Archivos para el tag ‘Alberto Máximo Pérez Calero’

La barrila de las elecciones al Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2014 a las 11:36

Ateneo
Hicieron todo lo posible para que entrara en la agenda de temas entre Rajoy y Obama. Y casi lo consiguieron. Vamos, que yo creo que Rajoy no es que haya presumido de que nadie le ha preguntado en la Casa Blanca por Cataluña, es que lo que verdaderamente ha dicho es lo que sigue: “Nadie me ha preguntado por las elecciones del Ateneo de Sevilla”. Porque hay que ver la vara (del rey) que están dando con las elecciones del Ateneo de Sevilla. En Sevilla está la Anselma, a la que la derecha le ha cerrado el tablao dejando desorientados a los madrileños y a los guiris de rebujito en vaso de tubo, y está también Anselmo, que quiere ser presidente del Ateneo desde aquellos sucesos oscuros de melchores caídos del trono, que ya se sabe que todo español tiene derecho a la presunción de inocencia excepto si es elegido para ser rey Melchor del Ateneo de Sevilla. Anselmo está metiéndole presión al actual presidente, que tiene nombre de centurión romano de Astérix y Obélix: Alberto Máximo. Y entre los dos tienen a media Sevilla buscando ateneístas por debajo de las piedras, de los veladores y hasta por debajo de la nueva cruz del Baratillo.

Que no quiero verla, que no quiero verla… La cruz del Baratillo que no quiero verla

El censo del Ateneo tiene poco más de mil votantes. Se vota el día 29. Las peticiones y recomendaciones se han disparado y han alcanzado el disparate en algunos casos. Algunas no son ya de primer o segundo grado, sino del yerno que no es ateneísta que pide el voto para su suegro que va en la lista en el puesto noveno. Esto debe ser culpa de las cofradías, como casi todo en la ciudad. El cofraderío de las tardes libres con sus estrategias electorales ha llegado al Ateneo como el tapicero a su ciudad, señora. ¡Y cómo se dan leña los pretendientes de la Docta Casa! Lo curioso es que para votar hay que estar al día en el pago de las cuotas. Y ya hay una relación de ilustres nombres de la ciudad con una deuda que si la pilla la delegada de Hacienda del Ayuntamiento, Asunción Fley, te mete un embargo preventivo que te deja mirando… a la cruz del Baratillo.

-Qué cosa.

Hay un personaje muy conocido en las fotografías del colorín local que debe 19 mensualidades. Y otro que mandó muchísimo en la ciudad que no paga desde hace más de dos años. La presión para pedir los votos está provocando que salgan morosidades sonrojantes. Y, cómo no, todo tipo de teorías sobre las verdaderas motivaciones de ambas candidaturas. Tenga usted claro que si nadie le ha pedido todavía el voto para las elecciones del Ateneo y no le han ventilado al oído ningún marrón de cualquiera de ambas listas, es que no es usted absolutamente nadie en Sevilla. Dese por perdido o hágaselo mirar en la consulta del terapeuta. Porque el acoso es ya de tal intensidad que algunos deberíamos lucir en la solapa una chapa: “No soy del Ateneo”. Y espantar a los agentes electorales de ambas listas que dan más la barrila que los testigos aquellos que iban por parejas tocando los timbres de las casas a mediodía. Más pesados que los quesos de rulo en las listas de tapa. Qué aliviado se quedó Rajoy. O no.

