Archivos para el tag ‘Ayuntamiento de Sevilla’

Beltrán, el concejal Cillit Bang

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2012 a las 19:33

La tableta del portavoz del gobierno local, el profesor Pérez, en su prédica de los viernes de precepto en el Laredo, que resulta una cita mucho más amable y risueña que las de Soraya desde la Moncloa en el canal 24 horas de TVE, tiene ya un competidor estético en claro avance en la Plaza Nueva. El portavoz Pérez mete el dedito en el ipad que da gusto. Y el otro Pérez del gobierno, Beltrán, se ha aficionado a convocar a la prensa en el llamado salón comedor, donde no se yanta porque este gobierno anda corto de jamar pese a que alguno tiene dados dos golpes más de bimba que hace un año. Beltrán se remanga la camisa y se hace la foto en ese salón comedor junto a sus alcaldes de barrio y parece el mismo Obama en el despacho oval. El ala oeste de la Plaza Nueva. Qué foto más estudiada, qué diagonales, qué composición barroca, qué juego de brazos, qué corbata más natural en su caída y en su nudo, qué cruce de miradas, qué señores más serios…Y todo para anunciar 40.000 reparaciones en los barrios (¿barrios que perdimos?) por valor de 400.000 euros. Pero cáspita, si están cuadradas hasta las cifras. Qué casualidad, qué redondo todo. A este Beltrán del salón comedor sin manjares sólo le falta la llave inglesa de Pepe Gotera y Otilio, la gorrita y vámonos para los barrios, señora, que yo le arreglo el bache de la puerta de su casa en un santiamén. En el reparto de caramelos, fíjense que este concejal en versión Cillit Bang prima los distritos Este y Cerro Amate, donde curiosamente dicen que el PSOE recupera apoyos, que se llevarán 90.000 euros en reparaciones. El que menos, el de Los Remedios, con sólo 24.300 euros, que es el distrito electoral donde el PP recibe más votos en toda España. ¿Vuelta de tuerca a la estrategia de la micropolítica o el mismo complejo de siempre del centro-derecha? Currito, dale al dedito. Y con Beltrán, los baches se van en un bang.

Los azulejos de la debilidad

Carlos Navarro Antolín | 20 de junio de 2012 a las 13:56

Si usted quiere hacer obras en su casa, tiene clara la mejora que busca y dispone del dinero y de la paciencia para realizarlas (tengas obras y las acabes), no tiene más que tirar para adelante. Si usted gobierna con 20 concejales más el apoyo de un delegado digital, cree necesario colocar unos azulejos en Triana con fines turísticos, tiene la convicción lo suficientemente madura como para anunciarlo en una rueda de prensa y dispone del dinero necesario, no tiene más que tirar para adelante. Pero, ay, si resulta que a la más mínima protesta da marcha atrás y apela de pronto al “consenso” y a la “necesidad de abrir un diálogo”, corre los riesgos de dar sensación de debilidad, de no tener criterio o de no haber hecho bien las cosas desde el principio, pues cabe preguntarse por qué no se abrió ese “proceso de diálogo” como paso previo. Monteseirín nunca se planteó parar la obra de las setas y abrir un proceso de diálogo cuando arreciaban las críticas por la cuestión estética y por el derroche de dinero en ese cateto cuerno de la abundancia de la Encarnación. No tuvo complejos ni antes, ni durante, ni después. Y gobernaba en coalición. Cuando se abre un proceso de diálogo, la cosa tiene toda la pinta del “creemos una comisión para no solucionar el problema y echarlo a dormir.” Política de siesta, se llama. A la mínima voz de ¡zape!, el gato del gobierno se escurre por la gatera. Por unos meros azulejos que no son precisamente feos y que, además, tienen el efecto disuasorio de las pintadas. Anda que si las setas hubieran sido al menos la mitad de estéticas que estos azulejos…

