Esos señores del Prado

Carlos Navarro Antolín | 19 de diciembre de 2014 a las 11:37

Caja Negra Prado
Hay en Sevilla una nueva modalidad de puestos a los que no se acerca nadie. Escrito está que ningún satélite ha captado a un comprador en los puestos de turrón de la Feria, ni a un incauto comprando tajadas de coco humedecido por chorritos de agua fresca. Son establecimientos que aparentemente no soportarían un sesudo estudio de sostenibilidad, pero ahí están cada año marcando el camino a la Feria desde el Prado y por las avenidas que conducen a la portada, luego tienen que tener unos mínimos índices de rentabilidad. El éxito de los ambulantes lo capitalizan los puestos de calentitos con chocolate, con la música del zumbido del radiador, los manteles de hule, las mesas plegables y las nuevas ofertas de churros rellenos de crema y otros inventos. Sin salirnos del sitio, en el Prado de San Sebastián llevan meses atracados tres silenciosos ciudadanos a modo de mupis con tres carteles con preguntas y lemas misteriosos. Siempre en el mismo sitio, siempre en silencio, como ambulantes de ruán. La cosa huele a secta, con cé, no con equis de canal de televisión. La verdad es que jamás molestan al viandante como los pelmazos del eje Tetuán-Velázquez que van al acoso y derribo con la garrocha de un portafolios. “¿Tiene un minutito, caballero?” En España ya hay ayuntamientos que se han salido del buenismo imperante y han impuesto normas anti-pelmazos. Estos ciudadanos silenciosos y clavados en su posición son como el alguacil de la plaza de toros de la Real Maestranza que, oreja en mano, espera a que sea el matador quien se acerque a por el trofeo. Te sueltan el rollo recibiendo, no yendo al encuentro. “¿Existe un creador?”, “¿Qué enseña exactamente la Biblia?” Y hasta hay días que las preguntas tratan sobre las enfermedades mentales. Menos crecepelo, ofrecen las verdades sobre casi todo. Siempre están solos, cada uno junto a su carrito con libros. El público pasa apurando el semáforo en verde, sin apenas mirarles. Hay quien mantiene la esperanza en que ofrezcan respuestas para preguntas y planteamientos que nunca llegan. “Cómo tener fe en que el PP gobierne en Andalucía”. “Moreno Bonilla, el mesías con zapatos abotinados de ante”. “No sabéis cuándo ni cómo, pero Susana dormirá en la Moncloa”. Ese día no habrá caballeros para tantos minutitos, tajadas de coco para tanto incrédulo y turrón para tanto feriante.

La gestión de la miseria

Carlos Navarro Antolín | 17 de diciembre de 2014 a las 5:00

Sev.
Igual que se ha abierto la veda para meter políticos en la cárcel, se cerró hace unos años el tiempo de la política de los grandes proyectos, de la necesidad de apostar por transformaciones materiales, de vender esas grandes recreaciones virtuales que dividen a la ciudadanía o que enfrentan a las administraciones. No son tiempos para megalomanías, como no lo son para los patrocinios y las obras faraónicas. Son años para administrar con imaginación. A Zoido se le podrán criticar muchas cosas con razonamientos sólidos, pero seguro que nadie le achacará que no haya sacado adelante grandes obras urbanísticas. ¿Para qué se mete entonces en el berenjenal de proyectos que son devueltos una y otra vez a los corrales de la Gerencia de Urbanismo?

La interpretación precisa de los tiempos que a uno le han tocado en suerte es clave. En el PP de Sevilla hay quien sostiene que este mandato es sencilla y directamente el de la gestión de la miseria. Y que bastaba con haber sabido moverse en ese contexto marcado por la pobreza desde el día de la toma de posesión. El problema es que esa necesidad de vender proyectos de transformación (esa política de la manida puesta en valor)ha tenido al cabo el efecto de un tiro en el pie. ¿Qué necesidad había de anunciar un centro de promoción de las tradiciones de Sevilla? ¿Y los párkings del Prado y de San Martín de Porres? ¿Y el paradisíaco Paseo del Arte que ha terminado descafeinado y, como las iniciativas ya citadas, también orillado por la falta de solvencia del empresariado?

