Veladores metidos en los palcos

Carlos Navarro Antolín | 29 de febrero de 2016 a las 6:21

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Todos los esfuerzos que haga Antonio Muñoz para frenar la marea de veladores, todos los observatorios que convoque cada miércoles, todos los diagnósticos que anuncie para peinar las calles y todos los calificativos contudentes que emplee para referirse a la cochambre de mesas, sillas y cachivaches que afean la ciudad, caerán en el saco roto de la frustración personal y el fracaso institucional si no saca a trabajar por las tardes a los señores inspectores de Urbanismo. Ellos son los que emiten las licencias y pueden sancionar su incumplimiento. Ellos tienen las competencias en vía pública. Los de Medio Ambiente tienen potestad en caso de ruidos. La Policía Local está para las urgencias. Pero el gran aparato coercitivo reside en la Gerencia. Zoido no logró que estos inspectores trabajaran más allá del horario de mañana.

El gran reto de Muñoz, además de defender las Diputaciones Provinciales a contramano de Ferraz, es negociar con los inspectores. Yahí puede topar con la indolencia de algunos responsables de un organismo autónomo maltratado por todas las corporaciones a la hora de recibir transferencias. Mientras, algunos meten los veladores hasta en los palcos… Pista, que va el artista.

El infierno no quemaba

Carlos Navarro Antolín | 28 de febrero de 2016 a las 5:00

ESPADAS: CUMBRE DE PARÍS SÓLO SE CUMPLIRÁ CON UNA REVOLUCIÓN "DESDE LO LOCAL"
EN Sevilla hay gafes profesionales, en horario de oficina o en fiestas de guardar, de los que son más temidos que el paso de la Canina cuando el capataz manda arriar y los que están justo en el sitio improvisan una charla o aprovechan para preguntar cuándo cae la Feria. El oficio de gafe existe como el de paseante de agenda por la calle Tetuán. La de gente que recorre Tetuán varias veces en una mañana sin destino fijo es digna de estudio. Suelen ser los más emperifollados, con unos abrigazos de escaparate de O´Kean en rebajas, unos zapatos impolutos, cara de ministro de Franco y la agenda del Colegio de Abogados o la de la Fundación Cajasol, que son la mar de útiles para elevar el monitor y que no sufran las cervicales.

Está la plantilla de gafes de la ciudad, que no hay ERE con trincones que la reduzca, y están los tíos con suerte. Una forma de tener suerte es formar parte del verdadero grupo mixto de la política, donde anida esa legión de políticos honrados –todo hay que decirlo– que ni generan un brillo deslumbrante, ni pisan charcos, ni reclaman un sitio en los saraos de las vanidades. Así es Juan Espadas. Un tipo con suerte. En Sevilla está La Flor del Toranzo y está la flor de Espadas, que la tiene colocada… en un velador.

Cogió el bastón de alcalde con el peor resultado del PSOE en la democracia, con el menor número de concejales que ha tenido nunca su partido en el Ayuntamiento y con la amenaza de una nueva izquierda radical envalentonada en los platós, pero que en Sevilla anda a media velocidad por empeñarse en seguir unos mecanismos asamblearios que son el carril de los vehículos lentos en una política de autovía que exige discursos, réplicas y contrarréplicas varias veces al día.

A Espadas le dijeron, con razón, que al llegar la hora de negociar el presupuesto obtendría el vellocino de oro de saber el valor real de un peine. El gobierno plano de Espadas, sin grandes polémicas y con una dieta estricta que en cuestiones de fotos se somete a verduras y pescado en blanco, ha sido igualmente plano en los días de tejemanejes con las cuentas. La gran jugada ha sido buscar el enroque con Ciudadanos para proteger el presupuesto de los alfiles de Podemos, entretenidos en sacarle jugo a la naranja de la emergencia social, distraídos en sus cuitas ideologizadas, encorsetados en un esquema político que deja escaso margen para la atención de otros grandes problemas de la urbe cotidiana.

Al anunciado infierno del presupuesto se desciende mejor de la mano de los chicos de Ciudadanos, que tienen un portavoz con cabeza y dos concejales que siguen pareciendo en cada acto los turistas recién bajados del autobús en su primera visita a la capital. Sólo faltaban dos votos –los de Izquierda Unida– para seguir evitando las hogueras y dejar de sentir las caricias en la espalda de las puntas de tridente. Y esta Izquierda Unida no es la de Torrijos, ni la de Luis Pizarro, ni la de Paula Garvín. Ni mucho menos la de un señor llamado Adolfo Cuéllar. Esta Izquierda Unida dedica una mañana de negociación de presupuestos a hacerse fotos en la puerta del Arzobispado para reclamar una Sevilla laica. Cada loco en su velador y cada portavoz de izquierdas en su tema. Izquierda Unida no ha dudado un minuto en apoyar el presupuesto. De no hacerlo, corría el riesgo de automarginarse en un contexto nacional donde Garzón se agarra al asidero de la alianza con Podemos como tabla de salvación.