Los 135 de Rosamar

Carlos Navarro Antolín | 15 de junio de 2012 a las 11:46

Dicen los que cultivan el arte del anfitrión que para que un acto salga redondo hay que dejar a gente fuera de la convocatoria. Por una cuestión elemental de aforo y por una aplicación de esa estrategia nunca escrita que apuesta por alimentar la expectación y asumir el riesgo de generar cierta dosis de frustración para garantizar el éxito por la vía del morbo. Si entran todos los que pueden y quieren entrar se produce una devaluación. Sólo cuando hay marginados que rumian su ausencia y despotrican del convocante está garantizado el objetivo. El éxito en Sevilla es que desde una semana antes del acto haya decenas de consultas sobre quién organiza, dónde se reparten las entradas y por qué no me han llamado todavía con la amistad que yo tengo con el homenajeado. Ayer hubo uno de esos actos en el calendario de homenajes íntimos. Un grupo de amigos (y hasta algún enemigo y enemiga, que eso siempre es bueno para que la fiesta sea completa) rindió homenaje por su jubilación a la funcionaria Rosamar Prieto-Castro, que aprobó sus oposiciones como tal hace ya bastantes años. No estuvieron todos los que debían estar del PSOE, su partido del alma, pero sí muchos de los que se esperaba que estuvieran. No hubo nadie del gobierno local del PP, pese a que ella ha sido una concejal muy conocida y ha recibido siempre elogios (¿envenenados?) de la derecha. Llegó al humo de las velas hasta Manuel Chaves. Sobraron algunas intervenciones por plúmbeas. Y, por supuesto, nos pudimos y debimos ahorrar la lectura pública de algunas cartas de señores (y señoras) muy ocupados que no pudieron estar por razones importantísimas (se ahorraron los 40 euros).

El grupo socialista estuvo muy bien representado por Antonio Muñoz (que no leyó completa la carta del portavoz Juan Espadas. Cómo sería la carta…), Mercedes de Pablo y Juan Carlos Cabrera. Hubo empresarios, artistas, diseñadores, profesores universitarios, funcionarios, antiguos colaboradores directos, la cúpula completa del Consejo de Cofradías y un largo etcétera. En total, 135 asistentes. El 98% eran amigos. El 2% fue la cuota exacta y precisa que convirtió la cita en un éxito, sumado a quienes hoy la telefonean para justificar su ausencia.

Ya pudo el gobierno actual del PP haber enviado al menos al concejal número 20, como hace el Rey cuando envía a la Infanta Pilar a esas inauguraciones a las que no quieren acudir las hijas. Por cierto, el ex alcalde Monteseirín se encontró después por las inmediaciones del restaurante con la homenajeada y un nutrido grupo de amigos que alargaban la fiesta. “¿De dónde venís?” “Es que me han dado un homenaje, Alfredo”.

Espadas aprieta las filas sin el concejal número 12

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2012 a las 5:00

LA oposición socialista se reunió ayer para realizar su particular autocrítica en el primer año de mandato. Juan Espadas, al que algunos en el palomar se refieren simplemente como el líder, convocó exclusivamente a los concejales a las once y media de la mañana. No estaba citado ningún asesor del grupo. El objetivo era redefinir el papel de los once concejales. Espadas entonó el extra omnes para dejar fuera a quienes no tienen cargo público, sabedor de que en el grupo hay quienes empiezan a estar especialmente hartos de algunas “distorsiones”, sobre todo del denominado concejal número 12, que no es precisamente el talismán de aquellos años dorados de la selección de fútbol en Sevilla.

Espadas quiere subir el tono de la oposición, pues tiene claro que el gobierno de Zoido presenta flancos evidentes y que el alcalde está aún en la “nube” de los 20 concejales. Antonio Muñoz, la gran revelación del grupo y el único que goza de la absoluta confianza del portavoz, no puede ni debe ser el que sistemáticamente asuma el papel de ariete. El grupo político necesita a todos los demás a pleno rendimiento. Nada habría más que le interesara al gobierno local que la oposición siguiera adormecida o incluso acomplejada por una mayoría absoluta nunca conocida en los años de democracia.

