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El doble tumor de la Catedral

Carlos Navarro Antolín | 2 de mayo de 2015 a las 5:00

avenida1

Real Madrid
Maltratada por dentro y por fuera. Tiene el interior aquejado por el colesterol de las vallas. La gente se molesta con los cazafirmas que pueblan las calles y que obligan a ir dando nones. En la Catedral es peor. En la Catedral hay que dar explicaciones. Hay que ir convenciendo a las azafatas de la clausura –que son esas trabajadoras de abrigo largo tipo Doctor Chivago en los fríos de enero– para que descorran la cinta y te permitan el paso porque uno va a misa, uno va a unas bodas de plata en la Capilla Real, o uno quiere simplemente verle la cara a La Cieguecita, ¿pasa algo? Entrar en la Catedral tiene mucho de videojuego con fases en las que hay que superar distintos obstáculos. Cualquier templo de Sevilla resulta mucho más cómodo que una Catedral tan conservada con primor, como consagrada al turismo de pago con obsesión, con agentes de seguridad que responden al prototipo del cancerbero, aquel perro mitológico de tres cabezas que guardaba las puertas del… infierno. Alguno he visto que experimenta un verdadero placer en el rostro cuando no deja pasar a unos fieles. Se tienen bien aprendido el espíritu de la compañía: el turista paga, el fiel no.

La pobre Catedral tiene ese tumor interno de vallas que hace metástasis con el estilo agreste que incomoda al fiel que no pasa por taquilla. Ytiene un tumor externo que ataca su estética de Mercadante. Cerraron al tráfico la Avenida con la coartada de preservar su fachada principal de la contaminación. La piedra se ennegrecía por efecto de los escapes de los autobuses de Tussam. Por la Avenida ya no pasan los autobuses, pero hay que ver la cantidad de cosas que pasan que no son peatones. La piedra ya no se ennegrece. Ahora es la Avenida la que cada mañana aparece más afeada y se ha sumado al cinturón de mal gusto que rodea el monumento más importante de la ciudad. Un cinturón que aún puede seguir ahogando más la belleza gótica de un edificio aún más bello cuando llueve. Frente a la Puerta de San Miguel chirrían cada noche –horror de los horrores– las terribles luces azules del comercio chino de complementos para el móvil. Y muy cerca, una heladería con estruendo interior de luces verdes que parece una tortuga. Nuevos negocios, nuevas agresiones. Mateos Gago es la Benidorm de Sevilla, ciudad de veladores. Placentines huele a pizzas y comida marroquí. Y la Avenida es una cochambre a cuyo lado hasta las urgencias del Macarena son un ejemplo de orden.

Ni las comisiones provinciales de patrimonio, ni las locales. Ni los delegados de Urbanismo, ni los planes especiales, ni nada por el estilo. Tienen la misma utilidad que el regalo de recuerdo que los novios dan a sus invitados. Como dijo Arenas tras cinco intentos para ser presidente de la Junta: “Tó pa ná, tó pa ná”. El chino le da al botón cada noche y aquello es el alumbrado de la portada del Nacimiento. Ni un club de alterne de carretera llama tanto la atención. Y se quejaban de los autobuses de Tussam. Tan bellos ellos, con ese color cítrico de fruta del Patio de los Naranjos. Lo dicho: tó pa ná.
Real Madrid

Ni Giralda, ni Mezquita: la clave es la pasta

Carlos Navarro Antolín | 16 de marzo de 2015 a las 5:00

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La candidata de Podemos, Teresa Rodríguez, ha exigido a la Iglesia Católica transparencia en las inmatriculaciones de bienes. Teresa Rodríguez quiere información sobre los inmuebles que la autoridad eclesiástica ha inscrito por primera vez en el Registro de la Propiedad, que en eso consiste la inmatriculación, gracias al procedimiento exprés arbitrado por Aznar, que concedió facultades de fedatarios a los secretarios generales de las diócesis. La misma señora se descuelga pidiendo que la Giralda, además de la Mezquita de Córdoba, pase a ser de titularidad pública. La candidata ignora (¿de verdad lo ignora?)que todas las inmatriculaciones efectuadas por la Iglesia Católica u otras entidades, instituciones y particulares están en el Registro de la Propiedad. No hay más misterio. Precisamente es el objetivo del acto de inmatriculación:conseguir las garantías a que da derecho la publicidad registral. La Giralda, junto con toda la Catedral y la anexa Parroquia del Sagrario, quedaron inmatriculadas gracias a una certificación expedida por el Arzobispado el 1 de febrero de 2010. Lleva cinco años blindada en el Registro, como puede comprobar cualquier hijo de vecino que acuda al mostrador, demuestre un interés legítimo y pidauna nota simple de la sevillana Plaza Virgen de los Reyes, número 6. No hay más morbo.

