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Así cayó la cruz de los caídos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de febrero de 2018 a las 5:00

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De la Sevilla de 1984 a la Callosa de Segura de 2018. Parece que hemos ido a peor, que hemos involucionado a la hora de abordar un período de la historia de España, que la tan bienintencionada como mal enfocada Ley de la Memoria Histórica ha tenido unos efectos perversos. En la Sevilla de 1984 no existía Lipasam, la empresa municipal de limpieza. La sociedad municipal no se fundó hasta marzo de 1986 en una escritura pública autorizada por el notario Ángel Olavarría.

Los hechos que conectan la Sevilla de entonces con la Callosa de Segura de hoy, localidad que es noticia en toda España, ocurrieron en la típica noche fría de un primero de diciembre. El año expiraba en una ciudad gobernada por Manuel del Valle, alcalde con mayoría absoluta, la única que hasta ahora ha disfrutado el PSOE. Atrás había quedado una Semana Santa marcada por la presencia de la Familia Real al completo desde la tarde del Jueves Santo y por la conocida como guerra de los chaqués. Los ediles socialistas se negaban a lucir los tiros largos en la presidencia de la ciudad de la Plaza de San Francisco al paso de las cofradías, una etiqueta que los concejales conservadores sí querían mantener. Esa primavera se había estrenado el ciclo Cita en Sevilla, que trajo a la ciudad a cantantes y grupos de primera fila nacional e internacional de rock, pop, flamenco y jazz. Fue un éxito que duró hasta 1991. Se podría decir que Sevilla dejaba paulatinamente el blanco y negro para aproximarse a su versión en color.

La ciudad aún contaba aquel 1984 con un símbolo claro del franquismo: el Monumento a los Caídos, ubicado junto a la Puerta del León de los Reales Alcázares. Se trataba de una cruz de hierro y de un monolito con la leyenda en recuerdo a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. No estaba en una fachada de la Catedral ni en la de ningún otro templo, como en la inmensa mayoría de las ciudades españolas, porque el cardenal Segura, como es conocido, se negó a permitirlo con rotundidad ante los gerifaltes del régimen.

El alcalde Manuel del Valle no quería ni oír hablar de la retirada del monumento. Nunca quiso firmar orden alguna, pese a los requerimientos insistentes que le hacían algunos colaboradores y funcionarios. El alcalde se mostraba siempre esquivo, lo cual tampoco extrañaba mucho a sus más allegados, conocedores de la escasa disposición de aquel político de ruan por meterse en problemas, asumir riesgos o emprender cualquier tipo de proyecto aventurado. Manuel del Valle era y sigue siendo un sevillano de un perfil discreto, extremadamente discreto.

Francisco Mir, funcionario municipal asignado en aquel momento al Real Alcázar, ya era un socialista de largo recorrido. Procedía de los despachos de la Junta de Andalucía, donde había ejercido de director general de Relaciones Políticas con los presidentes Plácido Fernández Viagas y José Rodríguez de la Borbolla. Mir apeló directamente a Manuel del Valle a finales de noviembre: “Dame un papel firmado, Manolo, dámelo y quitamos la cruz de los caídos”. Silencio del alcalde. “Dame un sí, al menos que yo oiga un sí”. Nuevamente silencio. Ni siquiera el concejal Curro Rodríguez apoyó la iniciativa. Nadie quería saber de aquello. Manuel del Valle calló… y otorgó. Rafael Manzano, arquitecto conservador del Alcázar, nada radical, de estilo señorial y de talante liberal como corresponde a un gaditano, siempre se mostró partidario de la retirada del monumento por una causa meramente estética. Paco Mir, que trabajaba día a día con Manzano, contó para la operación con la ayuda de su hermano Alfonso, que ya formaba parte del Servicio de Limpieza y que hoy es un histórico de Lipasam, empresa que años después llegó a dirigir como concejal. Ni Manzano ni los Mir eran radicales, ni podrían encuadrarse hoy en Podemos, ni nada por el estilo. Manzano es un profesional de enorme prestigio. Los Mir son veteranos socialistas que en su día se llevaron estupendamente con el cardenal Bueno Monreal, forman parte del ala más moderada del PSOE y, sirva como detalle, disfrutan de la Semana Santa con familiares muy directos vinculados a Pasión. Pero uno por estética y los otros por considerar desfasado el significado del monumento, decidieron acabar con la cruz de los caídos. Lo hicieron con nocturnidad y montando un operativo que duró más de lo previsto. En ningún momento hizo falta presencia policial, aunque hubo instantes en los que se corrió cierto riesgo…

Un camión del entonces Servicio de Limpieza del Ayuntamiento taponó la calle San Gregorio para impedir la subida de vehículos procedentes de la Puerta de Jerez. Se pretendía una maniobra rápida y sin testigos. Otro camión se colocó al inicio de la subida de la calle Santo Tomás con el objetivo de que ningún conductor alcanzara la Plaza de Triunfo desde la Avenida. Los cortes de circulación se hicieron así. Con habilidad y rapidez. Sin agentes.

