Archivos para el tag ‘Celia Villalobos’

El enroque del lince

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2015 a las 5:00

JAVIER ARENAS DEFIENDE LAS RECETAS DEL PP FRENTE A LAS DE GRECIA
EL lince reduce los límites del coto. Se enroca en el Senado para proteger la pieza del rey que representa su particular futuro. En 2004 ya estaba celebrando la presidencia del Congreso de los Diputados cuando aquellos atentados del 11-M pegaron el siniestro volantazo a la Historia de España que catapultó al tío de la ceja arqueada a los salones de la Moncloa. Comenzó así, ironías del destino, el lento declive del PSOE que se ha quedado hoy con 90 diputados y frente a su particular abismo. Arenas se va de las Cinco Llagas, de su querido Parlamento Andaluz. Lo comunica la tarde plomiza de un 30 de diciembre en que hay discurso oficial de la presidenta. No hay puntada sin hilo en sus maniobras, distinto es que al final confeccione una prenda. Caracoleó cual Onésimo de la política yendo de cuatro por Almería en el último minuto. Se quedó fuera de las listas de las generales, que Moreno aprovechó para castigar a Celia Villalobos (¡Qué tarde de gritos soportó Juanma por teléfono! ¡Qué señora!) y librarse de Carlos Rojas. Y en el mullido sofá de casa dejó al onubense Matías Conde y al gaditano Aurelio Romero.

La chacha ha salido respondona. Moreno Bonilla quiere mandar. Y que se perciba su mando. Otra cosa son los resultados electorales, donde está más próximo al pésame que a la palmadita de ánimo. Al malagueño sólo se le resiste la aldea del PP sevillano, un ejército vencido, sin vocación de victoria, donde Arenas conserva la guardia pretoriana que confía en que Javié coja el AVE de los viernes como nuevo presidente del Senado y, como en los grandes años de ministro protegido por Ana Botella, convoque reuniones sabatinas para seguir mangoneando en el cortijo hispalense, para mover concejales como alfiles y militantes de base como peones.

El lince se mueve bien por el bar del Palace. Madrid y Almería siempre le han dado más afecto que la esquiva Sevilla. Cualquier arenólogo sabe que este viejo modisto de la política usa dedal de protección y sabe pegar alfilerazos a quienes considera que le han fallado. Ycomo buen lince es especie en extinción en una política de perfiles cada día más planos. Y a Javié se le puede echar la culpa de casi todo en el PP andaluz, menos de ser inocuo o blandito.

La obsesión por el eje

Carlos Navarro Antolín | 1 de noviembre de 2015 a las 5:00

01/07/15 Los alcaldes de Málaga y Sevilla
NINGÚN alcalde de Sevilla de la democracia se ha caracterizado por chinchar a las localidades hermanas, ni siquiera a la hora de reivindicar el estatuto de capitalidad. Sevilla se emborrachó de inversiones en el 92 y presumió de jefe del Gobierno de 1982 a 1996. Hoy permanece en ese estado de melancolía y arrepentimiento que sigue a los períodos de excesos. Por complejo o por arrepentimiento, asume estar relegada a un papel discreto y sumiso cuando pasan y pasan los presupuestos autonómicos y estatales sin que reflejen un verdadero compromiso con alguno de los grandes proyectos pendientes, más allá de partidas aisladas, dinero para estudios previos o arreglo de carreteras menores.