Con la Mezquita de Córdoba y las reivindicaciones de IU, Podemos y ciertas plataformas laicistas, hay un fondo mayor, al margen de arañar titulares fáciles en plena campaña. La gran clave no es otra que la habitual:el dinero. Donde hay dinero (y mucho)hay poder. Yel frente laicista ha olido bien la presa. El Cabildo Catedral de Córdoba es de los más ricos de España. La Mezquita es una auténtica gallina de los huevos de oro, muy por encima de otras catedrales de España. No han trascendido sus cuentas, al menos no con el detalle con que suelen dar a conocer en el caso de la Catedral de Sevilla. La Mezquita también está blindada en el Registro de la Propiedad, no hay ninguna falta de transparencia en esta inmatriculación. La Iglesia Católica –es cierto– tiene un frente abierto en Córdoba. Si el Cabildo publica las cuentas, ganará en transparencia. Pero hay cifras que pueden provocar escándalo. Y lo saben.

La liquidación de la quinta del Cardenal

Carlos Navarro Antolín | 22 de noviembre de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 27/02/2014.
EL día que un muchacho llamado Alfonso Jiménez recogió en la Real Maestranza el premio al mejor expediente de la Facultad de Arquitectura, su padre quiso que Curro Romero, presente en la ceremonia, firmara detrás del diploma. El Faraón de Camas dejó el toreo en 2000, unos meses después del fallecimiento de Diodoro Canorea, el empresario con el que se entendió a la perfección al negociar el número de tardes en el abono sevillano. Tres o cuatro en la Feria y una en San Miguel. Sin Diodoro, Romero no se veía. El ciclo estaba liquidado. No lo retiró un toro, sino la interpretación precisa de la coyuntura.
Ironía del destino, al maestro mayor de la Catedral no lo quita su edad de los andamios del templo, sino que ya no tiene a Francisco Navarro a su lado, su particular Canorea con el que confeccionaba el programa de obras de cada año como Curro y Canorea pactaban cada temporada. La vejez que esgrime don Alfonso en su carta se merece un tururú de grande como la Catedral y su sucursal del Salvador (convertida en museo con tienda en la puerta principal) juntas. Con Jiménez se va la última gran referencia de un pontificado de casi 30 años. En esta diócesis ocurren cosas muy extrañas: en una misma semana hay un cura que entrega las llaves de la parroquia al vicario de zona y un arquitecto de prestigio que entona el ya estoy yo en mi casa cuando sabemos que se encuentra divinamente y con salud para seguir quitando jaramagos de los pináculos e inventando andamios imposibles para auscultar esa piedra con la que yo creo que ha llegado a hablar a solas como el doctor Rodríguez de la Fuente se entendía con los lobos.
La quinta del Cardenal está en liquidación. A cierta edad y con cierto currículum no está uno para admitir ciertas tutelas. Ni para bailar con el loberío de medio aullido. Querido don Alfonso, lo de la edad se lo cuenta usted a los canónigos. O al Lagarto de la Catedral.

