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El último ‘chichichí’ de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 20 de julio de 2018 a las 19:54

Amat

Los compromisarios de la derecha política española se mezclan en el vestíbulo del colosal hotel Marriot con las azafatas de las líneas áreas de la compañía Fly Emirates. Turbantes rojos combinados con tonos azules. Manifestantes de la plataforma ‘Hazte Oír’ protagonizan una performancea las puertas del hotel cuando todavía no hay mucha animación. Lo ya sabido: sus miembros están con Pablo Casado y demonizan la figura de Soraya. Emplean pancartas, caretas y demás parafernalia. Los andaluces desembarcan. Los mejores momentos ocurren cuando Gabriel Amat, situado estratégicamente junto al acceso principal del hotel, va recibiendo a quienes se acercan a su sofá. Se levanta y explica la que todo el mundo considera que ha sido su sorpresiva posición política: primero al apoyar a Cospedal y después a Casado. El almeriense tiene ganas de explicar sus razones en privado, pero por el momento parece que nadie alcanza a comprenderlas. La vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, Patricia del Pozo, es de las que charla con Amat en profundidad. A la vista de todos. El presidente del PP almeriense, presidente de la Diputación Provincial y alcalde de Roquetas tiene a todo el peperío andaluz perplejo después de años de fidelidad a Javier Arenas. El sevillano Arenas llegó a ser cabeza de lista en más de una ocasión por la provincia más oriental de Andalucía. ¿Qué será de Arenas, por cierto, tras este congreso? “Ha ligado su carrera a Rajoy, huelo que se va”, dice un destacado militante andaluz en privado.

La noche anterior fue larga. Se nota en la cadencia de los compromisarios a la hora de llegar al hotel para recoger las credenciales. Lo más comentado es la estrategia de comunicación de los candidatos en el último día de campaña: las imágenes difundidas sobre los almuerzos. Soraya y su gente, en una mesa sin mantel, con cajas de pizzas y refrescos, como hinchas de salón antes de un partido. Todos los comentarios coinciden en que Arenas jamás ha probado la pizza, pero en la foto se le veía muy implicado. Casado y varios ex ministros ofrecieron una imagen más formal al elegir el simbólico restaurante Arahy, donde Rajoy vivió su última tarde como presidente.

Soraya Sáenz de Santamaría fue la primera gran protagonista en acceder al plenario del congreso. Compromisarias de Cudillero (Asturias) venden lotería de Navidad terminada en 83. Juan Ignacio Zoido, ex ministro del Interior, compra un décimo. Al igual que el ex alcalde de Almería, Luis Rodríguez-Comendador. Ambos vienen de tomarse juntos una copita de Ribera del Duero. Celia Villalobos cruza el hotel como un ciclón. El aparato provincial del PP sevillano almuerza en un salón marcado por la estética de grandes murales de jugadores de hockey y baloncesto americanos. Llegan, por fin, los compromisarios de Madrid. Los de Murcia. Y los de Castilla la Mancha…

gruposevilla

Soraya tarda en descender las escalinatas del plenario. Se hace ‘selfies’ con todos. Va arropada por andaluces como Antonio Sanz, vicario de Arenas, la onubense Báñez y el presidente regional Moreno Bonilla. “Aquí hay mucho poder”, afirma una voz femenina. “No te equivoques, todo este tinglado es porque se ha perdido el poder”, replica una voz masculina. Arenas se quita y se pone las gafas de pasta. Casado llega minutos después entre vítores, arropado por Adolfo Suárez Illana, las andaluzas Esperanza Oña y Teresa Jiménez Becerril, la catalana Andrea Levy. Más ‘selfies’. Más sonrisas. La música suena a niveles estridentes cuando aparece Mariano Rajoy acompañado por Cospedal y Maíllo. “Chichichí, hola, hola, ¿qué tal?”. El ex presidente del Gobierno tiene un saludo especial hacia el ex delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Milló, el hombre que representa la aplicación del artículo 155. “Luego saludamos al catalán, pobrecito”, se oye entre el público. El canal interno de televisión ofrece en directo el saludo de Soraya y Rajoy, calculadamente frío en el gesto, pero cálido en la mirada. Hay complicidad. Del saludo del todavía presidente del partido con Pablo Casado no se ofrecen imágenes.

