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26-J en Sevilla: La mancha roja se destiñe

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2016 a las 0:59

Sevilla,26/06/2016.
LA provincia de Sevilla no aparece teñida de rojo en el mapa electoral por primera vez. El PSOE pierde sangre por el bastión del Sur. La cabra se despelucha. A los socialistas se les abre una herida inédita, una vía de agua en la nave mayor, un escape de energía. El resultado en la circunscripción de Sevilla es toda una victoria psicológica para los populares, nunca lograda en la historia de la democracia. Sevilla siempre fue roja. Sevilla era esa “manchita” en el mapa azul del PP hasta en las mayorías absolutas de Aznar (2000) y Rajoy (2011). Sevilla era esa provincia despreciada periódicamente por la altanería de moqueta y cuellos duros de Génova, pasto de las bromas fáciles y diana de los dardos de la prepotencia madrileña, sobre todo por esa cantidad de pueblos donde el PP sevillano ha sido la tercera fuerza política.

El PP de Sevilla, el partido estático donde nunca ha habido agitaciones internas ni corrientes críticas hasta hace un cuarto de hora, empata en número de escaños con los socialistas. Cuatro a cuatro. Atrás quedan los años en que el rodillo del puño y la rosa llegaba a conseguir hasta ocho diputados en el tradicional fortín del socialismo español: la circunscripción hispalense. El PSOE se deja más de 23.000 votos con respecto a las elecciones de diciembre. En menos de un semestre pierde una cantidad de sufragios considerable, una derrota no contemplada en ningún vaticinio. La tierra de Felipe y Guerra ya no es roja, se ha vuelto gris.

Los populares cogen aire en España, en Andalucía, donde no ganaban unos comicios desde aquellos 50 melancólicos diputados de Arenas en 2012; y, lo nunca visto, en la provincia de Sevilla. La capital de Andalucía ha sido siempre el gran freno del centro-derecha andaluz. Los populares ganan más de 9.000 votos en la provincia roja por naturaleza, lo que, unido al bajonazo socialista, les permite conseguir el cuarto escaño que posibilita el empate y, por lo tanto, que el color de la circunscripción sea ese gris del empate por vez primera desde 1977.

El PSOE gana en los pueblos, pero es menos fuerte donde nunca nadie osó toserle. He ahí su fracaso. Los socialistas no pueden conformarse con un empate en la provincia roja por antonomasia. No deben admitir un debilitamiento del voto rural tan pronunciado.

Zoido vuelve a ganar en la capital. Encabeza la lista más votada en ocho de los once distritos. El ex alcalde gana casi cuatro mil votos en comparación con las elecciones de diciembre y vence otra vez a un desconocido Antonio Pradas, cabeza de lista del PSOE sin proyección mediática alguna. La marca electoral de Zoido se consolida de cara al Congreso de los Diputados. Tal como destacaban en privado dirigentes del partido en el último mes, no hay ahora mismo nadie que tenga unas cotas tan elevadas de notoriedad en el PP de Sevilla. Que perdiera la Alcaldía en mayo de 2015 como la perdió (de 20 a 12 concejales), no lo invalida como un cabeza de cartel de éxito para las Cortes. Es un candidato que no genera rechazo, pues sigue siendo un político al que se discute la capacidad de gestión, pero se mantiene exento de aristas personales.

El PP estaba esperando los resultados de Sevilla con lupa tras los meses de enfrentamientos internos entre oficialistas y críticos, entre el sector auspiciado por María Dolores de Cospedal y el impulsado por Arenas, ambos con el objetivo de controlar el partido de cara al futuro congreso nacional. Estas disputas internas no han afectado al resultado electoral. Los electores del partido de la gaviota se han movilizado aún más que hace cinco meses. El presidente provincial, Juan Bueno, muy discutido por el sector crítico, podrá hacer un análisis de los resultados con un alivio jamás experimentado por sus antecesores. Y podrá presentarse en la sede regional con la cabeza alta, donde el malagueño Moreno Bonilla siempre ha mirado con recelo los escrutinios sevillanos al restarle opciones electorales en el ámbito regional.