Ningún alcalde ha levantado la voz, decíamos, más allá de alguna réplica poco original de Zoido cuando en 2013 aludió a que Málaga tendría el Pompidou, pero no la Giralda y otros valores de postal de la capital andaluza. Tampoco Zoido, hay que reconocerlo, tuvo jamás la afición pirómana de Celia Villalobos, cuando siendo alcaldesa de Málaga, era un catálogo de ocurrencias, majaderías y perlas al abonarse al discurso fácil de los agravios entre ambas ciudades en los años de la pos-Expo, justo cuando Sevilla estaba más débil. El populismo de la esposa de Arriola contra el supuesto centralismo sevillano le valió una mayoría absoluta. Cuando Aznar la reclamó en 2000 como ministra de Sanidad, toda España comenzó a saber lo que hasta entonces sólo era conocido de Despañerros para abajo. Y cumple tres lustros ya de polémica en polémica, ora porque llama tontitos a los discapacitados, ora porque es pillada dispersa con un videojuego en lugar de atender a la sesión del Congreso de los Diputados, ora porque tiene una gran facilidad para ver machismo a las primeras de cambio.

Villalobos incendió aquellos pastos entre Sevilla y Málaga que otros hoy tratan de apagar. Hasta en el fútbol dejó sembrados cultivos donde las llamas se extienden rápido, como los celos, el rencor y los agravios. Nunca otros alcaldes de Málaga habían incurrido en semejante irresponsabilidad. Ni los de Sevilla. Ni Luis Uruñuela, ni Manuel del Valle, ni Alejandro Rojas-Marcos, ni Monteseirín. En su relación con Málaga, Zoido estaba condicionado por los celillos personales que Francisco de la Torre sentía en clave interna por el auge del aparato sevillano (Zoido y su cirineo Sanz) en la estructura regional tras la (presunta) dimisión de Arenas. Es cierto que Zoido ya había aludido a la necesidad de potenciar el eje Sevilla-Málaga años antes que Juan Espadas y Francisco de la Torre fueran de la mano. Pero también lo es que Monteseirín aceptaba siempre cualquier debate con el alcalde malagueño del PP y ya hablaban de una necesaria colaboración que beneficiara a ambas partes. Durante una serie de años, los posteriores a la era de los disparates de la Villalobos, Sevilla se ha movido entre ese complejo por haber sido la niña bonita del Estado felipista y el blablablá de las buenas intenciones entre ambos municipios nunca cristalizadas en logros. Cuando hace un par de años se reunieron en Antequera algunos ex-políticos y algunos empresarios de postín de Sevilla y Málaga para impulsar una plataforma de trabajo conjunto, uno de los asistentes confesó a la salida: “Hemos comido muy bien, esto es un buen inicio. Pero el sevillano seguirá prefiriendo coger el vuelo a Londres que le deja en Gatwik, a dos horas y media por carretera de la capital, antes que ir a Málaga a tomar el que le deja directamente en Heathrow. Y el malagueño va a la ópera en Madrid, no al Teatro de la Maestranza en Sevilla”.

Aquel foro nació marcado por un fin noble, una ilusión necesaria: el buen entendimiento entre dos ciudades vecinas. Nació marcado también por la cantidad de ‘ex’ que se sentaban a la mesa, expertos en diferentes ramas y disciplinas, pero casi todos con el retrato ya pintado de antiguos presidentes de instituciones, alcaldes o decanos. José Rodríguez de la Borbolla, Manuel del Valle, Luis Merino, Antonio Ojeda, José María Ferrer, Manuel Atencia, Manuel Contreras, Concha Cobreros…

