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Cuatro años de urbanismo defensivo

Carlos Navarro Antolín | 14 de abril de 2015 a las 5:00

ZOIDO Y MAXIMILIANO VILCHEZ, INFORMAN SOBRE LOS AVANCES DE LA CIUDAD DE LA IMAGEN
Tras el ciclo inversor de la Expo´92, Rojas-Marcos trató de continuar una política basada en las grandes obras. Sin Exposición Universal y con los primeros presupuestos públicos ya recortados para Sevilla por el complejo de las administraciones con la capital, el alcalde andalucista mantuvo los sueños de grandeza a base de estadios cartujanos, placebos de Juegos Olímpicos, la reforma del Prado de San Sebastián, las nuevas losetas de pizarra sucia alrededor de la Catedral y la recuperación urbanística de la Buhaira. Perdida la Alcaldía en 1995, el PA mantuvo a toda costa la parcela de poder de la Gerencia tanto con la Alcaldía de Soledad Becerril (1995-1999) como con la de Sánchez Monteseirín (1999-2003). Todo por el Urbanismo, rezaba en la entrada del cuartel andalucista. Todo era negociable para Rojas-Marcos en el reparto de la tarta de poder municipal, menos Urbanismo. Rojas-Marcos dio la Alcaldía en 2003 al PSOE con tal de mantenerse en las caracolas de la Cartuja y con la coartada de que así se garantizaba el inicio de la obra del Metro. Aquel pacto antinatural acabó con su carrera y con el propio Partido Andalucista, que sigue perdido en el limbo de la papelera de reciclaje de la política. Los socialistas explotaron hábilmente el concepto del urbanismo bajo sospecha para estigmatizar al PA, aunque ninguna sentencia judicial ha corroborado práctica ilegal alguna. El daño estaba hecho y el objetivo logrado.

La ambición andalucista por garantizarse siempre la Gerencia bastó para trasladar a la opinión pública una imagen de desconfianza que, sumada a otras causas, terminó por dejar en la cuneta a Rojas-Marcos y a sus chicos. Los socialistas recuperaron por fin el control de la Gerencia de Urbanismo en 2003. Como en la canción de Julio Iglesias, lo mejor de la vida de la Gerencia se lo llevó Monteseirín, con unas cifras de ingresos por licencias, tasas y convenios urbanísticos tan mareantes que nunca se echaron de menos las transferencias comprometidas en el Pleno para garantizar el funcionamiento de este organismo autónomo. La Gerencia, como la Catedral de Sevilla, era un modelo de autofinanciación gracias al boom de la actividad inmobiliaria. Monteseirín ordeñó bien las vacas gordas. Justo en 2003 comenzó la escalada de ingresos en todos los conceptos de un organismo fundado en 1983. Basten dos datos: en 2010 se presentaron a licencia proyectos por valor de 212 millones de euros, y en 2011 se ingresaron 11,1 millones de euros por intereses bancarios. Monteseirín impulsó una ristra de proyectos no exentos de polémica, pero consecuencia de su habilidad para despertarse cada mañana queriendo sacar un conejo de la chistera. Lo de menos era el proyecto, el presupuesto y el plazo. Lo importante era sacar adelante las ideas. A veces, al precio de colisionar con vecinos, hosteleros y, por supuesto, con la oposición del PP que escrutaba los expedientes. Del urbanismo bajo sospecha se pasó al urbanismo productivo, como le gustaba decir al alcalde socialista, e incluso al urbanismo morado, con el riego de subvenciones a las cofradías y entidades religiosas por valor de más de cuatro millones de euros.

