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Barranca, el frío de los independientes

Carlos Navarro Antolín | 1 de mayo de 2016 a las 5:00

Pleno extraordinario del Ayuntamiento.  Comparece José Barranca.
El aserto jurídico dice que quien puede lo más puede lo menos. En Sevilla funciona maravillosamente. Miren la Plaza de San Francisco: quien coloca una jaima, coloca también muebles botelleros o alargaderas eléctricas. Miren la Plaza de la Encarnación: quien levanta un corsé con forma de setas que ahoga la plaza, es capaz también de afear aún más un espacio urbano de traza histórica al montar un zoco de barriada periférica los días de Navidad. Miren las Atarazanas… O mejor no las miren, cierren los ojos para que no sufra el corazón.

Si Sevilla tiene un alcalde capaz de desbloquear en pocos meses la situación de los terrenos del Puerto, cultivar una relación fluida con los alcaldes de otras capitales de provincia andaluzas, incluidos los de ideología opuesta a la suya, y acabar a la primera con los problemas de seguridad de la Semana Santa, también debe ser capaz de gestionar con la diligencia debida asuntos mucho más fáciles de afrontar. Espadas se pirra por la macropolítica, la economía, la sostenibilidad, el medio ambiente, las sinergias y esa ristra de conceptos baúles donde siempre caben todos los proyectos, análisis y teorías sesudas sobre modelos de ciudad. Es un político modelo hoja de excel, lo cual puede ser estupendo, pero no debería descuidar ciertos detalles. La dimisión del Defensor del Ciudadano, José Barranca, era un episodio evitable. Este militar ha estado ejerciendo hasta esta semana como presidente de la comisión de sugerencias y reclamaciones porque así lo dicta el reglamento, que insta a sus miembros a continuar en sus puestos hasta que la nueva Corporación municipal efectúe los nuevos nombramientos. También dice la norma que el gobierno debe tener lista la nueva composición de la oficina del Defensor en los tres meses siguientes a la toma de posesión. A Espadas, está claro, se le han ido los plazos. Lleva más de diez meses en el gobierno y no ha hecho estos mínimos deberes de micropolítica, digámoslo así.

El alcalde no debe decir que Barranca sabía que en diciembre terminaba su labor al haber entregado el informe anual sobre su actividad como Defensor. Los correos electrónicos que se han cruzado entre el Defensor y la delegada de Participación Ciudadana hasta hace poco demuestran que eso no es así. La concejal de la que depende la oficina no tenía asumido, al menos, que a partir de enero había que considerar expirada la relación con Barranca. O el alcalde y Adela Castaño no se coordinan, o Espadas simplemente ha evitado cualquier contacto con este curtido militar para no soliviantar a sus aliados de la izquierda radical.

Costaba muy poco recibir a Barranca, agradecerle los servicios prestados desde una independencia fuera de toda duda y promover su sustitución en el Pleno. Si al alcalde le han fallado los sustitutos, si se le ha atascado la negociación del nombramiento del nuevo Defensor con los grupos políticos, al menos podía haber atendido, aunque fuera en privado, algunos de los requerimientos de quien ha demostrado que no era un vasallo del gobierno que lo promovió al cargo (Zoido), ni ha estado dispuesto a perpetuarse en un puesto en el que se cobra una dieta ínfima.

Así no se despide al Defensor. Por una mera cuestión de estilo. Las vallas están bien en puntos clave del callejero en la Semana Santa, pero no para dejar aislado a quien ya anunció hace tres años que, al final, pagaría la factura de su independencia. Ni el alcalde del PP lo llamó al dejar el gobierno –¡qué caro le salió al Defensor decirle al rey que estaba desnudo!–, ni el del PSOE al acceder al cargo, no vaya a ser que molestemos a la izquierda radical con un recibimiento institucional a quien se ha declarado de derechas. ¡Horror! Está claro que ser independiente lleva aparejado sentir frío polar.

Ordenen el Puerto, conecten Santa Justa por tranvía y reordenen la calle Mateos Gago, pero cuiden también a las personas. No sólo al alcalde de Málaga.

