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Concejales en la Virgen: retorno a los 70

Carlos Navarro Antolín | 6 de agosto de 2015 a las 5:00

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PASO atrás. Involución. Retorno al blanco y negro. Si sale adelante el recorte que Espadas prepara para la representación municipal en la procesión de la Virgen, el cortejo de tiros largos recuperará la proporción de los tiempos de Franco, ese hombre. Quién iba a decir que la modernidad y la apuesta por la laicidad nos harían regresar a las medidas del nacionalcatolicismo. El archivo de Jesús Martín Cartaya revela una representación de apenas diez ediles a principios de los años setenta, cuando, por cierto, se estrenaron los uniformes de gala de la Policía Local y hubo hasta lluvia en la mañana del 15 de agosto. Todo está inventado en esta ciudad lampedusiana. Se aprecia un cortejo marcado por los fraques y las blancas guerreras del uniforme de Falange que avanza sin público, con un alcalde y hermano mayor de Pasión sonriente, Juan Fernández Rodríguez y García del Busto. Entre los ediles se reconoce a Pilar Gutiérrez de Miranda, de la Sección Femenina, y Juan Manuel García Ruiz, hermano del Museo.

Cuentan en los despachos del gobierno local que no se esperaban en absoluto la reacción del PP contra la restricción en el número de concejales en las procesiones. Oh, sorpresa. Ingenuos. Los chicos del PSOE aseguran –no sin el alma acongojada– que el alcalde Espadas se lo comentó al ex alcalde Zoido al término de la primera reunión del patronato del Real Alcázar, y que el segundo le dio el plácet al primero: “Lo que tú veas, Juan”.

Los socialistas acusan a Zoido de haberles hecho un tururú. Este gobierno aún bisoño no sabe todavía que Zoido no le dice nunca que no a nadie. Seguro que es cierto que le dijo a Espadas que sí, que no hay problema, como ha hecho con tantísima gente a la que le ha dicho que lo tuyo va bien, que llames a Alberto de mi parte que él te lo mueve y, si no te responde, me vuelves a llamar que yo te arreglo el tema.

En una segunda ronda de contactos entre cargos intermedios para un asunto de tan alto interés para la ciudad, Carmen Castreño, todopoderosa concejal del PSOE, trató el tema del tijeretazo a los concejales con el edil del PP, Alberto Díaz. Lo hablaron de manera informal el 17 de julio sin que se percibieran muestras de desacuerdo.

En las filas del PP, en cambio, precisan que las entrevistas fueron eso, meras charlas de pasillo de las que no se podía deducir ningún acuerdo en firme o un atisbo de consenso formal. En el palomar entonan ahora el viva la libertad de 1812 para amortizar la inversión en el chaqué y en la Guantería Pino.

La mecha se enciende cuando el gobierno anuncia que quiere “redimensionar” el número de ediles con tiros largos. Lo de redimensionar es como cuando a uno le suben el precio de la gasolina, el café en el bar o la matrícula en el gimnasio con la coartada de “actualizar” las tarifas.

No es que Espadas quiera evitar a los chicos de Nuevas Generaciones que se colocan en puestos estratégicos del recorrido para aplaudir al jefe de filas. No es que Espadas quiera evitar la presencia mayoritaria de concejales del PP en un acto a favor de querencia, con un público mayoritariamente entregado a los vuelos de la gaviota y al naranja de los Ciudadanos. No es que Espadas quiera evitar que se vea a los ediles del PP más morenos de piel que los del PSOE, pues lo de derechas no saben ahora a qué dedicar el tiempo libre después de cuatro años sin cogerle el teléfono a la gente y con móviles que ahora sólo suenan cuando la sudamericana de mediodía ofrece nuevas ventajas “para su celular”. Lo que Espadas quiere, ay pillín, es dejar el cortejo de los concejales tan diezmado como a principios de los años setenta, cuando la estabilidad de las corporaciones municipales no dependía de pactos de progreso, cuando el gobierno no necesitaba buscar apoyos para sacar adelante los presupuestos y cuando a ver quién era el guapo que no acudía a la procesión de la Patrona con el frac. Espadas quiere dejar la corporación como en tiempos de su infancia, cuando España era el gran plató Cuéntame en directo, cuando sólo había cuatro parejas de ediles mal contadas desde el macero que abre la comitiva hasta el alcalde que la cierra. La democracia nos trajo las bullas hasta en las corporaciones bajo mazas. Qué cantidad de chaqués, cuánto saludo. Espadas va a poner orden, hasta suprime el paseíllo hasta la Puerta del Perdón, pero no se ha atrevido a instaurar de nuevo el frac y los guantes blancos. Ahí está la agenda oculta de este gobierno que prohibe las bullas peperas en las procesiones.

