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El caso Cifuentes en clave sevillana: nuestros botes de crema

Carlos Navarro Antolín | 29 de abril de 2018 a las 5:00

Cristina Cifuentes anuncia su dimisión

TODO ciudadano tiene un amigo, vecino o compañero con comportamientos en ocasiones raros, marcados por la anormalidad, el histrionismo o la obsesión. A una le da por hurtar dos botes de crema en un supermercado, como a otros por birlar la lámpara de un bar, llevarse los platillos de las chocolatinas del café del Alfonso XIII, o robar los rollos de papel higiénico de la biblioteca Infanta Elena. Que estas conductas se manifiesten en responsables públicos prueba que la jura de un cargo no imprime carácter. La gente no cambia. Es conocida sobradamente la fijación de la cabra por el mismo accidente geográfico. Seamos realistas. Los cambios en los rasgos más oscuros de una personalidad suelen ser a peor. Nadie mejora por entrar en política, acaso se suaviza por ingresar en un congregación religiosa o tal vez por superar una desgracia. El desempeño de un cargo público no equivale a recibir un sacramento. Muchos enloquecen con el acceso a determinadas comodidades, tanto como con el establecimiento de relaciones sociales de un nivel muy superior al que tenían antes de entrar en la política. No pueden volverse locos con los ingresos económicos porque en muchos casos los sueldos son injustificadamente bajos. Cuando algunos entran en política comienzan las anormalidades, el error de creerse impunes y, sobre todo, la convicción de que el pasado no existe, cuando, precisamente, el pasado de un político cuenta siempre con una indudable proyección de futuro.

En Sevilla ha habido casos de conductas anormales, excéntricas, de algunos responsables públicos. Pero no había cámaras de televisión. En la era en la que todo se graba conviene tener cierta cautela porque siempre hay quien está dispuesto a liberar la hormigas blancas del pasado, que ya no están en la lista de morosos del BOP, sino en los teléfonos móviles de los adorables compañeros de partido, que son los que guardan facturas, grabaciones e imágenes. Cuando el poder entra por la puerta de muchas casas, la ética sale por la ventana. Sólo el poder cotiza más que el dinero, por eso quizás quedan profesionales dispuestos a renunciar a sus ingresos económicos por un buen puesto en la administración. No todo es el dinero, pero sí lo es todo el poder. Por eso, si es preciso, se rescatan las penosas imágenes de un hurto marcado por el azul eléctrico de la vestimenta de una dama. Y por eso hay por estos lares quienes saltan de puesto en puesto de la administración auspiciados por sus propios partidos políticos, porque son personajes que saben demasiado, guardan demasiados papeles y generan ese miedo que se envuelve hipócritamente con el celofán del respeto. Van de pájaros cuando en realidad son ratas. Aprietan con facilidad el gatillo si es necesario para el oportuno y medido ajuste de cuentas. Se aprecia en las guerras internas de los partidos, en los relevos de los gobiernos de administraciones e instituciones, en los ordenadores borrados, en los archivos menguados, en las órdenes dadas al bancario para que no sople el modus operandi de los últimos años…

Esta sociedad de la crispación es propensa al zasca hiriente, a la humillación pública, al destrozo, a dar de probar esa comida que siempre, siempre, se sirve fría. La política es un duelo de alacranes, un submundo donde no hay amistades, sino aliados transitorios, no hay concesión de responsabilidades sino colocaciones para asegurar bocas selladas, no hay actos de justicia sino bofetadas indirectas al enemigo que siempre habita dentro, no se premia el espíritu crítico sino la docilidad, la sumisión, la disponibilidad para cualquier misión urgente. Y ahí Madrid es igual que Sevilla. Unidas por el AVE tanto como por los bajos fondos.

Un dirigente cofradiero de hace ya veinte años se negó un día a ser fotografiado a la vera de las imágenes titulares de su cofradía. Quiso que se ilustrara la entrevista con imágenes tomadas en la vía pública. “Mire usted, no es probable que me ocurra por mi educación y mis valores, pero soy humano y, si se me va la cabeza y algún día bebo más de la cuenta, me da por meter la pata con una señora o quiebra mi empresa de forma escandalosa, no quiero que nadie nunca pueda perjudicar a mi hermandad poniendo la foto de mi rostro junto a la cara de la Virgen”. Un visionario se llama.