Hacían falta tal vez no sólo caras más jóvenes, pues el de menor edad era el empresario José Moya, con 62 años, sino que los convocados tuvieran posición en la trinchera de la actualidad diaria, en la gestión cotidiana, en el día a día donde se deciden presupuestos, trazados urbanísticos y calendarios de vuelos internacionales de los aeropuertos, más allá de vacas sagradas influyentes en función de un currículum y de una trayectoria. En esto estábamos, con el enésimo intento de crear una plataforma, un lobbie o un chiringuito, según los casos, cuando el alcalde sevillano, el socialista Juan Espadas, se toma muy en serio la iniciativa y asume esta semana la reivindicación de mejoras de la propia Málaga aludiendo al impacto indirecto que tendrían en la economía sevillana. No es que reciba en Sevilla hasta seis veces al alcalde de Málaga en un solo trimestre con las consiguientes fotos, sino que se mete a exigir la conexión por AVE de la estación ferroviaria María Zambrano con el aeropuerto Costa del Sol, donde llegan millones de guiris de piel albina y regresan como salmonetes. Espadas aspira a que entre vuelta y vuelta en la sartén de las playas, se acerquen a Sevilla y dejen unos euros en la Catedral, los veladores, el Alcázar y las setas. Y, por encima de todo, tiene la esperanza de que el Estado y la Junta pierdan el complejo de invertir en Sevilla si se presentan proyectos entre ambas urbes, sobre todo porque cada ciudad está gobernada por un partido político distinto. Y eso vende concordia. El eje es un pacto de intereses, una alianza, una UTE en clave política, que evolucionará de la palabrería a los hechos, de los castillos en el aire a los resultados prácticos, del comité de sabios con la servilleta atada al cuello en el comedor del Parador de Antequera a los presupuestos públicos, y de las fotografías amables a la ausencia de discursos incendiarios, cuando de Sevilla a Málaga se pueda ir directamente en AVE sin parada en Córdoba, cuando de verdad lleguen los fondos europeos a proyectos trabajados por ambas ciudades, cuando se demuestre que el turismo de cruceros que llega a Málaga repercute en Sevilla y cuando se dispare el número de norteamericanos a los que se vende el destino Sevilla a través del aeropuerto de la Costa del Sol; cuando el entendimiento entre las ciudades andaluzas evite, por ejemplo, una multiplicación estéril de facultades y una mejor administración de los esfuerzos, cuando se aplaque el cainismo de taberna y graderío, cuando pasen más años y sigan en las Alcaldías los perfiles de políticos mesurados, que si no trabajan juntos, al menos que no incendien y, sobre todo, el eje tendrá resultado cuando un político del PSOE pague unos pantalones en la franquicia malagueña de Roberto Verino y, al pagar con la tarjeta del banco en la que aparece la Giralda, no tenga que oír de la cajera: “De Sevilla y viene aquí a comprar…”.

El alcalde de Sevilla tiene fijación por el eje con Málaga. Es su juguete preferido en estos momentos, una naranja fácil de exprimir porque genera titulares inmediatos en una política municipal ávida de novedades, en una política de márquetin que agradece mensajes de entendimiento más allá del ámbito local, pero es una estrategia que rápidamente se va a prestar a evaluación. Las fotos de sofá no son más que una declaración de intenciones. El eje no es más que la lucha por salir del complejo. Que dejen de vernos como los eternamente preferidos, como los obligados a pedir perdón (hasta lo suplicamos por apoderarnos por error del salmorejo cordobés), como los condenados a estar cubiertos por una hoja de parra porque ya tuvimos nuestro particular cuerno de la abundancia. Sólo cabe esperar que el eje no sea una muestra más de que el complejo continúa. Y que sea verdad eso de las alianzas, las sinergias productivas y la Andalucía Tech, que suena a perfume barato de equivalencia, y se traduzca en resultados apreciables por el contribuyente. Por el momento, el primer resultado es que en Antequera se come bien. Y el segundo es que ya sabemos que a Espadas le encanta subir a Gribalfaro, ver los aviones tomar pista y soñar con que están cargados de turistas deseosos de venir, en realidad, a una Sevilla que asume el enésimo intento por no parecer lo que es: una capital condenada.
01/07/15 Los alcaldes de Málaga y Sevilla

Oña rompe a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 24 de marzo de 2015 a las 5:00