¿Y Zoido? El líder de la oposición estuvo esta semana en Antequera y Almería. El PP le dio un trabuco a Beltrán Pérez para que se echara al monte a pegar tiros en materia de presupuestos . “Haz lo que puedas, hijo”, parecieron decirle. Yel PPse ha quedado como el gallo de Morón. El presupuesto es como el campo. Para el que lo trabaja. YZoido pudo haber hecho más.

El infierno no quemaba. Podemos a la baja, IU controlada, Ciudadanos en el bolsillo, el PP noqueado y Adela Castaño callada. Este alcalde, más que una flor, tiene el Parque de María Luisa.

Un pacto que descoloca al PP

Carlos Navarro Antolín | 22 de febrero de 2016 a las 5:00

REUNION DE ESPADAS CON CIUDADANOS
Un apretón de manos que obliga a los chicos de Zoido a pulsar el f5. Hay que reorientar la estrategia. Una de las bazas de las que ha presumido Zoido en su condición de líder de la oposición es la de que terminaría siendo el acudidero de Espadas cuando el alcalde se sintiera chantajeado por la denominada izquierda radical (los dos ediles de IU y, sobre todo, los tres de Participa Sevilla). Y resulta que Espadas, criado en el socialismo moderado y leído, ha obtenido el apoyo de los tres ediles de Ciudadanos para sacar adelante el presupuesto. Será a favor de querencia por los vientos que soplan en la política española, o será por lo que fuera, pero Zoido tiene que refrescar los planes, pues se queda fuera cuando aspiraba, tarde o temprano, a presentarse como el salvador de un alcalde en minoría, que lo está, por el bien de la ciudad. No es que Zoido tenga que luchar por aparecer como el político con sentido de Estado, es que ahora tiene que esforzarse por ser la verdadera (¿Y única?) oposición en el Ayuntamiento. Espadas aisla al PP y evita mezclarse, por ahora, con Podemos. Si la política es salir indemne y con tajada de cada coyuntura, este alcalde aún no ha vivido una sola bulla.

Santa Catalina, humedades prematuras

Carlos Navarro Antolín | 21 de febrero de 2016 a las 5:00

Santa Catalina
QUE no quiero verla, que no quiero verla. La enorme mancha de humedad de Santa Catalina no quiero verla. Una humedad prematura, irónica sangre derramada en la lucha pérdida e ingrata por la conservación del patrimonio histórico. Qué poco dura la alegría en este templo mudéjar. Dicen que la Catedral está viva porque sus pilares se mueven con los cambios de temperatura, lo cual es señal de una flexibilidad que evita catástrofes en tiempos de amenazas sísmicas. Pues si la Catedral está viva, Santa Catalina ya respira. Y de tanto respirar tiene manchas de humedad prematura, manchas altas, una hemorragia que abraza el templo como un cinturón que ahoga. Se acaba de invertir un millón de euros para acabar con la humedad por capilaridad del edificio y resulta que estamos como en los finales de Liga en ciertos estadios: otro año igual. Pues ya estamos otra vez igual en una ciudad con vocación a revestirse de Sísifo, a estar siempre relegada, como en la canción de la Jurado, a volver al punto de partida.

No ha terminado la restauración de Santa Catalina, está anunciando el arzobispo el inicio de la fase decisiva de las obras, y ya están los muros dando el jaque a la conservación del templo. Santa Catalina parece el templo gafado frente al Salvador, o incluso frente a la capilla de Santa María de Jesús en la Puerta de Jerez, por donde pasan miles de sevillanos y donde los sevillanos no entran, salvo para acceder al local de al lado a preguntar si han quedado sillas libres, sillas para la Semana Santa, evidentemente. Aquí la clave es tener donde sentarse. En esta ciudad el que no está sentado es que hace el indio. En esa capillita, decíamos, se ha instalado un sistema de electroosmosis inalámbrica contra las humedades por capilaridad y se ha apostado por un mortero transpirable sin que por el momento haya atisbo de humedades.

No hay una nueva Santa Catalina como en su día se dijo que había un nuevo Salvador, robustecido, fuerte y sanado. Santa Catalina ya tiene la piel castigada y está como siempre la conocimos. Estamos a un minuto de oír un veredicto como el del mecánico: “Esto va a ser de la bujía”. Yse nos quedará la cara de torta mirando las paredes manchadas como el sevillano que mira la ciudad desde el Aljarafe y se embelesa ante la boina de contaminación que hace las veces de palio letal que cubre la urbe.

Sí, Santa Catalina ya tiene su boina. Yse cumple la dualidad de la ciudad. En una acera se bebe y se ríe entre crepitares de aceite donde se fríen los pavías a la sombra del Rinconcillo. Yen la otra, justo enfrente, se empapa cual torrija el mejor mudéjar de la ciudad. Pero mientras no se moje una cofradía, nadie mira los partes, nadie pregunta por la causa, nadie se duele, nadie realiza análisis sobre riesgos.

