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Ser diputado ni es oficio ni es profesión

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2013 a las 5:00

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LOS BOPA los carga y el diablo y los lee… ¿Alguien los lee? Pues deberían hacerse talleres de lectura de los BOPA, de los BOJA y de los BOE como hay talleres de cocina, de encaje de bolillos, de manualidades orientales y hasta de periodismo cofradiero, que no cofrade, que se sigue confundiendo el sustantivo con el adjetivo. Los BOPA hay que saber leerlos como el flamenco hay que saber escucharlo. Hay que tener vista con un BOPA como hay que tener oído para la guitarra. Cada BOPA es como un huevo kinder, siempre trae regalo. El BOPA es el Boletín Oficial del Parlamento de Andalucía, que suena a la mopa con la que antes se limpiaba el suelo y que también sirve de ardid para llamar a Moya y que no te peguen el premio. Leemos en el BOPA el pliego de condiciones para la contratación del seguro de vida y accidentes para el colectivo de diputados y el personal del Parlamento, un tema de apasionante lectura, de los que deja a uno toda la noche en vela, un efecto estimulante sólo superado por el hilo argumental del listín telefónico. Pues bien, el colectivo de asegurados se divide en dos grupos, siendo el primero el correspondiente a los diputados y al letrado mayor, un total de 101 asegurados, y siendo el segundo el que agrupa al personal del Parlamento, que suman un total de 202 asegurados. Para el grupo primero de los señores diputados se estipula un seguro general por fallecimiento de 216.364 euros y varios seguros complementarios, tales como 432.720 euros por fallecimiento en accidente o por incapacidad permanente absoluta o gran invalidez por accidente. Para el grupo segundo de trabajadores de la casa, las vacas vienen flacas, pero tela de flacas, pues sólo se estipulan 36.060 euros por fallecimiento. La clave está en el epígrafe que regula los casos de incapacidad permanente absoluta para toda profesión. Ojo, que se precisa lo de “para toda profesión” con toda intención, pues se regula que en el caso desgraciado de que se incurra en este supuesto, el beneficiado por el seguro no podrá retornar a su puesto de trabajo, cosa que parece de toda lógica. Pero en el último párrafo, ay te pillé, se exceptúa lo siguiente: “A efectos de la presente póliza, la condición de diputado no tiene la consideración de profesión u oficio, por lo que la indemnización por esta cobertura no es incompatible con la continuidad en el desempeño en el cargo o el ejercicio del mismo”. Es decir que el diputado podría cobrar entre 216.000 y 432.000 euros, según el infortunado supuesto, seguir en el escaño y continuar siendo beneficiario del seguro en caso de nuevas y nunca deseables incidencias, ya que ser diputado ni es un oficio ni una profesión… Debe ser un hobbie, una suerte de bricolaje para las horas libres. O quizás sea que eso de ser diputado imprime carácter como los sacramentos de la Iglesia, de ahí que, por ejemplo, tengan una cobertura mucho mayor que el personal del Parlamento. O tal vez sean meros espíritus libres, una raza superior, una especie de cuerpos benditos, seres incorruptos (tararí)… O quizás el pliego de condiciones va cargado de mala uva por los 50 diputados del PP, que parece que se han bajado de una nave marciana por la cara que se les ha quedado desde aquel Domingo de Pasión de urnas abiertas y rostros estreñidos. Porque lo de los diputados del PP forma parte ya de los misterios de la ciudad. ¿Por qué siempre llueve los Viernes Santo? ¿Por qué el túnel de Arjona tiene una curva justo en el punto central? ¿A qué se dedican los 50 diputados del PP en el Parlamento? Porque tienen que tener tiempo libre como para leer el BOPA dos veces al día. Cosas de marcianos.