Barranca, el frío de los independientes

Carlos Navarro Antolín | 1 de mayo de 2016 a las 5:00

Pleno extraordinario del Ayuntamiento.  Comparece José Barranca.
El aserto jurídico dice que quien puede lo más puede lo menos. En Sevilla funciona maravillosamente. Miren la Plaza de San Francisco: quien coloca una jaima, coloca también muebles botelleros o alargaderas eléctricas. Miren la Plaza de la Encarnación: quien levanta un corsé con forma de setas que ahoga la plaza, es capaz también de afear aún más un espacio urbano de traza histórica al montar un zoco de barriada periférica los días de Navidad. Miren las Atarazanas… O mejor no las miren, cierren los ojos para que no sufra el corazón.

Si Sevilla tiene un alcalde capaz de desbloquear en pocos meses la situación de los terrenos del Puerto, cultivar una relación fluida con los alcaldes de otras capitales de provincia andaluzas, incluidos los de ideología opuesta a la suya, y acabar a la primera con los problemas de seguridad de la Semana Santa, también debe ser capaz de gestionar con la diligencia debida asuntos mucho más fáciles de afrontar. Espadas se pirra por la macropolítica, la economía, la sostenibilidad, el medio ambiente, las sinergias y esa ristra de conceptos baúles donde siempre caben todos los proyectos, análisis y teorías sesudas sobre modelos de ciudad. Es un político modelo hoja de excel, lo cual puede ser estupendo, pero no debería descuidar ciertos detalles. La dimisión del Defensor del Ciudadano, José Barranca, era un episodio evitable. Este militar ha estado ejerciendo hasta esta semana como presidente de la comisión de sugerencias y reclamaciones porque así lo dicta el reglamento, que insta a sus miembros a continuar en sus puestos hasta que la nueva Corporación municipal efectúe los nuevos nombramientos. También dice la norma que el gobierno debe tener lista la nueva composición de la oficina del Defensor en los tres meses siguientes a la toma de posesión. A Espadas, está claro, se le han ido los plazos. Lleva más de diez meses en el gobierno y no ha hecho estos mínimos deberes de micropolítica, digámoslo así.

El alcalde no debe decir que Barranca sabía que en diciembre terminaba su labor al haber entregado el informe anual sobre su actividad como Defensor. Los correos electrónicos que se han cruzado entre el Defensor y la delegada de Participación Ciudadana hasta hace poco demuestran que eso no es así. La concejal de la que depende la oficina no tenía asumido, al menos, que a partir de enero había que considerar expirada la relación con Barranca. O el alcalde y Adela Castaño no se coordinan, o Espadas simplemente ha evitado cualquier contacto con este curtido militar para no soliviantar a sus aliados de la izquierda radical.

Costaba muy poco recibir a Barranca, agradecerle los servicios prestados desde una independencia fuera de toda duda y promover su sustitución en el Pleno. Si al alcalde le han fallado los sustitutos, si se le ha atascado la negociación del nombramiento del nuevo Defensor con los grupos políticos, al menos podía haber atendido, aunque fuera en privado, algunos de los requerimientos de quien ha demostrado que no era un vasallo del gobierno que lo promovió al cargo (Zoido), ni ha estado dispuesto a perpetuarse en un puesto en el que se cobra una dieta ínfima.

Así no se despide al Defensor. Por una mera cuestión de estilo. Las vallas están bien en puntos clave del callejero en la Semana Santa, pero no para dejar aislado a quien ya anunció hace tres años que, al final, pagaría la factura de su independencia. Ni el alcalde del PP lo llamó al dejar el gobierno –¡qué caro le salió al Defensor decirle al rey que estaba desnudo!–, ni el del PSOE al acceder al cargo, no vaya a ser que molestemos a la izquierda radical con un recibimiento institucional a quien se ha declarado de derechas. ¡Horror! Está claro que ser independiente lleva aparejado sentir frío polar.

Ordenen el Puerto, conecten Santa Justa por tranvía y reordenen la calle Mateos Gago, pero cuiden también a las personas. No sólo al alcalde de Málaga.