Dice el pintor Salinas que en esta ciudad hay que trabajar más todos los días y no pintar una línea y convocar una rueda de prensa para contarlo. En Santa Catalina ya ha habido varias ruedas de prensa. Y ahí están las manchas, pies de barro de un templo desconocido ya por generaciones de sevillanos que crecen si haberlo visto nunca abierto. Mientras hayas pavías, qué más da. Lo dijo el Pali: menos bombas y más pavías. En caso de humedades, llamen al fontanero.
HUMEDAD EN SANTA CATALINA

Más vía crucis, por favor

Carlos Navarro Antolín | 16 de febrero de 2016 a las 18:13

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Pongan una Exposición Universal en el horizonte y verán cómo engorda el cochino de los presupuestos del Estado para la ciudad, por mucho que después las provincias hermanas nos recuerden al oído aquello que fuimos y que no volveremos a ser, que Sevilla sigue pagando aquellos fastos en las cuentas que se hacen en Madrid y en las de San Telmo. Pongamos una ley antitabaco en la ciudad del buen tiempo, sin invierno y sin gripe, que se multiplicarán los veladores como adosados del Aljarafe en tiempos de constructores sentados en las barreras de los toros antes de sentarse en el banquillo de los mangantes. Tanto nos hartamos de rendir culto al PGOU como la Biblia del urbanismo que las mesas y sillas han acabado multiplicándose como panes y peces. Pongamos alcaldes buscadores de consenso en vez de cumplidores de la ordenanza, que las normativas no se aplicarán por aquello de no crear agravios, por el complejo de no parecer autoritarios, por el culto a la equidistancia en todas las situaciones por mucho que haya incumplidores flagrantes y perjudicados evidentes. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, y se producirá el milagro de contemplar una calle desnuda, aseada, limpia, libre de las ataduras de camiones de carga y descarga, de eso que tan feamente se llama mobiliario de la hostelería. Estaba Juan Espadas frotando la lámpara a ver si sale el mago Cabrera y le ofrece tres deseos para pedirle que acabe con el tsunami de veladores, cuando llegó el vía crucis general de las hermandades y la Policía Local dejó Mateos Gago como usted siempre la había soñado. Esto es lo que Monteseirín, en el cursi lenguaje de los políticos, de todos y todas, hubiera llamado la Mateos Gago de las personas, la calle ganada para el peatón, el espacio habitable y otras gaitas verbales en el código de los que llaman soluciones habitacionales a los pisos pequeños, y batería de medidas implementables para la mejora de la regulación de la movilidad rodada al intento por conseguir que los semáforos funcionen como tienen que funcionar. Llega el vía crucis y en Mateos Gago sólo queda Alvarito Peregil pidiendo que no se corra por los pasillos de una taberna que es tan pequeña que el tonto de la política llamaría solución hostelera en vez de bar; sólo queda el egipcio que no hace mucho tiempo traía por la calle de la Amargura (dos pasos) a los vecinos, y sólo se ve el humo sacro que despide la Fresquita. Los días de vía crucis no hay más obstáculo en Mateos Gago que la zanahoria rallada que echan de guarnición en las tapas que ahora se llaman platos (¡Fuego!).

Tanto reunir la Mesa de la Movilidad para buscar soluciones y hacer el paripé del diálogo y la búsqueda del consenso cuando resulta que la solución la teníamos en casa: un vía crucis. Basta con un vía crucis de los de media entrada de público para que la calle se vea tan libre de obstáculos que parezcan los tiempos en que el arzobispo salía en carroza y no había más que la mitad de las cofradías que hay hoy. Por eso, cuantas más cofradías, mejor. Y hay que legalizar las cofradías piratas con urgencia. Que se ponga el señor vicario a trabajar, que hace tiempo que no lo vemos con eso de que está tapado por si lo hacen obispo auxiliar. Todas las hermandades a sacar vía crucis por el centro todo el año, incluidas las de la provincia. Saquemos tantos vía crucis que nos tomen por locos. Pongamos vía crucis, muchos vía crucis, para que Mateos Gago se parezca a una calle y no a las Urgencias del Macarena en hora punta.
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La confesión del edil arrepentido

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2016 a las 12:24

Entrevista con el delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabre
Un alcalde que promete ser conocido por su capacidad para generar empleo nunca será desmentido por el secretario municipal. Cuanto más generales, imprecisas y vagas son las promesas, menor es la posibilidad de que un informe jurídico las eche por tierra, porque nadie somete vaguedades e imposibles metafísicos a la consideración de un fedatario. Los dictámenese se emiten sobre hechos concretos, contratos por escritos o consultas específicas. El debate sobre las naderías y los esloganes será político con su correspondiente eco periodístico, pero nunca jurídico. Zoido no podía ser jamás el alcalde del empleo sencillamente porque no tenía competencias directas para generar puestos de trabajo. Carecía de los instrumentos indispensables, más allá de la posibilidad de firmar algunos convenios de promoción para jóvenes, talleres subvencionados conjuntamente con la Junta de Andalucía y poco más.

