plataforma de lanzamiento. No se escondió como concejal, pero lo escondieron varios años en la dirección de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía. Hasta que llegó Pedro y salió de la madriguera. Delegado del Gobierno en Andalucía. Todo por hacer y nada que perder. Soñemos lo imposible: que los gibraltareños nos quieran. Será más fácil intentarlo que leer el BOE.

DESAYUNO CON GOMEZ DE CELIS

La ciudad respira

Carlos Navarro Antolín | 16 de septiembre de 2018 a las 5:00

 

SEVILLA.

Por la noche todas las ciudades mejoran. La noche es aliada de la belleza como el silencio del sosiego y el vacío de la calma. La noche camufla los defectos, las señales del tiempo, las arrugas por el uso. La noche estiliza las formas, funde el cielo oscuro con la penumbra de las calles. La caída de la noche es el chorreón de agua de búcaro en la muleta de un torero en una tarde de viento. Templa, apacigua los ánimos, permite una perspectiva de los asuntos libre de la contaminación de ruidos y ajetreos, huérfana de los estruendos del transporte urbano y del repertorio de pitidos de las nuevas tecnologías, tam-tam de la vida cotidiana.

La noche es como el agua en el albero: refresca las cabezas, alivia de calor el ambiente. La noche ensalza la arquitectura y hace brillar los pavimentos de adoquines. Por la noche se oye respirar a una ciudad que parece ajena a todos los sucesos de la capital del reino, a las disputas municipales, a las guerras por el poder en clave local, a las pugnas por el control de un territorio del tamaño de una baldosa. La noche puede con todo, deja un aire limpio que ni siquiera enturbian las dimisiones de ministros, las peleas de gallinero de las redes sociales, las diadas del odio o los plagios sonrojantes que dejan en jaque a la Universidad.

La noche es una oportunidad para el reencuentro íntimo con la ciudad, con los secretos de la trama urbana, con los sonidos que sólo se oyen cuando todos duermen. La ciudad de noche ofrece una versión para cada habitante, no dejar de ser más que la prolongación de uno mismo. A la luz de la luna es posible una ciudad a la carta, personalizada, a la medida.

No se conoce bien una ciudad hasta que cae la noche y ella se deja cortejar, exhibe su verdadera piel, derriba fachadas impostadas y muestra fachadas desconocidas, sonidos imperceptibles durante el día: el descorrer de una persiana a deshoras, unas pisadas marcadas por esa velocidad que sólo imprime el miedo, un portazo, un grito, una discusión, un susurro, un motor que de pronto se apaga, los cascos de un caballo de coche de punto de recogida por el Paseo de Colón, el reguero de un manguerazo por Cuna, el choque de dos vasos recogidos de una vez por la mano de un camarero del Salvador, el silbido del conductor del camión de la basura por la Plaza de la Magdalena, el tintineo del llavero del tabernero del Arenal que retorna a casa…

La noche embellece hasta las partes menos agraciadas de la ciudad, como los tapacubos lo hacen con las ruedas de un coche de alta gama. Las ciudades, como las personas, son mejores cuando duermen. Todas las ciudades son preciosas en una postal y cuando son paseadas por la noche. Para conocer una ciudad hay que patearla de noche, cuando ella habla sola sin que nadie hable por ella, cuando se muestra como en los planos, sin capacidad de engaño, en el cuerpo desnudo de su arquitectura, en el sosiego de sus parques vacíos, en la montaña hueca de la Catedral, que vista desde el espacio parecerá un cráter con vencejos; en los azulejos de imágenes que recogen alguna oración a baja luz, en las avenidas despobladas donde los semáforos buscan diálogos imposibles y los monumentos de bronce parecen mimos sin pedir limosna.

La ciudad de noche tiene mucho de territorio exclusivo para cabales. A veces parece que la ciudad se ha hecho tan adulta que no se reconoce en ella ningún rasgo de esa infancia sin aristas, de esos días azules como urbe, de esas señales que hacen posible una imagen idealizada que sirve de asidero emocional de nuestros días. Será que la ciudad se ha roto de tanto usarla. Por eso la noche es buena, porque nos reencuentra con el asfalto de nuestra existencia bajo la luz romántica de una farola. Y entonces valoramos más todo aquello que no vemos durante el día por pura incapacidad, por exceso de ruido, por prestar atención a esa suma de frivolidades que marcan las horas que nos han tocado vivir.

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