Está vista la fijación subconsciente del PSOE con Franco. Monteseirín restituyó el tranvía y Espadas deja la representación municipal como en los años 70. Sólo faltaría recuperar la versión actualizada o redimensionada de la Sección Femenina, para lo cual Espadas tendría la candidata idónea en sus filas, ejemplo de temple y mesura en los años de oposición. Y los del PP, mientras, atendiendo a la sudamericana de mediodía.

Varoufakis y el gobierno de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 12 de junio de 2015 a las 5:00

Paseo por Sevilla con Antonio Mu–oz, concejal del PSOE
LO suave que han ido las negociaciones para la investidura de Espadas, ¿se ha dado usted cuenta? Parece que nadie recuerda las tensiones de 2003 y de 2007 para negociar el reparto del poder entre el PSOE de Monteseirín y la IU de Torrijos. Monteseirín, glotón de la política, exigió estar en todas las mesas de negociación, pese a que esas tareas se dejan para los escuderos de calidad, para los hombres del aparato, para los fontaneros. La IU de entonces chuleó todo lo posible. Hasta llegó a exigir despachos en Urbanismo, de tal forma que Monteseirín duplicó la estructura de la Gerencia: un vicegerente para IU, una oficina de la bici para IU y una oficina para inquilinos en situación de riesgo para IU. Juan Espadas no se sienta en todas las negociaciones. No se mancha en todas. Para los momentos delicados tiene a su Varoufakis particular, su fiel Antonio Muñoz. A Muñoz se le está poniendo cara de delegado de Urbanismo, de delegado de Turismo, de portavoz del grupo socialista y de no se sabe cuántos cargos más. Que dicen que Muñoz será el Gregorio Serrano de la nueva era de la Plaza Nueva, pero más estilizado, merendando tortas de aceite y sin chaqué para las procesiones. ¿Pues no que dicen que le quieren encajar también Cultura? Y eso que Espadas tendría para Cultura a una chica que se llama Miriam Díaz, que para eso es la secretaria de Cultura de la Ejecutiva Regional del PSOE andaluz. Y para Deportes tiene a Inmaculada Acevedo, que trabaja en el Instituto Municipal de Deportes desde antes de los tiempos del largo pontificado de Monteseirín. Por cierto, a Monteseirín se le espera el sábado en el Salón Colón, en lugar preferente para asistir a la toma de posesión del nuevo alcalde. Hace cuatro años fue el ausente. Y ahora se hará presente, muy presente. El morbo entre maceros está servido.

Sigamos con la quiniela del gobierno. La lidia con el sindicato de Policías (Seguridad) y con Tussam (Movilidad) recaerá en Juan Carlos Cabrera, que asumirá además las funciones de delegado de Fiestas Mayores, donde puede contar con colaboradores como Miguel Bazaga, concejal saliente, y hasta con, tachín, tachín, Carlos Bourrellier, actual presidente del Consejo de Cofradías que no oculta sus ganas por aceptar nuevos retos si llega el caso. Ojo con el actual gerente de Tussam, Manuel Torreglosa, que está muy bien visto por los dirigentes socialistas. Podría seguir en la empresa o ser destinado a otras funciones, aunque los recortes salariales que tendrá que aplicar el nuevo gobierno pueden dificultar la partipación de determinados profesionales. Torreglosa ha conseguido en la empresa de Tussam lo que parecía un imposible: la paz social. Está cantado que Carmen Castreño asumirá funciones de delegada de Economía y Empleo; el veterano Joaquín Castillo tiene papeletas para Hacienda, donde el gerente que deja el PP, Eduardo León, es el mismo que estaba en los tiempos de Monteseirín. León tiene muchas opciones de seguir en el puesto y convertirse en el decano de los gerentes.