Primera lección de campaña. La realidad no puede dar al traste con un buen titular político. Y Zoido no permitió que su titular se estropeara. Movió la bolita con habilidad de trilero al colocarla en el cubilete del empleo. Llegó a alcalde y resultó que la bolita, ay, estaba en el cubilete de la herencia recibida, la crisis económica y la derrota de Javié en las autonómicas tras dejar vacía la silla del debate, por lo que el alcalde sevillano quedó condenado a no tener amigos en la Junta. ¡Malditos rojos que se quedan a vivir en San Telmo! Zoido, como buen jurista, se agarró a la cláusula rebus sic stantibus para justificar que no podría ser el prometido alcalde del empleo porque las circunstancias habían cambiado sustancialmente. A los ciudadanos se les quedó la cara del que se mete a hacer obras en su casa y sufre un vía crucis cada vez que el jefe de los albañiles le saca el capítulo de los temidos adicionales porque el techo del baño está anegado y hay una viga justo por donde se quería ampliar el salón.

Espadas cargó en la campaña contra la zona azul, sabedor del fregado gratuito en el que se había metido Juan Bueno, la cara amable del PPsevillano que fue delegado de Seguridad y Movilidad, pero que en cuestiones de Policía se movió bien poco, temeroso de recibir la picadura de la bicha del sindicato policial. El socialista prometió de forma machacona reducir las plazas de aparcamiento de pago, apretando la puya contra la derecha recaudatoria y reglamentista que había concebido un modelo de zona azul para ponerse las botas (y trotar por la verde pradera de Pineda). El candidato Espadas adquirió su compromiso por escrito, de tal forma que la medida 336 del programa electoral dice lo siguiente:“Suspenderemos la ampliación de la zona aprobada en el mandato 2011-2015 hasta la formulación de nuevos estudios de movilidad que determinen dónde se instalarán zonas de estacionamiento regulado en superficie y de qué forma, para resolver problemas de estacionamiento y nunca con un fin exclusivamente recaudatorio. En todo caso se promoverán los títulos específicos para trabajadores, comerciantes y estudiantes de la Universidad”. Pero el dictamen del secretario del Ayuntamiento, que ha analizado el contrato de adjudiación del negocio, impide seguir con la supresión de plazas porque el cupo del 10% previsto para esta posibilidad ya está agotado. El alcalde queda atado de manos no por la temida izquierda radical, sino por el blindaje que el gobierno de Zoido concedió a Aussa y que, al parecer, los socialistas han ignorado hasta hace cinco minutos, pese a llevar ocho meses en el gobierno de la ciudad.

Esta semana se celebró la denominada Mesa de la Movilidad. La afición de los políticos de todos los colores por la carpintería es notoria. Para cada problema se constituye una mesa. La Mesa de la Movilidad, la Mesa de la Movida, la Mesa del Empleo, la Mesa de la Igualdad… Cuando en Sevilla sería mucho más preciso hablar de veladores que de mesas. Pues se reunió a puerta cerrada el Velador de la Movilidad con el concejal Juan Carlos Cabrera al frente. Yallí, en la Logia del Ayuntamiento, estaban los representantes de los grupos políticos, asociaciones vecinales, sindicales, etcétera. Y Cabrera tuvo que hacer de Rey emérito tras ser pillado de cacería, una suerte de “no volverá a pasar”. El concejal, sin prensa por delante, entonó el mea culpa: “Yo no conocía el contrato de la zona azul”. Contó que lo pidió estando en la oposición, pero no se lo dieron. Una lider vecinal le reprochó no haber sido más prudente en las promesas, ingenua ella que ignora que la política de hoy es tan pastueña como condicionada por el márketing. Pillado con el elefante recién abatido, Cabrera no puso resistencia, que para eso estamos en días de conversión:“Uno tiene que asumir los errores. No teníamos el contrato. Lo digo abiertamente. Sí, fue un error no prever que el contrato estaba blindado”. Cabrera incluso precisó que el blindaje era tan “incongruente” que ni siquiera había margen en el hipotético caso de que se quisieran tomar medidas para beneficiar a la empresa adjudicataria de la gestión y explotación: Aussa.