Casado y Soraya se sientan separados solamente por la presidenta del Congreso de los Diputados, la gallega Ana Pastor. El canal interno se recrea una y otra vez en el rostro emocionado de María Dolores de Cospedal mientras suena la Marcha Real, anunciada como “himno nacional” por el presidente del comité organizador del congreso, Luis de Grandes. Rajoy está acompañado por su mujer, una de las grandes desconocidas para los españoles, siempre con un perfil más que discreto y, ayer, con el rostro muy serio. Rajoy se lleva la primera gran ovación cuando Grandes proclama con entusiasmo: “¡Nos duele en el alma que te vayas!”. El auditorio truena. Todos en pie, menos Rajoy y su esposa. “¡Yo no quitaré tu retrato de mi mesa de trabajo!”. Más aplausos, más emociones, más liturgia de emociones y sentimientos para el consumo interno. Un congreso, en definitiva, es también un ajuste de emociones, además de ser un ajuste de cuentas. Ana Pastor proclama proclama a Rajoy como el mejor presidente. Rajoy llora y mira a su mujer, a quien se le cae una lágrima por la mejilla derecha.

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“Esta noche pronto a dormir, ¿eh? Que mañana el día es intenso”, susurra un veterano compromisario al oído de un miembro de Nuevas Generaciones. Cospedal, entera de blanco, termina su largo discurso. Hay militantes que se quedan sentados y no aplauden, como es el caso de muchos del aparato provincial sevillano. No la jaman. No pisó la capital de Andalucía en la campaña de las primarias. Se oye una maldad con acento andaluz: “Esta señora tenía su discurso hecho por si pasaba el corte de las primarias. Y le ha dado salida como hace mi madre con las albóndigas que sobran”. Un conocido socialista andaluz envía un mensaje en el que ruega que gane Casado: “Es mucho más batible que Soraya. Y en las fotos se parece a Rivera”. Rajoy se emociona por enésima vez, pero sin perder el tipo. “¿Presidente, un selfie?”. “Chichichí”.

Arenas sale del burladero y apoya a Soraya en las primarias del PP

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2018 a las 12:55

LOCAL-POLÍTICA-PP-PRIMARIAS

FUE en Almería, la primera vez fue en Almería, ay Javié. Como la sevillana de Salmarina, célebre por la película de Saura para el 92, pero cambiando el topónimo y el ay chiquilla por el incombustible Arenas. El lince de la política andaluza estaba agazapado en su particular coto de cara a las primarias. Sabíamos de sus movimientos porque está fichado como buen lince protegido, pero no se dejaba ver. ¿Dónde está Arenas?, preguntaba la militancia con cierto morbo mientras veía cómo los ex ministros iban tomando posiciones en favor de los candidatos. Pero de Javié nadie decía nada. Todos callaban. Silencio, se pregunta por Arenas. Pues está con cualquiera, decían, menos con Cospedal. Y estará por encima de todo con quien resulte ganador. Después del fiasco de Feijóo se daba por hecho que Javié estaría con Soraya, aunque también sin perder la interlocución con Pablo Casado, que ya se sabe la capacidad del andaluz de conectar con los jóvenes, sobre todo si le recuerdan a su dilecto Beltrán Pérez. Pero no había ni una foto, ni un tuit que levantara acta de las preferencias de Arenas. Veíamos al fiel escudero Antonio Sanz, vicario general del arenismo en Andalucía, arropando a la ex vicepresidenta por las calles de Málaga junto a Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) y un Elías Bendodo peregrinando en botines. Pero nada de Javié, convertido durante unos días en una especie de ausente de oro como, de hecho, estuvo en el período previo al polémico congreso del PP de Sevilla. Nunca se le vio apoyando a Virginia Pérez de forma expresa, aunque todos sabíamos por el humo (cigarro rubio) dónde estaba el fuego…

A la presidenta provincial, por cierto, la hemos visto naturalmente con Soraya, pero también con Cospedal en Tomares (Me colé en una fiesta) y con Pablo Casado en la sede regional.

La ausencia de Javié ha sido una constante en estas primarias hasta el pasado domingo. Fue en Almería, ¿dónde iba a ser tratándose de Arenas? La primera vez fue en la Almería dorada. No en Sevilla, a la que Arenas tiene más jindama que un torero a los autobuses que van para Cádiz: Los Amarillos. O hasta más miedo que la propia Cospedal, que para su acto sevillano prefirió Tomares a la propia capital. Qué tendrá Tomares, qué tendrá el turrón.