El hurto de dos botes de crema hace siete años, quién lo diría, perjudica a las siglas de un partido político. Si la Cifuentes hubiera tenido el tacto de aquel cofrade, ese sentido de la anticipación, la capacidad de frenar cierto impulso y, por supuesto, no hubiera generado tantos enemigos, su destino sería hoy otro. Pero tal vez entonces no estaríamos hablando de política, sino de un mundo donde primaría el mérito y , por supuesto, se exigiría una especial ejemplaridad a los cargos, pero siempre sin perder la compasión que merece toda persona en momentos de humana debilidad. Claro está que los alacranes no son humanos.

En el caso de Sevilla no es que sea una ciudad más compasiva que Madrid, pero sabe mirar perfectamente tras el visillo y comentar cuanto ve a quien aguarda en el interior de la estancia. No nos sorprendemos, incluso digerimos, que hace años hubiera concejales pasados de tinto removiendo las estancias de su grupo político tras una sobremesa muy cargada, ni censuramos que un vicepresidente como Guerra juegue equívocamente con insinuaciones sobre falsas intimidades ajenas en un discurso de campaña en el atril de un prestigioso foro. Hemos presenciado cómo ha pasado por señorito quien no lo es por una foto en el betunero del Palace, un ataque de guante blanco perfectamente diseñado para denigrar a un potente rival. O hemos dejado caer reyes magos días antes de la cabalgata por asuntos del pasado delicados, personales y más que archivados, que trascendieron al estilo de lo ocurrido esta semana en Madrid. Y hay muchos más casos de ajustes de cuentas o de anormalidades que no se dicen, sólo se comentan. Aquí somos más finos, por ahora. Vemos, comentamos y dejamos el visillo echado.

Los árboles que hablan

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2014 a las 5:00

árboles que hablan
Ya está la vuelta al cole anunciada en los grandes almacenes con la premura que todo lo envuelve. Retornamos a las aulas en julio, comemos mantecados de Estepa (ojú, Estepa) a partir de septiembre, nos enteramos de quiénes son los reyes magos del Ateneo antes de la festividad del Carmen y quemamos incienso… cada dos por tres. Incienso se quema todo el año, que los tontos de la cuaresma que dura 365 días son conejitos de Duracell. Y duran y duran… Y no sabe usted lo que duran aún las tertulias sobre lo de la Macarena. Si a usted no le han preguntado si lo del cincuentenario de la Esperanza fue un éxito o una borrachera de actos es que sencillamente no es nadie en Sevilla. ¿Gowex? ¿Qué puñetas es eso de Gowex al lado de un sesudo debate sobre la idoneidad de interpretar la melancólica melodía de Suspiros de España a la Madre de Dios? Llena ahí y ponme un Gowex de ésos con coca cola, pero que sea light que así al menos nos metemos menos azúcar en el cuerpo.
La vuelta al cole en los grandes almacenes coincide con la pegada de carteles en los árboles que rodean a cada facultad. Son los mupis de la naturaleza, los tablones de anuncio de los ecologistas (en acción y parados, que de todo hay). Son los árboles que hablan cada vez que acaba el curso, heraldos de un cambio de liturgia en esa educación en la que los profesores cada vez son más débiles y los alumnos están cada vez más blindados gracias al primo de Zumosol que es la administración competente, autonómica por supuesto. Unos se van de los pisos y otros llegan. Ofrecen viviendas amplias para compartir, pisos de 40 metros cuadrados amueblados o habitaciones individuales. Y buscan chica o chico para repartir los gastos de un piso, que ahí sí que se distingue con toda precisión e intención lo del sexo. Ni paridad, ni cremalleras. Los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Los árboles cantan (las nubes se levantan) sin tener pájaros posados. O buscan pájaro, o buscan pájara. Cantan la llegada del verano y la proximidad de un nuevo curso en un mundo de prisas, de anticipación y de premura en la que todo se vive desde tres o cuatro meses antes de que se produzca.
-¿Y quiénes dice usted que son los médicos que harán de reyes magos este año? ¿Y de quién es hija la Estrella de la Ilusión?
-Yo no sé nada, sólo escucho el susurro de los árboles.
árboles que hablan (II)

La barrila de las elecciones al Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2014 a las 11:36