El defensor no acepta mordazas

Carlos Navarro Antolín | 3 de abril de 2014 a las 5:00

JOSE BARRANCA

EL alcalde está sufriendo en sus carnes las consecuencias de meter en política a quienes no terminan de desligarse de sus profesiones anteriores. La verdad es que al revés también ocurre. A manojos hay quienes en sus puestos de trabajo hacen de políticos todo el día. Si Zoido tenía alguna duda de la idonenidad de desprenderse del catedrático Javier Landa en la próxima lista electoral (¿Lista electoral? ¡Mira los puñales, míralos cómo van y vienen!), está a punto de estallarle una polémica que le va dejar el horizonte más que despejado. Landa, número dos de la candidatura de 2011, se ha ido disipando como una botella de casera en la playa, dejando un regusto amargo que Zoido cada día lleva peor. Las polémicas internas casan muy mal con un Zoido que se pirra por el tono plano, que le encanta eso de que no se mueva un varal ni se filtre nada de la junta de gobierno o de la ejecutiva del partido. En el gobierno de Zoido se premia a quien no genera problemas y es capaz de desviar los golpes antes de que lleguen a la Alcaldía. Y de Landa está ya hasta la mismísima… chistera.
El primer teniente de alcalde retiene en su cajón desde hace ya un mes la memoria del Defensor del Ciudadano, el incombustible José Barranca. Se trata de una compilación de folios en las que este militar de profesión no sólo se limita a registrar todas y cada una de las quejas que le remiten los ciudadanos sobre ruidos, bares sin licencia, problemas de tráfico, abusos de la Hacienda local o monumentos en mal estado de conservación, sino que incluye una treintena de páginas con sus apreciaciones, análisis y opiniones en función del contacto directo que Barranca mantiene con los ciudadanos y también de su experiencia in situ, pues Barranca tiene dos poderosas armas, una bicicleta y una cámara de fotos con las que este militar de caballería retrata las pintadas de las zonas abandonadas de la Cartuja, los juguetes rotos de los parques, los jaramagos que nacen entre los adoquines o los más de 90 baches de la calle Cuna.
A Landa no le gusta que Barranca opine en la memoria oficial. Y por su cuenta(pensémoslo así) le ha sacado el pañuelo verde a un trabajo que refleja toda la actividad de la oficina del defensor a lo largo de 2013. Landa ha cometido la torpeza de devolverle a Barranca la memoria con tachaduras e indicaciones. Y de mandarle después una carta diciendo que elabore otra. Una misiva que dicen que Barranca ha roto ante varios testigos como Fraga hizo añicos aquella carta. Ni tutelas ni tutías. El Defensor no acepta mordazas.
Dicen que a Landa no le ha gustado que Barranca exprese con rotundidad que los intereses de Sevilla deben estar por encima de todos y de todo, en referencia a que la ciudad ha de estar colocada a esa altura a la que no llega la baja mira de los políticos. E incluso ha empleado el latín para expresar tan gratificante proclama. Landa ha hecho como los funcionarios palaciegos hicieron con el cofraderío suavón de esta ciudad, al que devolvieron el borrador de los estatutos plagado de indicaciones en rotulador rojo. A la autoridad eclesiástica se le vio entonces su anhelo intervencionista, como se le está viendo ahora a Landa. Toda una torpeza, toda una muestra de habilidad propia del espía portugués del chiste, toda una evidencia de que Landa no sólo censura opiniones libres, compartibles o no, sino que ignora que navega en unas aguas municipales cuya ictiofauna es rica en extraños bichos que tienen muy clara la ley de la supervivencia:pez comido, pez que no te come. El catedrático no se entera desde el minuto uno. Ya le ocurrió cuando recién fichado en 2011 un joven asesor le habló de tú al recibirlo en un despacho, una licencia que Landa le afeó de inmediato, a lo que el interlocutor le replicó extrañado: “¿Pero no eres ya de los nuestros, joé?”
Esa memoria con las correcciones de Landa es una bomba que hace tic-tac en el despacho del propio alcalde, harto de que el número dos no pare de generarle problemas, uno más precisamente cuando acaba de lograr un mensaje positivo de la Junta de Andalucía al proyecto de Altadis, un gesto de Susana Díaz que ha dejado a Juan Espadas, portavoz municipal del PSOE, con la brocha en la mano y sin escalera.

Entrevita al número 2 de la candidatura de Zoido
Landa no ha aprendido que la política tiene muy poco que ver con la Universidad. Y eso que la Universidad de ahora está tan decadente como la vida pública, por lo que su adaptación al hábitat político debiera haber sido más fácil. Pero no. Se ha metido en camisas de once varas para justificar por escrito la razón por la que no se izaba la bandera gay en el mástil del Ayuntamiento, se ha enfrentado al principal asesor de la Zona Franca (Rafael Salgueiro), una de las iniciativas que más ha cuidado el alcalde; expulsó a un fotógrafo del Salón Colón, enrabietó a los alumnos del Curso de Temas Sevillanos (personas de edad que cultivan el saber sobre su ciudad y que no son precisamente agentes de la izquierda radical) y ahora se enfrenta al Defensor del Ciudadano, un cargo que cobra 221,50 euros al mes. La otra torpeza del catedrático está en enfrentarse a un militar de caballería, que lleva a a gala el código ético en valores de tal forma que ha sacudido al gobierno del PP en innumerables ocasiones, ha aguantado que los concejales del PSOE e IU le hagan el vacío cada vez que interviene ante el Pleno y ha soportado el ninguneo de los suyos que no le invitan a los actos institucionales.
A Barranca se le podrá criticar por sus opiniones, pero no por ser servil a quienes le han nombrado. “Mi independencia me pasará factura”, dijo hace un año a este periódico. O la memoria de 2013 se publica por la imprenta municipal tal cual la ha redactado Barranca, o alguien tiene mucho interés en que el Defensor, efectivamente, pida la cuenta y añada esa coletilla tan sevillana del ya estoy yo en mi casa. Parece que al final ni Barranca ni Landa eran de los nuestros, joé.