El imperio de la pizarra abatible

Carlos Navarro Antolín | 3 de febrero de 2014 a las 9:46

jovellanos
DICEN los expertos que a la Catedral de Sevilla le falta un gran espacio abierto que permita la contemplación de la fachada principal, que es la de la Asunción, por donde entran los nuevos obispos con cara de susto y por donde salen con los pies por delante y con peor cara aún. La Catedral de Sevilla no tiene esa gran plaza, explanada o espacio abierto que permita disfrutar con perspectiva de la monumentalidad de esa gran montaña hueca. Con el impacto hermoso de la Catedral se topa uno procedente de la Plaza de la Contratación, como un gigante que irrumpe siempre en el paseo del turista novato y del nativo que conserva la capacidad de sorpresa. Pero la fachada principal no tiene metros cuadrados por delante que canten su poderío. Si la enormidad interior de la Catedral se lo come todo por dentro, dejando a veces ridículo cualquier exorno floral, altar o estructura que no esté debidamente presentado, por el exterior pierde todo el impacto por el ahogo que ejerce la inhóspita Avenida, una Avenida que es a la Catedral lo que la calle Imagen a la trama urbana del centro histórico: un horror del tamaño de la campana de San Cristóbal. El caso es que como no hay forma de tener esa visión global, a la Catedral hay que mirarla por partes, buscando los rincones y las perspectivas, casi como la mayoría de pequeños templos de la ciudad.
Si la Catedral está condicionada por el diseño urbano tanto como está afeada por el rosario de bares chillones, tenderetes de camisetas y olores de fritanga, hay también capillas con todo su encanto que sufren el mismo problema, templos recoletos con portadas barrocas ahogadas por la cartelería abatible de una hostelería que saca sus propias tropas a la calle: los camareros a la búsqueda de los clientes, como laceros de Puerto Banús exportados a Sevilla, y las pizarras con el menú del día y el pida la exquisita pringá que no se arrepentirá. La infantería del sector terciario no entiende de perspectivas de catedrales ni de la calle Jovellanos, donde hasta hace poco uno se deleitaba con la estética de portalón y hornacinas con imaginería de Duque Cornejo. Los gamberros la tomaron hace pocos años con la capillita de San José atacando las imágenes de frailes de su portada. Y ahora la agresión es de otro tipo, practicada al amparo de la regla suprema de todo por el consumo, con el aval de la misma autoridad que puebla de veladores la Plaza de San Francisco o que hace la vista gorda en tantas y tantas calles convertidas en un Benidorm de pizarras, calefactores y camareros vestidos a lo Baremboin. Las ciudades se miden y mucho por cómo cuidan su patrimonio. A nadie se le ocurre colocar un anuncio de macarrones y pizzas delante de la fachada de San Andrea del Quirinal en Roma, por poner un ejemplo similar al de esta capillita mancillada por los tentáculos de la fiebre hostelera, víctima del imperio de la pizarra abatible. ¿Dónde está el gerente de Urbanismo para mandar a sus inspectores y cuidar la imagen de la ciudad ante los turistas? Aquí venga a presumir de la macrogestión para traer aviones de Estambul y venga a sacar campañas con lemas en inglés como la del We love people, que hay que ver lo bien que pronuncia el alcalde el lema del We love people, con lo malamente que lo pasaba el hombre en los días señalaítos de campaña con aquella promesa del Open government, mucho más difícil de pronunciar y que me lo traía por la calle de la Amargura (dos pasos). Jesús, otra vez el Open Government, pensaba Zoido cada vez que el asesor le mandaba tirar de tecnicismos extranjeros para ronear en los barrios de batas y rulos. Parecía un vendedor de lavadoras, pero de los buenos, de los que al final vende la lavadora y la clienta se va la mar de satisfecha y cuchicheando con el marido desconfiado.
–Este hombre tiene cara de buena persona, so malpensado.
Al alcalde le pasa con el inglés lo que a todos los presidentes del Gobierno de España. Ni pajolera. Hay un sevillano que recuerda con toda precisión una charla a pie de calle con Zoido, de las mil que tiene al día cuando no está perdiendo el tiempo en convenciones del partido (pero bien partido, partido en Vox) en Valladolid.
–¿Y tu padre? ¿Y tu madre? El otro día vi a tu hermana con su marido, que bien iban los dos con la niña camino del mapping. Por cierto, tu cuñado me ha mandado su último libro.
–Ah, estupendo… ¿No?
–[Cara de póker de Zoido]
–¿Qué problema hay, alcalde? ¿No te lo ha dedicado?
–Es que está en inglés…
Ni el We love people para atraer a los turistas ni el Open Goverment para vender la lavadora. ¿Alguien de Urbanismo va a practicar esa micropolítica de Zoido y va a barrer las calles del centro? Pero no con escoba de Lipasam del gerente Paco Pepe, sino con bolígrafo de inspector de la Gerencia y camioneta para cargar tanta cochambre. Uno de los grandes misterios de la ciudad es a qué se dedica el gerente de Urbanismo si ya no hay constructores con los que comer, ni dinero de los convenios que fumarse. Son como los 50 diputados del PP en el Parlamento, el ejército más poblado y desorientado que se haya visto en política. Si es que hay días que parece que no hay veladores en Sevilla para sentar a tanto diputado del PP como se ve vivaqueando por los bares de los alrededores del Parlamento. En las definiciones de calidad de vida ya figura el ejemplo de diputado del PP del tardoarenismo. Política cardiosaludable. Usted evite las grasas, tome dieta rica en verdura y pasee como un diputado del PP andaluz que haya ganado las elecciones.
Mientras no haya micropolítica de la buena que salvaguarde el patrimonio, tal vez lo mejor sea que la Catedral no tenga esa gran explanada que muchos envidian de Santiago de Compostela, Ávila, Salamanca o Vitoria para admirar la arquitectura con todo realce. En Sevilla nos dan metros cuadrados por delante y los plagamos de pizarras abatibles. Mejor la estrechez de la Avenida, para que no se note la poquísima gente que hay para recibir a algunos obispos.