Alfonso fue el que organizó los camiones para taponar el tráfico rodado. Y también fue el que llevó hasta el lugar un vehículo dotado de pala con un conductor especializado que sería el encargado de derribar el monumento a las dos de la madrugada de aquel primer día de diciembre. Hicieron falta muchas maniobras de enorme complejidad. La cruz tardó en caer. Se inclinaba hacia la muralla del Alcázar en lugar de hacerlo hacia el camión de transporte. Cuando la cruz se desplomó por fin sobre el camión provocó un gran estruendo. El impacto del hierro de la cruz con la chapa metálica del vehículo fue terrible. Despertó de forma abrupta a los vecinos de las casas próximas. En ese momento se encendieron las luces de los salones y desde aquellos balcones se oyeron todo tipo de lindezas contra los promotores del derribo: “¿Qué hacéis, canallas? ¡Rojos! ¡Sinvergüenzas!”

La localidad alicantina de Callosa de Segura lleva una semana en los telediarios nacionales por la resistencia de muchos de sus vecinos al derribo de la cruz de los caídos, una operación que en este caso se ha efectuado con la presencia de un fuerte dispositivo policial. El Tribunal Superior de Justicia de Valencia ha atendido el requerimiento de la denominada Plataforma Ciudadana en Defensa de la Cruz y ha paralizado la operación, pero lo ha hecho cuando el derribo ya se ha producido. El desmontaje de la cruz se hizo de noche, con una grúa y un camión, como se efectuó en Sevilla 34 años antes. Paradójicamente, el ambiente de crispación ha marcado la maniobra de supresión de la cruz en una localidad valenciana de menos de 20.000 habitantes a los 43 años de la muerte de Franco, mientras que en una gran ciudad como Sevilla se hizo sin apenas resistencia cuando no hacía ni una década de la muerte del general. En Sevilla no hubo más allá de unas flores y unas banderas falangistas en señal de desagravio, colocadas a la mañana siguiente del derribo por nostálgicos del régimen en el mismo lugar donde había estado el monumento. La prensa apenas dedicó una imagen del lugar vacío con un pie de foto con las explicaciones de Manuel del Valle. “Se trata de un símbolo que, en vez de unir, divide a los ciudadanos. No es acorde a los actuales tiempos democráticos. Y la ubicación no es la adecuada”. Durante muchos años, los asistentes a la misa por Franco y José Antonio que se oficiaba cada 20 de noviembre en la Catedral siguieron acudiendo posteriormente hasta ese lugar, junto a la Puerta del León, para entonar el Cara el Sol brazo en alto. Hace 34 años que no hay cruz de los caídos en Sevilla. El himno de la Falange en su versión discotequera ha ocupado varias semanas el primer puesto de reproducciones de Spotify en los Estados Unidos. Esta versión no incluye la letra, pero sí varios “¡Arriba España!” para embravecer al personal y los correspondientes efectos especiales en las salas de baile. Ahora se dice Alcázar y no Alcázares. Todo cambia, menos el león, que ruge en su azulejo. Y se echan de menos en la vida pública aquellos “rojos” moderados que se entendían con Bueno Monreal, el Tarancón sevillano. Por cierto, el Arzobispado no dijo nada de la retirada del monumento. Silencio eclesiástico, como el silencio del alcalde de ruan en los días previos.

Socialistas sentados, los nuevos linces

Carlos Navarro Antolín | 26 de julio de 2013 a las 18:26


La grey aclama a la nueva lideresa. Pero el tendido 7 se queda sentado. El cónclave proclama la apertura del nuevo tiempo, erigiendo arcos del triunfo decorados con las flores de la victoria. La victoria tiene la música de los vítores, la estampa de los abrazos y la foto del puño cerrado. En pie, todos en pie. Salvo algunos pocos, que como aquellos irreductibles galos resisten ahora… ¿y siempre? El Wally socialista que hay que buscar en la bulla que aplaude es el que se queda sedente… Y buscando, buscando, las redes escupen la imagen del morbo. Celis, Mir y Llorente no se levantaron a colocar la corona de laureles a la nueva lideresa mientras sonaba la música de la Champions League. El runrún estaba servido. Debía ser verdad lo que dicen que Celis vaticanaba en la previa del simulacro de primarias cuando le preguntaban cómo estaba. “Estoy muy bien. Y mejor que voy a estar”. Claro, Alfonso, mejor se está siempre sentado, sobre todo en la ciudad de los 10.000 veladores. Porque metido en la bulla ya se sabe que te pueden coger… la cartera. Celis es Wally en la coronación laica de Susana. Decían que Planas era el sparring que legitimaría a Susana Díaz, la joven de la quinta del 74 que FG dice que no conoce, como no conocía en tiempos a su sucesor, al que ubicaba en el extinto COU. Pero no, lo que legitima a Susana Díaz realmente es tener a tres señores sentados mientras la masa la saluda con palmas y olivos abriendo un nuevo período litúrgico. La oposición interna es un canario que conviene alimentar con cariño e inteligencia cada mañana, con su poquito de alpiste y su mijita de agua. Celis es importantísimo en este nuevo tiempo, una pieza fundamental. Celis es el nuevo lince de la Doñana de la calle San Vicente. Hay pocos y están en extinción. A partir de hoy queda inaugurado el Observatorio de Celis como herramienta imprescindible para el seguimiento de los socialistas sedentes. Voy a poner los documentales de los animalitos de La 2, que recuerdo uno en que la gacela conseguía zafarse de la manada de tigres.

