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Sevilla espera a Pablo Casado

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2018 a las 5:00

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Pablo Casado no ha pisado Sevilla como presidente del PP. La última vez que estuvo en la capital de Andalucía fue para hacer campaña en las primarias, cuando convocó un acto en la sede regional del partido. Aquel día fue recogido en la estación de Santa Justa por la presidenta provincial, Virginia Pérez. Desde su triunfo en el congreso extraordinario, Casado ha estado en Almería, Córdoba, Málaga y Algeciras. El caso es que el casadismo en Andalucía no existe de momento. Está pendiente de fundación. Y tendrá que constituirse, necesariamente, por medio de los conversos repentinos al casadismo (antiguos partidarios de Cospedal) o de neocasadistas procedentes del sorayismo que arrasó en las primarias.

El PP andaluz apoyó masivamente a Soraya Saénz de Santamaría, con Juan Manuel Moreno Bonilla y Javier Arenas como principales referencias. Los cospedalistas se pasaron al bando de Casado tras la derrota en las primarias por una cuestión de pura supervivencia. Ironías del destino, Casado se estrenará en unas elecciones en la región donde, en el inicio de su carrera a la presidencia, no contó con partidarios de peso.

El partido en Andalucía es un manojo de nervios y tensiones desde el congreso extraordinario. Esto se explica porque casi nadie puede presumir de ser al cien por cien del lider, pero todo el mundo se ve en la tesitura (incluido un histórico como Arenas) de mover ficha para estar en las listas electorales o asegurar su futuro. De entre los escasos casadistas andaluces con algún grado de relevancia están Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento de Andalucía, pero relegada a un puesto de Defensora del Afiliado en el nuevo organigrama de Génova; el alcalde de Vejer de la Frontera, José Ortiz, elevado a secretario del Grupo Popular en el Senado y que es el único que parece aspirar a poner en marcha el casadismo andaluz; algunos diputados autonómicos como Teresa Ruiz-Sillero o Guillermo García Longoria, el presidente del PP de San Fernando, José Loaiza o el portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite. Para encontrar más casadistas ‘pata negra’ habría que descender ya a alcaldes de municipios menores.

Cómo será el casadismo andaluz dependerá mucho del resultado de las elecciones autonómicas, donde Ciudadanos apostará muy fuerte con Albert Rivera e Inés Arrimadas muy presentes durante toda la campaña. Los antiguos sorayistas aspiran, al menos, a que Moreno Bonilla salve los muebles con un resultado digno. Eso les bastaría para mantenerse vivos políticamente. Si el malagueño se pega un trastazo en las urnas, como sería perder la condición de segunda fuerza política, todo indica que esa misma noche tendrá que tomar una decisión en firme. De hecho, muchos de los movimientos internos en el PP andaluz trabajan ahora misma con este pronóstico. Los cospedalistas barajan la figura del ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, como relevo para la presidencia del partido. El ex secretario de Estado del Ministerio del Interior, que ahora mismo carece de cargo institucional, forma parte del comité ejecutivo del PP, que tiene 97 miembros.

La clave será si Nieto es integrado en la lista autonómica por Córdoba para que se garantice un puesto en el hemiciclo de las Cinco Llagas. Nieto está muy vinculado a Juan Ignacio Zoido, presidente del Comité Electoral al que Casado deja sentarse en los maitines de los lunes, pero que no forma parte del denominado Comité de Dirección. De hecho, este comité (que es el que de verdad pilota la gran nave del partido) está formado por sólo cinco miembros (el presidente, el secretario general y los tres portavoces parlamentarios), pues Casado ha dejado técnicamente fuera hasta a los vicesecretarios generales.

Los hasta ahora sorayistas tendrían que buscar un nuevo rostro si Moreno Bonilla cosecha un fracaso sonado, y es entonces cuando podría entrar en juego el perfil de Fátima Báñez, ex ministra de Empleo que ha decidido seguir en política tras la marcha de Sáenz de Santamaría, su gran mentora y amiga personal.

En este proceso de cambio obligado del PP andaluz, nunca hay que olvidar la figura de Javier Arenas. Es evidente que la renovación del partido no puede pasar por su imagen, pero también lo es que se moverá (se mueve, nunca deja de moverse) para tener su sitio. Se trata de una combinación difícil, una operación que quedará ligada igualmente al resultado de las autonómicas. Arenas es actualmente senador por designación del Parlamento, donde el PP cuenta con cuatro actas. Nadie descarta que pueda perder alguna si sufre un revés electoral, por lo que la búsqueda de huecos sería más difícil.