El PP se estrena en la Gerencia de Urbanismo en 2011 condicionado por la obsesión de no provocar ningún escándalo, por no meter el pie en ningún charco y por no incurrir en chanchullos. Zoido tenía claro que sus políticas no podían estar basadas en las megalomanías y pelotazos de otros tiempos. Recibe una Gerencia en la que se ya se cuentan los folios y se exigen que las fotocopias se hagan a dos caras para ahorrar papel. Se obsesiona con la austeridad, amortizando plazas, no renovando contratos externos y reduciendo cargos, tanto como por denunciar la herencia recibida declarando la situación de este organismo autónomo en “números rojos”. Al frente de Urbanismo coloca a quien tenía pensado desde 2007, cuando se quedó sin gobernar. Buscaba el perfil de alguien que no tuviera relación alguna con el sector de la construcción, alguien que no echara la tarde meciendo la copa en el reservado de un restaurante, alguien de perfil blanco e intachable y, por supuesto, con un interés muy reducido en obtener notoriedad. La combinación de esa obsesión por la austeridad, el currículum limpio del elegido y el bajonazo de los ingresos han generado una suerte de urbanismo defensivo más preocupado en no cometer una falta que en meter un gol. El PP no ha metido el pie en el área de urbanismo, ni ha disparado a puerta nunca. No es que al alcalde le haya faltado tiempo, es que le ha faltado gestión cuando se trata de mirar hacia la caracola número uno de la Cartuja. La pusilanimidad ha marcado muchas acciones. Pongamos dos ejemplos extremos: ni se ha sacado adelante el azulejo trianero de la zapata, ni la reforma del PGOU anunciada mediante un comité de sabios con nombres y apellidos. Y en medio podríamos enumerar decenas de proyectos, incluida la marcha atrás en el helicóptero de la glorieta de los Bermejales en el que se iban a tirar 180.000 euros.

A Zoido y a su muy honrado delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, el reverendo Vílchez, le han aflorado veladores hasta en las mismas narices del Ayuntamiento. La recaudación por las licencias para mesas y sillas se han duplicado (casi un millón de euros en 2013, un 31% más que en 2012 y un 102% más que en 2011) y son ahora casi la principal fuente de ingresos de la Gerencia. Sevilla se ha convertido en un gran velador estos cuatro años. La incapacidad para controlar los evidentes excesos en las terrazas es palmaria. Se ha dejado hacer a los hosteleros con la coartada de la recuperación económica. Sólo ha faltado echarle la culpa a la Junta de la reproducción masiva de los veladores como si se tratara de Ikea, la SE-35 o la Gavidia.

Tampoco tiene la Junta la culpa de la incapacidad para negociar un nuevo convenio colectivo en la Gerencia, que el gerente, Alberto de Leopoldo, denunció a finales de julio de 2013 cuando la mayoría de los trabajadores empezaban las vacaciones. Urbanismo sigue padeciendo hoy una superpoblación de jefaturas, con una plantilla en la que los sueldos y las ventajas laborales están muy por encima del resto del Ayuntamiento, hasta tal punto que el PSOE admitió que era conveniente bajar los salarios.

El PP ha sido incapaz de sacar rédito a un urbanismo de tiesos. Maximiliano Vílchez se marcha de la política definitivamente, lo cual es suficientemente revelador por mucho que se quiera aplicar el maquillaje de las siempre respetables razones personales. Vílchez, persona de máxima confianza del alcalde, ya admitió en una entrevista concedida a este periódico en diciembre de 2013 que había pensado en dimitir. La falta de sinergia con el gerente que le impusieron ha sido más que evidente. Ni ha habido grandes proyectos, ni impulso político para los pequeños, ni control del colesterol urbano que son los veladores, ni inspectores por las tardes ni los fines de semana, ni nuevo convenio colectivo… Ni la picardía mínima para sortear los obstáculos de un cuerpo de técnicos demasiado esquinados la mayoría de las veces, o demasiado asustados por ver desfilar a compañeros camino del juzgado. Son malos tiempos para basarlo todo en la honradez. La corrupción no sólo no está amortizada, sino que resulta rentable. Las últimas elecciones parecen demostrarlo.

Moreno Bonilla es ya un ‘miarma’

Carlos Navarro Antolín | 12 de diciembre de 2014 a las 12:59

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Las salas de espera de los oculistas, dentistas y otros profesionales de la Medicina son de interés público social, porque permiten estar al día de la crónica social, aunque sea en diferido, que diría la Cospedal. No hay nada más antiguo que un periódico de ayer. O sí: el papel couché con trimestres acumulados con que los médicos alivian la espera de sus pacientes. “La Pantoja prepara su ingreso en prisión”, se lee en la cola del oftalmólogo cuando la tonadillera lleva ya semanas entre rejas. Cuando el conde de Salvatierra ya está subido al jaco, leemos en la sala de espera del urólogo: “Un hijo de la Duquesa de Alba es operado en el Hospital Infanta Isabel de Sevilla”, que ni es hospital ni hay en Sevilla un centro sanitario dedicado a La Chata como no lo hay en honor de Isabel Alfonsa, biografiada de monseñor Camilo Olivares.