-Oiga, ¿y ese documental no lo ponen en Canal Sur?

El retorno de Mir a la Plaza Nueva

Carlos Navarro Antolín | 3 de agosto de 2011 a las 19:12

El ex concejal Alfonso Mir seguirá en la Plaza Nueva. Ya ha salido la resolución del correspondiente negociado del Ayuntamiento en la que este veterano funcionario municipal queda adscrito, tachín, tachín…al grupo municipal socialista. Fíjense ustedes qué cosas tiene el destino. El PSOE dejó fuera de la lista electoral a todos los secretarios generales de sus agrupaciones capitalinas por decreto de La que Manda. (¿Pero aún no saben ustedes quién es La que Manda?) La verdad es que Mir tuvo opciones de entrar en la candidatura hasta el último minuto. Pero al final La que Manda dijo que no, que ninguno. Y ahora, tras pasar el caballo de Atila por la hierba socialista el pasado 22-M, este secretario general de la Agrupación Sur estará en las mismas dependencias del grupo socialista, junto a la funcionaria Rosamar Prieto-Castro, que también se quedó fuera de la lista en el último minuto por decisión de La que Manda. Qué cosas.

Ahora vuelven al mismo corazón de la Plaza Nueva aquellos que fueron descartados hace muy poco tiempo. Lo dicho: lo de este PSOE suena raro. Muy raro. Y Monteseirín pulsando cada dos por tres la opción Me gusta en los comentarios de Espadas en el feisbú. Sic transit gloria mundi…

Oído en Lipasam

Carlos Navarro Antolín | 16 de diciembre de 2010 a las 19:29

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“Lo de aquí sí que es para abrir la caja negra. Te aseguro que hay otros enchufes escandalosos en esta misma empresa. Está totalmente contrastado lo de la colocación de la sobrina de Alfonso Mir. Para la inmensa mayoría de nosotros es una auténtica vergüenza que la sobrina del vicepresidente ejecutivo de la compañía haya entrado a dedo. Estábamos esperando que tarde o temprano saltara la historia, como estamos seguros de que saldrán las otras que te digo. Lo que pasa es que hay gente que está protegida. No sabemos bien por qué, pero hay casos que sospechamos que no saldrán nunca. Igual que existen testigos protegidos, hay también enchufes protegidos. Como te lo cuento. El caso de la sobrina de Mir tiene otro capítulo. A esta trabajadora la eligieron casualmente para realizar un máster en ingeniería medioambiental en la Escuela de Organización Industrial. Un máster de 16 meses pagado íntegramente por la empresa municipal. Sí, sí, es cierto que no es la única trabajadora que lo ha hecho, pero a ella la eligieron para hacerlo y a otros no. Otro día te contaré asuntos de viajes a Venezuela y los nombres de esos otros enchufados. Y fíjate como en todos los casos van a ir diciendo que se trata de profesionales de reconocida solvencia. Si son tan lumbreras como dicen, ¿por qué no hicieron oposiciones?”

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Sobrinos de quita y pon

Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2010 a las 9:35

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Primero fue con una caseta de Feria, cuestión especialmente sensible en una ciudad como Sevilla. Se lió y gorda por aquel entonces. Hubo mucha pérdida de nervios. Aquella polémica puso al borde del descontrol a algún miembro del gobierno y hasta a alguno de la oposición cuando el concejal socialista Francisco Fernández aplicó el socorrido Y tú mas en un Pleno de agrio recuerdo. Y ahora es con una sobrina que por momentos no es sobrina (“Es de mi mujer”) pero que al final resulta que sí es sobrina y que todo el mundo en la empresa la tiene como su sobrina desde que ingresó en ella en 2007.

Dice el teniente de alcalde Alfonso Mir que su sobrina, que efectivamente lo es, entró de becaria en Lipasam como otros cientos de jóvenes, pero, oh casualidad, ella fue la que obtuvo un contrato en 2009 (término casi en extinción) cuando, oh también casualidad, se quedó un puesto vacante por una prejubilación (no confundir con esas otras prejubilaciones que usted se piensa).

Lo peor, o lo más impactante de todo, es una de las respuestas obtenidas al realizar una llamada telefónica para interesarnos por el asunto de la sobrinísima: “Hace ya tiempo que esperábamos esta llamada”. Cuando el dinero público está de por medio, el vicepresidente ejecutivo de una empresa municipal no debe contratar a dedo a su sobrina. Aunque diga que no es su sobrina. Pero al final resulte que lo sea. Sobrinos, lo que se dice sobrinos, tienen ciertos curas. Y ya se sabe que esos siempre, siempre, son sobrinos. Indiscutiblemente sobrinos. Y nada más que sobrinos. Y está visto que los sobrinos de algunos políticos son de quita y pon. Deben ser como las casetas.