Como un Mercadante más

Carlos Navarro Antolín | 27 de enero de 2014 a las 18:48

mercadante
Siéntate en la Avenida y verás pasar a quien la libró de autobuses, pero la entregó de rodillas, como un Boabdil de la sostenibilidad, a nuestros nuevos señores y amos: los ciclistas y veladores. El virrey de las peatonalizaciones camina por la acera (¿izquierda?) de la Avenida, por el único tramo que sigue inalterado durante quinientos años. Pisa fuerte por las losas de Tarifa, que resisten ahora y siempre a los promotores trincones que acudieron como mercaderes del templo al olor del negocio de las losas de pizarra. Monteseirín camina por terreno aforado, protegido por las cadenas de la Catedral que en el XVI concedían derecho de asilo en el templo a los perseguidos por la Justicia ordinaria. Qué ironías reserva el destino, que semiótica encierra la plasticidad de un momento preciso de la vida cotidiana, de un instante, de una coincidencia. Avanza el ex alcalde bajo la mirada de las estatuas de Lorenzo Mercadante de Bretaña, que también cuentan su presencia en la Avenida por siglos. Y surge la estampa que representa con toda carga simbólica la contradicción entre lo permanente y lo efímero, el paso de los siglos frente a la volatilidad de doce años de gobierno, una lección de filosofía escondida entre piedras y egos. Pasa Monteseirín bajo las estatuas de barro cocido que han visto el tránsito de generaciones y generaciones de sevillanos, reyes de carrozas y monarcas modernos, presidentes del Gobierno, jefes de Estado, dictadores, arzobispos beatos y prelados soberbios, cardenales recibidos con glorias y purpurados despedidos con los pies por delante, canónigos por oposición y canónigos digitales, pobres pedigüeños y fieles potentados, señoritos en sepia y aristócratas del ladrillo a todo color, beatas de abanico y turistas de pantalón corto, cofradías de medio pelo y hermandades de tronío, alcaldes bajo mazas suntuosas y ediles de saldo… Todo pasa y ellas permanecen, escoltadas por el granito de las columnas de Itálica, tan sólo acariciadas por la brisa del tiempo y cortejadas por el piar de algunos vencejos. Todo pasa, ellas permanecen. Doce años para ellas es un soplo, apenas una línea en el tratado de la urbe cotidiana de la que son testigos, una insignificante moldura en la arquitectura del retablo de la historia que conforman regímenes políticos, revueltas, períodos de sosiego y turbamultas. Sólo hay que sentarse en la Avenida para comprobar el teatro que encierra cualquier pasaje de la vida cotidiana. In ictu oculi. Sin séquito de aduladores, sin la tensión de las faenas de gobierno, sin nadie ya que lo pare ni le pida una prebenda, como un Mercadante itinerante más del templo de la ciudad de las mil fachadas, Monteseirín recorre la Avenida que recibió con hedor de tufos negros, banda sonora de motores de autobuses urbanos y sucursales de bancos y que dejó convertida en una gran terraza de mesas y sillas, puestos ambulantes, cafeterías por doquier y abundante trufa de bicicletas. Siéntate en la Avenida, donde las piedras hablan, y verás pasar a los hombres que parecían eternos. Y la eternidad si acaso sólo está en las piedras, aurigas del paso del tiempo que susurran a todos los viandantes la gran verdad de aquellos que algún día se creen dioses por el número de concejales: “Recuerda que eres mortal”. Un día pasó con tiros largos y bajo mazas, hoy es uno más en la felicidad de la tensión perdida en una ciudad en crisis que se desangra y se deja la vida barbeando en las tablas del desempleo. El alcalde que abrió en canal la Avenida camina por el único tramo que no pudo cambiar. Y las estatuas de Mercadante lo miran con indulgencia. Plenaria, de Pleno.