Y de pronto, zas, entre la pila de revistas arrugadas, desgrapadas y con la página de la receta de cocina arrancada, aparece la publicación de un colegio profesional, ese tipo de revista aburrida en la que el mejor pasatiempo es contar cuántas veces sale el decano, al igual que hay periódicos en los que el personal busca las veces que sale el dueño. O su mujer. Anda que no…

Pues hojeando esa revista en la sala de espera nos topamos con una fotografía que supera en su valor testimonial a la de la tortilla de Manuel del Valle con la cámara de Pablo Juliá. En esta foto de hoy aparece nada menos que el líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonillla, perfectamente trajeado junto al presidente de la Cámara de Comercio de Sevilla, Francisco Herrero. Bonilla figura luciendo pañuelito asomado en la chaqueta cual Petronio de la derecha andaluza, cual gerente de Urbanismo de Sevilla, Alberto de Leopoldo, que no tiene guita para poner en la Avenida toldos, valga el pareado (del Aljarafe y sin piscina); cual Josemi Rodríguez Siero contándole a Carlos Herrera su último veraneo en las termas gallegas. Gracias a la visita al médico, sabemos por fin que el programa reformista de Moreno Bonilla incluye guiños a la derecha sevillana casposa y retrógrada como el pañuelo en el traje, que no es cuestión de orillar a los que siempre han creído en tus siglas. El pañuelo de Moreno Bonilla es el terno de pana de Alfonso Guerra de la Transición, el pisacorbatas de don Manuel Fraga, el trapo de la barbacoa de Sánchez Gordillo o la cazadora mitinera de Javié Arenas para el total de 30 segundos en el telediario del domingo.

Moreno Bonilla está listo para la cena de la noche del alumbrao en la caseta del Aero o para una función principal de instituto en la Magdalena. ¡Se nos ha vuelto un miarma en toda regla! Gracias a la sanidad privada, uno lleva en diferido la vida de los famosos y la agenda oculta de este árbitro de la elegancia, que poco a poco va conquistando a la muy malaje ciudad de Sevilla, que le tiene una manía injustificada y que rechaza sus reformas. Pañuelito a pañuelito se gana Andalucía. Sólo falta la voz de Lauren Postigo: “Andaluz, este es tu pañuelo”.