Un par de representantes de plataformas invitadas afearon el primer gran incumplimiento de Espadas: la imposibilidad de reducir la zona azul. Una interviniente se dirigó al concejal con cierta acritud:“Me temía lo que has dicho, me temía que todo al final quedara en nada. El programa electoral decía una cosa y ahora… No creo que sea cierto al cien por cien que no se tuviese acceso al contrato, porque algunos sí tuvimos acceso por otros medios”. Cabrera interrumpió con firmeza: “Yo no tuve acceso”. La representante de la plataforma continuó:“Ha sido una irresponsabilidad por parte del PSOE que se hiciera esa promesa. Se afirmó tajantemente una cosa que no se podía cumplir, porque estaba claro que este contrato iba a estar blindado. Pasado este capítulo, tiene que haber una decisión política valiente, al menos con la misma valentía con la que se hizo la promesa. Yhay que llevar ese contrato al juzgado aunque nos pasemos años de tribunales”. Otro representante recordó que Espadas había seguido prometiendo la reducción de la zona azul aun llevando ya varios meses al frente del gobierno.

Cabrera tuvo que echar mano del capote. Dijo que el deseo de Juan Espadas no era ni es del derogar la zona azul, sino tomar medidas de forma consensuada: “Nosotros apostamos por la zona azul en sitios de determinada concurrencia porque haya comercios o sedes administrativas, pero haciéndolo por medio del diálogo, la prueba es la existencia de esta Mesa de la Movilidad”. Volvió a justificar el primer gran incumplimiento del gobierno:“Doctores tiene la Iglesia y nuestro doctor es el secretario”. Entonces tasó el coste de romper el contrato: seis millones de euros. Y volvió a apoyarse en la piedra llorosa, cual García de Vinuesa, del tráfico hispalense:“Lamento estos cambios. Pero hay que tomar decisiones bajo criterios de responsabilidad, aunque no nos guste”. Cabrera se pareció a Rajoy en su primer año de gobierno, pero sin plasma y con el toro tobillero de la Madrugada esperando en el chiquero.

Zoido se libró del dictamen en contra por perderse en generalidades. Espadas se pega el primer patinazo con firma del secretario, al que el PP ponía verde en privado. Está claro que el éxito es del fedatario municipal, Luis Enrique Flores, al que todos los políticos siempre ven como del contrario. El único que no acaba negro con la zona azul es Juan Bueno. Escrito está: sed temerosos de Dios… Ydel sindicato de la Policía Local. Ángel y demonios. Tiempo de cuaresma. Cabrera, arrepiéntete, que son seis millones y no merece la pena.

¡Al suelo, que vienen los canónigos!

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2016 a las 5:00

Foto a la Puerta del Perdón
EN la película de las agresiones al patrimonio de Sevilla, que se rueda en sesión continua, el enemigo siempre está dentro. En la fiesta de los toros está en las mismas entrañas, con un empresariado que dispara los precios, unos toreros que gallean por medio de apoderados que multiplican las exigencias salariales y unos ganaderos criando ese torito que sirve acaso para la muleta después de haber perdido las manos en el peto. En las cofradías, el enemigo está también dentro, con hermanos mayores perdiendo el tiempo en bagatelas de logística horaria y un Consejo de Cofradías incapaz de ir más allá del reparto de las sillas. Y en la Catedral, principal monumento de la ciudad, el enemigo descansa en asiento de coro.

Monteseirín se empeñó en hacer inhóspito el centro con una voracidad reformista en años de vacas gordas. Aplicó una política de alejamiento por la que el vecino de los Bermejales prefiere acudir antes a cualquier centro comercial de los barrios o del Aljarafe, porque lo hace desde el garaje de su casa hasta el garaje gratuito de Los Arcos, Nervión Plaza o Airesur, que acudir a unos grandes almacenes del casco antiguo, donde el aparcamiento es caro y hay que soportar atascos en las principales vías de penetración. Para una inmensa mayoría de sevillanos, el centro se ha quedado para los días de Semana Santa y el paseíto preceptivo de Navidad, donde ya no hay camellos en las setas porque estos simpáticos animales carecen del glamour cultural que el edil Antonio Muñoz pretende implantar en el mamotreto de Sacyr.

Monteseirín se obsesionó con hacer del Casco Antiguo el distrito más incómodo e inaccesible, como si volviera a levantar las antiguas murallas. Ahora el Cabildo Catedral, excelentísimo donde los haya, se empeña en afear el templo una y otra vez, en no respetar la estética de sus espacios y en destruir el conjunto de sus perspectivas. El Ayuntamiento quitó hace dos semanas la señal de tráfico estampada contra la Puerta del Perdón. Ahora es el Cabildo el que planta un mupi en esa misma puerta. Es el Cabildo el que siembra el interior de la Catedral de mupis cual Obelix plantando menhires sin orden ni concierto: “¡Están locos estos turistas!”. Dejen la Catedral libre de vallas, abran el Patio de los Naranjos, vigilen la estética de los turistas y no hagan la vista gorda ante los pantalones cortos con tal de cobrar en taquilla, si de verdad se creen sus propias normas.