El clarinazo final del zoidismo

Carlos Navarro Antolín | 24 de abril de 2016 a las 5:00

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Sitúense. Finales de abril de 2015. La ciudad duerme la resaca de las fiestas mayores. En los brillantes sebagos del alcalde hay leves recuerdos de albero. Aún suena el eco del balance oficial de la Feria, que pregona un aumento de visitantes. Se trata de un éxito de perfil bajo que no sirve para cesar el debate reabierto sobre la seguridad en la Madrugada, una noche que quedó desarbolada en varios puntos del centro y con un intento absurdo del gobierno por anestesiar los efectos. La verdad de cuanto ocurrió (una cofradía literalmente arrollada y otra afectada) emergió con fuerza dejando en evidencia la bajada de guardia de los responsables públicos. En los pasillos del Ayuntamiento se piensa en clave electoral. Queda menos de un mes para que el gobierno con mayor apoyo de la historia de la democracia (20 concejales)se someta a la consideración de los ciudadanos. Zoido sabe que es imposible repetir el resultado. Todo gobierno sufre un desgaste mínimo. Gobernar es apostar, priorizar, tomar decisiones que benefician unos intereses y orillan otros. El PP estima que hay margen suficiente como para retener el gobierno. Además, la mayoría absoluta se ha abaratado de 17 a 16 concejales por la pérdida de población. Sólo un batacazo mandaría al centro-derecha a la oposición. Y hasta cabría especular con en el apoyo de Ciudadanos.

El teléfono suena en la Alcaldía. “Jefe, tenemos ya la última encuesta. Se ha hecho justo después de la Feria”. Se trata de un documento de 44 páginas basado en 400 entrevistas efectuadas entre el 19 de abril y el 4 de mayo con la coartada de obtener información de los ciudadanos para mejorar los servicios municipales. Los sondeos previos, similares al que comentamos, advertían ya un deterioro de la imagen del gobierno. Pero el último es ya un verdadero clarinazo que augura un cambio de pontificado, un giro radical al gobierno de la ciudad. Lo de menos es la opinión sobre los autobuses de Tussam, donde entonces reina la paz social gracias a uno de los escasos gerentes que funciona. La clave son las conclusiones del capítulo denominado La vida en Sevilla. No se pregunta por la intención de voto, lo cual hubiera sido tan burdo como reprobable, pero sí por la evolución de la ciudad en los últimos cuatro años, período de Zoido. Un 45,8% sentencia que Sevilla sigue igual. Y un 37,8% sentencia que la ciudad no ha mejorado en nada. Peor aún es que en los distritos Macarena, Norte y Este, los registros son malos o muy malos. Yeso es preocupante al concentrar el Este un porcentaje muy elevado del voto prestado a Zoido cuatro años antes. Sólo en el Centro, distrito poco poblado, obtiene el todavía alcalde un resultado favorable a sus intereses. El sondeo es el clarinazo final al que, por supuesto, se pone sordina interna. La verdad sobre la Madrugada emergió en horas. Aquel documento se quedó en el cajón, como las motas de albero en los sebago, recuerdos de los días felices. La encuesta no pregunta por España ni por Rajoy. El batacazo se produjo. El PP perdió 60.000 votos. El sondeo no se equivocó. Pero alguien dijo y sigue hoy pensando que la culpa fue de Rajoy. Los autobuses siguen funcionando. La Madrugada se ha arreglado. Y quién sabe si Rajoy, al final, hasta se salva. barometro2
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Rescoldos de una visita con silenciador