Ateneo
Hicieron todo lo posible para que entrara en la agenda de temas entre Rajoy y Obama. Y casi lo consiguieron. Vamos, que yo creo que Rajoy no es que haya presumido de que nadie le ha preguntado en la Casa Blanca por Cataluña, es que lo que verdaderamente ha dicho es lo que sigue: “Nadie me ha preguntado por las elecciones del Ateneo de Sevilla”. Porque hay que ver la vara (del rey) que están dando con las elecciones del Ateneo de Sevilla. En Sevilla está la Anselma, a la que la derecha le ha cerrado el tablao dejando desorientados a los madrileños y a los guiris de rebujito en vaso de tubo, y está también Anselmo, que quiere ser presidente del Ateneo desde aquellos sucesos oscuros de melchores caídos del trono, que ya se sabe que todo español tiene derecho a la presunción de inocencia excepto si es elegido para ser rey Melchor del Ateneo de Sevilla. Anselmo está metiéndole presión al actual presidente, que tiene nombre de centurión romano de Astérix y Obélix: Alberto Máximo. Y entre los dos tienen a media Sevilla buscando ateneístas por debajo de las piedras, de los veladores y hasta por debajo de la nueva cruz del Baratillo.

Que no quiero verla, que no quiero verla… La cruz del Baratillo que no quiero verla

El censo del Ateneo tiene poco más de mil votantes. Se vota el día 29. Las peticiones y recomendaciones se han disparado y han alcanzado el disparate en algunos casos. Algunas no son ya de primer o segundo grado, sino del yerno que no es ateneísta que pide el voto para su suegro que va en la lista en el puesto noveno. Esto debe ser culpa de las cofradías, como casi todo en la ciudad. El cofraderío de las tardes libres con sus estrategias electorales ha llegado al Ateneo como el tapicero a su ciudad, señora. ¡Y cómo se dan leña los pretendientes de la Docta Casa! Lo curioso es que para votar hay que estar al día en el pago de las cuotas. Y ya hay una relación de ilustres nombres de la ciudad con una deuda que si la pilla la delegada de Hacienda del Ayuntamiento, Asunción Fley, te mete un embargo preventivo que te deja mirando… a la cruz del Baratillo.

-Qué cosa.

Hay un personaje muy conocido en las fotografías del colorín local que debe 19 mensualidades. Y otro que mandó muchísimo en la ciudad que no paga desde hace más de dos años. La presión para pedir los votos está provocando que salgan morosidades sonrojantes. Y, cómo no, todo tipo de teorías sobre las verdaderas motivaciones de ambas candidaturas. Tenga usted claro que si nadie le ha pedido todavía el voto para las elecciones del Ateneo y no le han ventilado al oído ningún marrón de cualquiera de ambas listas, es que no es usted absolutamente nadie en Sevilla. Dese por perdido o hágaselo mirar en la consulta del terapeuta. Porque el acoso es ya de tal intensidad que algunos deberíamos lucir en la solapa una chapa: “No soy del Ateneo”. Y espantar a los agentes electorales de ambas listas que dan más la barrila que los testigos aquellos que iban por parejas tocando los timbres de las casas a mediodía. Más pesados que los quesos de rulo en las listas de tapa. Qué aliviado se quedó Rajoy. O no.