Ni al prioste de una cofradía con mal gusto, que las hay, se le ocurre destrozar la preciosa perspectiva almohade de una puerta, ni romper visualmente los espacios interiores de esta gran montaña hueca. Ni los toros se pueden dejar exclusivamente en manos de ciertos taurinos, ni las cofradías en manos de la clase dirigente cofradiera embriagada en negociaciones horarias, ni la Catedral en manos de canónigos carentes de sensibilidad ante el mejor patrimonio histórico-artístico de la ciudad. Estos mupis del siglo XXI son las vallas amarillas de los años ochenta. En los seminarios ya no se enseña latín. Ni se inculca el buen gusto. Quod natura non dat…
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Catedrales con interés

Carlos Navarro Antolín | 31 de enero de 2016 a las 5:00

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AHORA se entiende el reciente interés del Ayuntamiento sevillano, siendo alcalde Juan Ignacio Zoido aunque en muchos momentos no lo pareciera, por apropiarse del salmorejo cordobés, al que incluyeron en los catálogos oficiales atrapaturistas como plato típico hispalense. El salmorejo era el sonajero, la primera nave de la armada sevillana por hacerse con el patrimonio cordobés. Anda que no. El objetivo en realidad era la mezquita, con la que están obsesionadas las plataformas laicistas que tienen tanto tiempo libre que lo pierden en las colas del Registro de la Propiedad haciendo balance de todas las propiedades inmatriculadas por la Iglesia, esa vieja enemiga. La derecha sevillana no quería el salmorejo, que es de digestión pesada y pide almax como los palios cuando se mecen pidiendo Campanilleros. La derecha quería la mezquita, la misma que controla el Cabildo Catedral más rico de España. ¿Pero cuántos saben el dinero que maneja la deseada, que no la isla que avistó Colón en su segundo viaje, sino la pedazo de Catedral cordobesa visitada por ilustres personalidades mundiales? La mezquita, a efectos de generar y facilitar información, no supera los test de transparencia a los que se someten las administraciones para luego presumir de resultados o esconderlos como pelusas debajo del aparador. Ocurre como con Abengoa, otro ejemplo de opacidad en los días que vivimos apasionadamente. Los cabildos catedrales de España, que tienen su personalidad jurídica propia, su NIF y todos sus avíos, no están obligados a entregar sus cuentas a nadie. Hasta hay casos de obispos que reciben un simple resumen, pero sin entrar en muchos detalles, sin incluir los números reales de ingresos y gastos. El Cabildo de Sevilla ha sido pionero en presentar sus cuentas.

La Catedral hispalense mueve en torno a los nueve millones de euros al año. La de Córdoba supera de largo los diez. ¿Y los intereses financieros? Aquí arrasa el Cabildo de Córdoba porque probablemente sea la entidad eclesiásticas más potente de toda España. El Cabildo cordobés puede obtener intereses financieros por encima del millón de euros en varios ejercicios, mientras que otras entidades análogas, como el Cabildo Catedral sevillano, se quedan aproximadamente en 25.000; la propia diócesis de Córdoba en unos 300.000; y la Conferencia Episcopal entre 35.000 y 85.000 euros.

Se entiende que Sevilla quisiera penetrar en Córdoba más allá de la lanzadera, ¿verdad?. En Córdoba está la pasta. Los laicistas ven más allá de la arquería bicolor, muchos más.Se pirran por la caja registradora. Quien obtiene más de un millón de euros en intereses en solo un año es que tiene, por lo menos, para comprar unas cuantas toneladas de salmorejo. Por eso proponen una gestión compartida. ¡Yo la vi primero, yo la vi primero!

En Sevilla no hay problema, vivimos al día. La Diócesis está saneada gracias a la Catedral. Los números cuadran y no hay deudas. La Iglesia hace una ingente labor de caridad (del Baratillo) y, al menos, no se depende de los bancos. Trabajo ha costado. En los últimos 25 años ha entrado dinero con las enajenaciones de patrimonio: San Telmo y la antigua Escuela Francesa. En el actual equipo hay un ejecutivo diocesano que hace las funciones de ecónomo. En 2016 se aplica la segunda subida de sueldo a los sacerdotes, que aún así, seguirán recibiendo apenas 700 euros mensuales. Si se trata de transparencia, conviene subrayar que los curas de Sevilla siguen viendo el mileurismo en nómina como un metafísico imposible.

La Catedral de Sevilla es un modelo de autofinanciación gracias al turismo. Se lleva la fama y los premios internacionales. Publica sus cuentas y explica en qué invierte cada euro que recibe de los visitantes de pantalón corto, botellita de agua y camiseta. La Catedral de Sevilla ha convencido porque publica gran parte de sus cuentas y habitualmente difunde las obras de mantenimiento. Por eso las plataformas laicistas la desprecian, hacen la vista gorda, porque saben que la cera que arde da para pocos juegos de artificio. Tan sólo se fijaron en la Giralda por lo simbólico, para ganar algún titular llamativo, cuando el alminar forma parte de la Catedral conjunta e inseparablemente, como los antiguos dominicales de prensa. No hay grandes reservas puestas a rentar, no hay salmorejo. Los grandes dineros de la Iglesia no ya andaluza, sino española, están en Córdoba. Su destino: obras sociales. No hay duda. Pero como en Abengoa: llevan años sin decir nada, sin explicar los criterios de disposición de los fondos, sin someterse a test de transparencia.

