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La barrila de las elecciones al Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2014 a las 11:36

Ateneo
Hicieron todo lo posible para que entrara en la agenda de temas entre Rajoy y Obama. Y casi lo consiguieron. Vamos, que yo creo que Rajoy no es que haya presumido de que nadie le ha preguntado en la Casa Blanca por Cataluña, es que lo que verdaderamente ha dicho es lo que sigue: “Nadie me ha preguntado por las elecciones del Ateneo de Sevilla”. Porque hay que ver la vara (del rey) que están dando con las elecciones del Ateneo de Sevilla. En Sevilla está la Anselma, a la que la derecha le ha cerrado el tablao dejando desorientados a los madrileños y a los guiris de rebujito en vaso de tubo, y está también Anselmo, que quiere ser presidente del Ateneo desde aquellos sucesos oscuros de melchores caídos del trono, que ya se sabe que todo español tiene derecho a la presunción de inocencia excepto si es elegido para ser rey Melchor del Ateneo de Sevilla. Anselmo está metiéndole presión al actual presidente, que tiene nombre de centurión romano de Astérix y Obélix: Alberto Máximo. Y entre los dos tienen a media Sevilla buscando ateneístas por debajo de las piedras, de los veladores y hasta por debajo de la nueva cruz del Baratillo.

Que no quiero verla, que no quiero verla… La cruz del Baratillo que no quiero verla

El censo del Ateneo tiene poco más de mil votantes. Se vota el día 29. Las peticiones y recomendaciones se han disparado y han alcanzado el disparate en algunos casos. Algunas no son ya de primer o segundo grado, sino del yerno que no es ateneísta que pide el voto para su suegro que va en la lista en el puesto noveno. Esto debe ser culpa de las cofradías, como casi todo en la ciudad. El cofraderío de las tardes libres con sus estrategias electorales ha llegado al Ateneo como el tapicero a su ciudad, señora. ¡Y cómo se dan leña los pretendientes de la Docta Casa! Lo curioso es que para votar hay que estar al día en el pago de las cuotas. Y ya hay una relación de ilustres nombres de la ciudad con una deuda que si la pilla la delegada de Hacienda del Ayuntamiento, Asunción Fley, te mete un embargo preventivo que te deja mirando… a la cruz del Baratillo.

-Qué cosa.

Hay un personaje muy conocido en las fotografías del colorín local que debe 19 mensualidades. Y otro que mandó muchísimo en la ciudad que no paga desde hace más de dos años. La presión para pedir los votos está provocando que salgan morosidades sonrojantes. Y, cómo no, todo tipo de teorías sobre las verdaderas motivaciones de ambas candidaturas. Tenga usted claro que si nadie le ha pedido todavía el voto para las elecciones del Ateneo y no le han ventilado al oído ningún marrón de cualquiera de ambas listas, es que no es usted absolutamente nadie en Sevilla. Dese por perdido o hágaselo mirar en la consulta del terapeuta. Porque el acoso es ya de tal intensidad que algunos deberíamos lucir en la solapa una chapa: “No soy del Ateneo”. Y espantar a los agentes electorales de ambas listas que dan más la barrila que los testigos aquellos que iban por parejas tocando los timbres de las casas a mediodía. Más pesados que los quesos de rulo en las listas de tapa. Qué aliviado se quedó Rajoy. O no.