La reunión donde Espadas tocó a rebato fue muy larga. Se prolongó hasta pasadas las dos de la tarde en el salón de Fieles Ejecutores. El portavoz socialista pidió reiterademente unidad, compañerismo y trabajo. Sus mensajes lo dicen todo. Es consciente de que ha habido demasiadas divisiones y bastantes concejales en un tono especialmente bajo que pueden dar mucho más de sí, como el portavoz adjunto, el moderado Alberto Moriña, que podría hacer mucho más como interlocutor ante la Sevilla más tradicional, sobre todo desde que Rosamar Prieto-Castro, ex concejal y jefa de servicio asignada al grupo socialista, ha confirmado que se jubila como funcionaria el próximo 10 de junio. El PSOE pierde en los despachos municipales a una de sus militantes con mayor grado de aceptación social.

Para pedirles ese esfuerzo a sus concejales, Espadas ha tenido que crear el escenario necesario en el que se puedan expresar con absoluta comodidad, lo que hasta ahora no se había producido. Quedan tres años de mandato, que para muchos efectos son dos si se tiene en cuenta cuándo puede comenzar el proceso de designación del candidato a la Alcaldía en 2015. Espadas no tiene más remedio que apretar desde ya, aun asumiendo que a Zoido le queda todavía mucha credibilidad. Su partido le pide más y sus concejales también le piden más a un portavoz que ha de estar cada semana en el Senado. Por eso él empieza por exigir más a los suyos. Y por eso ayer les invitó a hablar sin esas “interferencias” que antes condicionaban las actitutes y restaban iniciativas. Y es que a los concejales les sienta mal recibir órdenes emitidas por quienes no han pasado por las urnas. Por nucho que vengan del concejal número 12. En eso se igualan los concejales de todos los partidos.

Un alcalde y 20 fieles ejecutores

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2012 a las 5:00

UN alcalde sin sombra. Una curia sin cardenales. Todo por Zoido. El primer año de gobierno se salda prácticamente sin incidentes en la convivencia entre los veintiún concejales del gobierno. Nadie discute al jefe, que ha formado un ejecutivo local donde no hay ningún número dos, nadie que oficialmente se aproxime a la categoría de vicealcalde con la que Monteseirín llegó a investir a Emilio Carrillo amparándose en la Ley de Grandes Ciudades. Zoido no tiene vicealcaldes ni delfines, pese que su programa electoral recogía el nombramiento de un edil de Presidencia. Todo lo más, un círculo estrechísimo en el que sólo cabe como fijo el concejal Gregorio Serrano y algún otro de forma esporádica. El nombre de esa sala noble que está en la planta baja del Ayuntamiento, junto al Arquillo, reproduce fielmente el espíritu de un gobierno donde, por el momento, nadie tose ni cuestiona al alcalde: los concejales de gobierno son los fieles ejecutores. La fidelidad es el efecto lógico de ese período de estabilidad que otorga a todo partido una mayoría absoluta tan abultada y también obedece a que el alcalde no sólo no está cuestionado en su partido sino que no ha hecho más que coger peso específico en las filas del PP. La paz, por ahora, reina en el PP de Sevilla. En el andaluz es otro el debate.

El gobierno local ha vivido casi un año en continuo ritmo electoral, un calendario marcado por la necesidad del PP de explotar (con resultado desigual) la figura del alcalde en las elecciones generales y en las autonómicas. El pronóstico dice que a partir de este segundo año deberán entrar más en juego otros concejales de gobierno (de algunos no se conoce ni la voz).

Un gobierno sin fisuras, pero con un reparto de poder muy distinto. Serrano acapara cuatro áreas y las empresas municipales de peso. Es el superconcejal del gobierno, quien recibe encargos directos y personales del alcalde, el de la agenda más apretada y con quien Zoido comparte muchos de sus momentos de distensión. En general, los concejales de perfil gestor han sustituido a los de perfil político. La delegada de Hacienda, la independiente Asunción Fley, se ha hecho respetar y valer. Tan es así que Arenas se llegó a fijar en ella. Pero la Junta de Andalucía tendrá que esperar. En los Plenos le falta tono político. Maximiliano Vílchez es ya sin duda el delegado de Urbanismo más discreto de la democracia, parece calcado para una etapa de crisis en la que el urbanismo ha perdido fuelle. Ya su gerente se le conoce en las caracolas como “el del pañuelito” por su afición a lucirlos en el bolsillo del pecho de la chaqueta. Es precisamente lo que quería Zoido y así lo expresaba en sus años de oposición: la discreción absoluta en una delegación marcada demasiadas veces por las polémicas y los escándalos.