Cuando se publicó que los mil millones de pesetas que el Arzobispado recibió de la Junta de Andalucía por el palacio de San Telmo fueron destinados a un fondo de alta volatilidad (Open Found, del BBVA Privanza), se disparó el morbo por preguntarle sobre la cuestión al entonces arzobispo Amigo. Monseñor zanjó la polémica a alegar la parábola de los talentos. Fin de la cita, que decía uno que anda estos días yendo a todos los platós de televisión a los que debió acudir hace cuatro años.

No salir nunca en una foto genera desconfianza. No explicar cuánto dinero se recauda ni a qué se destina, genera deseos de fiscalidad. El día que pedimos perdón por apropiarnos del salmorejo, perdimos metas mayores. La clave estaba en la Catedral, una Catedral con mucho interés. Ni la montaña hueca sevillana, ni los obispados andaluces, ni la Conferencia Episcopal que sale en los telediarios, ni las hermandades sevillanas de relumbrón… La clave está en el salmorejo, que algunos se lo quieren jamar sin haber siquiera ayudado a majar el pan y el ajo. Si por algo le decían el tesorero de Dios a don Miguel Castillejo, aquel presidente de CajaSur que colocó a media Córdoba. Ymientras aquí, pleiteando por tener siempre un cardenal. Vanidad hispalense. La gran Catedral está a golpe de lanzadera.
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Sevilla, se alquila

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2016 a las 5:00

TORRE DON FABRIQUE_CONCIERTO
La vieja dama reunió a la familia en el salón de suntuosidad ajada, dorados apagados y vitrinas con platería enlutada por el paso del tiempo. Hacía ya unos años que el marqués se llevó para siempre la llave de la despensa y que el albacea había procedido conforme a lo expresado por el causante y, también, en función de criterios avaros, que ya se sabe qué parte corresponde al que reparte. La vieja dama toma asiento en la silla isabelina, reposa los antebrazos en la caoba de la mesa con esmero para no arrugar el paño de encaje, pierde la mirada en el lienzo de un antepasado con monóculo y bigote de húsar, y comunica a la descendencia:

–Ahora mismo no hay para pagar el próximo recibo del IBI. Os recuerdo que son 18.000 euros. No hay otro remedio que tomar de una vez la decisión.

Yla vieja dama, que ausculta con precisión los tiempos y siempre ha vivido con los pies en el suelo y atenta a la actualidad, pide la venia para alquilar varias partes de la hacienda para bodas y otros actos sociales. El vestíbulo cubierto es muy amplio para los cócteles en días de lluvia, de pie caben fácilmente trescientas personas. En el apeadero pueden servirse los aperitivos de bienvenida en primavera y verano. Las caballerizas, bien arregladas, son idóneas para el gran comedor. Siempre habrá algún gracioso que refiera eso de yantar donde en otro tiempo se han alimentado las bestias, pero Sevilla es la ciudad de la guasa. La mayoría se pirra por estar junto al noble al mismo tiempo que se regodea en sus penurias. Yel almacén, con una pequeña reforma, sirve para las horas de barra libre.

Sevilla es Tara, quemada por la guerra de la crisis económica, con los cultivos arrasados y las cortinas hechas jirones. El alcalde es Scarlett O´Hara en lo alto de un velador:“A Dios no pongo por testigo porque no me deja rojo sevillano ni los chicos de Participa, pero juro que no volveré a pasar hambre”. Y Juan Espadas, dispuesto a todo para reactivar la economía local, pone las zonas nobles de la ciudad en alquiler para cócteles y banquetes. Así recaudará 900.000 euros, casi lo mismo que el millón anual por las licencias de los veladores. Con Espadas será posible dar una copa de empresa en la Puerta de Jerez, donde el catálogo municipal dice que el primer atractivo es la fuente de Híspalis, la que parece sacada de un tanatorio del Aljarafe construido en tiempos de pelotazos urbanísticos con edil de Urbanismo imputado. También se podrá presentar un modelo de coche de alta gama con pedazo de cena para diez mil comensales en la Plaza de España. ¿Prefiere presentar su nuevo perfume en los Jardines de Murillo y tener luego varias mesas altas para servir el Möet Chandon? En este caso lo recomendable es limpiar previamente las ratas allí empadronadas, las de cuatro patas quiero decir. Si lo prefiere, ese acto social que siempre había soñado puede tener su marco incomparable en la ciudad de los marcos incomparables: en los Baños de la Reina Mora, en la Plaza de América (“¡Yo lo vi primero!, dirá Mario Niebla del Toro con el turbante y sus invitados de postín) o en la Alameda de Hércules, la que Monteseirín alfombró de un amarillo más feo que un chino con fiebre, y Zoido directamente no supo qué hacer, entretenido en pensar si estaba bien sujeta la placa que conmemora que un día inauguró un bacalao en Argote de Molina. Literal: un bacalao.