Son tiempos de política municipal de infantería, para no alimentar la letanía de quereres y no poderes. A Zoido le va mal cuando quiere volar por encima de las nubes de la micropolítica. Yle va bien cuando vende la gestión inmaterial del orden en las cuentas y de la paz social en empresas de servicios fundamentales como Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos de transferencias directas, un dato inimaginable en los años de Monteseirín.

De 2011 a 2015 sólo cabe la gestión de la miseria y recorrer el desierto con el alivio del agua de la cantimplora que de vez en cuando ofrece la edil de Hacienda con sus balances. Y refrescarse una vez al año en el oasis del mapping.

Moreno Bonilla es ya un ‘miarma’

Carlos Navarro Antolín | 12 de diciembre de 2014 a las 12:59

morenobonilla_ok
Las salas de espera de los oculistas, dentistas y otros profesionales de la Medicina son de interés público social, porque permiten estar al día de la crónica social, aunque sea en diferido, que diría la Cospedal. No hay nada más antiguo que un periódico de ayer. O sí: el papel couché con trimestres acumulados con que los médicos alivian la espera de sus pacientes. “La Pantoja prepara su ingreso en prisión”, se lee en la cola del oftalmólogo cuando la tonadillera lleva ya semanas entre rejas. Cuando el conde de Salvatierra ya está subido al jaco, leemos en la sala de espera del urólogo: “Un hijo de la Duquesa de Alba es operado en el Hospital Infanta Isabel de Sevilla”, que ni es hospital ni hay en Sevilla un centro sanitario dedicado a La Chata como no lo hay en honor de Isabel Alfonsa, biografiada de monseñor Camilo Olivares.

Y de pronto, zas, entre la pila de revistas arrugadas, desgrapadas y con la página de la receta de cocina arrancada, aparece la publicación de un colegio profesional, ese tipo de revista aburrida en la que el mejor pasatiempo es contar cuántas veces sale el decano, al igual que hay periódicos en los que el personal busca las veces que sale el dueño. O su mujer. Anda que no…

Pues hojeando esa revista en la sala de espera nos topamos con una fotografía que supera en su valor testimonial a la de la tortilla de Manuel del Valle con la cámara de Pablo Juliá. En esta foto de hoy aparece nada menos que el líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonillla, perfectamente trajeado junto al presidente de la Cámara de Comercio de Sevilla, Francisco Herrero. Bonilla figura luciendo pañuelito asomado en la chaqueta cual Petronio de la derecha andaluza, cual gerente de Urbanismo de Sevilla, Alberto de Leopoldo, que no tiene guita para poner en la Avenida toldos, valga el pareado (del Aljarafe y sin piscina); cual Josemi Rodríguez Siero contándole a Carlos Herrera su último veraneo en las termas gallegas. Gracias a la visita al médico, sabemos por fin que el programa reformista de Moreno Bonilla incluye guiños a la derecha sevillana casposa y retrógrada como el pañuelo en el traje, que no es cuestión de orillar a los que siempre han creído en tus siglas. El pañuelo de Moreno Bonilla es el terno de pana de Alfonso Guerra de la Transición, el pisacorbatas de don Manuel Fraga, el trapo de la barbacoa de Sánchez Gordillo o la cazadora mitinera de Javié Arenas para el total de 30 segundos en el telediario del domingo.

Moreno Bonilla está listo para la cena de la noche del alumbrao en la caseta del Aero o para una función principal de instituto en la Magdalena. ¡Se nos ha vuelto un miarma en toda regla! Gracias a la sanidad privada, uno lleva en diferido la vida de los famosos y la agenda oculta de este árbitro de la elegancia, que poco a poco va conquistando a la muy malaje ciudad de Sevilla, que le tiene una manía injustificada y que rechaza sus reformas. Pañuelito a pañuelito se gana Andalucía. Sólo falta la voz de Lauren Postigo: “Andaluz, este es tu pañuelo”.