Las verdaderas amenazas para la Catedral

Carlos Navarro Antolín | 27 de agosto de 2013 a las 12:08

Fotos de la contaminación visual de tiendas y restaurantes en la calle Alemanes, entorno de la Catedral
De qué sirve preocuparse por las farolas del centro histórico si un buen día llega un tío y te monta enfrente de la Catedral de Sevilla un comedero de kebabs con rótulos fluorescentes y el correspondiente pestazo. Para qué un cuerpo de técnicos que inspeccionan hasta la mínima obra de sustitución de un pináculo o de un pretil si el estruendo visual de camisetas y el despliegue de la chabacanería de souvenirs al uso se encargará con toda eficacia de romper el encanto del gótico, su sentido ascendente y la penumbra misteriosa de la montaña más hueca de la ciudad. Para qué tanto arremeter contra los bancos de Ikea (microdenuncia) o la Torre Pelli (macrodenuncia) si los alrededores de la Catedral en agosto son una versión de Benidorm con adoquines en lugar de playa. Ningún gobierno local ha querido realmente regular la estética del espacio de la ciudad al que rimbobantemente se denomina como patrimonio de la humanidad (Catedral, Alcázar y Archivo de Indias). Lo único meritorio que se ha hecho fue la supresión del aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Porque la peatonalización de la Avenida ha sido una de las mejores ideas peor ejecutadas que ha habido en la ciudad en la última década. Monteseirín nos dejó una Avenida inhóspita para el peatón, sin sombra y en la que los nuevos y mañarianos amos y señores de la ciudad, los ciclistas, campan a sus anchas sin que tampoco Zoido sepa ni pueda enseñarles a muchos de ellos la educación que no han mamado en sus casas. La instalación de losas de pizarra en el entorno del templo fue una chapuza palmaria que, además, originó todo tipo de leyendas sobre supuestas mangoletas y traslados del antiguo material de losas de Tarifa a chalés de afamados constructores. Quizás el entorno de la Catedral no sea más que ese mar de mal gusto donde desemboca el río estrecho de Mateos Gago donde navegan sillas, camareros marineando de mesa en mesa, letreros con pizarras de colores que anuncian los noveleros rulos de queso de cabra, coches particulares, paradas de taxis y puestos de camisetas, todo lo cual con sus correspondientes afluentes de callejuelas con más comercios-cochambre donde pocas son las excepciones de buen gusto. El Ayuntamiento siempre ha tenido una posición acomplejada a la hora de cuidar este entorno, muy distante del celo con el que el Vaticano cuida la Plaza de San Pedro y sus alrededores (donde a los turistas no se les permite sentarse en el suelo) o del que las autoridades municipales romanas ponen para velar por la estética y el comercio de la Piazza Navonna. Y mucho más próximo tenemos el ejemplo religioso de la Romería del Rocío, en la que el bando del alcalde establece cada año las normas que velan por el ambiente tradicional de la cita y la armonía estética de la aldea, y el ejemplo laico de la Feria, con unas ordenanzas que fijan los cánones estéticos hasta de las pañoletas siguiendo la escuela de Bacarisas. Censuran la Torre Pelli quienes son incapaces de cuidar por el decoro apropiado de los alrededores de un monumento que hasta julio de este año ha recibido 755.000 visitas. Lo escribía en este periódico el arquitecto Juan Ruesga: “A veces tengo la sensación de que nos perdemos en el detalle de una farola sin darnos cuenta que son los servicios los que conforman en gran medida la imagen de la ciudad”. Un paseo por los alrededores de la Catedral, con la vista predispuesta a evaluar esos servicios que constituyen en buena parte la arquitectura del concepto de estética de una ciudad, termina en depresión…o en rulo de queso. Cualquier cosa antes que el kebab.
Fotos de la contaminación visual de tiendas y restaurantes en la calle Alemanes, entorno de la Catedral