Sevilla se alquila para fiestas como la hacienda de la familia noble venida a menos. Arrendamos los escenarios de la grandeza que un día habitó entre nosotros. El márketin es cruel como un niño y nos dice las verdades: somos un gran salón de celebraciones, los hosteleros de Europa. ¿No montamos un horror llamado Munarco por ser la ciudad de la Semana Santa por antonomasia? Pues vendamos Sevilla como un gran velador. Yel Ayuntamiento, como la familia que tiembla con sólo imaginarse en el BOP por no pagar el próximo IBI, ha hecho el catálogo de plazas y edificios aptos para festines. Pero, ay pena, penita, pena, se han olvidado de la Plaza de San Francisco como la joya de la tatarabuela que no se alquila. Orgullo se llama. Claro, la Plaza de San Francisco ya tiene arrendatario con jaimas y mesas altas desde hace años. Que cambien la letra de la leyenda sobre la ciudad. “Monteseirín me transformó, Zoido me cercó de veladores y mesas altas y Juan Espadas me alquiló pa banquetes y otras gracias”.

El arriolo del palomar

Carlos Navarro Antolín | 17 de enero de 2016 a las 5:00

montaje CAJA
LA oposición desgasta más que el poder, sobre todo por la cantidad de horas libres que se tienen para tomar café en los alrededores del Ayuntamiento. Nos seguimos preguntando hoy: ¿A qué se dedicaban los 50 diputados del PP en el Parlamento Andaluz que formaban la particular armada invencible de Arenas, derrotada en la tormenta de la silla vacía del debate? Hoy contemplanos con inocente curiosidad la labor de los doce concejales del Grupo Popular, que ha menguado de veinte a doce como mengua un chaleco de mercadillo tras el primer lavado, con más pelotillas y menos asesores. Los pelotillas no faltan ni en el grupo… Ni en lo chalecos. Aquí mostramos a qué se dedica alguno de los ediles de Zoido: a trazar el camino para que el ex alcalde recupere el bastón en 2019 y ponga a punto la ciudad para 2029. ¡Zoido por fin encarga la elaboración de un modelo de ciudad! Con la de años que despotricó de la teoría del modelo, ahora ya tiene uno. El profesor Curro Pérez ya maneja un borrador con las 92 medidas –¡que son 92 oiga!– para que el zoidismo levante el vuelo. Ya sabemos la razón por la que el aparato del PPno quería a Pérez como portavoz adjunto:para que se dedicara a ejercer de arriolo del palomar, como hace Arriola, el marido de Celia Villalobos, en los despachos de Génova desde hace años, a pesar de sumar más batacazos que éxitos. Si Landa era el intelectual del zoidismo, Pérez es el arriolo, el pensador, el mariscal, el druida que tiene la poción mágica para entonar el volverán banderas victoriosas. Del cómo aprender inglés en tres semanas, al cómo volver a ser alcalde en cuatro años y estar diez más en el cargo.

Me encanta la terminología que emplea el profesor Pérez, por el que es pública mi simpatía, en el documento más valioso nunca conocido en la política municipal. Tengo debilidad por los DAFO, el área controler y, sobre todo, por las líneas verdes, rojas y azules que son la base de una política carioca. Pero no carioca por sus connotaciones brasileñas con recuerdos al cónsul socialista Blas Ballesteros, sino carioca por la de rotuladores de colores que nos va a hacer usar este Panoramix del palomar de aquí a 2029.

¿Y qué me dicen del “agosto de vacaciones”? Eso es precisión, oiga. Y el guiño a la Sevilla costumbrista entre tanto término de escuela de negocios ochentera tiene su valor añadido:“Día de la copa de la Velá de Triana”. ¿La Velá es debilidad o es fortaleza en un análisis DAFO? ¿La falta de papel higiénico en los aseos del Ayuntamiento, por ejemplo, era una debilidad del final del monteseirinato? Está previsto hasta el período de elección del candidato de 2019, pero no dice si el líder regional Moreno Bonilla interviene en el proceso, a pesar de que estos días anda mosca con las referencias de Zoido a su autonomía en la decisión de presentarse de nuevo, o de elegir a su delfín cual Aznar con libreta azul. Cuidado con el malagueño que las mata callando.

Los concejales de Participa e Izquierda Unida se dedican a darle pellizcos de monja al alcalde. Y el alcalde está contentísimo con las ganas de Zoido de seguir hasta 2029. Dicen que Espadas ha descorchado una de Dubois para brindar por la ambición a largo plazo del líder de la oposición. Yen Sevilla, por fin, ya sabemos quién es el arriolo de Zoido. Lo que falta por saber es si el área controler asume el corte del salchichón en la copa de la Velá. ¿El salchichón es fortaleza o debilidad? Me alegro de que me haga esa pregunta.