Salvemos a Maximiliano

Carlos Navarro Antolín | 11 de diciembre de 2014 a las 5:00

Rueda de prensa de Maximiliano Vílchez.
LOS presupuestos cantan. Zoido acude al rescate de la Gerencia de Urbanismo en sus últimas cuentas del mandato. En las famélicas arcas del organismo autónomo entrarán 54,2 millones de euros, lo que supone un aumento de 15,4 millones más respecto al año que expira. Si se comparan estos números con la deuda que arrastra el Ayuntamiento desde hace lustros con la propia Gerencia, reconocida por el alcalde en una reciente reunión con los enlaces sindicales y cifrada en 290 millones de euros, no es que las cuentas de 2015 vayan a sacar de los números rojos a la que siempre fue la delegación más deseada por todos los partidos políticos, pero sí es un hecho objetivo dónde se hace el principal esfuerzo en cuestión de transferencias.

Conste en acta, por ejemplo, el ridículo capítulo de inversiones de Emvisesa, reducido a 15.000 euros en 2015, una verdadera miseria. A Emvisesa se la desconecta poco a poco del respirador artificial de las transferencias mientras a la Gerencia se le mantiene la mascarilla en un contexto de elecciones y cuando está pendiente de aprobación el nuevo convenio colectivo que afecta a 500 trabajadores. Maximiliano Vílchez, delegado de Urbanismo, no tiene dinero para poner toldos en la Avenida de la Constitución cuando aún se están recogiendo los vidrios rotos de la gran borrachera de aquellos años de convenios urbanísticos que reportaban dinero a espuertas, de constructores enganchando en la Feria y del carbónico francés volando en cestas de Navidad.

Salvemos a Maximiliano, proclaman los grandes gurús del presupuesto. Salvemos al delegado de Urbanismo más tieso de la historia. Ganemos (Podemos) tiempo hasta mayo, reza la letra pequeña. En las caracolas de la Cartuja saben perfectamente que los anuncios de transferencias suelen ser papel mojado. La Gerencia ha sido siempre el amigo rico, el pagafantas de la vida municipal. Pero ahora no hay ni para toldos. Maximiliano no puede vender ni la sombra. Y sin toldos no hay paraíso.

Presentado el presupuesto de 2015, con esas obras que son como los moros de Queipo, siempre las mismas, sólo faltan ya los camellos por la Alameda de Hércules para rematar diciembre. Esperemos que este año ninguno muerda. Nos referimos a los camellos, claro. Los otros se pegarán dentelladas, máxime (de Maximiliano) cuando los puestos de salida se cotizarán aún más caros al reducirse la corporación a 31 concejales.

La izquierda cuando besa

Carlos Navarro Antolín | 28 de noviembre de 2014 a las 19:55

El portavoz de IU en el Ayuntamiento de Sevilla, Antonio Rodrigo Torrijos, ha anunciado este viernes su dimisión a IU tras su imputación en dos causas judiciales
Estos camaradas son como costaleros de cofradías de capa, que al arriar el paso en el templo, salen pringosos y sudorosos y, hala, se ponen a pegarse besos de abuela, con mucho aparato sonoro, mucho lagrimeo de emoción incontenida y mucho tatuaje en el brazo regordío. Estos concejales de IU se besan como ciudadanos de la antigua Yugoslavia para diferenciarse de la derecha opresora y capitalista, que es más adicta a los abrazos. “¡Un abrazo, un abrazo!”, dice Luis Miguel Martín Rubio cuando va hablando por el móvil y quiere saludar a alguien sin pararse a la misma vez que sube la barbilla. Abrazos da Zoido cuando envía recuerdos por casa a los vecinos. Arenas es el rey de los abrazos de la ceja levantada, que lo del arqueo de la ceja lo inventó Arenas mucho ante que ZP, pero como la derecha nunca sabe sacarle partido a sus propios logros, pues llegaron los señores del márketing de ZP y crearon toda una seña de identidad del zapaterismo.
La izquierda envuelve sus dimisones con el celofán de los besos. Dimitió Torrijos hace justo un año y se besó con Pepi Medrano. Ha dimitido José Manuel García y se ha besado con Pepi Medrano. La Medrano es como los cofrades del Valle cuando están apenados en la Anunciación sin salir por la lluvia y se hartan de recibir en su casa los pasos empapados de otras cofradías buscando refugio. A Pepi le pasa lo mismo: sin moverse de su sillón de concejal va a ver pasar media lista electoral de IU a su lado. A la mujer la mandaron el otro día al Pleno más sola que la Soleá de Rodríguez Buzón camino del Ayuntamiento ni por sus camaradas acompañá. Y lo pasaría tan mal que no se lo perdona a José Manuel García, al que ha largado con un beso. García es el político que toma la palabra en el Pleno y es toda una reivindicación de la antigua Carta de Ajuste de TVE, aquella que perdimos. Sigue pendiente que alguien funde una asociación de amigos de la Carta de Ajuste para que el Gobierno la reponga a determinadas horas. Lo bien que se dormía con la Carta de Ajuste puesta en el televisor, con sus colorines y con su generosidad de darte gratis la hora. Lo bien que se podía aprovechar el turno de palabra de García para bajar a tomar café en los Plenos. A García lo perdemos a golpe de beso de la Medrano como perdimos la Carta de Ajuste. Una pena honda nos carcome, una angustia interior nos oprime el pecho, una hemorragia de tristeza nos consume.
Viendo las fotos del besuqueo de los camaradas, Pepi Medrano también recuerda al socialista Bernardo Bueno. En las crisis del PSOE sevillano de los últimos años, cuando alguien preguntaba en qué bando había que colocarse, la brújula perfecta era la de Bernardo Bueno, ese señor que siempre tiene cara de Transición, de haber salido de un capítulo con voz de Victoria Prego. La corriente en la que estuviera Bernardo Bueno era la que ganaba. No fallaba. “Tú ponte donde Bernardo”, le dijeron a uno. Pues a Pepi le pasa lo mismo con sus besos. Cuando Pepi besa a un camarada, ya se sabe lo que pasa: que ponen la Carta de Ajuste. Y después viene Espinete con los abrazos.
José Manuel García, concejal de IU