El peligro del precio según mercado

Carlos Navarro Antolín | 28 de noviembre de 2013 a las 5:00

gerencia

En la vida cotidiana sevillana hay que temerle a muy pocas cosas. Pero es importante tener claro qué cosas son aquellas ante las que hay que agarrarse la cartera, cambiar de acera o silbar para liberar el miedo. Cuando el tío del chambergo deshilachado entra en el tranvía y comienza el discurso con el prefiero pedir antes que robar, fíjense cómo el personal sufre un repentino interés por la arquitectura regionalista del Alfonso XIII, la tardofranquista de los juzgados o la herreriana del Archivo de Indias (de Herrera el del Escorial, no el de la radio). Mientras el tío suelta la filípica de la madre que está enferma, el personal hace el estatuario sin quitar el ojo de la ventanilla. Hay que reseñar también la de gente que no tiene ventanilla y que cuando entra ese tío se mueve a buscar asiento en la otra punta del convoy, como si fueran en el AVE a Valladolid y acabaran de subirse en Puertollano. Otros peligros de Sevilla son los servicios de caballeros de ciertos grandes almacenes, donde siempre hay unos tíos que extrañamente tardan un mundo en hacer sus necesidades en el retrete. Hay que apuntar a estos tíos en la lista de las grandes esperas de la vida cotidiana por detrás (nunca mejor dicho) de esos usuarios de cajeros automáticos que se eternizan ante la ventanilla.
-Oiga, si no hay dinero, no hay dinero, déjelo ya… Que los últimos movimientos no cambian por más que lo intente.
Pues esos tíos de los urinarios de los grandes almacenes son siempre los mismos, de la muy antigua congregación de los mirones de Sevilla, blonda y mantilla. Hay mirones de obra, como hay mirones de retrete, verdaderos mirones de retrovisores afinados, así como quien no quiere la cosa; mirones que van del urinario al lavabo, del lavabo al calefactor, del calefactor al espejo, a la búsqueda de la mejor perspectiva… de la escobilla del váter.
Y otro de los grandes peligros son esas cartas de restaurantes con sus platos estupendamente explicados, hasta con subtítulos en inglés en plan ham croquet o fish salad, y sus precios perfectamente tasados con sus céntimos y su IVA. Hasta que, zas, llegan los mariscos o las carnes de esos animalitos que se crían con música para que relajen las carnes y, horror de los horrores, aparece la peligrosa leyenda: precio según mercado. O directamente su abreviatura: s/m. Toda una leyenda astifina, tanto o más que la del camarero que entona el peligroso “tenemos fuera de carta”, que suele convertirse en “fuera de precio”. Ni un solo camarero recita los platos fuera de la carta con las pedreas de los precios.
Recordaba la teoría hostelera del “precio según mercado” a cuenta de dos recientísimos casos en los que se han hecho o están a punto de hacerse contrataciones estrellas en tiempos de penurias. Hace unos meses ficharon en cierta institución muy peculiar a un ejecutivo con un sueldo propio del paraíso que prometen en esa casa a todo el que por allí se arrima, que se arriman bastantes. Y el prenda de turno que nos justificaba semejante fichaje galáctico de alrededor de 6.000 euros del ala al mes (con su cuadrilla de pagas extra) decía tajante y solemnemente: “Es que se le ha fichado a precio de mercado”. ¡Olé! Los mercados mandan. Y cómo mandan.
Esta semana mismo anunciaba la Gerencia de Urbanismo que se hará con los servicios de cuatro expertos para revisar el PGOU, que parece que el PGOU es como los principios de Groucho Marx, que si no gustan se cambian, mientras traiga la prenda en buen estado y el recibo de compra. Parece que el gerente de Urbanismo contará con cuatro grandes especialistas de la planificación y legislación sobre la materia procedentes de la calle, que parece ser que en las caracolas de la Cartuja no hay nadie que sepa de esas materias. ¿Y cuánto cobrarán los sesudos analistas? “Estarán remunerados de acuerdo con los precios del mercado”, dice el gobierno en una respuesta por escrito. Pues ya lo saben. La cosa va de estocada, como los langostinos fuera de carta, como la carne de los bueyes, como las ostras del gourmet. O como en el retrete de los mirones como se descuide un segundo. Estocada al canto… Cuando se alude al precio de mercado hay que hacer como la señora del tranvía cuando entra el tío de la madre enferma: agarrar el bolso. Que vienen los mercaderes del templo, nunca mejor dicho.

Pimpinela en Urbanismo

Carlos Navarro Antolín | 2 de octubre de 2013 a las 5:00

El delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, hace balance de sus 100 días.
La relación entre el delegado de Urbanismo y su gerente debe ser como la del dúo Pimpinela. Maximiliano Vílchez y Alberto de Leopoldo se enmiendan la plana un día sí y el otro también. ¿Recuerdan lo que ocurrió el año pasado con la propuesta de nuevas tasas? Fue retirada con toda prisa del orden del día del consejo de gobierno. Vílchez culpó a los técnicos del desaguisado. El documento era una bomba por la subida de precios que contemplaba con gran cabreo para los constructores y las cofradías. ¿Recuerdan el reciente concurso para cubrir hasta ocho jefaturas de forma interina? Los sindicatos se echaron encima y el plan fue desactivado. Y ahora el reverendo Vílchez niega todo lo relacionado con el futuro trazado por el PP para este organismo autónomo, niega hasta lo que ha quedado reflejado por escrito, como es la apuesta decidida y clara por la funcionarización del personal laboral, y niega también lo que el propio alcalde admitió con toda naturalidad: que está en marcha la negociación para garantizar la “estabilidad” de los puestos de trabajo a cambio de un ajuste salarial apoyado hasta por el PSOE. Zoido no se refirió expresamente a la funcionarización, pero a todos los presentes les quedó claro el sentido de sus palabras. ¿O acaso el PP quiere bajar el sueldo a los trabajadores de la Gerencia sin ninguna contraprestación a cambio? A un altísimo cargo del PP le preguntamos hace pocos días lo siguiente: Y si los trabajadores pasan a ser funcionarios, ¿qué sentido tiene la Gerencia como organismo autónomo? “Ninguno, se disuelve como en Córdoba”. Debe ser el complejo de la derecha de no decir con claridad aquello que realmente se piensa. Lo dicen sólo en privado, como los curas en el confesionario.