Conjunción planetaria: el Ateneo, el Consejo… y Javier Arenas

Carlos Navarro Antolín | 5 de diciembre de 2012 a las 18:16

Hay armas que las carga el cojuelo y coincidencias que la socorrida ironía del destino no es capaz de mejorar. Anoche se celebró la proclamación de los reyes magos, aquellos que fueron nombrados al fresquito de los aires acondicionados del verano. Ya se sabe que en esta ciudad los Oscar de la cabalgata se reparten en julio y la portada de la Feria se elige en agosto, para que luego haya largones porque los libros de los escolares se ponen a la venta un mes antes del inicio del curso, largones con cocodrilos en los bolsillos para pagar los libros pero que se pelean en la barra de Los 100 Montaditos por convidar a los amigos bajo la mirada agresiva de la parienta que ya te enterarás cuando lleguemos a casa. Pues tras el peñazo de los discursos oficiales, los reyes se organizaron su canapé particular en distintos restaurantes de postín, que eso de jamar de Bollullos, pagándose cada uno lo suyo, está estupendamente. Como los guantes Pinos, es divino. En una de esas cuchipandas estaba Melchor trabajando el caballito de jamón cuando se sumaron a su velada el presidente del Ateneo y el presidente del Consejo de Cofradías. Dos cabalgan juntos… Lo mejor viene cuando en ese mismo restaurante se encuentra también Javier Arenas, pero en otra sala, conste en acta que después vienen los problemas. Menuda conjunción planetaria: el Consejo de Cofradías, el Ateneo y… (redoble de tambores) el incombustible y felino Arenas. Dios los cría y el caballito de jamón los junta. O los acerca, porque ya decimos que juntos no estaban exactamente. Los clientes de la barra no salían de su asombro cuando vieron salir del restaurante a Alberto Máximo Pérez Calero y a Carlos Bourrelier. Mucho menos cuando a los tres minutos abandonó casualmente el local el factótum del centro derecha andaluz: Arenas para el público de a pie, el Arenas para los antiguos del partido (exclúyase a Albendea, que es hombre refinado en el trato y no antepone artículo a nombre propio) y simplemente Javié para los allegados. Javié para arriba y Javié para abajo, que a ver cuando a Javié me lo hacen ministro y deja vivir a las criaturitas de San Fernando (la sede, no el cementerio) que este hombre no para, que es de Duracell y que cada vez que se deja retratar con Griñán, oh casualidad, sube el precio del pan en el partido. Pues quedóse el restaurante despoblado y sin el lustre de tan reales pavos cuando se oyó una de esas sentencias que merecen lápida y cortinilla descorrida:
-Compadre, el que peor futuro tiene de los tres que han salido no es precisamente Arenas… Esta vez te digo yo que no.
-Qué razón tienes. Lo de Javié tiene arreglo. Pero lo del Ateneo y el Consejo… es para decirle al dueño que cuente si le faltan cubiertos.

El berenjenal del Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 21 de noviembre de 2012 a las 5:00