Carlos Navarro Antolín | 22 de abril de 2016 a las 5:00

FERIA.PEDRO SANCHEZ
“No, lo peor no fue que se nos avisara de la llegada del secretario general un día antes. Hicimos lo que pudimos, prepararle el encuentro con la presi en la caseta de la SER y la posterior visita a la de UGT. No está mal, ¿no? Te recuerdo que el aviso nos llegó la mañana del martes. Sí, ya sé que es un secretario general… Lo peor fue que cuando el hombre se bajó del coche junto a la portada y no había nadie para recibirle: ni de la Junta, ni del Ayuntamiento, ni del propio partido. Vamos, que si llega un poquito más temprano se cruza con el tío del hielo. Por eso me dicen que telefoneó a Gómez de Celis, que estaba por allí desde temprano por una reunión familiar y tardó dos minutos en llegar para que el hombre no fuera solo. A mí lo de Pedro Sánchez y Celis en Andalucía me recuerda cuando el Rey le preguntó a Suárez cuántos monárquicos había en España además de ellos dos. ¿Cuántos partidarios tiene Pedro Sánchez en Sevilla? Pues dos. Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y… el propio Pedro Sánchez cuando en Sevilla está. Tienes razón, por mucho que nos llevemos mal con el secretario general, por mucho que le tengamos retirados los embajadores, no deja de ser eso: el secretario general de nuestro partido. Ni un selfie de la presidenta con él en la Feria, ni un selfie del alcalde, ni una visita a la Caseta Municipal. Y encima le ponen un plato de sushi en el aperitivo de la foto para general guasa de las redes sociales, donde se dedicaron a ampliar las fotos para que se vieran con claridad las viandas japonesas. Te reconozco que la cosa no salió bien. Faltó la cortesía debida. Alguien del aparato regional pudo ir a esperarlo a Santa Justa para llegar juntos a la portada. No costaba nada. Tampoco nadie de la Junta ni del gobierno de la ciudad lo acompañó a la caseta de la UGT. ¿Qué trabajo costaba arroparle un poquito? Pero, claro, si no lo puede ver por aquí ni en pintura, ¿cómo se le va a querer ver en plena Feria? Lo peor no fue el sushi ni el vacío que se le hizo, lo peor fue que el silenciador fue un clamor. Y creo que de eso ninguno salimos bien parado. Ni el que tuvo la ocurrencia de poner sushi”.

Operación Manijero

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2016 a las 5:00

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EL evangelio apócrifo de la derecha andaluza dice que donde se reúnan dos o más arenistas, allí estará Arenas entre ellos. Ocurrió el Miércoles de Feria en la caseta El Manijero, en una de las escasas calles del real que gozan de la sombra de los plataneros. En un partido donde no se mueve una brisa de rebeldía, donde el motor del tiovivo de los caballitos siempre lo maneja el mismo, donde nunca hay cambio de baraja sino meros cambios de estampas y donde cambian los collares sin que haya ladridos, resultó llamativo que un grupo de conocidos militantes de la formación se reunieran en ambiente festivo lanzando proclamas sobre el futuro, la únión y la ilusión a través de las vuvuzelas de las redes sociales.

Algo se mueve en el PP de Sevilla, pensamos algunos. Pero la fotografía es escrupulosamente fiel a la cita del evangelio apócrifo , que como tal no es de San Mateo, ni mucho menos de Mateo (Risqué), el jefe de prensa de Arenas. La fotografía está tomada en la caseta de Jaime Raynaud, un veterano del PP que hizo de anfitrión, que asumió las funciones del icono de prestigio y, nunca se olvide, que es un clásico del arenismo sevillano por mucho que Javié no haya estado alguna vez a la altura de su fidelidad.

Sigamos con la foto en la que no está Arenas en cuerpo, pero sí en alma. Está Felisa Panadero, subdelegada del Gobierno, íntima amiga de la hermana de Arenas. Están Patricia del Pozo y Macarena O´Neill, santas justas y rufina del arenismo. Del Pozo acompañó a Arenas a declarar ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional a cuenta de la supuesta financiación irregular del PP. Raynaud, O´Neill, Del Pozo y Rafa Salas (que no está en la foto y que hoy ocupa sitio en la Cámara de Cuentas) son el cuarteto más fiel de Arenas de los últimos años en Sevilla. Del Ayuntamiento aparecen los ediles Evelia Rincón, embajadora de Arenas en el palomar, y Beltrán Pérez, único de los actuales concejales que puede aspirar a la portavocía del grupo político en condiciones normales, tan leal a Arenas como José Luis Martínez, alias Pepelu, al que Javié impuso en puesto de salida en la lista triunfante de 2011, y Rafael Belmonte, enlace de Virginia y Beltrán Pérez con diversos estamentos de la sociedad civil. Si Raynaud prestigia la foto, la camarlenga Virginia Pérez, coordinadora del PP de Sevilla, concede de facto la bendición del aparato, y el alcalde de Carmona, Julián Ávila, otorga el barniz de poder de la provincia. Horas después de la fotografía,el mismísimo delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, acudió a compartir la fiesta, como se aprecia en la segunda ilustración del miércoles.