Podemos gana un escaño. Ciudadanos pierde uno. Los emergentes nunca lo han sido en Sevilla. El bipartidismo no se ha erosionado nunca en esta circunscripción. Susana Díaz tendrá que buscar nuevas caras en el PSOE sevillano para los próximos carteles electorales. Sevilla es menos roja que ayer. En la sede del PP andaluz, la tradicional Villabajo de las noches electorales, funcionó el tirador de Alhambra, no el de la Cruzcampo. Moreno Bonilla fue portado a hombros por militantes sevillanos en contraste con las autonómicas de 2015, cuando eran cuatro sevillanos los que aliviaban su duelo. Zoido bailó. Las alegrías en fútbol duran una semana. En política acaso un cuarto de hora. Hay que aprovechar el sueño de la cabra. Ycelebrar hasta el color gris.

La cabra aguanta

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2015 a las 5:00

SEVILLA 15/16
LAS primeras generales sin Alfonso Guerra de cabeza de lista por Sevilla. El PSOE puso a un tal Pradas en los carteles y se cumplió la profecía del viejo zorro del socialismo español: los socialistas vencen en la circunscripción sevillana incluso si se presentan a una cabra. Pradas es un hombre de la absoluta confianza de Susana Díaz, un tentáculo útil y eficiente para la presidenta andaluza en la Carrera de San Jerónimo, donde los socialistas entrarán en complejos equilibrios internos a la hora más que previsible de entenderse con la amistades peligrosas de Podemos. Pradas es un político de perfil local y gris, un color nada despreciable en política. Del gris se sabe mucho en el PSOE andaluz, donde el político más gris de su historia, Manuel Chaves, mantiene el récord de permanencia en el gobierno. Pradas es gris en un PSOE dividido y al ralentí (con el brusco acelerón del debate cara a cara), que no está muerto aunque estaban redactándole el obituario con las israelitas. Y ese tono gris le ha bastado para conseguir una victoria digna, si se trata de hacer un análisis de los resultados en la circunscripción sevillana.

El bipartidismo se resquebraja en España, pero se robustece la vieja teoría del rumiante que siempre sale victorioso en el Sur si lleva en el lomo el hierro fundido del puño y la rosa. Después de Guerra, el gris. Pero siempre la victoria. Sevilla no deja al PSOE, como no dejó al rey sabio. El voto rural es del PSOE en el tablero de ajedrez alfonsino hasta tal punto que la derecha sociológica vota socialista en esta provincia española (incluso en toda Andalucía), mientras que Podemos recibe el sufragio puro y duro de la izquierda, con el añadido de los obsesionados por dar una patada al avispero, y el electorado expulsa al hasta ahora único representante por IU en el Congreso de los Diputados. Los votantes han sido cicateros con Ciudadanos en Sevilla (Pinocho en las encuestas)y crueles como niños con el viejo PCE.

Sevilla sigue siendo fiel al PSOE del tardoguerrismo gracias a los pueblos, por mucho que se deja más de cien mil votos después de estos cuatro años, que se los deja. Yel PP pierde aún más:más de 150.000 sufragios, por lo que se queda muy lejos de la marca cosechada hace cuatro años la noche de la mayoría absoluta de Rajoy. Hagan la cuenta: el bipartidismo pierde más de 250.000 votos en la provincia sevillana. El codazo de Podemos para coger sitio en el banco sevillano es notable, donde tendrá dos diputados. Y los naranjitos dos actas, entre las que figura la de Virginia Salmerón, a la que han machacado en las redes sociales con el vídeo de una entrevista en la que mostraba una frívola indecisión.

Si el PSOE colocó a un desconocido como cabeza de cartel por la circunscripción más roja de España, el PP tiró de un alcalde orillado del poder municipal: Juan Ignacio Zoido. El ex alcalde de Sevilla ha encabezado una lista que pasa de cinco a tres diputados. No es una hecatombe, pero sí es un registro pobre para un PP sevillano eternamente necesitado de una renovación, y cómodamente instalado en la mediocridad cada vez que suena el tam-tam electoral en la provincia de Sevilla. Zoido sí ha conseguido, al menos, ser la lista más votada en la capital, con doce mil votos por encima de los socialistas, y casi 38.000 sufragios por encima de Podemos.

La marca Zoido, al menos en la capital, resiste estas elecciones generales pese al desastre de las últimas municipales, cuando se dejó 60.000 votos tras una gestión de cuatro años caracterizada por el tono plano. El político del PP, que durante dos años fue el estandarte de su partido en el Sur de España, hasta el punto de ser alzado a la presidencia de la FEMP y de su propia formación en Andalucía, conserva la vitola de liderar la lista más votada en la capital, un mérito al que, al menos, podrá sacarle jugo en las reuniones de consumo interno. Incluso tal vez le sirva para alargar todo lo que pueda su condición de líder de la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla, siempre y cuando el PPno apruebe un catalogo de incompatibilidades.