Una espada para minorías

Carlos Navarro Antolín | 24 de noviembre de 2012 a las 5:00


En Sevilla hay procesiones para minorías. Sin pasos, sin música, sin varas, sin cirios, sin controles horarios. Procesiones que son como ritos casi ocultos, sin anuncios ni publicidades. San Clemente reúne cada mañana de 23 de noviembre a un grupo de incondicionales a una cita que se celebra temprano, en la penumbra de la Catedral y con la asistencia de la corporación municipal con sus correspondientes maceros y la pareja de ordenanzas con guantes blancos. El cabildo eclesiástico y el cabildo municipal, que antaño se llevaban como el perro y el gato, celebran juntos la reconquista de Sevilla con una procesión instaurada en 1255 por Alfonso X El Sabio. El alcalde, antiguamente asistente, porta la espada del Rey Santo. Dicen las malas lenguas que cuando Fernando III de Castilla entró en Sevilla con los caballeros veinticuatro se encontró con José Joaquín Gallardo en el decanato del Colegio de Abogados, Antonio Silva Florencio en el Consejo de Cofradías y José Cañete en Aprocom.
Zoido portó la espada por segunda vez. Del PP asistieron 17 de los 21 concejales. Del PSOE, sólo dos de 11. El socialista Juan Espadas debutó este año en la procesión. Le acompañó el concejal Alberto Moriña, portavoz adjunto del grupo socialista y reserva espiritual de la oposición municipal. Y de IU, ni estaban, ni se les esperaban, pues la costumbre es no participar en actos religiosos. Mucho menos si se trata de recordar reconquistas que el código de lo políticamente correcto prohíbe en su capítulo primero. A Torrijos no debe hacerle mucha gracia la fórmula del juramento que se le hace prestar al alcalde (en ella se habla de los agarenos) para que devuelva la espada al término de la ceremonia.
Al alcalde lo recibió en la Puerta de San Miguel el canónigo Pedro Ybarra. Zoido entró y saludó al primer agente de gala de la Policía Local. La procesión tiene un cortejo muy peculiar. Primero forman unos señores de traje oscuro y medallas que se dedican al estudio de la vida de Alfonso X El Sabio, después un largo tramo de señores con capas albas, que son de la orden de San Clemente, fundada antes de ayer por la mañana, a finales de los años ochenta. Algunas damas vinculadas a esta orden lucen mantillas negras. Todo muy historiado. Al término se pudo ver a algunos de ellos con la capa recogida sobre el antebrazo y la cerveza en la mano. Sin consumo no se sale de la crisis.
Los canónigos forman a continuación luciendo la espléndida colección de capas pluviales del Cabildo. Especial mención merece la que luce el deán, para el que se reserva la de las estrellas. Si el alcalde lleva la espada, el concejal más joven de la corporación, en este caso José Luis García, porta el pendón. El año pasado le criticaron el color del abrigo. Y este año la forma de portar el pendón, en vertical, en lugar de llevarlo terciado sobre el hombro. Un canónigo comentó después que un concejal debe saber cómo se lleva el pendón. Doctores tiene la Iglesia. Y por lo que se ve, también ingenuos. Será que Roma ya no es lo que era desde que nos han contado lo de los belenes sin. Sin buey ni mula.
Al alcalde portador de la espada no se le escapa ni un detalle de cuanto acontece alrededor… El canónigo Adolfo Petit lleva la reliquia de San Clemente. Yel público va acompañando el cortejo como puede, sorteando vallas, cintas, el entarimado del altar del jubileo y hasta al tío que trata de filtrar los accesos interrogando si va usted a la misa no vaya a ser que lleve otras aviesas intenciones. La Catedral, siempre tan hospitalaria. Al turista del pantalón corto y pelambrera al aire, como pasa por taquilla, no se le cuestionan sus intenciones.
Acabada la ceremonia, Zoido fue hasta la Capilla Real y devolvió la espada tal como había jurado. Se ve que San Fernando, que conquistó Sevilla en 1248, hace que los políticos cumplan sus promesas.