Pero quien más carece de tono político es, sin duda, el número dos de la lista electoral, el catedrático Javier Landa, que ha metido al alcalde en más de un aprieto por su estilo personal, ajeno a una política encorsetada. Landa usó su potestad como presidente del Pleno para expulsar a dos fotógrafos del Salón Colón, lo que puso a los tres grupos políticos en su contra, que ya es difícil. Anteriormente justificó sin tino que no se izara en el Ayuntamiento la bandera del Día del Orgullo Gay, pero sí la del pueblo gitano. Arguyó que una enseña era institucional y la otra no. Landa ha ido adquiriendo un perfil más discreto y algo menos árido en los últimos meses, consciente tal vez de que las cátedras tienen un peso muy relativo en el mundillo de la política. Por no decir que tienen un peso nulo.

Los concejales más políticos, Curro Pérez y Beltrán Pérez, otrora látigos del gobierno de PSOE e IU, desarrollan ahora papeles más discretos. Curro Pérez está desaprovechado: es portavoz oficial de un gobierno muy presidencialista y su parcela de gestión se reduce al distrito de Triana. Recuérdese que el grupo popular tiene también su propio portavoz, Juan Bueno, con un destacado peso orgánico. Curro Pérez tendrá en pocos meses una competencia para sacar a la luz sus cualidades: la construcción del aparcamiento en San Martín de Porres, que tendrá dos meses levantada esta plaza.

Y Beltrán Pérez parece estar dedicado (y a gusto por el momento) en esa tarea poco lucida de coordinar y potenciar los distritos. La previsión lógica es que Los Pérez recuperen más protagonismo en cuanto se acerquen las elecciones. Son los más políticos.

Zoido sólo ha tenido que desautorizar expresamente en una ocasión a un miembro de su gobierno, precisamente al único que eligió a dedo: Demetrio Cabello. El delegado de Movilidad, comisario del Cuerpo Nacional de Policía de profesión, admitió en público que el Ayuntamiento no puede hacer nada para que la empresa Equipark devuelva a los vecinos las fianzas entregadas porque «no es una obligación impuesta» ni en la normativa contractual ni en los pliegos administrativos de la concesión, por lo que se trataría de una cuestión civil entre una empresa y un particular «y en este ámbito ha de dilucidarse». Cabello dinamitó así una de las principales promesas de Zoido, que en las elecciones experimentó una fuerte subida de votos en el distrito San Pablo-Santa Justa, donde son muchísimos los vecinos defraudados por este asunto. Ni veinticuatro horas tardó el alcalde en pegar su primer tirón de orejas al edil independiente. Zoido calificó de “insatisfactoria” la explicación del concejal de Movilidad y ganó tiempo pidiendo nuevos informes.

El segundo tropiezo resultaron ser los familiares enchufados en los distritos, donde adquirió un protagonismo negativo el más joven de la corporación municipal, José Luis García, delegado del Distrito Sur. Los parientes tuvieron que renunciar a los contratos para que el gobierno no persistiera por más tiempo en los mismos errores que se hartó de denunciar cuando estaba en la oposición y gobernaba Monteseirín con el sostén de IU. A Zoido le escoció especialmente que tales prácticas las hubiera realizado precisamente el más joven del grupo político. José Luis García, Pepelu en las filas del PP, tiene el aval del propio Javier Arenas. Pero ahora está estrecha y discretamente marcado para que no vuelva a protagonizar escándalos que concedan munición al PSOE, que en este asunto fue donde realizó su mejor rodaje como oposición.