Arenas apretó los dientes el domingo, salió del burladero y aplaudió a Soraya en Almería. Lo hizo a cazadora abierta, que es el grado máximo de apoyo en el código particular de Javié, mucho más importante que el apretón de mejillas o el medio abrazo, que es el que se da solo con los antebrazos.

Pues ya sabemos con quién está Javié. Por fin. La verdad se nos ha revelado como una luz cegadora. Dicen que las ocho provincias andaluzas están divididas de cara a las primarias. Pero en realidad son nueve. Arenas es la novena provincia andaluza en el mapa del PP, como en tiempos de la España de la UCD era Murcia. Fue en Almería, la primera vez… Ay, Javié.

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La mejor versión de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 18 de marzo de 2018 a las 5:00

LA CATEDRAL ACOGE EL FUNERAL POR EL NIÑO GABRIEL

MUCHOS españoles no sabrían el pasado jueves, al contemplar a un decaído ministro del Interior con la bufanda azul del pequeño Gabriel en la mano, que Juan Ignacio Zoido ha ejercido muchos años de juez antes de los veinte que lleva en cargos políticos e institucionales. Y que en el ejercicio de su profesión como magistrado nunca se acostumbró, nadie puede hacerlo, a levantar cadáveres de jóvenes fallecidos en accidentes, niños quemados por los braseros domésticos, muchachos ahogados en una piscina… El ministro ha cumplido con pulcritud sus funciones en el caso del secuestro y asesinato del niño de Almería. Ha estado a la altura. Y máxime si se tiene en cuenta la perspectiva personal, nunca despreciable por mucho que cierto criterio aconseje escrutar el desempeño de un cargo público sin reparar en factores personales.

Zoido me hizo una vez una confesión al recordar aquellas duras experiencias como juez a pie de calle: “Con lo que yo he visto, con lo que yo he visto…”. Los meandros de la existencia conducen a los destinos más imprevisibles, a las aguas más embravecidas. Quién le iba a decir al hoy ministro que uno de sus momentos más duros como titular de la cartera de Interior sería el de recibir la bufanda azul de una criatura yacente, sin vida por acción de la maldad humana. Defiende un ex alcalde de Sevilla como Manuel del Valle que la política está deshumanizada. Casi todo vale en esta España de las cloacas de las redes sociales, los pendulazos agresivos en el enfoque de los temas, los garrotazos a lo Goya entre hermanos de una misma nación, los análisis descarnados de los sucesos más delicados, la intimidad mercadeada y, cómo no, la información convertida en espectáculo con tal intensidad que hasta para muchos profesionales de la comunicación resulta difícil distinguir el sentimiento sincero de la actitud impostada. Todo es un gran teatro donde el azul de una bufanda emerge en el oleaje oscuro de los mercaderes, carroñeros y advenedizos del dolor ajeno. Muchos españoles, decíamos, no podían saber el pasado jueves que el ministro del Interior lleva sobre sus hombros no sólo la mochila de su dura etapa como juez, al igual que la llevan muchos de sus compañeros de toga, sino la experiencia propia, sufrida en sus carnes, de recordar cada día a un hijo fallecido. Y hacerlo además con la mayor naturalidad. Zoido, hombre de pueblo y de fe, cuida con esmero las liturgias del recuerdo sin publicidad alguna. Y en esa prelación de homenajes cotidianos figuran en posición destacada frases, repeticiones de momentos, lugares y, cómo no, algunos objetos especiales. Un polo, un cinturón, un rito, un bar, un estadio, un día señalado…