La disciplina del turista de paraguas

Carlos Navarro Antolín | 3 de mayo de 2012 a las 13:51

Mucho criticar a cierto turismo con las apostillas de mochila, cantimplora y camiseta, pero ahí están los tíos, guardando disciplinadamente una considerable cola para visitar la Catedral bajo una manta de agua. Estos son más bien turistas de capuchas y paraguas, de los que se mojan más que un nazareno del Tardón o que Sarkozy en el debate francés, que menudo debate fue lo de anoche, tocándose los costados, y no los monólogos a los que nos condenan en España los asesores de la mordaza, vulgo expertos de la comunicación política. Estos turistas son los que refrendan el balance de las visitas de la Catedral en 2011, el único brote verde que ha debido haber de verdad en la economía local. Porque la Catedral se ha venido arriba ciertamente. Y el Cabildo facilita el acceso de todos, ni uno se queda fuera. Que usted viene en pantalón corto, adelante. Que viene con sandalias, adelante. Que viene exhibiendo mata de pelo de las axilas, adelante y no se deje la mochila del Coronel Tapioca en el mostrador. ¿No dicen los asesores económicos que hay que facilitar el tráfico? Pues circulen, circulen por esos tornos, que no está la cosa para poner trabas. Y la prueba es esta cola de hoy mismo, a punto de crecer hasta la misma Puerta de la Campanilla. Estos turistas son como los aficionados de la Maestranza, aguantan lo que le echen. Y después, al paellador de Mateos Gago. En veladores, por supuesto. Que los veladores son otros brotes verdes… Ojú, los veladores.

¿Y quién repele a los pájaros del Ayuntamiento?

Carlos Navarro Antolín | 13 de marzo de 2012 a las 5:00

Una grúa de enormes dimensiones sorprendió ayer a los viandantes de la Avenida de la Constitución en una ciudad novelera por excelencia que rápidamente forma el tramo de los mirones con permiso de los señoresde las bicicletas, nuestros amos y señores de la vía pública a lo Mañara. El tío subido en el canasto de la grúa se dedicaba con la paciencia de un chino elogiado por el mandamás de Mercadona a cubrir las imágenes de piedra de Lorenzo de Mercadante con hilos de acero que emiten una descarga eléctrica leve en cuanto una paloma se acerca. El objetivo: ahuyentar a las aves y evitar el efecto corrosivo que la caca de estos animalitos tiene en la piedra del monumento.

El sistema habría que aplicarlo en la política, más que nada para ahuyentar a ciertos pájaros y pajarillos de plumaje variado y evitar el efecto corrosivo de la abstención y el alejamiento del votante de las urnas cuando la cosa huele mal, nunca mejor dicho si el objetivo es impedir las consecuencias de las deyecciones. Dicen los técnicos en la materia que cuando la paloma recibe la descarga, no vuelve más “hasta que se le olvida del efecto”.

Vista la poca vergüenza y el desahogo con el que reaccionan algunos pajarillos cuando no llevan ni media hora de vuelo tras dejar el nido del partido, a lo mejor no basta con proteger el Ayuntamiento con este sistema electrostático, sino que hay que volver a aquella solución que plantearon catedráticos de la Universidad en la década de los ochenta de la pasada centuria en el caso de la Catedral: la presencia de halcones en cautividad entre los pináculos. En Estados Unidos, se distingue entre halcones y palomas en asuntos de política exterior. En Sevilla tenemos ejemplos variados de halcones, como en Hacienda, donde Doña Tijeras restringe el gasto en teléfonos móviles, y de palomas, donde en Fiestas Mayores anda bregando Superserrano, que aguanta con disciplina monacal los mil y un actos cofradieros que le tocan en suerte para contentar al cofraderío. Y aportamos el concepto de palomar como lugar en altura con ojos de buey en el que habita la oposición, donde el pájaro rey emigra a Madrid dos días a la semana y el resto de la camada se alimenta de cafés en General Polavieja.

Pero nuestra avifauna es aún más rica que la americana, muchísimos más, donde va usted a parar, porque Sevilla aporta a la wikipedia de las aves no sólo los cotizados estorninos de la Plaza de Cuba, sino el pájaro de los distritos, importante ejemplar que se cría en libertad y con desahogo por la zona Sur y que tiene un piquito de ruiseñor que no lo calla una descarga por mucho que cubran el Ayuntamiento con hilos de acero. Como el acero de dura sí que tiene una parte del cuerpo. Tanto que el alcalde que tanto visita Los Pajaritos va a tener que anudar halcones en la azotea. Y más que política de barrios, tendrá que hacer un cursillo acelerado de política de cetrería.