La foto del jueves a mediodía fue una réplica de los que se quedaron fuera: el propio Zoido, el presidente provincial Juan Bueno, José Luis Sanz y Ricardo Tarno. Aunque la noche de ese jueves, Sanz y Beltrán Pérez –ya con menos público– compartieron velada junto al concejal Alberto Díaz… Juego de tronos, juego de casetas. Si alguien externo al actual grupo municipal tiene opciones de probar bocado fuerte en la capital por trayectoria, tradición orgánica y poder territorial (Tomares) es el senador Sanz, al que la Alcaldía de su municipio se le queda pequeña. La caballería tomareña relincha en el Aljarafe a la espera de bajar algún día (al trote, sin teleférico) hasta la capital cuando el zoidismo quede sellado.

Arenas no estaba pero se reunieron en su nombre. Arenas es el manijero. Como la caseta. Siempre a la sombra… del platanero.
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El milagro del PP

Carlos Navarro Antolín | 13 de abril de 2016 a las 22:40

Torres Hurtado 1 - Ester Medina.jpg
Después de la foto del agente tocándole la cara a Rato para ahormarle la entrada en el patrullero, algunos pensamos que el PP quedaba definitivamente tocado en las urnas, malherido en la cuneta de no saber explicar las medidas contra la crisis, varapaleado en la altiva convicción de que el pueblo sabría valorar que Rajoy ha sido quien nos ha librado del rescate en el tiempo de descuento, y ahogado en un tufo de corrupción donde por momentos parecía que ningún dirigente de Génova salía con respiración. Hemos visto al alcalde de Granada acostarse tras una noche feriante en Sevilla y despertarse detenido en su ciudad por un asunto urbanístico… El urbanismo de los años de las vacas gordas sigue generando investigados, antes imputados. Torres Hurtado, que fue delegado del Gobierno andaluz, ha sido para el PP una suerte de Celia Villalobos en versión masculina por aquello del exceso de campechanía, un carácter pasado de rosca. En la política secuestrada por el márquetin y condicionada por las estrategias para caer simpático y resultar cercano, el riesgo de meter el pinrel se dispara si el político en cuestión hace gala de un perfil en el que parece de todo menos un político. No se puede ser gracioso y ocurrente todos los días. O se es un gestor y se parece un gestor, o no, que diría Rajoy. Aquí caen los perfiles sesudos (Rato), los simpaticones (Torres Hurado) y los duros (Bárcenas). No se libran ni algunos ministros (Soria) en apuros por los papeles de Panamá. En este panorama resulta un milagro que el PP siga dando cerca de 130 diputados en las encuestas de cara a la repetición de las generales. Claro que la cosa cambia si se trata del PP andaluz, necesitado de una refundación desde el enésimo batacazo de Arenas. Tal vez ocurra que la corrupción está amortizada y convertida en espectáculo. Estamos demasiado acostumbrados a los amaneceres de registros policiales en los despachos de las instituciones. Ocurre con el PSOE en Andalucía. Y con el PP en España. Los pasados de rosca somos quizás los electores, con la capacidad de sorpresa agotada y las pinzas siempre dispuestas para apretarnos la nariz el día de las votaciones. La culpa es de las vacas. Que eran muy gordas. El sobrepeso se acaba pagando. Siempre. Lo dice la sevillana: “Por una mala partía, los jueces me condenaron”. Y para estar condenado hoy basta la mano que empuja al político a entrar en el coche policial, el registro de la sede o el paseíllo por el juzgado. Y te siguen votando aquí y allí.