Los olvidos de Zoido en Bruselas

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2013 a las 21:12


Zoido se ha ido a Bruselas a promocionar Sevilla como destino turístico. Allí ha pronunciado un discurso rico en referencias a grandes personajes y que ha resultado como las homilías de monseñor Asenjo, que siempre nos suenan, oiga. Esto lo he oído yo en otra iglesia, esto lo he oído yo en un Pleno municipal. Hay discursos que son un ejercicio para la mente, como los crucigramas de los domingos. Discursos que son la versión en papel de los moros de Queipo, discursos de cortar, pegar y largar. Los mismos moros, las mismas referencias. Zoido habló nada menos que de Trajano, Adriano y Julio César. ¿Recuerdan cuando Rojas-Marcos se fabricó un vídeo en la campaña del 99 en el que el mismísimo Alejandro entablaba un diálogo con el Julio César de la Alameda de Hércules? Alejandro se subió a la columna y se puso a la altura de quien amuralló la ciudad antes de que hubiera carriles bici. Enseguía don Julio iba ahora a poner una muralla habiendo comisión de patrimonio, veladores como botellines de la Cruzcampo e inspectores de disciplina urbanística buscando perras para la caja municipal. Zoido citó también a los visigodos, que ya se sabe lo importante que fueron los visigodos para Sevilla, tanto que los turistas alemanes se hartan de preguntar por la Sevilla de los visigodos; a Almutamid, que tiene nombre de restaurante de la Gran Plaza; San Isidoro y San Leandro, San Fernando, Velázquez, Murillo, Bécquer, Machado… Hasta refirió a Felipe González entre los sevillanos con talento y excelencia, con lo que le escuece a Javier Arenas (Javié, para el alcalde) que su ahijado político le dé pista al ex presidente socialista. Punto de mala uva ahora que a Javié no le llega la camisa de Javier Sobrino al cuello a cuenta de ese tesorero que tiene hechuras de portero de discoteca cara. Con el discurso de Zoido nos llevamos un chasco porque el alcalde no citó a José Manuel Soto como atractivo de la ciudad, pese a que hace poco le concedió la medalla por ser un “exponente de la canción ligera”, según decía la nota oficial. ¡Rabos de pasa para el alcalde! Tampoco citó a Los del Río, que también recibieron la medalla el pasado mayo, por el “enorme impacto” que le dieron a la ciudad con la canción Macarena. Esa canción a la que siempre sigue el ¡aaaaaaaaaaaay! que recuerda a los que suelta la concejal socialista Encarna Martínez en los Plenos cuando pilla al portavoz del PP en un renuncio: “¡Aaaaaaaaaaaaaaay, señor Bueno, aaaaaaaaay!” Y en esos momentos es cuando el Pleno coge altura, entra en nivel de verdad, pero un nivel de Castelar y Cánovas del Castillo revestidos de maceros. Pues eso, nosotros soltamos nuestro particular ¡aaaaaaaaaaaay! por los olvidos del alcalde en Bruselas. Zoido tampoco citó a los simpáticos jóvenes de Siempre Así, que tengan la edad que tengan siempre son jóvenes, ¿verdad? Y no dijo nada de la ciudad de los 10.000 veladores. Si queremos fomentar Sevilla como destino de más de dos pernoctaciones hay que procurar que la gente tome asiento, que el personal se sienta a gusto en cualquiera de los bares, mejor que mejor si son del Grupo La Raza. Si hace falta se dice aquello del “¡se sienten, coño!” Que para eso tenemos Argote de Molina plagada de mesas, sillas y de esos aspersores que le remojan el pelo gratis total como esos urinarios de Japón que le dejan la mar de fresquita esa parte del cuerpo que está algo más abajo. Y para eso tenemos una Avenida de la Buhaira convertida en gran terraza para sentarse, en la que sólo falta que los señores del Registro de la Propiedad también pongan veladores. ¿Y de los gin tonic? Pues tampoco dijo nada el alcalde en Bruselas sobre Sevilla como ciudad de los Gin Tonic. Mucho hablar los denominados operadores turísticos de lo bien que va Sevilla como destino del turismo gay, como destino de los reyes magos en verano y como destino de alto nivel cultural con esas santas de Zurbarán del gran Benito Navarrete, pero ni mú del gin tonic. ¿Acaso no hemos inventado Ginebralia los sevillanos? Yo digo aquí como la concejal Encarna Martínez: “Aaaaaaaaaaaay, señor Zoido, que ha tenido usted muchos olvidos” Y lo remato con media verónica: “¡Aaaaaaaaaaay!”

A Zoido no le levantan la ceja

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2013 a las 5:00


El sector audiovisual en Sevilla no le levanta la ceja a Zoido. Todo lo contrario. El alcalde mima a las productoras, a los dueños de los platós, a los proveedores de material audiovisual, a los distribuidores, a los animadores. Hasta los que alquilan animales para los largometrajes y los crotometrajes están encantados con el alcalde que no parece del PP, con permiso de Javié, que sí parece del PP y que el pasado domingo se trajo nada menos que a Rajoy a Sevilla a un acto privado. El alcalde se hace la foto con los de la ceja en la Plaza de España, pero cada uno con la ceja en su sitio; mientras al ministro en Madrid le levantan las cejas, las garras y lo que te rondaré morena. Zoido les ha hecho a los hispalenses de la ceja una guía pagada por el Ayuntamiento que no la mejora ni el mago Benito Navarrete con sus zurbaranes y zurbaranas de éxito. Benito va como la oca, de éxito en éxito y tiro porque me toca. Benito no dice el mundo es nuestro, sino el mapping es mío. La guía de Zoido para los de la ceja pretende atraer proyectos audiovisuales a todos los rincones de Sevilla, incluso a la Sevilla de los veladores, que es la real y verdadera. Entre las fotografías seleccionadas hay una de Argote de Molina en horario de prime time, cargadita de turistas, nuestros nuevos señores y amos los turistas, y tomada por las mesas y sillas de quien está a puntito ya de ser el amo de toda la calle, que uno mira la Cuesta del Bacalao en el Registro de la Propiedad y, menos el bacalao, casi todo es ya del mismo dueño. Lo de Robles en la Cuesta del Bacalao es como lo de la Frasquita en la Matalascañas de los años 80, una mancha de aceite que se iba extendiendo por negocios y locales a la velocidad del urbanismo de adosados de principios de siglo. Este Zoido sin complejos también ofrece en su catálogo las setas de Monteseirín para rodar películas y el estadio olímpico de Rojas-Marcos, aquel alcalde andalucista que protagonizó un montaje audiovisual en la campaña electoral del 99 para aparecer en lo alto de una de las columnas de la Alameda hablando nada menos que con Trajano y Adriano. “Soy Alejandro, quiero hacer grande a Sevilla, como vosotros la hicisteis”. Alejandro después acabó contemplando a su propio partido en llamas, hoy hecho cenizas sin esperanza de volver a ser lo que fueron. No sabemos si Alejandro tocó la lira mientras la cosa ardía… O comía nueces en la furgoneta electoral. El caso es que Zoido ya sabe cómo hacer para que no le levanten la ceja los de la ceja, fórmula que no le termina de salir con los suyos de Málaga. Será porque sigue sin parecer del PP. Y en política mandan las percepciones. Más vale parecer que ser. Lo peor es creérselo. O ponerse a la altura de los emperadores. Las barbas de Alejandro ya se cortaron. Pónganse los veinte concejales a remojar. Política, se rueda.