Conjunción planetaria: el Ateneo, el Consejo… y Javier Arenas

Carlos Navarro Antolín | 5 de diciembre de 2012 a las 18:16

Hay armas que las carga el cojuelo y coincidencias que la socorrida ironía del destino no es capaz de mejorar. Anoche se celebró la proclamación de los reyes magos, aquellos que fueron nombrados al fresquito de los aires acondicionados del verano. Ya se sabe que en esta ciudad los Oscar de la cabalgata se reparten en julio y la portada de la Feria se elige en agosto, para que luego haya largones porque los libros de los escolares se ponen a la venta un mes antes del inicio del curso, largones con cocodrilos en los bolsillos para pagar los libros pero que se pelean en la barra de Los 100 Montaditos por convidar a los amigos bajo la mirada agresiva de la parienta que ya te enterarás cuando lleguemos a casa. Pues tras el peñazo de los discursos oficiales, los reyes se organizaron su canapé particular en distintos restaurantes de postín, que eso de jamar de Bollullos, pagándose cada uno lo suyo, está estupendamente. Como los guantes Pinos, es divino. En una de esas cuchipandas estaba Melchor trabajando el caballito de jamón cuando se sumaron a su velada el presidente del Ateneo y el presidente del Consejo de Cofradías. Dos cabalgan juntos… Lo mejor viene cuando en ese mismo restaurante se encuentra también Javier Arenas, pero en otra sala, conste en acta que después vienen los problemas. Menuda conjunción planetaria: el Consejo de Cofradías, el Ateneo y… (redoble de tambores) el incombustible y felino Arenas. Dios los cría y el caballito de jamón los junta. O los acerca, porque ya decimos que juntos no estaban exactamente. Los clientes de la barra no salían de su asombro cuando vieron salir del restaurante a Alberto Máximo Pérez Calero y a Carlos Bourrelier. Mucho menos cuando a los tres minutos abandonó casualmente el local el factótum del centro derecha andaluz: Arenas para el público de a pie, el Arenas para los antiguos del partido (exclúyase a Albendea, que es hombre refinado en el trato y no antepone artículo a nombre propio) y simplemente Javié para los allegados. Javié para arriba y Javié para abajo, que a ver cuando a Javié me lo hacen ministro y deja vivir a las criaturitas de San Fernando (la sede, no el cementerio) que este hombre no para, que es de Duracell y que cada vez que se deja retratar con Griñán, oh casualidad, sube el precio del pan en el partido. Pues quedóse el restaurante despoblado y sin el lustre de tan reales pavos cuando se oyó una de esas sentencias que merecen lápida y cortinilla descorrida:
-Compadre, el que peor futuro tiene de los tres que han salido no es precisamente Arenas… Esta vez te digo yo que no.
-Qué razón tienes. Lo de Javié tiene arreglo. Pero lo del Ateneo y el Consejo… es para decirle al dueño que cuente si le faltan cubiertos.

El berenjenal del Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 21 de noviembre de 2012 a las 5:00