Del ausente y los presentes en el balcón macareno

Carlos Navarro Antolín | 11 de abril de 2016 a las 5:00

COSPEDAL PRESENTA A ZOIDO EN FORUM EUROPA EN SEVILLA
Con las pijotas metidas en harina a punto de ingresar en el perol por la vía de las urgencias que nunca se colapsan, que son las del pescao el Lunes del alumbrao y no las del Virgen del Rocío, el personal aún se sigue preguntando por el ausente en el balcón de la Macarena la pasada Madrugada. Sí, por el ausente… Y por los presentes. ¡Qué cantidad de presentes, Dios de mi vida! ¿Cuántos trajo el ministro Catalá a mangar loseta del balcón macareno otro año más? Dicen que veintidós. Otros que dieciséis. Alguno afirma que la cosa fue de veintena. Las cuentas salen según se mire si Cospedal y Zoido, con sus respectivos acompañantes, computan o no en el séquito ministerial pepero. Pero vayamos al grano:¡Lo bien construido que está ese balcón! Estoy deseando ver la ITE del balcón de la Macarena. Estoy viendo al arquitecto:“Divino, el balcón está divino. Aguanta todos los pájaros. Manolo García lo tiene como tiene la hermandad, en perfecto estado de revista”. De los presentes ya lo hemos dicho todo. O casi. Porque algunos no se han enterado de que su cofradía ya se recogió. O de que están en funciones. Yninguno, pero ninguno, se enteró de que no eran precisamente días de revolotear en los balcones de la vanidad. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se ha pasado cinco días en Sevilla, cinco, de vacaciones, con Zoido de cicerone abriéndole puertas, balcones y pregones taurinos. El ministro de Justicia ya estuvo el año pasado en ese mismo balcón y alguien debió haberle explicado la diferencia entre el uso y el abuso. Yo no sé si Arenas (el ausente) no estuvo en el balcón porque, siendo veterano macareno, intuyó que no era conveniente poner en un aprieto a Manolo García, o porque verdaderamente dedicó el Jueves Santo a una jornada de convivencia en su finca de Olvera con el mismísimo presidente Rajoy, que dicen que es lo que hizo. En el PP aún están esperando que Cospedal, cinco días en Sevilla como cinco soles, aprovechara un ratito para comparecer junto al lider regional con cualquier pretexto y cumplir así con el partido. Del hotel Doña María a la sede regional hay un bonito paseo. Pero está claro que vino a Sevilla para cofradías y toros, como los turistas de los 60:sol y playa.

El sufrido Cervantes

Carlos Navarro Antolín | 10 de abril de 2016 a las 5:00

cervantes
Cervantes es un cine. Como Blas es una parada de Metro para las nuevas generaciones. “Me bajo en Blas”, dice el sevillano bisoño. “Me quedo en Sol”, anuncia el madrileño que está en Madrid, que no es lo mismo ser madrileño que vivir en Madrid, como no es lo mismo ser de la Quinta que estar apuntado en la Quinta Angustia. La muerte no es el olvido, es el monosílabo. “Me bajo en Blas”. El Metro se detuvo y el Partido Andalucista se hundió. Cervantes es eso: un cine, una calle donde ver el caballo de la Lanzada, un trozo del cartel de Ricardo Suárez empeñado en recordar que hace 400 años murió el autor de las Novelas Ejemplares en la ciudad donde hay tela de ejemplares, más ejemplares que vallas pone un socialista en Semana Santa.

Cervantes también es un monumento junto a la cárcel donde penó el escritor por cuestiones de pecunio. Un monumento de Sebastián Santos Rojas. Sufrió Cervantes en la cárcel que hoy –ironías del destino– es un banco. Sufre en el bronce de su memoria, convertido en la trastienda de una caseta donde se almacenan las bebidas a la espera de gaznates. Pocas cosas hay en Sevilla más feas que la trasera de una caseta con rendijas que dejan ver los cartones y plásticos de las provisiones. Y sufre siendo vecino de los contenedores donde van a morir los residuos de la ciudad monumental. El monumento de Cervantes está relegado a una estética de almacén, a servir de poyete de vasos de madrugada alta. Hasta sus ojos han servido de cenicero en más de una ocasión. Las palmeras que lo abrigan recrean el ambiente carcelario de Argel. Todo es sufrir.