La última asamblea general del Ateneo resultó ser un gallinero. Las heridas abiertas por la crisis de los Melchores siguen sangrando. La institución está decadente hasta el punto de que la sesión duró cinco horas como consecuencia de las continuas interrupciones, llamadas al orden, quejas, disputas personales, expulsión de asistentes que no eran socios y repetidos conflictos porque no coincidían el número de votos con los presentes en la sala. La grabación de la asamblea revela mil y un detalles de todo lo que ocurrió. Un caos. La clave de fondo estriba en que una plataforma de más de 150 ateneístas, de acuerdo con los estatutos vigentes, había presentado días antes la solicitud de convocatoria de junta general para acordar el cese de la actual junta directiva y la convocatoria inmediata de elecciones. La actual junta, que preside Alberto Máximo Pérez Calero, consideró que la solicitud no era adecuada (faltaban, dicen, los documentos nacionales de identidad, entre otras supuestas irregularidades), pero aún así decidió llevar la petición al orden del día de la junta. La plataforma se negó a que se votara su petición, alegando que se trataba del ejercicio de un derecho estatutario y que, por lo tanto, no era susceptible de ser votado.
Se lió parda en este punto. Y en casi todos. La noche empezó con una embrollada discusión sobre el número de votos delegados, el número de presentes y hasta el número de los asistentes que habían delegado su derecho a sufragio pero que finalmente se personó en la sede de la calle Orfila. Un enredo. Hasta la presencia del fedatario público fue discutida por algunos ateneístas. La grabación da cuenta de un diálogo a voces y crispado por esta cuestión:
–¿Qué hace aquí un notario, señor presidente?
–Lo hemos creído conveniente para levantar acta en caso de incidente.
–¡¡¡Para levantar acta ya tenemos al secretario general!!
Y siguió el revuelo. Perdón, la asamblea. Acto seguido, una joven que acompaña en la sala a la hija de un alto cargo de la junta directiva es “invitada” a abandonar el lugar porque se confirma que no es socia. La afectada se marcha airadamente. El notario sigue mientras tanto comprobando el número exacto de asistentes. Una labor de chino en la que seguro que recordaría sus años de paciente opositor. La asamblea se desmadra. Las cifras bailan. Se pide la suspensión. El presidente grita. Parece que el notario amaga con marcharse. Alguien afirma: “¡El notario no puede dar fe de algo que se va a votar y no se sabe cuántos y quiénes vana votar!”
Un asistente –conocido catedrático de Universidad– pide la resurrección del espíritu ateneísta para calmar los ánimos. Vano intento. El notario aconseja un receso y se suspende la sesión durante casi media hora hasta que se comprueba el número exacto de asistentes y de votos delegados. Tras la reanudación, la trifulca retorna a cuenta de las propuestas presentadas por varios ateneístas relativas a diversos puntos del orden del día. El presidente asegura que desconoce el asunto. Se oyen quejas. Un ateneísta –ex presidente de un importante colegio profesional– asegura que esas propuestas se deben debatir en ruegos y preguntas. “¡Aquí no es infalible ya ni el Papa!”, dice en medio de la discusión. Otros ateneístas hablan de “incumplimientos garrafales de los estatutos”. “¡Vamos a colaborar con el presidente!”, se ruega desde la mesa para aprobar las cuentas. Hay quejas porque el secretario general del Ateneo se ha reído tras la votación en la que ha ganado con claridad la posición defendida por la mesa: “¡Nadie de la mesa debe reírse, señor presidente!”
El punto máximo de tensión se alcanza con la votación sobre la petición de asamblea extraordinaria. El promotor de la plataforma, Anselmo Valdés, expone que no procede la votación, puesto que la convocatoria de asamblea es automática siempre que lo pidan por escrito un número superior al 10% de los socios. La mesa le responde que las firmas presentadas no son legibles y que ningún ateneísta ha confirmado su rúbrica, pese a que se han enviado cartas con tal finalidad. Valdés lee varios preceptos de los estatutos y, al final, recuerda el artículo primero, que dicta que “el Ateneo es una asociación cultural, científica, literaria y artística de carácter libre, independiente y plural”. Le contestan, entre otros, el presidente de una asociación profesional, que admite que no conoce los estatutos, que ni es abogado ni entiende de leyes, pero aún así opina que la asamblea es “soberana” y que se debe votar. Los soberanistas no están sólo en Cataluña, por lo que se ve. Otro ateneísta considera que la plataforma opositora ha cometido “delitos flagrantes” al haber enviado cartas pidiendo firmas. Se recuerda que el Ateneo ha puesto una denuncia por el supuesto hurto de datos. El berenjenal es tal que se pide la intervención del notario, que aduce que sus cometidos son los que son. La grabación revela en esos momentos las siguientes intervenciones cruzadas entre partidarios de la actual junta directiva y opositores: “¡Tengo yo la palabra y si quiere me insulta!”, “¡Aquí se saltan las leyes y no pasa nada!”, “Aquí hay una persona que necesita tratamiento rápido”, “El presidente es honesto, excesivamente honesto”, “Al presidente lo han puesto a parir en una entrevista radiofónica con acusaciones sobre maniobras ocultas”, “Esto no es ningún golpe de Estado, sino el ejercicio de un derecho estatutario”, “Señor notario, sepa usted que está participando en una falacia absoluta”, etcétera.
La votación finalmente se celebra sobre este polémico punto del orden del día y, al igual que todas, gana la posición de la actual junta directiva. El secretario, al preguntársele por su voto, exclamó: “¡No me voy!” Se jactó así de permanecer en el cargo, pese a las maniobras para conseguir el cese de la actual junta, un intento que está ya en manos de la Justicia. (A este respecto, el lunes pasado se celebró el acto de conciliación en el juzgado número 18 de Primera Instancia de Sevilla. El presidente de la institución, de acuerdo con sus asesores jurídicos y tal como informó en la asamblea, defendió ante el secretario judicial su decisión de no acceder a la petición).
La grabación recoge el revuelo que se forma cuando muchos de los opositores se marchan. La junta general acabó de madrugada, luego de votar el acceso libre a la caseta de Feria con motivo del 125 aniversario de la institución, pues hasta ahora sólo accedían quienes pagaban una cuota de 600 euros. El presidente cerró la sesión alabando el “ejemplo de democracia” dado por el Ateneo: “Vosotros, socios, habéis hablado, y la mayoría votante ha validado a la actual junta directiva”. Pérez Calero se lamentó: “Durante un año hemos estado aguantando, como se dice en esta Sevilla nuestra, carros y carretas…”