Concordias y discordias

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2011 a las 5:00

La festividad del patrón en la Catedral registró una nueva victoria incontestable de la derecha. Once concejales del PP por tres del PSOE. El gobierno saliente estuvo representado por Alfredo Sánchez Monteseirín, Rosamar Prieto-Castro y Joaquín Díaz. Zoido llevó a diez de sus quince concejales, entre ellos a dos de los tres que no repiten. La misa coral comienza. Está en el templo metropolitano la corporación bajo mazas, pero está ausente la alta jerarquía eclesiástica. “Los del PP nos barren en todo. ¿Que cómo está la gente del partido? Hay días y días…” Zoido y Monteseirín se saludan con los heraldos de los reinos de la corona española del monumento a Colón como testigos. Debe ser un ejemplo del seguimiento de la tesis sobre la concordia expuesta en la pasada campaña por el ex alcalde socialista Manuel del Valle: “Los del PP no son nuestros enemigos, son nuestros rivales”.

Los sonidos de la flauta y el tamboril ambientan la entrada a la ceremonia en el Teatro Lope de Vega, segundo gran acto del día. Hay dos hermandades rocieras distinguidas en la ceremonia civil del denominado Día de la Ciudad. Ocurre que cierta procesión va por dentro, pues la autoridad eclesiástica ha hecho saber en tiempo y forma a quienes corresponde que no se le ha tenido en cuenta ni para pedir ni para aceptar la Medalla de la Ciudad. Una llamada al orden en toda regla. Un coscorrón. Un tened claro aquí quién es el que manda. El día se tornó agridulce para algunos. Las carretas, más que nunca, fueron por dentro.

La ceremonia en el teatro dio lugar a más imágenes para la concordia. Zoido y Espadas se saludaron en el patio de butacas. Al alcalde electo le dieron primera fila. Al senador socialista lo colocaron bastante más atrás, con la diputada socialista Carmen Hermosín como acompañante. La victoria tiene séquito. La derrota, aires de soledad. Por cierto, que nadie del PSOE municipal ha dicho aún ni mú sobre la composición del nuevo gobierno local. Debe ser cosa de la oposición “implacable”.

Zoido no quiso este año sentarse en el escenario. Tenía asiento en una esquina de la segunda fila como portavoz del grupo popular. Su lugar lo ocupó el portavoz adjunto, Curro Pérez. Alguien debió hacer valer que esa esquina no era el sitio más adecuado para un ganador con veinte concejales. Y encima con Torrijos como compañero de todas las fotografías. El alcalde entrante saludó a decenas de personas antes del comienzo del acto. Se dejó ver y se dejó querer, sabedor de que la gente quiere seguir viendo al mismo Zoido de los últimos cinco años. Resultan curiosas las maniobras de algunos (y algunas) para ir colocándose en puesto de saludo. Hay verdaderos ingenieros en la materia.

Los vídeos sobre los homenajeados tuvieron gazapos. Cuando tocaba el turno de agasajar a las hermandades rocieras del Cerro y de Sevilla Sur, la gran pantalla proyectó una imagen de la salida de la hermandad de Sevilla del Salvador. La cosa recordó a los telediarios que se hacen en Madrid los Viernes Santos, cuando confunden a las Esperanzas.

Monteseirín se refirió al antiguo convento de Los Remedios, actual museo de carruajes, como el pabellón de Cuba de 1929, cuando éste realmente se encuentra en la Avenida de la Palmera, hoy sede de la Delegación de Gobernación de la Junta de Andalucía. El alcalde prometió no hacer un balance de su gestión, pero a la hora de la verdad se hartó. Y se llevó un aplauso especialmente prolongado que tuvo que agradecer con un gesto de abrazo hacia todos los asistentes. A Monteseirín le ocurre como al cardenal. Comienza a recoger el cariño de ciertos sevillanos en el túnel de salida, con el pontificado a punto de esfumarse. Así es esta ciudad. Te perdona cuando te vas. Dicen que es un perdón egoísta, porque complace más a quien lo otorga que a quien lo recibe.

La intervención de la presidenta del Parlamento, Fuensanta Coves, no pasará a la historia. El presidente del Senado cerró el acto con un discurso inocuo con un final patriótico sobre lo que España nos une más que nos desune. Javier Rojo acudió a arropar a su amigo Monteseirín. Cumplió. A la salida, la crisis dejó a los asistentes sin canapé oficial por tercer año consecutivo. “Y eso que esta vez teníamos la esperanza de que Robles se estirara al haber recibido una medalla”. Torrijos se quita la americana, enciende la pipa y se va por los Jardines de Murillo. La derrota y sus aires de soledad.