400 años hace que murió. Y no hay procesión extraordinaria en su recuerdo. Ni cartel que lo rescate del olvido. Ya no está Márquez Villanueva para evocarle desde los Estados Unidos. ¿Qué fue de aquellos capítulos escogidos del Quijote que Andrés Amorós, hermano del Silencio como Pacheco, suegro de Cervantes, compiló para su distribución en los Paradores? Cervantes no tiene un Moeckel que cuide su piel de bronce. Está ahí, hierático, maltratado, efigie que ve pasar los días con indiferencia, dispuesto siempre a ser el nido de palomas errantes. Está ahí como tantas cosas están en Sevilla sin que nadie se pregunte quién es, quién lo puso y por qué. Sevilla tiene un especial arte en mantener cosas de las que ignora su significado o finalidad. Es como la máquina limpiabotas del Labradores, que hace años que no expide crema negra ni marrón, pero está ahí; el cepillo funciona, pero nadie se pregunta por qué no se activan todas sus funciones. Los preciosos azulejos que recuerdan los lugares donde se desarrolla la obra cervantina son como los documentales de La 2. Todo el mundo habla de ellos, pero los chares cantan que casi nadie los ve. Los chares son los pájaros chivatos de la audiencia. ¿Quién es Blas? Una parada de Metro. ¿Quién es Cervantes? Un cine. ¿Donde dejo las cajas de botellines y gaseosas? En la trastienda de la ciudad, donde Sevilla es el Diógenes que todo lo guarda. Yalarga así el sufrimiento de quien penó en esta ciudad.

La máquina cepilla pero no dispensa crema. Prestaciones recortadas. Cervantes vigila la carga y descarga, acoge a las palomas, sirve de mesa por las noches y aupa a los niños en Semana Santa. Si otra ciudad pudiera presumir de una vinculación tan intensa con Cervantes, anda que se le iba a escapar el toro vivo. Pero con Sevilla hemos topado. Me bajo en Blas, que deja cerca de la Feria.

De Mercasevilla y el saxofonista del PP

Carlos Navarro Antolín | 4 de abril de 2016 a las 5:00

saxofón
Carmen Castreño lo han intentado en firme por dos veces, pero ha sido imposible el acuerdo económico con Sando, una empresa que no acepta cantidades económicas inferiores a las que se le han reconocido en sentencia judicial. Mercasevilla irá al concurso voluntario de acreedores por acuerdo del consejo de administración. Los planes de Espadas para la gran lonja, basados en la ampliación de capital por más de 5 millones de euros para ganar liquidez y pagar a la sociedad constructora, se han frustrado por el bloqueo de Mercasa expresado en la junta general de accionistas. No se olvide que Mercasa es el Estado. Su representante en Sevilla es Pablo González, hermano del ex presidente de la Comunidad de Madrid. Mercasa defiende que es precisamente con el concurso de acreedores voluntario como se puede salvar Mercasevilla, lastrada por la exigencia de Sando para que se cumpla la sentencia por la que debe recibir unos 12 millones de euros, intereses incluidos. La semana comenzaba para el alcalde Espadas con el reconocimiento al éxito de la Semana Santa y, en pocas horas, se enfriaba el ambiente con el bloqueo a la ampliación de capital de Mercasevilla. Alguien dijo que las alegría en fútbol duran una semana y en política nunca más de un cuarto de hora. Y eso que Espadas ha solucionado ya hasta la mayoría de las licencias de actividades del Club Pineda. Tiene su cuarto y mitad de gracia que el alcalde de izquierdas sea el que ponga orden en la Semana Santa, con aplauso generalizado de las cofradías, y a la chita callando solucione también lo de Pineda. A este Espadas que el miércoles logró la aprobación de sus primeros presupuestos sólo le falta regularizar las situaciones de La Raza y el Citroen, los dos negocios de hostelería que ocupan edificios municipales, para que en el Grupo Popular se miren al espejo:“¿Qué hicimos por los nuestros durante cuatro años?” En el PP andan sin rumbo, a la deriva, hasta tal punto que en el pleno vespertino se presenció algo insólito, el tono radicalmente distinto sobre un mismo asunto del portavoz, Juan Ignacio Zoido, y del concejal Beltrán Pérez. Resulta que Pérez, como era previsible, saca el mandoble y se harta de darle leña al gobierno por las cuentas que ha presentado, con papeles, cifras, análisis y el blablablá habitual. Pero toma la palabra Zoido y se muestra cual corderito con el presupuesto. Tiende la mano al gobierno, que nunca se la coge, y hasta felicita a los funcionarios que han trabajado en las cuentas y a la ex delegada de Hacienda, Asunción Fley, que fue la número dos del PP en la lista del batacazo. En la bancada y en los pasillos se comentó la evidente disparidad de criterios en el PP, como que pareciera que el ex alcalde navega mentalmente en las aguas del pasado. Zoido se fue del Pleno a un acto sobre la Sevilla de 2029, un ejemplo clamoroso de venta de humo, donde se hizo una foto con un tío tocando el saxofón. Tócala otra vez, Juan Ignacio.