En Sevilla, el candidato del PP a la Alcaldía, Beltrán Pérez, mantiene una relación fluida con Javier Maroto, vicesecretario general, por medio de su asesor electoral, Rafael Laza, jefe de gabinete del político de Vitoria. Pérez también recupera el contacto con Juan Ignacio Zoido, ex alcalde de Sevilla. Los nuevos tiempos obligan a retomar relaciones por el bien de la marca del partido.

Y el cospedalista José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, se llevó este septiembre a la feria de su localidad al alcalde de Vejer de la Frontera, todo un guiño del sevillano a quien pretende ser heraldo del casadismo andaluz. El PP solo tiene siete alcaldías en la provincia de Sevilla, donde curiosamente hubo uno que ejerció de casadista desde el principio: Ricardo Sánchez, de Mairena del Alcor. Sánchez fue por decisión de Moreno Bonilla el presidente del polémico Congreso del PP de Sevilla, pero cuando llegaron las primarias nacionales se desmarcó de la directriz del aparato regional y fue por libre al apoyar a Casado.

 

La caída de Rajoy beneficia al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de junio de 2018 a las 5:00

PREMIO CLAVERO AREVALO A SOLEDAD BECERRIL

EN el aparato del PP de Sevilla se esfuerzan estos días en poner rostro de recibir el pésame. Ay, qué malita cara parece que tienen las criaturas. Asisten al funeral de la pérdida del Gobierno de España, pero en el fondo respiran con cierto alivio. El núcleo duro se concentró el viernes en el despacho de la presidenta provincial, Virginia Pérez, para asistir en directo al adiós de Rajoy. Sí, claro que hubo comentarios sobre la “injusticia” de la situación y se oyeron lamentos varios, pero, en el fondo, el enemigo interno (Cospedal y Zoido con sus cuadrillas de leales) ha quedado como los vampiros tras ingerir verbena: muy debilitado. Es cierto que la mayoría de la gente, los votantes que hacen la ciudad día a día, difícilmente entenderán que en el PP sevillano haya quienes celebran en privado que Zoido ya no sea ministro del Interior, o que Cospedal tenga que dejar el Ministerio de Defensa y recluirse en una secretaría general en la que a ver cómo se entiende ahora con Martínez Maíllo. Zoido y Cospedal asistirán a la confección de las listas electorales sin plaza ya en la bancada azul. Y eso libera de presión a los manijeros, a la camarlenga y a todos los que se la jugaron en el polémico congreso provincial a cara de perro. Guau.

La pérdida de la Moncloa beneficia al aparato del partido en Sevilla, aunque nadie vaya a reconocer esta ventaja repentina que se ha obtenido por la mudanza sorpresiva que a estas horas se ultima en Madrid. Todo ha ocurrido tan pronto que no ha habido ni un instante para digerir la situación.

Estos tiempos de amargura en Madrid despejan el horizonte de la estructura provincial del PP y, nunca se olvide, puede ser rentabilizada por la oposición municipal que lidera Beltrán Pérez. El entendimiento del PSOE de Pedro Sánchez con los separatistas catalanes, el nacionalismo vasco y la extrema izquierda con casoplón en Galapagar, le pueden servir al portavoz del PP para armar un discurso contra la imagen moderada del alcalde Juan Espadas. El alcalde, ya se sabe, encaja mejor en la socialdemocracia de Felipe y Guerra, que en el actual partido del puño y la rosa, ávido poder y que vende su alma al diablo (¡Sí se puede!) con tal de alcanzar la Moncloa.

El PP sevillano se ha conjurado para cerrar las puertas a los que retornan en el AVE para quedarse en Sevilla. La memoria es prima hermana de la política cuando se trata de servir platos fríos. Toda mudanza es una fuente generadora de estrés en el ser humano, tan animal de costumbre, tan miedoso al cambio que, nunca se olvide, puede resistir cuarenta años con los mismos gobiernos. Fíjense, por ejemplo, qué poco amigos de las mudanzas son los andaluces. De Franco al PSOE. Hasta tal punto que el apellido del dictador le suena a muchos jóvenes a calle por la que pasan cofradías.

