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La muerte sobre ruedas

Carlos Navarro Antolín | 7 de diciembre de 2016 a las 5:00

coche fúnebre
Por quién doblan las campanas, a quién llevan esos corceles camino del Cristo de las Mieles. No quiero verlos, no quiero verlos. En Sevilla hay que morir, hay que morir. Adiós a los coches fúnebres a motor, adiós a Leopoldo échame el toldo. Pasemos a la neomodernidad, que hoy consiste en acudir a un entierro con el difunto portado en coche de caballos. Estábamos aún comentando la última de don Juan José prohibiendo los funerales en el tanatorio, hace usted bien, señor arzobispo, cuando la novedad estaba en otro frente, pero sin salir del camposanto. Nos quejábamos de esos parientes y allegados más flojos que muelles de guita (de rama y en catavino), que permiten que el féretro vaya en un carrito con ruedas que podría pasar por el de la cena de los pacientes de la clínica Santa Isabel, cuando por fin contemplamos una estampa preciosa: un coche de caballos llegando al tanatorio de la SE-30. El tanatorio se sevillaniza poco a poco, venga de frente, no correr. No tiene parada de taxis, ni falta que le hace si van a montar una trifulca como las del aeropuerto, Santa Justa o Santa María la Blanca. Qué solos se quedan los muertos. Y dejémoslos solos, que ninguna faltita les hace una parada de taxistas gruñones, que no hay ningún muerto que vaya a San Pablo a tomar un vuelo, que son los trayectos que quieren los señores del volante, a los que aceptamos la bajada de ventanilla como sustitutivo del aire acondicionado.

El tanatorio acumula ya más estampas cofradieras que Casa Ricardo. Qué horror, qué espanto, no queda sitio para una puntilla. Sólo le faltan las croquetas y una bulla en la puerta. A este tanatorio, que visto de lejos es una camisa a rayas de Sobrino mirada de cerca, ha llegado ya el coche enjaezado de luto en varias ocasiones. En una de las últimas fue recibido con aplausos, como corresponde a la vulgaridad imperante que todo lo ovaciona y jalea por influencia de la cultura del fútbol. Los aplausos en ciertos entierros se repiten más que el subjuntivo “estés donde estés”.

–Oiga, perdone. ¿Su marido era creyente?
–Era de misa diaria. Como yo.
–Entonces dónde va a estar, señora, dónde va a estar. No diga más eso, que confundimos a la afición.

Este coche de caballos se alquila, oiga. La muerte es el negocio que no quiebra. La muerte va sobre ruedas. Diversifiquemos la actividad. Nada como el sonido de los cascos de las bestias como banda sonora del adiós, una melodía de época para ese eterno morir que es la existencia. Se fue noviembre con las exequias cubanas, más largas que San Bernardo por San José, y nos dejó en Sevilla una estampa ecuestre, blanca y negra, con plumerío y chisteras de luto, una estampa hecha a la medida de un cementerio romántico. Hasta los cipreses, como nazarenos de último tramo, se dieron la vuelta para mirar este coche de caballos que empieza a ser habitual.

Esos dos caballos albos, que no quiero verlos, que no quiero verlos. Más croquetas de Ricardo. Y no llamen al taxi. Mejor a pie.

Oña rompe a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 24 de marzo de 2015 a las 5:00

MORENO PRESIDE LA JUNTA DIRECTIVA REGIONAL DE SU PARTIDO
LA cruz de la derrota no tiene cirineos. El PP andaluz está cargado de penitentes. Cada cual soporta el madero como puede. La noche fue dura en el Meliá Sevilla. Por mucho que el partido se aleje de la calle San Fernando, el cementerio va con el PP regional como el caparazón con la tortuga. En Sevilla hay dos camposantos: el romántico con esculturas de Benlliure y el del PP andaluz con los chicos de la factoría Arenas. La junta directiva regional vespertina debía ser de consumo interno, un fotomatón para la sonrisa de rigor, aunque ningún oráculo acierte a explicar con precisión de qué se ríen Arenas, Moreno Bonilla y Loles López en un partido sumido en una cuaresma perpetua. Una sesión proyectada para cumplir con la liturgia del día posterior sirvió, al menos, para presenciar la salida del burladero de Esperanza Oña, la ex alcaldesa de Fuengirola, que no pocos miembros del PP andaluz veían como la mejor sucesora de Arenas. La Oña salió del burladero, pidió la palabra en los turnos a puerta cerrada para solicitar que se le confirmara expresamente que los treinta y tres diputados (dicen que pronunció la cifra con retintín) no apoyarán la investidura de Susana Díaz. El alcalde de Andújar sacó el tema antes, pero no con la contundencia de Oña, con silla en la Campana en la Semana Santa de Sevilla. Ni Moreno Bonilla ni Arenas ofrecieron una respuesta contundente. Capotazos. Javié, profeta de Rajoy en Andalucía, se atrevió a interpretar las palabras del dios laico de la Moncloa. Respetar que gobierne la lista más votada es no hacer lo que el PSOE e IU hicieron en 2012. Pero tampoco dijo que los treinta y tres (póngase de nuevo el retintín de la Oña) votarían en contra de la diosa laica, roja y decente de San Telmo. La Oña movió ficha y dejó en evidencia la ambigüedad del partido más morado de Andalucía, para el que nunca termina la cuaresma ni parece haber resurrección.