Tan sólo se ha producido una baja en el gobierno, la de la delegada de Nervión, María Eugenia Romero, que ahora es diputada en las Cortes. Entró como concejal el siguiente en la lista electoral, Rafael Belmonte. Zoido aprovechó para asignar a Pía Halcón al amable distrito de Nervión y enviar a Belmonte, de perfil mucho más político y un buen ejemplo de fiel ejecutor, a bregar con los problemas de Bellavista, un distrito más duro donde el PSOE tiene a sus dirigentes más beligerantes. Incluso el propio Juan Espadas tuvo sus más y sus menos con sus compañeros de partido en Bellavista en plena campaña electoral. El cambio de Halcón ha sido el único producido respecto al organigrama inicial del gobierno.

El albacea de la herencia recibida

Carlos Navarro Antolín | 17 de mayo de 2012 a las 5:00

UN dossier de 62 folios sacado de la termomix del gabinete de asesores de comunicación ofrece bien mascadito el año de gestión de cada una de las áreas de gobierno del Ayuntamiento. Todo aparece desmenuzado, listo para que sea servido en una papilla de fácil digestión para el comensal, de rápida absorción. Tan veloz que se corre el riesgo de que produzca insatisfacción. Del balance oficial de gestión y de la lectura del resumen de las acciones de gobierno se deduce que hay una auténtica exaltación de la micropolítica. Este gobierno no tiene complejos en hablar en un formato de solemnidad calculada –liturgia de sala capitular del Ayuntamiento– de la poda de los árboles y de la frecuencia de baldeos por las calles, de los baches en la aceras y de la limpieza de los colegios. A favor de este planteamiento juega que no hay dinero para las grandes empresas y que los ciudadanos están con la mente en otros frentes y, además, hastiados de una política que arrastra demasiados años de fuegos de artificio disparados en titulares periodísticos que han emplazado a inauguraciones imposibles a cuatro, cinco o siete años vistos. Es evidente que ya no son creíbles los planes sobre las siguientes líneas de Metro, como no lo es la Ciudad de la Justicia. No es el momento para los grandes proyectos. Aquello se acabó. La crisis económica es la coartada perfecta para esta política de alcance, una gestión de infantería que tiene a los policías y barrenderos como principales ejecutores y a los delegados de distrito convertidos en alcaldes de barrio con la misión de que el vecino sienta el aliento del Ayuntamiento. Zoido ha hecho de la necesidad virtud en una maniobra de habilidad que es marca de la casa. Pero corre el riesgo de que la papilla no sacie.
En contra de esta forma de concebir la gestión juega la imagen a veces chocante que puede ofrecer un gobierno que destaca los pañales de los caballos como un verdadero logro, el desencanto que pueden generar determinadas desaplicaciones (dicho en el lenguaje de Cantatore) en un electorado que tiene unas expectativas altísimas en este gobierno y que con suma facilidad acaba metiendo en el mismo saco a los de antes con los de ahora.
Zoido ha moderado aún más, si cabe, su discurso político al cumplir el primer año de gobierno con el riesgo que tiene la navegación en un mar plato: una singladura plana. Hasta tres veces ha pronunciado una frase: “No se puede cambiar todo de la noche a la mañana”. Y en una suerte de imploración de piedad admite ahora que un Ayuntamiento no puede generar empleo (distinto es que deba facilitar indirectamente su creación), una obviedad que se le olvida en campaña a todos los políticos con ambiciones municipales sin distinción, cuando prometen la creación de puestos de trabajo. “Seré el alcalde del empleo”, dijo en 2011 machaconamente. También ha rebajado el tono de albacea que tienen todos los dirigentes del PP al explicar continuamente la herencia recibida, esa política de retrovisor que combina la pedagogía con el rejoneo.
Dijo ayer este alcalde de las espaldas guardadas por su cohorte de veinte concejales –revueltos como párvulos durante la intervención del jefe– que aún tiene tres años por delante. Un tiempo en el que debe encarar los retos de responder a las expectativas generadas por su figura, cuajar algunos proyectos de los que ha hecho bandera (el desbloqueo de Ikea, los aparcamientos, etcétera), mantener una cantidad suficiente de votos prestados en los barrios tradicionalmente afines al PSOE, dar a conocer con todo lujo de detalles los acuerdos para salvar conflictos con colectivos como la Policía Local, pues la ciudad debe saber el precio de la paz; captar inversiones más allá del sector terciario (mucho más que el mercado del gourmet en el Barranco), evitar descarrilamientos como los enchufes de baja intensidad en los distritos o la inoportuna Operación Talento que ha achicharrado el principal vocablo de su discurso de investidura, y avanzar en la erradicación de la botellona o de los gorrillas. De papilla sólo se vive los primeros años. Ni la gestión pura y dura ni la escoba de oro le valieron para repetir en el gobierno a aquella alcaldesa de la austeridad que iba apagando las luces por el Ayuntamiento. De Zoido se espera mucho más que una papilla, mucho más que un albacea. Tal vez su problema sea que hay quienes esperan de él hasta mucho más que un alcalde.