Los urdangarines de la hostelería

Carlos Navarro Antolín | 25 de noviembre de 2014 a las 18:19

tapas en mesas
En cuestiones de hostelería hemos pasado del cuidado con el perro al pasen y vean con toda tranquilidad que el perro está atado. Sevilla fue arrinconando la tapa, con su medida exacta y proporcionada, en favor de los platos, medias raciones y raciones completas. Las mesas llevaban incluido el tasazo de sólo poder ser utilizadas para comer raciones. Tomarse una tapa sentados en uno de los diez mil veladores era un acto imposible en muchos bares. En mesas solo raciones, mandaba la leyenda. Y todos a tragar, a tragar en la barra obviamente, como tragamos con el imperativo del sólo se puede pagar con tarjeta si son cantidades superiores a 10 euros, por mucho que Rubén Facua alerte de lo contrario. Porque el apellido de Rubén es Facua, ¿o alguien lo duda? Igual que Benito Navarrete es Benito Mapping (sin patrocinio) y Jesús Becerra es Jesús Becerrita (con croqueta de cola de toro). Pues eso: que tragamos sin decir ni pío con los cartelitos que cantan el límite mínimo para pagar con tarjeta. Pasamos del serrín esparcido por el suelo a los bares libre de humos, es el pendulazo de siempre, marca de la casa de una sociedad que no entiende de evoluciones en equilibrio. Y por fin ha llegado el cartel que es como el quitamiedos de la antigua Cuesta de la Media Fanega. Por fin leemos que en las mesas se sirven tapas. ¿Y por qué antes no se servían, oiga?, podría preguntarse cualquier marciano recién aterrizado en la dehesa de Tablada, si Sevilla es la ciudad de la tapa por antonomasia, si el personal se ha hartado de presumir del taperío local como un timbre de gloria, si hasta ha habido concursos a las mejores tapas. Las tapas volaron de las mesas por la codicia, que es el barniz que ha cubierto casi todo en esta nación en los últimos años. Los hosteleros devoraron la tapa como Saturno a sus hijos sin saber que se estaban devorando a sí mismos. Mataron la gallina de los huevos de oro por quedarse con la granja entera y la del vecino si era posible. Ampliaron los salones, achicaron las barras cual Menottis con delantal, poblaron todo de mesas y redujeron las tapas hasta tal punto que en fechas especiales como la Semana Santa los hubo que las suprimieron de las listas, pese a que esos días hay más gente de fuera que nunca deseando pedir el símbolo por excelencia de la gastronomía local. Era llegar la Semana Santa y aplicarse el reglamento apócrifo de la hostelería local: fuera tapas y el servicio averiado. La codicia pudo a muchos, que ahora han replegado las tropas del puyazo, quitando los manteles gordos y poniendo veladores donde antes había mesas de restaurantes. Vuelven a la tapa y servida en mesa, qué amables se han vuelto de pronto, qué diligentes, qué atentos. ¡Viva la crisis que ha devuelto las tapas a las mesas y servidas por camareros! Algo bueno tenía que tener esta crisis: ha mandado al garete las copas de Navidad de los partidos políticos y podemos (¡sí se puede!, a lo Errejón trincón) tomar una ensaladilla en un velador servida por un amable camarero. En la hostelería se puede ya cantar lo de volver a ser lo que fuimos. Se nos rompió la ración de tanto usarla, con el asco que da meter el tenedor chupado donde han metido otros los tenedores una vez pasados por los piños propios. Donde se ponga la tapa individual que se quiten esos platos para compartir que terminan siendo muladares, sobre todo si son de fritanga con mayonesa en el centro. Regresa la tapa de donde fue expulsada por la codicia de los urdangarines de la hostelería. Lo siguiente será que funcionen todos los servicios en Semana Santa.