Los populares vuelven a ser la fuerza más votada en Espartinas, el bastión aljarafeño que perdieron en las últimas municipales en favor de Ciudadanos, cuyo alcalde ha tenido que dimitir en plena campaña electoral al resultar imputado. Y siguen incontestables en Tomares, donde su alcalde, José Luis Sanz, ha sacado el acta como senador, tal como estaba previsto. Pero los pueblos son del PSOE en una suerte de presunción de victoria mientras no se demuestre lo contrario. Después de Franco, las instituciones. Después de Guerra, la cabra.
ELECCIONES. ZOIDO VOTANDO

Espadas, dos meses de paz

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2015 a las 5:00

EL SOCIALISTA JUAN ESPADAS TOMA POSESIÓN COMO ALCALDE DE SEVILLA
DOS meses en el gobierno y ni una sola polémica que ponga en jaque la estabilidad de un ejecutivo en minoría. Madrid y Barcelona no han dejado de copar titulares por las decisiones de sus nuevos gobiernos, ambos controlados por franquicias de Podemos. Juan Espadas puede presumir de que la banda sonora de su arranque como alcalde suena a música celestial, a un chill out donde los concejales, camisas blancas por fuera, comen las perdices de la felicidad y no dan muestras de estar atacados de los nervios pese a la concentración de competencias en sólo diez delegados. Hasta uno de ellos se encuentra ahora muy lejos de Sevilla, por unos lugares del planeta donde se caen los glaciares por efecto del cambio climático, disfrutando de unos días de vacaciones. Un gobierno sin una sola grieta aún en sus cimientos, pese a estar apuntalado por tres concejales bisoños de Participa Sevilla (una suerte de podemitas a tiempo parcial) y dos de Izquierda Unida. El nuevo frente de izquierdas no irrumpe, al menos por ahora, en la actualidad municipal.

El mayor problema interno del alcalde sigue siendo encontrar gerentes para las sociedades y entes municipales, un escollo provocado por él mismo (un tiro en el pie) al fijar el tope salarial de asesores y altos directivos en los 60.000 euros mal contados que él mismo percibe como máxima autoridad municipal. Este techo en los emolumentos provoca, por ejemplo, que la joya de la corona de las empresas municipales –la compañía metropolitana de aguas– aún no tenga consejero delegado, pues han declinado el ofrecimiento algunos de los profesionales a los que se ha ofrecido el cargo, como Jaime Palop y José Manuel Puerto.

Espadas disfruta de una paz inicial de la que sus dos antecesores no gozaron. La historia reciente así lo demuestra. Monteseirín las pasó canutas en el Pleno de organización, el primero del mandato. Ha sido el último alcalde de Sevilla que ha intentado subir los sueldos de los capitulares. Lo consiguió en el Pleno del 20 de julio de 1999, donde el socialista se asignó, en su caso, dos millones de pesetas más al año. Votaron a favor del aumento salarial todos los concejales del PSOE y los del PA, que eran socios de gobierno. Los del PP, cuya portavoz era aún la ex alcaldesa Soledad Becerril, votaron en contra y renunciaron después a la subida. Aquella misma noche, pocas horas después de acabada la sesión plenaria, Monteseirín filtró a algunos medios de comunicación que renunciaba al aumento de sueldo, pese a que había sacado adelante la votación. La presión de la polémica, de la que se hicieron eco varios telediarios nacionales, forzó al alcalde a dar el paso atrás. Monteseirín siempre se ha quejado de que el PP se la jugó con las cámaras por delante, pues la subida estaba pactada previamente entre los portavoces de los grupos políticos. Los concejales del PSOE fueron también renunciando días después al aumento salarial, no sin que alguno como Blas Ballesteros, delegado de Tráfico, advirtiera que la marcha atrás del alcalde no obligaba a los demás concejales del grupo socialista. El caso es que la polémica lastró la figura de Monteseirín durante mucho tiempo. Los sueldos se quedaron como estaban desde 1991, última vez que crecieron.