El retorno del Plan E… A la Feria

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2016 a las 5:00

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Se cebaron con Zapatero por negar la crisis y se volvieron a cebar después cuando sacó del armario de las medicinas del Estado aquel placebo llamado Plan E que puso a los parados de toda España a parchear aceras. El Plan E fue el torniquete de urgencia con el que Zapatero pretendió tapar la hemorragia del muslo sangrante de la economía nacional, atravesado por el pitón de la caída de Lehman Brothers en agosto de 2008. Aquellos 8.000 millones de euros libraron unos meses del paro a 410.000 españoles en 2009, cuando lo peor estaba aún por llegar pese a que la partida fue aumentada en 2010 hasta más de 12.000 millones. Y lo peor era el año 2011, un toro que esperaba avieso en los corrales del calendario. Aquel 2011 disparó las cifras del paro y llevó a los platós de televisión a medio cuerpo de profesores de Economía de las universidades españolas. No había tertulia que no tuviera su economista de guardia con el fotocol de la universidad privada o la placa de la consultora de turno a sus espaldas. Los delegados de Urbanismo de los ayuntamientos fueron reyes magos durante algunos meses al repartir contratos de reparaciones urbanas, gastos no productivos en la mayoría de los casos.

Sólo los carteles para anunciar las obras costeadas por el Gobierno de Zapatero costaron 37 millones de euros. Y quien no puso el cartel tuvo que pagar una multa y devolver el dinero de la subvención. Los carteles eran los incensarios con los que el gobierno se rindió culto a sí mismo para quitarse de encima la mala fama de haber negado la crisis durante meses. Cada cartel costó casi 2.000 euros. Hasta el Tribunal de Cuentas dejó en evidencia la inutilidad de aquel Plan E con el que Zapatero quiso zafarse de su estigma de irresponsable a costa de disparar el déficit público. El Plan E fue un analgésico de corto alcance que no evitó que España se quedara al borde del rescate. Los ayuntamientos reconocieron que tuvieron que adjudicar proyectos a toda prisa, sin tiempo para hacer las cosas con cabeza y criterio. Al menos queda el consuelo de que ocho año después ya no está el nefasto Zapatero, pero los carteles de aquel Plan E siguen siendo útiles para garantizar la seguridad de las casetas de la Feria de Abril en los meses de montaje, cuando el real está cargado de instaladores, electricistas y montadores de urinarios. El casetero responsable e inteligente reutiliza el material del Estado con la diligencia de los buenos padres de familia. El Tribunal de Cuentas no olió que en esos dos mil euros estaba el uso de los carteles como planchas para clausurar las casetas y ahorrar en seguridad privada o en uno de esos vigilantes que no están dados de alta y que encima te montan una fogata para aguantar la noche al relente. ¡Con el peligro que tienen esas fogatas! ¿No se utiliza el periódico de ayer como envoltorio? ¿No se usa la túnica de nazareno del niño para vestirlo de paje en Navidad? ¿Verdad que el cartón de los rollos de papel higiénico es multiusos? Pues a reutilizar los carteles del Plan E de Zapatero como homenaje al presidente del Gobierno que quitó el tabaco de los bares y dejó España como los zorros, pero disparó los metros cuadrados de aceras nuevecitas. Benditas aceras. Acabaremos echando de menos las aceras. Pero siempre nos quedará la Feria como el Plan E que rescata la mente del sevillano de su realidad cotidiana: días para olvidar, para el escapismo fugaz, para llorar tal vez porque acabó la Semana Santa. Cada cual busca en la Feria su placebo.

