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Ser gerente de Lipasam conlleva riesgos para el hígado

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2012 a las 18:42

Sabíamos que para ser director general en el Ayuntamiento o gerente de una sociedad municipal u organismo autónomo en el zoidismo imperante se requiere ser funcionario o estar dispuesto a asumir una bajada de sueldo. Así nos lo vendió el gobierno en sus primeros cien días. Lo que ignorábamos es que en ciertos casos hubiera que tener un hígado capaz de funcionar a pedales si es preciso. Vamos, un hígado con piloto automático. Un hígado con memoria. El alcalde estuvo glorioso cuando decretó el fin de la política en los reservados de los restaurantes, para gran disgusto de Jesús Becerra y sus colegas de la hostelería. Y es verdad que se acabaron, vaya que si se acabaron. Tan es así que si usted se encuentra a un concejal del gobierno, haga como en el antiguo régimen con los pobres, que había que sentarlos en su mesa por Navidad. Pues ahora, invite a un teniente de alcalde al café con la media tostada cuando los vea vivaqueando por la Plaza Nueva. Ellos se lo agradecerán. Porque el alcalde los ha dejado tiesos en el presupuesto de prebendas. Pero aún queda quien resiste ahora y siempre a las restricciones, como la aldea de los locos galos con los romanos. El gerente de Lipasam sigue cultivando el estilo antiguo, aquel por el que había que comerse muchos langostinos para llevar los garbanzos a casa. Resulta que don Paco Pepe, que así se llama tan eficaz gerente, ha logrado que los caballos de coches de punto lleven pañales, lo cual estaba en las asignaturas pendientes de la ciudad. Un logro histórico, que diría uno de esos tontos de la historia para los que casi todo es histórico. Y don Paco Pepe ha escrito un correo electrónico interno en el que felicita a toda la compañía, saca pecho cual novillero triunfante y hace balance del camino espinoso que ha recorrido para alcanzar tan anhelado objetivo:

“Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”.

¡Toma, eso es un gerente de los de toda la vida! Que los de ahora mucho pañuelito visto en la tiradora, muy bien afeitados y muy discretos, pero son como la nueva curia de Palacio: ni se les ve, ni se les nota. Menudo sopor. Don Paco Pepe arregla las cosas como hay que arreglarlas. Y al hígado ya le daremos espinacas. A este hombre lo ponía yo al frente de la misión diplomática de Gibraltar, que seguro que lo arreglaba con la misma eficacia que le ha puesto los dodotis a los equinos, cuyas cacas algunos consideraban poco menos que bien de interés cultural. Pero para la próxima, ya sabe lo que tiene que hacer don Paco Pepe: un poquito de benadón 300 mg. Y a disfrutar de la Feria…sin cacas de caballo.