Doce años después, Zoido sudó también en el arranque de mandato. Pasó fatigas sólo dos días después de arrollar en las urnas, cuando ni siquiera estaba aún investido como alcalde por el Pleno. Todo se originó por anunciar en una televisión local que colocaría mobiliario clásico en sustitución de las farolas y bancos de estilo moderno que Monteseirín colocó en zonas del centro histórico, como la Puerta de Jerez y las plazas del Pan, la Pescadería y la Alfalfa. Pese a que precisó que serían reutilizadas en otros lugares de la ciudad más idóneos, al político del PP le llovieron las críticas y le recordaron que el polémico proyecto bautizado como La Piel Sensible (reforma urbanística de la Alfalfa y su entorno caracterizada por un nuevo pavimento y las farolas duchas) costó tres millones a las arcas municipales. Zoido fue visto como un político frívolo en una ciudad marcada por problemas como el paro y la falta de viviendas.

Los socialistas municipales de hoy, apuntalados en la investidura por dos grupos que tienden con facilidad al radicalismo de teletipo y salón, han tenido ahora la habilidad de dejar a Zoido orillado en la ranciedumbre estética desde un punto de vista político. Basten tres ejemplos. Espadas, sin ser el Ayuntamiento propietario de los terrenos de Altadis, ha conseguido que el futuro de este gran espacio fabril de Los Remedios se asocie por iniciativa suya a una marca de prestigio no cuestionada como la Singularity University en lugar de a ofertas comerciales, como proponía el anterior alcalde. En segundo lugar, Espadas ha logrado sacar a Zoido del burladero del palomar en la polémica (gratuita, todo hay que decirlo) del recorte del número de concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. El PP ha tratado de hacerse fuerte sin éxito en un asunto donde hubiese sido más fácil tildar al gobierno de prohibicionista. Y en tercer lugar, el PP ha tenido que echar la mirada abajo cuando ha trascendido que la multinacional Macdonald´s toma la Campana con sillas y veladores. Zoido ha tenido que estar callado en este nuevo ejemplo de ocupación de la vía pública, pues su Gerencia de Urbanismo disparó la concesión de licencias de veladores en tal número que bien pudiera poner en su escudo de armas una mesa y cuatro sillas. Y, además, se mostró incapaz de poner orden e impedir la instalación de terrazas ilegales, un objetivo que está por ver si lo consigue el hoy alcalde socialista, con un Ayuntamiento sin inspectores por las tardes.

La situación es favorable a Espadas a su derecha y a su izquierda. A su diestra, el alcalde socialista cuenta con la ventaja de tener un líder de la oposición con pasado. Y un pasado muy reciente. Juan Ignacio Zoido se ha empeñado en seguir al frente del grupo municipal del PP (a la espera de un nuevo destino político a sumar o en sustituición del actual cargo) lo que carga de munición al gobierno para defenderse de los ataques de quien es su principal adversario político (y que preside el grupo municipal más poblado, con doce concejales). Cada vez que Zoido levanta la voz, hay un expediente municipal aún calentito que sirve como respuesta, ya sea para recordar que ni siquiera tramitó la rehabilitación del Pabellón Real, que dejó un remanente negativo en Urbanismo de 15,3 millones o que emitió permisos para veladores en favor de 3.500 nuevos bares. Zoido es víctima de sus particulares hormigas blancas. Se han invertido las tornas, pues con Monteseirín ocurrió anteriormente esta situación, ya que al sumar tantos años de gobierno terminaba por acumular irregularidades diversas que eran la delicia de los entonces implacables Zoido´s boys.

A su izquierda, Espadas no sufre hostilidad digna de mención. Participa Sevilla e IU no amenazan por el momento los planes del gobierno, más allá de reivindicaciones en asuntos de los que ambos partidos hacen estandarte propio: críticas a las subvenciones a la Iglesia (caso del patrocinio de Emasesa a Santa Catalina) o el apoyo a los trabajadores de la Corchuela que se manifiestan hoy ante las puertas del Ayuntamiento. Ciudadanos, con tres concejales, aún no ha dado ni un simple dolor de cabeza al gobierno. Ni es previsible a corto plazo que haga sudar mucho al alcalde, pues el entendimiento entre el PSOE de Susana Díaz (en adelante La Que Manda) y los Ciudadanos de Juan Marín (brazo ejecutor de Albert Rivera en Andalucía) se presume estable en el Parlamento, más allá de roces propios de la gestión diaria y el asunto sobre la permanencia en el gobierno de altos cargos que están imputados.