El PPde Sevilla sufre la cuaresma en el altar, pero sonríe en la sacristía. Queda un año para las elecciones municipales, un tiempo de regeneración si en Madrid se hacen medianamente bien las cosas, o un período para mandar el partido definitivamente al pudridero si se hacen mal. Si el recambio de Rajoy es Alberto Núñez Feijoó, el PP sevillano está la mar de bien colocado. Basta recordar que el presidente gallego compartió velada con la delegación sevillana en la última gran convención, la celebrada en la capital de Andalucía con Cristina Cifuentes todavía de protagonista. Aquel día Feijoó fue agasajado por los chicos de Arenas. Y la apuesta de Virginia Pérez, presidenta provincial, no ofreció dudas. La camarlenga se levantó de la cena formal con Rajoy, abandonó el reservado de Robles antes de los postres y se fue al bar El Copo para estar con Feijoó, con el que se había citado antes de saber que debía acudir a sentarse a mesa y mantel con el presidente del Gobierno. Hay que reconocer que casi nadie sería capaz de dejar a un jefe del Ejecutivo y del partido en plena cena para irse con un presidente autonómico con vitola de delfín. Pero lo hizo.

La mudanza en la Moncloa, qué curiosidad, coincide con la del PP de Sevilla. De la calle Rioja a Luis Montoto. En un radio muy reducido coincidirán las sedes del PP, PSOE y Ciudadanos. Una de las últimas vivencias en la sede pepera de la calle Rioja ha sido, precisamente, el seguimiento melancólico del adiós de Rajoy.

El ejército de Zoido está desarmado y Espadas tendrá que aguantar en los Plenos las acusaciones sobre el entendimiento de su partido con Podemos y los esbirros de Puigdemont. Y quién sabe si como alcalde tendrá que verse con ministros o delegados del Gobierno nada amigos de La Que Manda en el PSOE andaluz. Hay que destacar que Espadas ha sabido valerse de los votos de Participa Sevilla e Izquierda Unida y gobernar después alejado de sus formas. Ya quisiera el presidente Sánchez pode seguir esa senda.

El PP de Sevilla también sonríe en privado porque Ciudadanos tendrá que justificar su apoyo al PSOE de Espadas en esta nueva coyuntura. E incluso en un futuro, la formación naranja lo tendrá más complicado si el alcalde no lanza un mensaje claro ante decisiones del presidente Sánchez que comprometan la cohesión territorial de España. Ciudadanos ha sido hasta ahora inflexible en su discurso sobre la unidad de la nación. Y Sánchez ya se ha mostrado dispuesto a sentarse con el nuevo presidente catalán, ese tipo del lazo amarillo y las continuas alusiones a los “presos políticos”. Peligro.

Todos estos factores entrarán en juego en clave local. Mientras, el PP necesita regenerarse. La pérdida de la Moncloa favorece a Beltrán Pérez porque debilita a sus enemigos internos y hasta puede ser un tiempo para la recuperación de unas siglas castigadas por la corrupción. Pero cuanto más tarde esa regeneración, más complicado lo tendrá.

El papel de Arenas también será importante. Si el de Olvera se sitúa bien en el previsiblemente nuevo organigrama del PP en España, los populares sevillanos seguirán teniendo alguien en Madrid al que se le ponen al teléfono todos los dirigentes del partido. Arenas acudió ayer al comité de campaña, una asistencia más que simbólica en tiempos delicados por mucho que llegara a última hora. Si los gatos tienen siete vidas, los linces como Arenas pueden aspirar a la vida eterna. Los cambios en el PP habrán de ser en la estructura nacional. La andaluza, de momento, no experimentará ninguno al ser los comicios autonómicos los primeros en el calendario. Un debate distinto será el de los muy previsibles movimientos internos en la sede regional si Moreno Bonilla sufre un resultado estrepitoso.

Arenas ayudará a Rajoy a diseñar la sucesión, como lo ayudó decisivamente en el congreso de Valencia de 2007. Y desde su puesto de vicesecretario general intentará conservar la influencia en Sevilla a la espera de las autonómicas y municipales. Mientras tanto seguirá yendo de Madrid a Sevilla y de Sevilla a Madrid, porque la política es un tren AVE de ida y vuelta en el que unas veces se viaja en turista y otras en preferente, pero que siempre, siempre, está en movimiento. En los funerales es menester no sonreír. Y después beber vino.