El médico Juan Manuel Flores suena para la parcela de asuntos sociales y para la portavocía adjunta del grupo político. Y está claro que Adela Castaño encajaría más en Participación Ciudadana, con varios distritos a la vez, que en áreas como Cultura. La aritmética manda a la hora del reparto de los distritos: hay once a asignar entre un máximo de diez concejales si se tiene en cuenta que Espadas es el alcalde. Si el Varoufakis local se carga de competencias, ya son nueve concejales para asumir los distritos, por lo que no sería descabellado vaticinar que habrá ediles destinados a la atención de más de uno y de dos. A 48 horas de la toma de posesión, nadie ha pedido entrar en el gobierno de Espadas, ni ha exigido estructuras paralelas. Hasta el arzobispo de Sevilla ha lanzado un aviso de cordialidad al recordar que él se entiende bien con gobiernos del PSOE y del PP. La derecha casi no tiene plañideras de su derrota (a la que siguen llamando victoria en el derecho a la última voluntad) y en el PP aún están a la búsqueda del albacea del gobierno de los veinte concejales y 13.000 veladores.
Esto, por el momento, se parece muy poco a aquellas tensiones de 2003 y de 2007, a esas interminables reuniones en los hoteles de Triana y de la Cartuja, o frente a la estación de Santa Justa. De aquellos tiempos sólo queda una chica llamada Susana Díaz, que estaba en la mesa de negociación con IU en 2007. Hoy tenemos a Varoufakis, pero sin reportaje en el papel couché con el Partenón de fondo. Por ahora le esperan las caracolas de la Gerencia, algo más áridas que el Partenón, pero donde algunos se han pasado cuatro años haciendo la estatua con pañuelito en el bolsillo. A Espadas, eso sí, lo vigilará una troika de señores que tienen poca pinta de lucir chaqué. Y no sabemos si merenderán o repartirán tortas.