Siempre nos quedará salir de beduino

Carlos Navarro Antolín | 26 de septiembre de 2012 a las 11:53

A mamporros se las gastaban en las puertas del Congreso cuando en Cataluña aprovechan el perro flaco del Estado como cuando uno con turbante aprovechó la debilidad de aquel que murió en la cama. Los periódicos traen las portadas más apretadas de temas candentes que los nazarenos del Gran Poder. No hay sitio para tanto titular de letras gruesas. Pero la mejor noticia, la más impactante, la que más hondo llega no es la del arte de hacerse el sueco de los dos que cabalgan juntos todavía cuando se trata de los ERE, porque otra cosa ya no hacen juntos, que eso de ir al cine los domingos por la tarde está más acabado que la tónica Finley. El mejor titular de esta España en quiebra es demoledor: se abre el plazo de solicitud para salir de beduino en la cabalgata de un Ateneo que se fractura a plazos. Los parisinos seguían paseando y yendo al teatro con absoluta y pasmosa normalidad cuando ya se oían los motores de los tanques de los nazis a punto de tomar sus calles, según cuenta Chaves (el bueno, no el sueco). Pues aquí abren el plazo en septiembre para salir de beduino en enero, con la misma antelación que cuando había oposiciones a la administración pública. Que no falten beduinos en la Navidad sin paga extra. Unos se hacen el sueco con los ERE y otros ya hacen cola para salir de beduino. Escapismo, dicen. Cada cual se escapa de lo suyo. Y ya no se oye aquello de qué hay de lo mío. Quizás porque no hay nada. Ya lo dijo el abogado al cliente enrejado: “Lo tuyo va bien, pero si puedes te escapas”. Y se puso en la cola de los beduinos.

La señorita Pepis en el Ateneo

Carlos Navarro Antolín | 26 de julio de 2012 a las 20:42

Ya tenemos reyes magos y portada de la Feria en una misma semana, la que empezó el 23 de julio y terminará el 29 con Velá de Santa Ana incluida. Han leído bien. Sólo falta que el Consejo de Cofradías nombre mañana al pregonero de la Semana Santa. Cuánta premura en dar a conocer quién será el Gran Visir, la Palas Atenea y el rey Gaspar, que por cierto será un republicano convencido: José Luis Escañuela. Debe ser cosa de las sublimes y cacareadas contradicciones de Sevilla. Lo mejor de todo es la nota de prensa del Ateneo y sus comentarios sobre algunas de las augustas designaciones. Del heraldo se dice que es una “joven mujer del siglo XXI trabajadora y vitalista”. De la Estrella de la Ilusión que “sus conocidos la definen como amante de la cultura y el arte, honesta, responsable y deportista”. Y del Gran Visir que entre sus aficiones “están el cine, el teatro, el arte, las antigüedades y el mundo de las cofradías”. Debe ser que el Ateneo ya no se fía de nadie tras aquella agria polémica de Melchor en la que casi le ruegan al sacristán de San Andrés el favor de que se subiera al trono, por lo que le han debido pedir a los interesados un certificado de antecedentes penales, la partida de bautismo y una suerte de declaración jurada de ser buenas personas. ¿No se requiere ser español, católico y buena persona para ser maestrante y que no te echen las bolas negras? Pues ya saben que para formar parte de la cabalgata en puesto destacado hay que ser vitalista, sociable, gustarte las antigüedades y otras pamplinas más de redacción escolar. Lo de las antigüedades debe ser porque polillas en el Ateneo hay para montar un puesto ambulante, ¿no? Que sólo hay que ver el chaqué de alguno para pedir presupuesto en el IAPH para el pasado a nuevo paño. El Ateneo está como la Junta de Andalucía de los años de derroche en publicidad institucional: imparable. Ya sabemos que los magos se eligen en julio, pero están todo el año atornillados en el sillón de la calle Orfila. Porque sólo con la magia se entiende que algunos sean capaces de aguantar el bochorno que llevan soportado y encargar notas de prensa del quimicefa o de la señorita Pepis. Para estar en la junta del Ateneo lo que parece que hay que tener es estómago (agradecido) y menos sentido del ridículo que un mosquito (echa aután, que pican). Lo dicho: imparables.
Coda: ¿No estaba en el Ateneo el tío que mandaba jamones para ser pregonero de la Semana Santa? Pican, pican los mosquitos…