MORENO PRESIDE LA JUNTA DIRECTIVA REGIONAL DE SU PARTIDO
LA cruz de la derrota no tiene cirineos. El PP andaluz está cargado de penitentes. Cada cual soporta el madero como puede. La noche fue dura en el Meliá Sevilla. Por mucho que el partido se aleje de la calle San Fernando, el cementerio va con el PP regional como el caparazón con la tortuga. En Sevilla hay dos camposantos: el romántico con esculturas de Benlliure y el del PP andaluz con los chicos de la factoría Arenas. La junta directiva regional vespertina debía ser de consumo interno, un fotomatón para la sonrisa de rigor, aunque ningún oráculo acierte a explicar con precisión de qué se ríen Arenas, Moreno Bonilla y Loles López en un partido sumido en una cuaresma perpetua. Una sesión proyectada para cumplir con la liturgia del día posterior sirvió, al menos, para presenciar la salida del burladero de Esperanza Oña, la ex alcaldesa de Fuengirola, que no pocos miembros del PP andaluz veían como la mejor sucesora de Arenas. La Oña salió del burladero, pidió la palabra en los turnos a puerta cerrada para solicitar que se le confirmara expresamente que los treinta y tres diputados (dicen que pronunció la cifra con retintín) no apoyarán la investidura de Susana Díaz. El alcalde de Andújar sacó el tema antes, pero no con la contundencia de Oña, con silla en la Campana en la Semana Santa de Sevilla. Ni Moreno Bonilla ni Arenas ofrecieron una respuesta contundente. Capotazos. Javié, profeta de Rajoy en Andalucía, se atrevió a interpretar las palabras del dios laico de la Moncloa. Respetar que gobierne la lista más votada es no hacer lo que el PSOE e IU hicieron en 2012. Pero tampoco dijo que los treinta y tres (póngase de nuevo el retintín de la Oña) votarían en contra de la diosa laica, roja y decente de San Telmo. La Oña movió ficha y dejó en evidencia la ambigüedad del partido más morado de Andalucía, para el que nunca termina la cuaresma ni parece haber resurrección.

También habló Celia Villalobos en el tono alborotador de costumbre, como esa tía que gasta una broma cuando toda la familia tiene cara de funeral por la muerte del canario. La Villalobos se remontó a los peores años del partido, en una suerte del más se perdió en Cuba, como el equipo de natación que se alegra de volver sin ningún ahogado.

Arenas, gran orador, definió a su criatura, que no es otra que el PP andaluz, del que dijo que está formado por miles de personas y no por una sola con un periódico, una radio o una cámara de televisión todo el día detrás, en referencia los políticos emergentes como Pablo Iglesias o Albert Rivera. Moreno Bonilla se hartó de dar las gracias. Enfrente tenía a no poca gente que se ha quedado sin acta de diputado. Un drama.

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, no estuvo la noche previa en el cuartel electoral. Tampoco estuvo ninguno de gran capital. De los veinte concejales del gobierno local, tan sólo se vieron cinco. Yuno de ellos era Juan Bueno, que en realidad estaba como presidente provincial y número uno de la lista por Sevilla. El PP hispalense entiende que el resultado ha sido una bofetada del electorado a Rajoy en la cara de Moreno Bonilla. Un Rajoy que ha estado hasta cinco veces en Andalucía durante la campaña, recordaba alguien ayer en tono de duelo. Dos de ellas en Sevilla. El comité de campaña de Moreno Bonilla había deliberado alguna vez sobre la conveniencia del continuo desembarco madrileño. “El presidente del Gobierno parece que tuviera complejo de culpabilidad por todo lo que ha ocurrido con el partido en Andalucía y de tanto arroparnos ha terminado por hundirnos”.

El PP andaluz sigue de penitencia. Cuatro años con cadenas. La subida del IRPF, la reforma laboral, la horrible sucesión de Arenas distrayendo a Zoido de la Alcaldía, hiriendo gratuitamente a Sanz y enviando a Moreno Bonilla a las fauces del león socialista andaluz… Pero Celia Villalobos es Karina entonando Las flechas del amor. No pasa nada. Acostumbrados a perder. Sevilla tiene dos cementerios. Lógico: Sevilla es dual. El tópico se cumple. A Oña le queda, al menos, la silla en la Campana.