Recibir esa bufanda azul es aumentar, otra vez, el peso de la cruz de los recuerdos. Cuánto pesa la cruz, ministro, y qué pocos cirineos. Recordar es revivir. Tengan por seguro que el ministro se tragó el pasado jueves el llanto, la amargura y el desgarro como el padre que es, como el juez de pueblo que tuvo que mirar los cuerpos sin vida de tantos chavales antes de firmar el levantamiento. Los ministros no dejan de ser personas, padres o hermanos en una política huérfana de alma. Los reyes lloran cuando mueren sus padres e incluso piden perdón cuando se equivocan y, al hacerlo, salvan a la institución. Dejan ver el lado más humano. Ese rostro de Zoido descompuesto con la bufanda en una mano, como un boxeador vencido que se resiste a perder el equilibrio, revela paradójicamente su lado más fuerte. Con lo que había visto Zoido… Con la de veces que se ha tenido que agarrar al árbol de la cruz, nadie podía prevenirle de que la vida le sorprendería con un varetazo emocional de semejante calibre. La madre del pequeño Gabriel le regaló una bufanda de su niño a quien precisamente, sin que casi nadie lo sepa, lleva años luciendo el cinturón o una prenda de su propio hijo fallecido. La inmensa mayoría de los españoles no tienen por qué saberlo. Tal vez no sea trascendental para quienes están llamados a ejercer una fría fiscalización de la gestión pública. Pero sí es una historia cierta, hermosa para muchos, reveladora para otros o intrascendente incluso para algunos. El gran mérito del hoy ministro del Interior es que ha sido una persona que ha vuelto a sonreír después de haber sufrido la mayor desgracia que puede vivir un ser humano. El jueves soportó en silencio la tremenda losa que se le vino encima al recibir aquella preciosa prenda. Baste un ejemplo. Una persona anónima que perdió a un hijo antes que Zoido telefoneaba a Juan Ignacio frecuentemente y siempre comenzaba la conversación con la misma reflexión: “No sé cómo puedes sonreír”. Y Zoido nunca decía nada, guardaba silencio y esperaba a que el interlocutor se explayara de una vez en el motivo real de la llamada. Se tragaba con bravura el caudal de emociones y recuerdos que provocaba aquella maldita confidencia.

El ministro de la coraza volvió a sonreír a lo largo de su vida. Pero el pasado jueves se le puso la misma cara de un día de hace muchos años, un rostro tiniebla que sobresale y se distingue con nitidez de toda la parafernalia propagandística de la política, del hartazgo de las sobreactuaciones y del ruido cotidiano de los sables de unos contra los otros. La gran verdad de la política es que casi todo es mentira, porque la política está secuestrada por los aparatos de los partidos. El dolor de un padre, el ejemplo de un ser humano que abraza con dignidad la cruz de su destino, no entiende de mentiras, ni de ministerios, ni de otras alharacas de la vida pública. Si en las facultades de Bellas Artes se estudia la vida muchas veces desgraciada de un artista para comprender su obra, por qué no habría que tener en cuenta la trayectoria de los políticos para captar su verdadera dimensión y ponderar con justicia sus reacciones. El ministro de la bufanda azul es la mejor versión de Zoido. Esa prenda es el símbolo de sus mejores días como ministro, ironía macabra de un destino que siempre, siempre, parece que le tiene reservada una cruz a la espera de su abrazo.

La delegada que viene del Este

Carlos Navarro Antolín | 27 de diciembre de 2011 a las 5:30

La fuerza de Arenas no sólo se ve en haber colocado tres ministros andaluces en el gobierno de Rajoy, sino en salirse con la suya y lograr el nombramiento exprés de la nueva delegada del Gobierno en Andalucía, cuando en las demás comunidades autónomas aún andan en la fase de las quinielas y todavía no nos hemos enterado de la plantilla completa de los secretarios de Estado. No hay como saber mover los hilos y tener unas elecciones a menos de tres meses para que todo fluya. Y cómo fluye. Arenas ha apostado por una mujer de perfil mucho más político que institucional, lo que también encaja en estas fechas preelectorales en las que al campeón le puede hacer mucha más falta desde la Plaza de España el pico de un halcón que el vuelo de una paloma. Carmen Crespo conoce el grupo parlamentario sobradamente y estaba ya algo hastiada de su etapa como alcaldesa con mayoría absoluta. Arenas premia también la fidelidad guardada por esta mujer en los tiempos difíciles para el partido en Almería, cuando todo coincidió además con que tuvo que bajarse del Falcon de vicepresidente del Gobierno y montarse de nuevo en el Volvo para hacer la ruta de los pueblos andaluces. Un día era el mismo presidente del PP andaluz el que cogía la A-92 para apagar el fuego interno de una formación política en clara fractura y al día siguiente era Juan Ignacio Zoido, entonces secretrario general, el que se ponía el uniforme de bombero y llegaba a Almería con el extintor en la mano. Carmen Crespo se mantuvo leal desde el primer minuto al aparato de la calle San Fernando. Su nombramiento es una de esas apuestas de Javié por su Almería amada. Justo cuando acaricia su gran objetivo político es cuando mira por el retrovisor y recuerda a quienes le apoyaron cuando lo tenía todo perdido en Madrid y estaba todo por hacer en Andalucía. Arenas coloca en la Torre Sur de la Plaza de España a una delegada que viene del Este. Y con el pico afilado. Por si acaso.