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Intento de estafa con la caseta del PP

Carlos Navarro Antolín | 14 de marzo de 2018 a las 5:00

CASETAS

EL listo de turno ha querido hacer un negocio redondo. O los listos y laslistas. No las listas electorales, oiga. El mercado negro de las casetas ha estado a punto, a puntito, de afectar nada menos que al Partido Popular en Sevilla, que tiene una caseta en la calle Pascual Márquez, números 66 al 70. Quizás, quién sabe, alguien ha querido sacar provecho de que todas las miradas están centradas en el proceso de designación del candidato a la Alcaldía, en los intentos de unos y otros por defender a sus respectivos aspirantes. En el hipódromo de la calle Rioja los caballos corren. Alguno jadea y suda en exceso por la boca, otros llevan la velocidad de un pecherón. Y hasta hay alguno que parece afectado por aquella lejana peste equina. En plena marejadilla interna, alguien ha enviado correos electrónicos detallando una suculenta oferta: disfrutar como “socio” de esta caseta durante toda la Feria a cambio del pago de 1.200 euros que debían ser ingresados en una cuenta abierta al efecto. El correo electrónico ha llegado a personajes muy conocidos en la ciudad. El incauto emisor ha dejado al descubierto todas las direcciones de los supuestos interesados. La cúpula del partido no se enteró de los hechos hasta el pasado jueves. La sospecha, en principio, apuntaba a la posibilidad de que la formación política hubiera perdido la caseta por olvido en el pago de las tasas, pues hubo destinatarios del correo que se percataron de que la dirección de la caseta era la del PP y creyeron de buena fe que se trataba de una pérdida de los derechos y de la posterior nueva adjudicación. Pero no, el Ayuntamiento confirmó que todo estaba en regla. El partido político seguía siendo titular de la caseta. Unas mínimas indagaciones sirvieron para comprobar que alguien vinculado a la cadena de explotación de la caseta estaba ofreciendo su uso privativo, cuando se trata de una caseta de titularidad privada pero de uso eminentemente público. Estaríamos ante una operación expresamente prohibida y especialmente castigada por las ordenanzas reguladoras de la Feria.

Bastó tirar de los hilos para que afloraran los nervios. Cuando los protagonistas de la supuesta estafa estaban ya pillados, enviaron un correo electrónico desmontando la operación, la misma que habían anunciado con todo detalle en el correo electrónico inicial. Todo está recogido en esos correos, según aseguran fuentes relacionadas con los hechos.

El PP recurrió el lunes al juzgado de guardia, donde interpuso una denuncia penal por si los hechos “fueses constitutivos de un delito de estafa del artículo 248 del Código Penal”. En la denuncia se detalla que la caseta tiene tres módulos que suman la nada despreciable extensión de 301 metros cuadrados y se pide al juez, como es de rigor, que efectúe las diligencias necesarias para la aclaración de los hechos.

Por cierto, 1.200 euros no es precio de oferta, precisamente. Salvo que incluya la cena inaugural del pescao. Y unos cuantos chorizos. Muchos chorizos.

Sobrinos de quita y pon

Carlos Navarro Antolín | 9 de diciembre de 2010 a las 9:35

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Primero fue con una caseta de Feria, cuestión especialmente sensible en una ciudad como Sevilla. Se lió y gorda por aquel entonces. Hubo mucha pérdida de nervios. Aquella polémica puso al borde del descontrol a algún miembro del gobierno y hasta a alguno de la oposición cuando el concejal socialista Francisco Fernández aplicó el socorrido Y tú mas en un Pleno de agrio recuerdo. Y ahora es con una sobrina que por momentos no es sobrina (“Es de mi mujer”) pero que al final resulta que sí es sobrina y que todo el mundo en la empresa la tiene como su sobrina desde que ingresó en ella en 2007.

Dice el teniente de alcalde Alfonso Mir que su sobrina, que efectivamente lo es, entró de becaria en Lipasam como otros cientos de jóvenes, pero, oh casualidad, ella fue la que obtuvo un contrato en 2009 (término casi en extinción) cuando, oh también casualidad, se quedó un puesto vacante por una prejubilación (no confundir con esas otras prejubilaciones que usted se piensa).

Lo peor, o lo más impactante de todo, es una de las respuestas obtenidas al realizar una llamada telefónica para interesarnos por el asunto de la sobrinísima: “Hace ya tiempo que esperábamos esta llamada”. Cuando el dinero público está de por medio, el vicepresidente ejecutivo de una empresa municipal no debe contratar a dedo a su sobrina. Aunque diga que no es su sobrina. Pero al final resulte que lo sea. Sobrinos, lo que se dice sobrinos, tienen ciertos curas. Y ya se sabe que esos siempre, siempre, son sobrinos. Indiscutiblemente sobrinos. Y nada más que sobrinos. Y está visto que los sobrinos de algunos políticos son de quita y pon. Deben ser como las casetas.