La liquidación de la quinta del Cardenal

Carlos Navarro Antolín | 22 de noviembre de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 27/02/2014.
EL día que un muchacho llamado Alfonso Jiménez recogió en la Real Maestranza el premio al mejor expediente de la Facultad de Arquitectura, su padre quiso que Curro Romero, presente en la ceremonia, firmara detrás del diploma. El Faraón de Camas dejó el toreo en 2000, unos meses después del fallecimiento de Diodoro Canorea, el empresario con el que se entendió a la perfección al negociar el número de tardes en el abono sevillano. Tres o cuatro en la Feria y una en San Miguel. Sin Diodoro, Romero no se veía. El ciclo estaba liquidado. No lo retiró un toro, sino la interpretación precisa de la coyuntura.
Ironía del destino, al maestro mayor de la Catedral no lo quita su edad de los andamios del templo, sino que ya no tiene a Francisco Navarro a su lado, su particular Canorea con el que confeccionaba el programa de obras de cada año como Curro y Canorea pactaban cada temporada. La vejez que esgrime don Alfonso en su carta se merece un tururú de grande como la Catedral y su sucursal del Salvador (convertida en museo con tienda en la puerta principal) juntas. Con Jiménez se va la última gran referencia de un pontificado de casi 30 años. En esta diócesis ocurren cosas muy extrañas: en una misma semana hay un cura que entrega las llaves de la parroquia al vicario de zona y un arquitecto de prestigio que entona el ya estoy yo en mi casa cuando sabemos que se encuentra divinamente y con salud para seguir quitando jaramagos de los pináculos e inventando andamios imposibles para auscultar esa piedra con la que yo creo que ha llegado a hablar a solas como el doctor Rodríguez de la Fuente se entendía con los lobos.
La quinta del Cardenal está en liquidación. A cierta edad y con cierto currículum no está uno para admitir ciertas tutelas. Ni para bailar con el loberío de medio aullido. Querido don Alfonso, lo de la edad se lo cuenta usted a los canónigos. O al Lagarto de la Catedral.

La fiesta marbellí del gerente de Lipasam

Carlos Navarro Antolín | 18 de noviembre de 2014 a las 13:16

LIPASAM PREMIOS
Desde el minuto uno se supo que no era un gerente del montón. Por sus hechos los conoceréis. Y Francisco José Juan, gerente de Lipasam, acumula ya varios. En noviembre de 2011, en las primeras curvas del mandato, un pariente suyo fue multado en una botellona. Se adelantó y se encargó de que el propio Ayuntamiento difundiera la sanción y el cumplimiento de los correspondientes trabajos sociales. Como uno más, sin distinciones ni tratos de favor. En julio de 2012 escribió un correo electrónico para felicitar a toda la compañía por el acuerdo alcanzado con los cocheros de caballo para que las bestias lleven pañales. ¿Recuerdan aquella gloriosa perla? “Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”. Tenía razón Paco Pepe. Lo mejor es hacer como con el Laredo: no entrar. La salvaje huelga indefinida de Lipasam reveló los bueyes con los que ara este gerente tan eficaz y trabajador como políticamente incorrecto. Porque Paco Pepe, justo es reconocerlo, es de los que se faja en primera línea de la calle Sierpes en la medianoche del Viernes Santo, caminando entre la basura que dejan los señores de la carrera oficial tras pasar la Virgen de la Merced para que la vía pública esté lo más presentable posible cuando llega la Madre y Maestra. Y allí está Paco Pepe al frente del dispositivo como lo está una tarde de Feria cuando otros andan mangando invitaciones de caseta en caseta. Quizás por ser como es se quemó con los sindicatos y el gobierno tuvo que buscar otros interlocutores para atajar aquella huelga. No faltaron en el PP quienes exigieron al alcalde su cese como medida de fuerza. Y otros, como Jesús Maza, consejero delegado de Emasesa, defendieron su continuidad. Su cese hubiera sido injusto e interpretado por algunos bravucones sindicales como una medida de debilidad.