IU se empequeñece

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2012 a las 22:25

Hay quienes son especialistas en instalarse en la queja como hay quienes se abonan con verdadero entusiasmo a las maniobras de automarginación. Sólo hay que leer el comunicado de IU en el que motiva su rechazo a la concesión del título de Hijo Predilecto a Felipe González para tener un buen ejemplo. Es evidente que en los años de felipismo hubo casos de corrupción, asuntos de especial gravedad y errores de todo tipo. Los años de gobierno de cualquier partido son un baúl en el que cabe de casi todo, como el bombo de la ropa sucia donde siempre caben más prendas. Nadie puede discutir que los sevillanos se montan en AVE quince años antes que los catalanes gracias a FG. Sólo por este motivo cabría honrar en su ciudad a quien lo hizo posible. La altura de miras es precisamente eso. Saber ver más allá, apreciar desde lo alto, tener perspectiva, dejar al lado las aristas para extraer lo bueno que hubo en favor del interés general de una ciudad que jamás había vivido un ciclo inversor como el de aquellos años previos a la Expo. Una lección universal es saber reconocer el mérito donde lo haya. Lo contrario es cicatería. Y Sevilla sabe bien lo que es la cicatería porque lleva veinte años pagando la factura de aquellos años en los presupuestos de las administraciones competentes (Estado y Junta). IU se empequeñece aún más al no apoyar el reconocimiento a FG. Se coloca en el rincón. Se autoexcluye en discursos trasnochados. Se apunta a la política de consumo interno desde la que se aprietan las filas pero nunca se crece. Zoido ha estado especialmente hábil en esta ocasión. Y eso ha irritado a los cicateros.

FG predilecto: gana la política

Carlos Navarro Antolín | 11 de mayo de 2012 a las 13:58

Era otoño de 2011 en aquel café de la Avenida cuando Juan Espadas frunció el ceño al intuir la posibilidad de que fuera un alcalde del PP quien lograra que Felipe González, por fin, fuera Hijo Predilecto de la Ciudad. Y era 2007 cuando a Monteseirín le falló el PP de Zoido en su segundo intento por conseguir este objetivo. Al alcalde socialista le habían negado sus apoyos en un primer intento el PA de los hermanos Villar y el PP de Raynaud conjuntamente y en otra ocasión posterior le salió rana IU, su socio de gobierno. Las vueltas que da la política: Zoido le entregará el título a FG, una distinción solicitada oficialmente el pasado abril por el PSOE de Espadas. Al final gana la política. Esa misma política que dejó sin honores civiles en vida a Francisco Morales Padrón. Con FG ha habido tiempo de hacer lo que se debe. Con Morales Padrón se ha llegado tarde.
Al final, un alcalde del PP honrará a Felipe González después de 12 años de alcalde socialista, de los que ocho lo fueron de “gobierno de progreso”. Y ya se sabe que lo que cuenta es la foto. Y llegar a tiempo.