La última asamblea general del Ateneo resultó ser un gallinero. Las heridas abiertas por la crisis de los Melchores siguen sangrando. La institución está decadente hasta el punto de que la sesión duró cinco horas como consecuencia de las continuas interrupciones, llamadas al orden, quejas, disputas personales, expulsión de asistentes que no eran socios y repetidos conflictos porque no coincidían el número de votos con los presentes en la sala. La grabación de la asamblea revela mil y un detalles de todo lo que ocurrió. Un caos. La clave de fondo estriba en que una plataforma de más de 150 ateneístas, de acuerdo con los estatutos vigentes, había presentado días antes la solicitud de convocatoria de junta general para acordar el cese de la actual junta directiva y la convocatoria inmediata de elecciones. La actual junta, que preside Alberto Máximo Pérez Calero, consideró que la solicitud no era adecuada (faltaban, dicen, los documentos nacionales de identidad, entre otras supuestas irregularidades), pero aún así decidió llevar la petición al orden del día de la junta. La plataforma se negó a que se votara su petición, alegando que se trataba del ejercicio de un derecho estatutario y que, por lo tanto, no era susceptible de ser votado.
Se lió parda en este punto. Y en casi todos. La noche empezó con una embrollada discusión sobre el número de votos delegados, el número de presentes y hasta el número de los asistentes que habían delegado su derecho a sufragio pero que finalmente se personó en la sede de la calle Orfila. Un enredo. Hasta la presencia del fedatario público fue discutida por algunos ateneístas. La grabación da cuenta de un diálogo a voces y crispado por esta cuestión:
–¿Qué hace aquí un notario, señor presidente?
–Lo hemos creído conveniente para levantar acta en caso de incidente.
–¡¡¡Para levantar acta ya tenemos al secretario general!!
Y siguió el revuelo. Perdón, la asamblea. Acto seguido, una joven que acompaña en la sala a la hija de un alto cargo de la junta directiva es “invitada” a abandonar el lugar porque se confirma que no es socia. La afectada se marcha airadamente. El notario sigue mientras tanto comprobando el número exacto de asistentes. Una labor de chino en la que seguro que recordaría sus años de paciente opositor. La asamblea se desmadra. Las cifras bailan. Se pide la suspensión. El presidente grita. Parece que el notario amaga con marcharse. Alguien afirma: “¡El notario no puede dar fe de algo que se va a votar y no se sabe cuántos y quiénes vana votar!”
Un asistente –conocido catedrático de Universidad– pide la resurrección del espíritu ateneísta para calmar los ánimos. Vano intento. El notario aconseja un receso y se suspende la sesión durante casi media hora hasta que se comprueba el número exacto de asistentes y de votos delegados. Tras la reanudación, la trifulca retorna a cuenta de las propuestas presentadas por varios ateneístas relativas a diversos puntos del orden del día. El presidente asegura que desconoce el asunto. Se oyen quejas. Un ateneísta –ex presidente de un importante colegio profesional– asegura que esas propuestas se deben debatir en ruegos y preguntas. “¡Aquí no es infalible ya ni el Papa!”, dice en medio de la discusión. Otros ateneístas hablan de “incumplimientos garrafales de los estatutos”. “¡Vamos a colaborar con el presidente!”, se ruega desde la mesa para aprobar las cuentas. Hay quejas porque el secretario general del Ateneo se ha reído tras la votación en la que ha ganado con claridad la posición defendida por la mesa: “¡Nadie de la mesa debe reírse, señor presidente!”
El punto máximo de tensión se alcanza con la votación sobre la petición de asamblea extraordinaria. El promotor de la plataforma, Anselmo Valdés, expone que no procede la votación, puesto que la convocatoria de asamblea es automática siempre que lo pidan por escrito un número superior al 10% de los socios. La mesa le responde que las firmas presentadas no son legibles y que ningún ateneísta ha confirmado su rúbrica, pese a que se han enviado cartas con tal finalidad. Valdés lee varios preceptos de los estatutos y, al final, recuerda el artículo primero, que dicta que “el Ateneo es una asociación cultural, científica, literaria y artística de carácter libre, independiente y plural”. Le contestan, entre otros, el presidente de una asociación profesional, que admite que no conoce los estatutos, que ni es abogado ni entiende de leyes, pero aún así opina que la asamblea es “soberana” y que se debe votar. Los soberanistas no están sólo en Cataluña, por lo que se ve. Otro ateneísta considera que la plataforma opositora ha cometido “delitos flagrantes” al haber enviado cartas pidiendo firmas. Se recuerda que el Ateneo ha puesto una denuncia por el supuesto hurto de datos. El berenjenal es tal que se pide la intervención del notario, que aduce que sus cometidos son los que son. La grabación revela en esos momentos las siguientes intervenciones cruzadas entre partidarios de la actual junta directiva y opositores: “¡Tengo yo la palabra y si quiere me insulta!”, “¡Aquí se saltan las leyes y no pasa nada!”, “Aquí hay una persona que necesita tratamiento rápido”, “El presidente es honesto, excesivamente honesto”, “Al presidente lo han puesto a parir en una entrevista radiofónica con acusaciones sobre maniobras ocultas”, “Esto no es ningún golpe de Estado, sino el ejercicio de un derecho estatutario”, “Señor notario, sepa usted que está participando en una falacia absoluta”, etcétera.
La votación finalmente se celebra sobre este polémico punto del orden del día y, al igual que todas, gana la posición de la actual junta directiva. El secretario, al preguntársele por su voto, exclamó: “¡No me voy!” Se jactó así de permanecer en el cargo, pese a las maniobras para conseguir el cese de la actual junta, un intento que está ya en manos de la Justicia. (A este respecto, el lunes pasado se celebró el acto de conciliación en el juzgado número 18 de Primera Instancia de Sevilla. El presidente de la institución, de acuerdo con sus asesores jurídicos y tal como informó en la asamblea, defendió ante el secretario judicial su decisión de no acceder a la petición).
La grabación recoge el revuelo que se forma cuando muchos de los opositores se marchan. La junta general acabó de madrugada, luego de votar el acceso libre a la caseta de Feria con motivo del 125 aniversario de la institución, pues hasta ahora sólo accedían quienes pagaban una cuota de 600 euros. El presidente cerró la sesión alabando el “ejemplo de democracia” dado por el Ateneo: “Vosotros, socios, habéis hablado, y la mayoría votante ha validado a la actual junta directiva”. Pérez Calero se lamentó: “Durante un año hemos estado aguantando, como se dice en esta Sevilla nuestra, carros y carretas…”