El problema de Paco Pepe es haber pasado por taquilla con dinero público para recoger un premio de excelencia de una organización digamos que difusa con sede en La Coruña, donde están puestísimos en la excelencia de la gestión de Lipasam. El último amigo que vino de Galicia no traía morriña, sino una conversación tela de pesada sobre los coruñeses y el frenético interés que pusieron en saber los modelos de productividad y gestión de Lipasam cuando se enteraron de que era sevillano. Por las que hilan…

La coartada es que con 4.700 euros se paga, oh casualidad, la difusión del premio. ¿Pero si la foto de Paco Pepe recogiendo la estatuilla de manos de un tío con pajarita la han dado casi todos los periódicos locales como información del día sin necesidad de efectuar ningún pago? Esto recuerda a aquellas reuniones de los años ochenta que se convocaban en hoteles para mostar los contenidos de una nueva enciclopedia “sin compromiso” y con regalo asegurado por el mero hecho de asistir. Muchos incautos picaban, acudían y acababan comprando esos tomos con letras doradas en el lomo que quedan estupendamente en el mueble del salón: La España salvaje, la Segunda Guerra Mundial, Atlas geográfico del Mundo, El Diccionario de la Naturaleza, Enciclopedia Temática Interactiva, Vida Sexual Sana, etcétera.

Lipasam ha pagado 4.700 euros por una foto con un tío con pajarita y cinco cubiertos en una cena marcada por el glamour en el Hotel Villapadierna. Porque no fue sólo: se llevó a cuatro acompañantes a los que quiso premiar por su esfuerzo. Es verdaderamente emocionante cómo hay jefes que pasan por generosos al derramar la gracia de ciertas dádivas sobre sus subordinados, pero con pólvora del rey, claro. Paco Pepe picó el cebo. Acudió al hotel marbellí y se vino cargado con la enciclopedia, pero pagada con dinero público, que no es de nadie, como dijo aquella mente preclara del PSOE que llegó a ministra. Al menos, es de esperar que su hígado no haya sufrido. Y que las letras doradas luzcan bien en la vitrina de las empresas municipales. Ay, la vanidad. ¿O será microvanidad por aquello de la micropolítica? Si Torrijos paga por recibir un premio de estas características, lo crucificamos. Y ni le ponemos un cirineo para subir la cruz hasta el Gólgota. Pero 4.700 euros no son nada. Ni de nadie.