La decadencia de Los Remedios

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2014 a las 5:00

17-1-204 JOSE LUIS MONTERO APERTURA PARKING VIRGEN DE LUJAN
IBÁÑEZ le hace el chaqué al pregonero de la Semana Santa. Todos los años vemos su foto con la lengua apretada entre los dientes mientras se agacha levemente para tomar medidas a esos señores taciturnos y con cara de estar llamados a una alta misión de Estado. Ibáñez se tiene que agachar porque en la gran mayoría de los casos está a mucha más altura que los pregoneros, pero a muchísima más. Por la cara de Ibáñez tomándole medidas al tipo se intuye cómo va a ser el Pregón. Y a la salida del teatro ya se sabe cómo ha sido la cosa.
–¿Qué tal ha estado el pregonero?
–Lo bien que le quedaba al tío el chaqué de Ibáñez con la chepa que tiene, oye.
Pero Ibáñez no vive de los pregoneros, por fortuna para sus fines de mes. Ibáñez, qué callado se lo tenía, también le hace trajes a los alcaldes de la ciudad a lo sastrecillo valiente. Este maestro sastre de la calle Asunción ha dicho, o más bien clamado, que Zoido tiene complejo con Los Remedios, el barrio de España donde mayor porcentaje de votos saca el PP, muy por encima del distrito capitalino de Salamanca, o sea tía. Ibáñez le ha tomado las medidas al alcalde, le ha recogido el bajo del pantalón, ha tenido en cuenta la sisa y el ancho de hombros y, hala, se le ha escapado un alfilerazo a cuenta del persianazo de Cañete por la caída de las ventas en la calle. Ibáñez le ha puesto a voz a muchos vecinos de Los Remedios: “Zoido está acompejadísimo de invertir en Los Remedios”. Sin anestesia. Y ha arremetido también contra Monteseirín por dejar la calle convertida en un paseo de abuelos con nietos, bicicletas y público low cost. Ibáñez ha mandado a los alcaldes a paseo, a paseo por el tramo de Asunción sin coches, pero con madres ocupando veladores con un café de hora y media.
Las calles se van adaptando a los tiempos. Como los seres humanos. Las calles tratan siempre de sobrevivir, de buscar la salida al entuerto. Donde estaba un salón de té, con batidos preparado a mano y bandejas de emparedados caseros, ahora se despachan cubos de botellines con chacinas plastificadas. Donde antier se negociaban hipotecas, se pedían préstamos o se invertía en fondo de inversiones, hoy se venden cigarrillos de vapor o bisutería. La crisis ha mudado la piel de las ciudades. Y la crisis impide también el rejuvenecimiento de la población de muchos barrios. ¿Qué edad tiene Los Remedios? La de sus primeros pobladores. De hecho el principal promotor inmobiliario del barrio, Gabriel Rojas, falleció hace sólo dos años. ¿Quiénes serán los vecinos de Los Remedios del futuro más próximo si no hay quien pueda pagar ni siquiera los recibos de IBI de esos pisos interminables de República Argentina, la Plaza de Cuba o Virgen de la Antigua, por poner sólo tres ejemplos? La gran mayoría de los hijos de aquellos primeros pobladores no viven en Los Remedios, huyeron al área metropolitana (conocida como la Gran Sevilla en la terminología de los años de ladrillo y champán) y sólo vuelven para bañar a sus hijos en las piscinas de los clubes junto al río. Heredar uno de esos pisos es cuadrarse para recibir la estocada limpia y certera de los impuestos correspondientes y los descabellos semestrales de la antigua contribución urbana. No hace tanto tiempo que este periódico publicó la lista de las calles de la ciudad donde más recibos de IBI se deben habitualmente. En el morboso top ten de la morosidad figuraban las principales arterias de Los Remedios… y la Avenida de la Palmera.
Los Remedios es un barrio decadente sin la belleza que lleva aparejada la madurez. Su estética se ha hecho vieja como los bajorrelieves de cerámica tardofranquista de esos portales, custodiados aún por conserjes tras un mostrador y con un par de sillones siempre vacantes a la luz de lámparas de pantalla blanca. El barrio se ha hecho viejo como las láminas de la caza del ciervo en la sala de espera de los dentistas, como las sillas con respaldo de varillas y asiento acolchado de algunas cafeterías. El barrio ha perdido su capacidad de sostenibilidad, que dirían hoy los sesudos analistas. Sus propios vecinos eran la clientela de esos comercios de chaqués y camisas a medida, muebles de caoba, suntuosas lámparas, modelos de boutique y hasta pan de tahona. No hay mejor ejemplo que la mudanza del Ochoa de Virgen de Luján a la Huerta del Rey. Hay mudanzas que son todo un aldabonazo.
Debe ser cierto que para saber la edad de los pobladores de un barrio hay que intentar aparcar el coche en sus calles en Nochebuena. Si hay hueco, barrio joven, emisor de comensales. Si se tarda, barrio viejo, receptor de hijos y nietos a lo Carpanta. Ibáñez padre abrió tienda en Asunción en los setenta. Ibáñez hijo, en los noventa. Pero en la mayoría de los pisos no ha habido sucesión. El ciervo sigue corriendo en las láminas y hay mosaicos de los portales que han perdido las teselas. Las entradas de los pisos son espaciosas en contraste con las viviendas de hoy, cuya puerta principal da directamente al salón y hasta a la cocina, porque el promotor quería rapiñar metros cuadrados para sacar más y más adosados. El barrio perdió el tren comercial cuando El Corte Inglés decidió en 1985 abrir su segundo gran centro en Nervión y no en Los Remedios. La edad de Los Remedios es la de sus primeros pobladores, juntos envejecen a la misma velocidad parsimoniosa que los feligreses salen de la misa de una.