Los triunfitos: una ocurrencia con riesgos

Carlos Navarro Antolín | 9 de mayo de 2012 a las 21:37

No son momentos para triunfitos en la gestión política, ni para debutar en la defensa del concepto del talento con una apuesta por las jóvenes promesas… de la canción. Simplemente porque no procede. Eso no toca, habría que decir ahora como cierta clase política de Madrid tan aficionada a usar ese comentario cuando rehuye las alcachofas. Precisamente porque la imagen lo condiciona todo en una política encorsetada, precongelada y huérfana de espontaneidad es por lo que se interpretó como un acierto que el alcalde suprimiera las recepciones en la caseta municipal la pasada Feria. Un gesto, un detalle, un guiño con quienes ya no tienen más agujeros en el cinturón que apretarse. Aquellas lonas echadas resultaron una imagen adecuada, una foto que ligaba perfectamente con la realidad de la calle, más aún porque todos los indicadores de consumo han revelado que ha sido una Feria ‘low cost’. Y por eso chirría ahora que el Ayuntamiento promueva una suerte de Operación Triunfo por distritos con ‘castings’, galas, semifinales y gran final. Estas “acciones de gobierno” no contribuyen a una imagen sólida, a un discurso de fuste como el que ahora se demanda. Esta iniciativa podrá resultar barata en comparación con proyectos del área de Juventud de años anteriores, podrá estar amadrinada por autores y letristas reconocidos y hasta podrá generar (seguro) colas de aspirantes a la fama, pero genera guasa en un momento delicado en que se exigen de los responsables públicos proyectos muy distintos y en los que se espera muchísimo más de los gobernantes. Como mínimo, algo más que una apurada concejal de Cultura, Juventud y Deportes emulando a aquella profesora de baile de la serie Fama que repetía machacona una frase célebre en la televisión de los años ochenta: “La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor”. Ea, todo el mundo a sudar al Teatro Alameda, escenario de la gran final.
Esta operación en pro del talento recuerda a aquello de los puentes con lunares que se vendieron en los tiempos del urbanismo feliz, cuando todo se admitía porque la mayoría del personal llegaba a fin de mes, las pólizas de los bancos se repartían por la calle como las octavillas de los menús de los restaurantes chinos y semejantes anuncios se atribuían a las ocurrencias habituales de una hornada de políticos rehenes de asesores oportunistas. Estos triunfitos merecen el pañuelo verde del toro cojo a riesgo de sembrar la Plaza Nueva de almohadillas en el primer aniversario de mandato. Urge dar la imagen de que se gestiona, porque por fortuna hay gente seria en el actual gobierno, y no de que se tienen ocurrencias, que también las está habiendo en el actual gobierno. Aunque sólo sea por una cuestión de imagen. Que por imagen (y Laraña) se cerró la caseta municipal.

Y el séptimo la enterró

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2012 a las 18:53

Ha tenido que llegar el séptimo consejero para tener el valor de quien señala la desnudez del rey y enterrar el proyecto de Ciudad de la Justicia porque en la caja se empadronan las arañas hace tiempo. De Llera ha macheteado este incómodo toro en su primer día como consejero de Justicia e Interior, le ha cortado las embestidas en un canutazo con periodistas tras tomar posesión de su cargo y lo ha mandado al desolladero. Lo de la Ciudad de la Justicia le ha durado a De Llera lo que uno de sus cafés en el Nuria: cinco minutos. Y ahora, a gobernar. Para oír la verdad del barquero han tenido que pasar seis consejeros, seis. De Carmen Hermosín a Emilio de Llera no hemos hecho más que tragar humo, ventear titulares huecos y construir castillos de tinta. La Ciudad de la Justicia es el nuevo túnel sin salida, como aquellos carteles del Metro. De Llera ha escrito un capítulo más de la historia de una ciudad a la que le cuesta un mundo que cuajen esos grandes proyectos que de verdad promueven el crecimiento de una urbe (El Metropolitano, Fibes, las grandes rondas…) Y, por supuesto, ha oficiado un entierro que es una muestra más del pim-pam-púm al que estamos condenado entre la Junta y el Ayuntamiento en los próximos tres años de mandato municipal.