También habló Celia Villalobos en el tono alborotador de costumbre, como esa tía que gasta una broma cuando toda la familia tiene cara de funeral por la muerte del canario. La Villalobos se remontó a los peores años del partido, en una suerte del más se perdió en Cuba, como el equipo de natación que se alegra de volver sin ningún ahogado.

Arenas, gran orador, definió a su criatura, que no es otra que el PP andaluz, del que dijo que está formado por miles de personas y no por una sola con un periódico, una radio o una cámara de televisión todo el día detrás, en referencia los políticos emergentes como Pablo Iglesias o Albert Rivera. Moreno Bonilla se hartó de dar las gracias. Enfrente tenía a no poca gente que se ha quedado sin acta de diputado. Un drama.

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, no estuvo la noche previa en el cuartel electoral. Tampoco estuvo ninguno de gran capital. De los veinte concejales del gobierno local, tan sólo se vieron cinco. Yuno de ellos era Juan Bueno, que en realidad estaba como presidente provincial y número uno de la lista por Sevilla. El PP hispalense entiende que el resultado ha sido una bofetada del electorado a Rajoy en la cara de Moreno Bonilla. Un Rajoy que ha estado hasta cinco veces en Andalucía durante la campaña, recordaba alguien ayer en tono de duelo. Dos de ellas en Sevilla. El comité de campaña de Moreno Bonilla había deliberado alguna vez sobre la conveniencia del continuo desembarco madrileño. “El presidente del Gobierno parece que tuviera complejo de culpabilidad por todo lo que ha ocurrido con el partido en Andalucía y de tanto arroparnos ha terminado por hundirnos”.

El PP andaluz sigue de penitencia. Cuatro años con cadenas. La subida del IRPF, la reforma laboral, la horrible sucesión de Arenas distrayendo a Zoido de la Alcaldía, hiriendo gratuitamente a Sanz y enviando a Moreno Bonilla a las fauces del león socialista andaluz… Pero Celia Villalobos es Karina entonando Las flechas del amor. No pasa nada. Acostumbrados a perder. Sevilla tiene dos cementerios. Lógico: Sevilla es dual. El tópico se cumple. A Oña le queda, al menos, la silla en la Campana.

El beltranómetro y el cementerio

Carlos Navarro Antolín | 31 de julio de 2012 a las 19:07

El gobierno ha presentado el ‘Barómetro de Percepción sobre los servicios prestados por el Ayuntamiento de Sevilla‘, donde el PSOE ha echado los perros a la pantorrilla del delegado de Participación Ciudadana, Beltrán Pérez, por haber incluido preguntas políticas en una encuesta sobre el funcionamiento de los servicios municipales. Más que un barómetro, el estudio es un beltranómetro. El concejal ha castigado a la prensa con la lectura de las estadísticas durante más de una hora y cuarto en el crematorio del Laredo, donde la delegada de Hacienda no arregla el aire acondicionado porque tiene a los informadores como conejillos de Indias probando un nuevo modelo de sauna. A lo que íbamos. La lectura de la guía telefónica presenta una trama mucho más interesante que el beltranómetro de marras. Menos mal que cuando el sopor se adueñaba de los sufridos informadores profesionales, Beltrán Pérez se reveló como el mesías del Laredo y reveló la buena nueva ganándose los titulares del día. Paren las máquinas porque la que viene es buena: “Estas encuestas son tan útiles como herramientas de trabajo para el gobierno, para la oposición y para todos los vecinos que el próximo año incluiremos el cementerio en las preguntas de valoración de los servicios municipales”. ¡Esa se le ha ido al PSOE! Toma nota Antoniomuñoz, que ya te veías con las dos orejas dando la vuelta al ruedo antes de las vacaciones. La clave no estaba en preguntar si la gente conoce a Espadas.

-¿A quién dice usted?

La clave estaba en que la derecha despiadada reconoce que se le olvidó el cementerio entre los servicios municipales. Penitencia, Beltrán, penitencia… Ya estamos el año que viene oyendo la grabación de la señorita del teléfono preguntándole al vecino de Bami: “¿Usted cree que con Zoido funciona bien el cementerio? Valóreme del 0 al 10, siendo 0 muy mal y 10 muy bien”. Y aprovechando el viaje del cementerio, adonde te lleva la línea 10 de Tussam la mar de fresquito, le colamos las preguntas políticas para crispar a los chicos del palomar socialista. “De entre sus amistades que la han palmado en el último año, ¿qué político del Ayuntamiento gozaba de mayor simpatía: Juan Ignacio Zoido, Juan Espadas o Antonio Rodrigo Torrijos?” “¿Usted cree que vivir en Sevilla es como estar en el paraíso? Valóreme del 0 al 10, siendo cero el infierno, cinco ni carne ni pescado y diez el nirvana soñado con acceso al centro en coche por todas las calles” “¿Se siente usted más cerca del cielo gracias a la Torre Pelli que el gobierno local ha defendido con éxito ante la Unesco?”
No me pierdo la próxima edición del beltranómetro, hasta he reservado ya el ejemplar en el quiosco de cabecera. Teniendo el crematorio en el mismísimo Laredo, no extraña que el gobierno se preocupe ahora del cementerio. El camposanto es un asunto transversal que nos afecta a todos. Y con lo que le gusta al socialismo la transversalidad, se le había escapado el toro vivo.