La paz social y ciertas castas

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2014 a las 12:53

fumadores
Acumula ya varios lustros en su puesto. Conoce la ciudad, las principales empresas, los personajes de verdad y los personajes de cartón piedra. Cada vez que se aproximan las elecciones ve cómo unos aprietan y otros agachan la cabeza, siempre la misma secuencia para que no se rompa la paz social. No es que sea un problema específico de Sevilla. Se sufre en otras grandes y medianas urbes. Pero la crisis provoca que haya cada vez quienes se callen menos. El interlocutor se explaya en la descripción de los hechos dando las pistas justas. ¿Miedo? Tal vez.
“Ya verás como de aquí a mayo se reducen las sanciones por todo. Los técnicos y agentes de disciplina de cualquier servicio no es que se vayan a relajar. No es exactamente así. Levantarán actas y rellenarán boletines de denuncia para dar sensación de control, pero ya te contaré cuántas tramitaciones de multas se llevan a cabo. Las mínimas e imprescindibles. Lo que te aseguro que están descartados son, por ejemplo, los desahucios. Ni uno. Ningún político asumirá el riesgo de una foto indebida por mucho que tenga todos los papeles a su favor. Y en las grandes fiestas primará la paz social por encima de todo. ¿Tú sabes que hay servicios que gozan de pluses económicos por trabajar en los grandes días de la ciudad, verdad? Es lógico y ocurre en toda España. Hay quienes incluso tienen la posibilidad de trabajar en sus días de descanso, lo cual supone que el trabajador obtiene unos beneficios extras, tasados previamente. También lógico. Como imaginarás, estando como están muchas familias en la ciudad, hay trabajadores que hacen lo imposible por trabajar esos días de libranza. Venden su descanso, literalmente”.
Honda calada. Rostro nervioso. Mirada asustadiza, antesala de que ahora viene lo grave del relato en el que está echando los gatos de la barriga. “¿Por qué te cuento esto? Porque hay servicios en los que tenemos una pila de quejas porque los liberados sindicales se apuntan precisamente a trabajar en esas jornadas de descanso. Es decir, en los días de trabajo no aparecen porque están de horas sindicales. Y en los que no tienen que trabajar, se apuntan para hacerlo, pero, eso sí, les computa como horas sindicales, no como horas destinadas al ejercicio de su actividad profesional. ¿A alguien le entra en la cabeza que un Viernes de Feria o un Jueves Santo se pueden emplear en horas sindicales? ¿Te das cuenta del chollo? ¿Que qué podemos hacer? Nada de nada. Y menos ahora. A los que se atreven a elevar la voz y a quejarse les decimos que esas prácticas, aunque éticamente reprobables, son absolutamente legales. El sistema es así. El mandato expira y, una vez más, nadie le ha querido meter mano a este asunto. Pasa siempre. La paz social lo justifica todo. Antes y ahora. Te aseguro que lo que yo veo desde hace años es una casta en toda regla, amparada por la ley y consentida por los sucesivos mandatarios, que temen que les pase lo que ya le ocurrió a alguno de sus incautos antecesores cuando quiso poner orden. Ya sabes que los bolsillos de algunos es mejor no tocarlos, porque puedes llevarte algun disgustillo… Hasta que alguien pierda el miedo. Y yo ya lo estoy perdiendo”.

Carlos Herrera y dos catalanes

Carlos Navarro Antolín | 11 de noviembre de 2014 a las 10:33

CARLOS HERRERA
Tarde caída y metida en las primeras luces bajas de la noche. Arranca noviembre. En la barra de Trifón está el comunicador Carlos Herrera con dos señores de marcado acento catalán. Beben Tío Pepe y comen montaditos de picante con lomo y rollitos de jamón de york con anchoas. Están el tiempo justo de una ronda breve. Hablan de temas de actualidad a escasos días del 9-N. Se marchan y se meten en Casa Moreno. Segunda estación. Comentan que no quieren mesa, sino estar de pie en tabernas con sabor como en la que están entrando. Repiten el mismo vino. Piden lomo al Jerez y, cómo no estando Herrera, las nunca bien ponderadas sardinas marinadas. Ahora hablan de Sevilla. Los catalanes dicen que ven la ciudad mucho mejor que hace sólo unos años. Por sus afirmaciones se nota que están haciendo comparaciones con la Sevilla de los primeros años de la crisis, un período temporal aún corto que deben conocer bien por algún negocio o actividad profesional fuerte que hayan empezado a tener en la capital de Andalucía. Tratan de demostrar sus aseveraciones en la evolución de los precios e incluso en el parque móvil. Uno de ellos asegura que tiene la costumbre de fijarse en los modelos de coches que circulan por las ciudades y que desde hace unos años aprecia una renovación en los vehículos de los sevillanos. Herrera se interesa por esos análisis de la ciudad a pie de calle con la duda de quien escucha con espíritu crítico. Tan es así que los catalanes insisten en que Sevilla es una ciudad muy habitable. Se muestran encantados. Terminan las viandas y dan por concluida la noche. El día ha sido largo. Esa jornada estuvieron en Sevilla Isidro Fainé, presidente de Caixabank, y Jaume Giró, director general de la fundación bancaria La Caixa.