Hay Espadas para rato

Carlos Navarro Antolín | 15 de marzo de 2016 a las 5:00

SEVILLA.
VIENE avisando, viene anunciando, viene dejándose querer para largo. Este alcalde se expone lo justo. Y crece despacito. A la chita callando. Míralo como se introduce en las filas de los capillitas. Es estilo Manuel del Valle, con menos melanconlía y un poquito más de compás de bambalina. Los buenos políticos dan de sí en minoría, cuando tienen que templar y repartir alpiste a pájaros de distintas plumas. Este Juan Espadas ha hecho su cuaresma y se ha comido el espacio natural del PP, como cuando Zoido se merendó al PSOE en los barrios de siempre y se disparó su proyección. Pero ya no están las Cigarreras por la calle San Fernando, ni los ediles del PP regalan bolsos y atenciones a las vecinas del Cerro, ¿verdad José Miguel Luque? Qué tiempos en los que se peleaba puerta a puerta.
Espadas se llevó el domingo en el Alcázar ese aplauso de la Sevilla Eterna que más duele al PP, un partido que parte de la base (la derecha siempre lo da todo por hecho) de que las hermandades son suyas, coto privado como si aún rezara el anuncio por el viejo comercio del centro: “Sevillanos, si queréis cofradías, votad a las derechas”. El campo para quien lo trabaja. Y Espadas está trabajándose las hermandades desde la mesura, con la proyección de un delegado de Fiestas Mayores que no le hace sombra y que se ha metido al cofraderío en el bolsillo del Dustin con una presentación de pregonero que adquiere su valor por la coyuntura nacional de un PSOE radicalizado.

Hay Espadas para rato si el PP no logra quitarse pronto el lastre de una mayoría absoluta desaprovechada, esa percepción de ser pasado, de gaseosa sin gas, ese tono ala de mosca como túnica de ruán gastada que empieza a adquirir el palomar del Ayuntamiento. Hay Espadas para rato si este alcalde sigue teniendo capacidad para guiñar a la izquierda en los presupuestos, despachar su cuarto y mitad de política de salón (recortando los chaqués de las procesiones) y, al mismo tiempo, se pega un baño de multitudes en las aguas de la derecha sociológica en el Salón Gótico del Real Alcázar (”Yo soy creyente”) con reconocimiento hasta del arzobispo.

Espadas ha pasado de defender la necesidad de “modular” la presencia del Ayuntamiento en los actos religiosos a portar crucificados, asistir a las canonizaciones romanas, exhibir su fe y salir en defensa de las tradiciones de la ciudad. Monteseirín inventó el urbanismo morado trufando las hermandades de subvenciones. Espadas aplica, por el momento, una naturalidad que se aprecia como un valor añadido y como un sólido compromiso, precisamente cuando el PSOE descarriado hace hojas de ruta laicistas para crecer hacia la izquierda de la izquierd, a la desesperada desde la paupérrima base de los 90 diputados. Sevilla se pirra especialmente por los rojos moderados. Espadas lo sabe. Espadas es un político gris y plano, pero maduro yu trabnjador en una corporación que combina bisoñez y falta de madurez (Participa e IU) con intereses decididos en Madrid (Ciudadanos) y grupos varados y condenados a la melancolía (PP). Esta ciudad, cruel donde las haya, paga a los del PP con su misma moneda: dando por hecho que tienen que ser píos. O sea, los da por amortizados. Espadas es el hijo pródigo en la ciudad de las parábolas. Ylas leyendas. Siéntate en un velador y verás pasar triunfante al alcalde socialista con la vara de oro de la Macarena , la misma que un día empuñó Queipo de Llano.

PP Beltrán
La ‘camarlenga’ del PP se deja ver con Beltrán Pérez
Qué sorpresa. O no. Entre el público del Pregón estaba la camarlenga del PP sevillano, Virginia Pérez, la misma que ha dejado claro en las juntas directivas provinciales –que se celebran a puerta cerrada– que quiere un partido sin personalismos. Que tome nota Zoido. Pues acudió al Maestranza no con el portavoz del Grupo Popular, ni siquiera con el presidente, Juan Bueno, sino acompañada por el edil Beltrán Pérez y el ex concejal Rafael Belmonte, el mismo que se exprimió en el frente de Bellavista. Nada en política es casualidad, ni hay fotos sin mensajes. La alianza de Los Pérez (Virginia y Beltrán) se formalizó en el inmejorable escenario de un teatro. La política es eso:una representación donde cambian los actores, las UTE´s y los intereses. Y donde siempre funciona un axioma:nada hay que una más que el enemigo común. Más que las elecciones.